'Sociedad'

Facebook y la privacidad

Con el affaire Facebook-Cambridge Analytica, muchos creyeron que se derrumbaría la red social, con usuarios celosos de su privacidad, borrando sus cuentas fogoneados por la campaña “Delete Facebook” y las abundantes críticas que llegaron desde distintos medios de comunicación. Pero nada de eso sucedió, al menos no en Argentina. En todo caso, sí hubo un llamado de atención para que los usuarios se propongan ser más cuidadosos con sus seteos de privacidad.

Un 47% de los usuarios argentinos de Facebook seguirán utilizando la red social de la misma forma, mientras que otro tanto, 48%, afirma que será más cuidadoso en relación con la privacidad. Apenas un 5% sostiene que dejará de usarla (aunque al momento del relevamiento, seguía haciéndolo…).

Un dato que marca que no todos los jóvenes son iguales es que mientras los millennials (25 a 34 años) son quienes más manifestaron que seguirán utilizando Facebook como siempre (61%), los centennials (hasta 24 años) son quienes más se inclinaron por ser más cuidadosos (54%), al tiempo que también se destacan por ser quienes más expresaron su intención de dejar de usar esta red (8%). En estas respuestas juega también que Facebook es una de las redes favoritas del 50% de los millennials contra sólo el 14% de los centennials, más atraídos por Instagram (que también es de Facebook, vale recordarlo).

La correlación contenidos-plataformas

Si bien todo tipo de contenido puede ser técnicamente consumido en cualquier plataforma (TV lineal, online, OTT, streaming), es claro que algunos se adaptan mejor a determinadas plataformas que otros y por lo tanto son consumidos preferentemente en unas y no en otras. Esto surge del informe “Internet y Consumo Audiovisual – 2018” realizado por Carrier y Asociados.

La TV tradicional (lineal, gratis o paga) es territorio de las noticias y la actualidad, siendo la elección del 61% de los usuarios de Internet. Se trata de un consumo que crece con la edad, indicando un hábito arraigado para los mayores. Las películas también son relevantes para la TV tradicional y siguen el mismo patrón etario. En el caso de los hombres, también juega fuerte el deporte en vivo (53%) en comparación con las mujeres (32%). Estas tendencias, aunque con otros valores, se repiten en el consumo de los sitios online de los canales de TV, lo que marca que más allá de la plataforma, sus contenidos atraen a perfiles de usuarios similares. La única diferencia se da en series y novelas argentinas, las cuales son más vistas proporcionalmente online que en la TV tradicional. Al no ser un contenido de actualidad, este formato decididamente se adapta más al modelo bajo demanda.

Por el lado de las OTT de video, el consumo de series (51% de los usuarios de Internet, consuman OTT o no) desplazó del primer lugar a las películas (47%). Se da una combinación de un formato más apto para el consumo bajo demanda con un gran momento artístico de las series, con importantes producciones, temáticas más novedosas y libretos más desarrollados. Entre sus consumidores, los millennials son quienes se muestran más activos. Claramente, se trata de un formato que gana con el modelo OTT con el consumo a demanda y los “atracones” o binge watching.

En cuanto al streaming gratuito (e ilegal), si bien perdió mucha popularidad ante la aceptación de ofertas OTT legales, se orienta mayormente a películas, aunque también se observa un importante crecimiento en el consumo de deportes en vivo. El avance de este último tipo de contenidos puede estar motivado en la oferta codificada del fútbol local así también como de la F1 que hasta el año anterior formaba parte de los canales de abonos básicos de la TV paga. Esto hace que algunos usuarios busquen formas alternativas de acceso a través de Internet (ej: Roja Directa). La sensibilidad al precio de quienes consumen streaming se manifiesta en que se trata de una práctica que tiene mayor penetración relativa entre quienes no contratan servicios de TV paga. Las descargas, una práctica también en retroceso, tiene entre sus principales cultores a los millennials y a quienes no tienen TV paga.

Por último, YouTube es la elección de los centennials (24 años o menos), quienes allí consumen películas, series y animaciones, más allá de los contenidos específicos de la plataforma.

