'Sociedad'

SUBE Ltda

La actual gestión de gobierno ha tenido muchas iniciativas para simplificar la vida de la población de la mano de la tecnología. Una que ha tenido bastante repercusión en los medios esta semana fue el lanzamiento de la app “Carga SUBE”. Como su nombre lo indica, la misma permite cargar la tarjeta para viajar en transporte público desde el celular. Una buena iniciativa, aunque con limitaciones.

Para poder utilizar la app hacen falta una cuenta bancaria o tarjeta de crédito y un celular con tecnología NFC (Near Field Communications). La cuenta bancaria o la tarjeta de crédito es necesaria para acreditar el saldo que se quiere cargar en la tarjeta. La tecnología NFC es la que permite que este saldo se cargue en la tarjeta desde un celular. Conviene recordar que el saldo de la tarjeta SUBE se encuentra en la tarjeta misma y no en el sistema. Esto se debe a que de no ser así, sería necesario que todo lector, incluyendo los de los colectivos estuvieran conectados a la red para poder chequear el saldo y debitar el costo del pasaje cada vez que se hace una operación.

La gran limitación de esta app son sus requisitos técnicos. No sólo hace falta que el equipo disponga de NFC, también que cuente con las antenas indicadas y que, al menos por el momento, utilice Android 4.4 o superior (lo que deja automáticamente fuera a todos los iPhone). En Argentina, el parque de equipos con tecnología NFC a diciembre del año pasado era de unos 5,2 M. Sin embargo, y por las limitaciones mencionadas, naturalmente no todos estos serán aptos para este uso. A esto hay que agregarle un factor adicional: como la tecnología NFC se encuentra en equipos de gama media alta, es dable pensar que un grupo indeterminado no es usuario de transporte público.

El gran problema, y esto no es responsabilidad de los desarrolladores, es que la tecnología NFC nunca terminó de despegar como algo masivo. Existe desde hace muchos años, pero no llegó a popularizarse en equipos de gama media y sobre todo, baja. En algún momento, años atrás, se pensó que podía ser clave para los pagos desde el móvil, pero esta misma limitación hizo que surgieran y se desarrollaran alternativas, como códigos QR u otras que son por software y no hardware. Así, la recarga “casera” de la SUBE será muy útil, pero quizás no masiva.

Buenos Aires, anfitriona

Sin dudas, los últimos días pusieron a la Ciudad de Buenos Aires en un rol de anfitriona internacional. Primero fue la reunión del G20, que resultó mucho más tranquila (en contenidos y manifestaciones) de lo que se temía inicialmente. Luego, fin de semana por medio, fue el turno de la industria móvil, convocada por el GSMA Mobile 360 Series Latin America, un evento regional llevado a cabo por los mismos organizadores del MWC que se realiza en Barcelona. Un evento que convocó a todo el sector involucrado con las comunicaciones móviles: operadores, reguladores, proveedores, desarrolladores, prensa, consultores y todo aquel que de alguna forma u otra está vinculado a esta industria. Si bien fueron varios los temas tratados en las diferentes sesiones, hubo dos que se repitieron: la regulación del sector y la llegada de 5G.

Desde el punto de vista de la regulación, hay temas que ya son un clásico: la disponibilidad de espectro y las facilidades para la instalación de antenas y el despliegue de redes en general. También se habló de la necesidad de una actualización de la regulación que todavía tiene rasgos atávicos, como el tratamiento diferencial de los servicios a ofrecer en función de la tecnología utilizada (caso TV satelital) o el fuerte énfasis regulatorio de la voz, cuando es un servicio totalmente devaluado a los ojos de los consumidores. Por otra parte, en momentos en que Argentina viene luchando por actualizar las leyes que impactan al sector, es rescatable la idea de que una ley debe ser lo suficientemente flexible para poder acompañar la evolución de la tecnología y no quedar atados a paradigmas del pasado que frenen el desarrollo. Para eso, se sugirió que cualquier futura ley que regule al sector debería ser lo más corta posible, marcando el norte y el espíritu de la regulación, pero dejando los detalles a la reglamentación. Algo que para nuestra cultura hiperregulatoria no sería tarea sencilla. En una visión más regional, el director de marketing de la GSMA expresó sus esperanzas que la sucesión de elecciones presidenciales que se ha visto en América Latina (catorce desde noviembre de 2017) es una “una oportunidad fantástica para conseguir algunos ajustes” de los marcos regulatorios.

El tema 5G no podía quedar al margen, aunque fue evidente la diferencia de perspectivas y hasta de entusiasmo según quien hablase. Los proveedores de equipamiento obviamente lo venden como una tecnología que debería aplicarse lo antes posible ya que traerá innumerables beneficios. Por su parte, los operadores se mostraron mucho más cautos, en una actitud de desensillar hasta que aclare. En este grupo en general hay coincidencia que todavía no está claro el modelo de negocio, habida cuenta de que se trata de una tecnología que habilita soluciones muy distintas a las que ya existen. Y esto exige no sólo disponer de la infraestructura sino también de un grado de innovación en procesos y productos/servicios que llevará un tiempo de maduración. Por el momento, el único modelo de negocios es el que ofrece el acceso inalámbrico fijo (FWA), más atractivo en la región por la falta de penetración de accesos de ultra banda ancha. Esto, a su vez, exigirá la disponibilidad de frecuencias medias y altas. También hay que tener presente que las frecuencias bajas son más complejas de liberar (como lo demuestra la historia reciente).

También se esgrime la falta de estándares definitivos y, más importante aún, la falta de economías de escala (y sus consecuentes mayores costos) por tratarse de una tecnología incipiente. Así, en general no se espera que 5G sea una realidad en la región antes del 2021, momento en el que las economías de escala empezarán a hacerse notar, habilitando el despliegue de 5G en economías menos poderosas que las que están haciendo punta de lanza en la materia. Así, para ese entonces, se puede esperar que comience a haber cobertura parcial en grandes ciudades.

El resumen sería: “Seguimos tirando con 4G en el que todavía hay mucho para hacer y que tiene mucho para dar”

Gol inesperado

Esta semana la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) anunció el acuerdo por el cual Uber se transformará en el nuevo “sponsor digital” tanto de la AFA como de la Selección argentina. A través de éste, Uber desarrollará acciones a nivel mundial en las redes sociales y web de la AFA en distintos idiomas,  mientras que, en el mundo offline, exhibirá su logo en la indumentaria del conjunto nacional de fútbol (no en las camisetas oficiales utilizadas para jugar).

Bajo la excusa del partido de la Selección nacional ante su par de México en Mendoza, el anuncio se realizó en aquella provincia. La elección no fue ingenua, ya que allí Uber opera sin problemas luego de que recientemente la legislatura aprobara una ley de movilidad, que contempla el modelo popularizado por la app. También otros distritos, como es el caso de Rosario, Posadas y la provincia de Buenos Aires están trabajando en marcos regulatorios que contemplen esta operatoria. Además, Uber tiene fuerte presencia en el Gran Buenos Aires (fuera de