TDA, ¿complemento o sustituto?

Cuando se lanzó la TDA, muchos veían en esta tecnología una alternativa a la TV paga, con varias señales y calidad HD (algo que en ese entonces no era tan habitual como lo es hoy). Sin embargo, la TDA es consumida en muchas situaciones sin necesariamente haberse convertido en ese sustituto que varios vislumbraban. Esto surge del informe “Internet y Consumo Audiovisual – 2018” realizado por Carrier y Asociados.

Un 10% de los usuarios de Internet consume TV a través de la TDA, la plataforma de TV digital abierta. No obstante, el uso de esta entre quienes son clientes de algún servicio de TV paga se reparte en partes iguales. ¿Por qué alguien que accede a TV paga consumiría también la TDA? Las respuestas son varias. Por un lado, la TDA transmite en HD, una tecnología que está disponible por parte de los proveedores de TV paga como un producto adicional al básico. Se trata de una característica muy valorada hoy, cuando acaba de arrancar el Mundial de Fútbol, donde muchos de sus partidos (y todos los de Argentina) serán transmitidos por la TV Pública. Por otro lado, y particularmente en los abonados a DTH, la TDA permite acceder a canales locales no disponibles en la grilla satelital. Adicionalmente, un hogar con TV paga puede tener más televisores que bocas de acceso a la TV paga, con lo cual la TDA puede ser una alternativa en el caso de los equipos no conectados.

Desde una perspectiva generacional, el mayor consumo de TDA se observa en los hogares jóvenes (donde todos sus integrantes son únicamente millennials y/o centennials), con un 19% frente al 10% del total de la muestra. Se trata de hogares donde se encuentra menos penetración de TV paga, con 69% vs. 85% del total y donde también se da el mayor porcentaje de hogares que no consume TV tradicional, con un 12% y triplicando al total de hogares.

Viéndolo por nivel socioeconómico, hay un consumo de TDA mayor en los segmentos medios y altos que los bajos. En esto juega que sólo los televisores más nuevos incorporan el sintonizador en forma nativa. Así, en los niveles bajos hay un mayor consumo de la TV abierta analógica.

Probablemente la TDA nunca se convierta en la alternativa gratuita a la TV paga, pero sin dudas está encontrando algunas oportunidades.

Avance OTT

Definitivamente, los servicios de video OTT (para ser más precisos, SVOD o Subscription Video On Demand) son cada vez más populares en Argentina, consumidos actualmente por 3 de cada 4 usuarios de Internet. Esto surge del informe “Internet y Consumo Audiovisual – 2018” realizado por Carrier y Asociados. Conviene aclarar que no hay que confundir utilización con suscripción. No sólo porque una suscripción puede tener múltiples usuarios, sino también porque se dan situaciones donde una misma cuenta es compartida entre dos o más usuarios.

De esta forma, los OTT de video siguen su camino ascendente, siendo consumidos por el 73% de los usuarios frente a un 66% del año pasado y un 55% del año anterior. Esto se da con más fuerza en los segmentos jóvenes (centennials y millennials) y en el AMBA.

Por otra parte, y en contra de quienes lo ven hoy como un competidor de la TV paga, los OTT de video tienen mayor penetración entre quienes son abonados a este servicio. Sigue siendo más un complemento que un sustituto, al menos por el momento. Entre quienes consumen video OTT, 4 de cada 5 lo hace habitualmente.

Los factores clave detrás del éxito de los OTT de video mencionadas por sus usuarios habituales son la posibilidad de consumir bajo demanda (73%) y de ver temporadas completas (71%). Esto último marca el peso que las series adquirieron en el menú audiovisual como consecuencia de poder ser consumidas al ritmo del espectador y no al criterio del programador.

En cuanto a los servicios de video OTT, Netflix se mantiene como el claro dominador, seguido de lejos por Fox Play, HBO GO y Cablevisión Flow. Con tanta oferta existente, en varios casos se da el uso de múltiples servicios.

Por su parte, los servicios OTT de los operadores de TV paga (Flow, DirecTV Play, Telecentro Play, etc.) se ubican debajo de los tres grandes (Netflix, Fox Play y HBO Go), pero por encima del resto de los OTT, incluyendo aquellos de los operadores de telecomunicaciones (como Claro Video, Arnet Play u On Video), demostrando que hace falta más que ofrecer una plataforma de video OTT para que esta sea exitosa.

Fuera del área de cobertura

Esta semana la disputa entre Uber y la Ciudad de Buenos Aires presentó un nuevo round de una pelea que lleva ya dos años. El mismo fue motivado por el pedido de la justicia de la ciudad a los principales operadores de telecomunicaciones de bloquear el acceso a los servicios provistos por Uber como consecuencia de contravenciones relacionadas con regulación local de transporte. La medida generó polémica y probablemente tenga escasos resultados.

Quizás el aspecto más controversial (y peligroso) es el puramente jurídico. Más allá de si la decisión adoptada por la justicia de la Ciudad de Buenos Aires es correcta o no, ésta solo tiene competencia y jurisdicción municipal, es decir, dentro de la ciudad. Pero su pedido afectaría también a usuarios fuera de los límites físicos de la capital. Por ejemplo, a los usuarios en el Gran Buenos Aires que usan Uber para sus desplazamientos sin ingresar a la ciudad, o para aquellos que viajen al exterior y quieran usar Uber desde sus teléfonos locales usando roaming. De esta forma, una decisión de la justicia porteña afectaría a usuarios y ciudadanos fuera de la jurisdicción de ésta. Un delirio desde el punto de vista jurídico que sorprende no haya sido aún desactivado.

Para no entrar en esta grosería jurídica, hay que resolver un tema técnico. Siendo que es una decisión de la justicia de la ciudad, sus efectos sólo deberían afectar a los usuarios mientras están en la ciudad. Esto, según los expertos, es muy complejo tecnológicamente (algunos usan el término “imposible”), ya que en definitiva no se trata de bloquear a un servicio sino a los usuarios que quieran acceder a él en función de su ubicación geográfica.

Más allá de esta pretendida “solución” para un problema que no es propio de Internet sino del mundo físico, el tema de fondo es cómo el Estado (en este caso municipal) debe lidiar con nuevos modelos basados en Internet. No se trata únicamente del transporte sino también de prestaciones de servicios en general, donde Uber es sólo un ejemplo, pero también hay otros como AirBnB y tantos más. Se trata de cambios introducidos por la adopción de la tecnología que difícilmente se puedan prohibir. Esto exige una actualización de las distintas regulaciones contemplando los modelos existentes, pero también los nuevos que van surgiendo de la mano del desarrollo tecnológico. La política debería ser no la de resistir el cambio sino la de incorporarlo minimizando sus impactos negativos.

También es cierto en que en muchas ciudades en las que desembarcó Uber tuvo fricciones iniciales con las autoridades, en la mayoría de los casos se llegó a un funcionamiento dentro de las normas en algunos meses, aunque también hay casos notables donde fue el servicio prohibido. Aquí, ya han pasado más de dos años desde la llegada de Uber y la situación sigue como el primer día o peor, agravada por el comportamiento parapolicial de un grupo de taxistas que asume tareas de control que le corresponden al Estado, deteniendo a vehículos y conductores para entregarlos a las autoridades, sin que el Gobierno de la ciudad descalifique este accionar y tome las medidas que corresponderían. Se trata más bien de una privatización de facto del uso de la fuerza que sienta un peligrosísimo antecedente.

Lo más probable es que, como viene sucediendo, Uber siga funcionando en situación sino irregular al menos conflictiva y que las autoridades de la ciudad sigan delegando en terceros (como son los taxistas, las tarjetas de crédito y ahora, como pretenden, las empresas de telecomunicaciones) las soluciones que su propia capacidad no les puede dar. Y que en vez de buscar el camino para asimilar la modernidad con los menores conflictos posibles se opte por combatir al cambio, sin buenos resultados hasta el momento. Rara estrategia de quienes tienen la tarea de conducir (no los autos en este caso).

Mucho más que Mobile

Durante la semana que termina tuvo lugar una nueva edición del Mobile World Congress 2018 (MWC), la feria anual más relevante de la industria de las telecomunicaciones que en esta edición dio una clara muestra de que se trata de un sector que está expandiendo aceleradamente su alcance mucho más allá de los ya clásicos teléfonos celulares o smartphones (los cuales, por otra parte, evidencian un claro y natural estancamiento que se refleja en sus ventas).

Si hubiera que resumir la esencia del MWC 2018 sería la sensación de que no es una muestra de móviles sino de dispositivos conectados, algunos claramente móviles (caso smartphones, automóviles, drones, etc.), otros claramente fijos (cámaras, electrodomésticos, maquinaria y sensores industriales y municipales) y otros de movilidad reducida o acotada a un área geográfica muy específica (nuevamente, dispositivos de uso industrial, así como hogareño). Un escenario que abre claramente las puertas al ingreso de nuevos actores, algunos renombrados en otras industrias (como fabricantes de autos y electrodomésticos) así como a emprendimientos que dan muestra de una gran creatividad. Todos desarrollando nuevo hardware y, también, mucho software.

Claro que esta hiperconectividad requiere de una infraestructura capaz de albergarla, y aquí es donde entra en juego la famosa 5G que dio muestras de una mayor maduración, con casos de negocios más definidos. Una 5G que implicará una revolución en términos técnicos respecto de las anteriores, no sólo por su mucho mayor ancho de banda (que requerirá de un extendido backhaul de fibra óptica para alcanzar su potencial) sino que también tendrá diferencias claves respecto de lo anterior. Por un lado, ofrece una capacidad exponencialmente superior para atender una muy superior densidad de dispositivos que ya no serán sólo “teléfonos” sino cualquier cosa que acepte un chip. Aun sin generar tráfico ni establecer comunicación alguna, la señalización que generará esta multiplicidad de dispositivos no podrá ser atendida por las redes actuales. Por otra parte, 5G cuenta con latencias similares a las de la fibra óptica, lo que abre un abanico de posibilidades a soluciones de control y operación remota hoy imposibles. A esto se suma la velocidad (del orden de los Gbps), aún en movimiento, y la confiabilidad. Todas estas características combinadas permiten la utilización de dispositivos más “bobos”, donde el procesamiento puede hacerse en la nube sin afectar el rendimiento. Así, dispositivos más simples, con menos memoria y capacidad de procesamiento (funciones que estarán en la nube) bajarán sensiblemente de precio. A modo de referencia, según los fabricantes, la memoria de un celular puede representar entre ¼ y ⅓ de su costo.

Este entorno está detrás de que por el lado de los dispositivos tipo smartphone no hubiera grandes novedades, aunque sí algunos anuncios. Como suele ser costumbre, Samsung aprovechó la atención mundial que este congreso concita. Presentó su “flagship” o buque insignia, el S9. En apariencia similar al S8, como es natural incluye un procesador más potente y algunas mejoras en la cámara. Pero quizás su principal preocupación no sean ya productos de sus rivales sino un usuario que se encuentra satisfecho con lo que ya tiene y que comienza a estirar el ciclo de renovación, lo que se tradujo en el 2017 en una leve caída del mercado global de smartphones, de la cual no pudo escapar ni Samsung, ni Apple, ni ninguno de los grandes jugadores. De hecho, quienes crecieron fueron los fabricantes chinos, quienes ofrecen prestaciones similares, aunque en equipos de menor costo, capturando una mayor proporción del mercado global, impulsado por mercados emergentes, notablemente más sensibles al precio. Un factor no menor en un momento en que los equipos de gama alta alcanzaron valores reñidos con la realidad de lo que debería ser un producto de consumo masivo.

En todos los ámbitos fue notable la presencia de empresas chinas, no ya sólo como fabricantes de smartphones (que los hubo y en cantidad) sino por su relevancia en infraestructura, con Huawei y ZTE a la cabeza pero que lejos están de ser los únicos. A esto se suma que su capacidad industrial se extiende también hacia una mayor oferta de productos y servicios innovadores.

A diferencia de lo ocurrido en este mismo lugar un año atrás, ahora la industria parece tener más claras las posibilidades y ventajas de la tecnología 5G, que en aquel entonces despertaba más suspicacias. Hoy se percibe más entusiasmo con sus capacidades (que incluyen además un mejor aprovechamiento del espectro), aunque también hay conciencia de que su despliegue total llevará más tiempo. En parte por la necesidad de desarrollar nuevas aplicaciones y hardware, en parte porque la tecnología 5G requiere de una gran capilaridad de la fibra óptica. Mientras tanto, la alternativa será comenzar su despliegue por “islas de conectividad”. En este escenario, quienes más están apostando a esta tecnología son países orientales (como Corea, Japón y China) y los EE.UU. Por su parte, los europeos aparecen un poco más rezagados, aunque con excepciones, como los países escandinavos, bálticos y España, todos con buena penetración de fibra. De hecho, en España, un 76% de las unidades inmobiliarias (hogares, empresas y comercios) están pasadas por al menos alguna red de fibra, lo que posiciona muy bien a este país de cara al 5G. El caso español es interesante, ya que cuenta con más accesos de fibra óptica que hogares, los cuales en muchos casos están pasados por dos y hasta tres redes.

Este escenario que asoma pone a los proveedores de conectividad móvil en una posición central en la configuración de la sociedad del futuro, tanto para individuos como empresas y estados. Un dato que es un llamado de atención para los reguladores, quienes deberán diseñar marcos que fomenten la inversión para el desarrollo de una infraestructura clave de los países.

El modelo 5G

La semana pasada tuvo lugar el 5G Americas Analysts Forum, un evento organizado por 5G Americas que convocó a 80 analistas del mercado de las telecomunicaciones de diversos países. El evento sirvió para tomar el pulso del desarrollo de esta nueva tecnología (aún no estandarizada) que tanto entusiasma a proveedores pero que aún genera ciertas dudas por el lado de los operadores.

Más allá de abrir la puerta a una infinidad de nuevos usos, la clave del 5G tiene que ver con una eficiencia espectral que, afirman, es 3,5 veces mayor que la de 4G. Esto permite bajar notablemente el costo por bit, generando ahorro de costos. No obstante, este ahorro sólo es posible de lograr luego de importantes inversiones, estando allí el meollo de la cuestión.

Siendo un poco más amplios, se puede afirmar que el 5G se basa en 3 pilares que son: una banda ancha potenciada (con capacidades del orden de los Gbps), una mayor confiabilidad con baja latencia y posibilitar las comunicaciones entre máquinas a escala masiva. Estas características permiten pensar ya seriamente en nuevas oportunidades en rubros como el transporte (para vehículos de conducción autónoma), energía (a través de redes inteligentes o Smart grids) y urbanismo (habilitando el desarrollo de ciudades inteligentes), entre otros.

Más allá de las bondades técnicas esperadas, la llegada de 5G abre un debate en la industria. Si bien la tecnología 5G da lugar a nuevos escenarios con nuevos usos, también requiere de una alta inversión en infraestructura. La misma está compuesta no sólo en la nueva electrónica a instalar en las redes sino también en la necesidad imperiosa de tener conectadas las antenas a redes fijas de alta capacidad para que éstas últimas no se transformen en un cuello de botella. Esto implica la necesidad para las telcos de amplios despliegues para aumentar la capilaridad de la fibra óptica. En este sentido, los operadores de redes de TV por cable tienen una ventaja, ya que pueden utilizar sus cables coaxiles (de gran capacidad) como backhaul tanto de microceldas como de picoceldas. Los altos niveles de inversión exigen entonces la existencia de casos de negocio que los justifiquen.

En el desarrollo de 5G, los reguladores juegan un rol fundamental. Es que las decisiones en relación con la forma de otorgar el espectro pueden complicar o facilitar la ecuación de los operadores. La industria en general aboga por dejar de ver al espectro con fines recaudatorios para verlo como un facilitador. En este sentido, los modelos del estilo “concurso de belleza” (donde obtiene el espectro quien propone mejores planes de cobertura y de tecnología) son preferidos, ya que todo el dinero invertido va directamente a la red (aunque algunos critican este mecanismo por ser más subjetivo). Por otra parte, el regulador debe proponer un claro roadmap del espectro, tanto en la determinación de las bandas a utilizar como en el tiempo en que se pondrán a disposición. Así facilitará la planificación de los operadores, no sólo en materia de despliegue físico de la red sino también para su financiación.

Yendo al caso específico de Latinoamérica, el desarrollo de 5G implica desafíos adicionales. No es lo mismo para un operador invertir en infraestructura cuando el ARPU (ingreso promedio por usuario) es de US$ 60 mensuales, como en el caso de EE.UU. que cuando el mismo oscila entre los US$ 5 a 15 mensuales, como es el caso de esta región. (Comentario al margen, durante la reunión el chiste era que el ARPU del IoT hace que el de Latinoamérica se vea atractivo…). Con estos números, el necesario despliegue de fibra óptica para soportar las capacidades de 5G dificulta el retorno sobre la inversión. A su favor, la región tiene la característica de concentrar altos porcentajes de su población en pocas ciudades, aunque esto termina generando que haya bolsones de cobertura antes que una cobertura total. Por lo tanto, se estima que en Latinoamérica habrá un mayor desarrollo basado en tecnologías LTE que permitirán llegar a lo que se denomina 4.9G, una red 4G con muchas características que se acercan a las de 5G, aunque sin sus requerimientos de inversión. En estas tierras habrá un mayor foco en bajar costos que en tener una capacidad apta para nuevos negocios que prometen nuevos ingresos. En otras palabras, la transición a 5G será más larga que en mercados de mayor valor.

Recapitulando, la industria está frente a un escenario que es muy distinto a los previos. Ya no se trata de conectar personas sino objetos, multiplicando exponencialmente entonces los dispositivos a conectar. La adopción de 5G llevará más tiempo que el requerido en su momento por 3G o 4G. La pregunta no es si sucederá sino cuándo o cuán rápido. Pero en la extensión de estos tiempos estará la esencia del contrapunto entre CTO y CFO de los operadores. El mercado no está para repetir el viejo axioma: “Build it and they will come”.

Taxis Uber alles

En momentos en que “Argentina vuelve al mundo”, el desembarco de Uber en Buenos Aires se convierte en un caso emblemático. Uber representa la modernidad de la economía colaborativa que viene a sacudir estructuras que se mantuvieron prácticamente inalterables por décadas.

Sería injusto afirmar que la expectativa que genera la llegada de Uber es sólo un reflejo primermundista abonado por las experiencias de argentinos que viajan al exterior y lo han probado (generalmente con un alto grado de satisfacción). Evidentemente, el éxito que registra en otras ciudades se basa en una mejora real por sobre los servicios de taxis: calidad de servicio, seguridad, conveniencia, etc.

En materia de calidad del servicio mucho influye el sistema de calificación de los conductores. A diferencia de los taxis, en Uber el conductor siente la presión de la opinión de un cliente. Esto no ocurre en el caso de los taxistas, quienes no tiene un particular interés en ofrecer el mejor servicio. Cuando el pasajero desciende lo más probable es que nunca más lo vea. En el caso de Uber, la calificación del pasajero equivale a generar un cliente recurrente, ya que los pasajeros posteriores no querrán viajar con un chofer evaluado negativamente.

La seguridad es sin dudas un factor importante, a punto tal que fue oportunamente el impulsor de la popularización de los servicios de radiotaxi. En el caso de Uber, la mayor seguridad está dada por la identificación tanto del conductor como del pasajero. Ambos están identificados no sólo por sus datos personales y fotos sino también por los datos bancarios, necesarios para debitar (pasajero) y acreditar (conductor) el costo de los viajes. El mismo no puede ser alterado ya que es determinado por Uber. Adicionalmente, la determinación de la ruta vía GPS no solo evita los “paseos”, sino que guía al conductor. Hay que considerar que es bastante habitual subirse a un taxi donde el conductor no sepa cómo llegar a destino. Además de identificación, el pago vía tarjeta de crédito blanquea el dinero que se mueve por la plataforma y por lo tanto facilita su fiscalización, tanto de Uber como del conductor.

En cuanto a la conveniencia, la naturaleza misma de la plataforma y de sus apps (la del pasajero y la del conductor) simplifican y transparentan la relación.

Todo esto no implica que algunas de las características del servicio deban ser revisadas, no sólo para no crear una competencia desleal hacia los taxis sino también para no permitir resquicios que degraden la seguridad para el pasajero. Uno es el tipo de licencia del conductor. Uber no exige una licencia profesional, pero correspondería que lo haga. A fin de cuentas, el conductor cobra por conducir. También hay que prestar atención a que el seguro del automotor cubra a los pasajeros, ya que en caso de un accidente se trata de terceros transportados a título oneroso y no todas las pólizas de seguro cubren la responsabilidad civil en estos casos. Algunos sostienen que los autos no están controlados, pero hay que recordar que en breve comienza la exigencia de la VTV (verificación técnica vehicular) en la ciudad de Buenos Aires.

Por el lado de los taxistas, es lógico que reaccionen al sentirse amenazados, particularmente si Uber operase en condiciones desiguales. Hay que recordar que los taxis tienen tarifas reguladas, tienen que pagar costosas licencias y otros requisitos que hoy Uber no tiene. No obstante, su estrategia, demasiado agresiva, parece ser contraproducente. Por lo que pudo verse en las redes sociales, no son pocos quienes tienen una imagen negativa de los taxistas y sus actitudes violentas. Arrojar piedras al hotel donde Uber capacitaba a sus conductores, no hace más que darle más argumentos. Es más, tanta reacción pública contra Uber logró hacer subir la percatación de su existencia. Publicidad gratis.

La palabra final en relación a la puesta en marcha del servicio de Uber en Buenos Aires la tiene el gobierno de la ciudad. Y se trata de un desafío no menor ante el cual por el momento la reacción ha sido decepcionante. El gobierno exige a Uber que se encuadre dentro de la normativa vigente. Pero lo cierto es que la misma es obsoleta. Por ejemplo, la misma especifica que sólo se puede abordar un taxi en la calle o mediante una llamada telefónica a un servicio de radiotaxi. Pero no contempla medios más modernos de comunicación como el propuesto por Uber. Esto resulta llamativo en una administración que hace de la modernización un objetivo central y que tiene como Ministro de Desarrollo Económico a un referente del emprendedurismo local, vinculado a varios casos exitosos de empresas con modelos novedosos basados en el uso de la tecnología. Esto es un freno a que las empresas de taxis desarrollen, adquieran o se asocien a una plataforma similar a Uber y que les permita competir en mejores condiciones. Sería más sano nivelar y actualizar las exigencias para los servicios que tratar de bloquear una propuesta que es a todas luces más atractiva para el consumidor.

Igualmente, no hay que perder las esperanzas de que el gobierno se adapte a la situación. Basta recordar con lo que sucedió con la situación ilegal de las combis, las cuales hoy tienen espacio subterráneo para estacionar, debajo de la Av. 9 de Julio, en pleno corazón de Buenos Aires.

La vida es juego

Un adecuado videojuego en el celular puede aliviar una tediosa espera o, incluso, una vieja y conocida ruta en un mapa. Eso mismo fue lo que desarrolló Google para sus mapas haciendo que las calles reales se convirtieran en pasajes para que Pac-Man escapase de sus fantasmas. Si la realidad se vive a través de la pantalla, el futuro promete ser mucho más entretenido.

All in one

Si bien son herederos directos del teléfono, la transformación del celular en una pequeña computadora de bolsillo le permitió reemplazar diversos electrónicos que anteriormente se vendían por separado. Este folleto de Radio Shack, la cadena de electrónicos de los EE.UU., publicado en 1991 nos da la pauta de todas las categorías de producto que desaparecieron o están en vías de hacerlo. Y todos éstos sumaban más de US$ 3.200 (de aquella época). Convergencia salvaje.

Folleto Radio Shack 1991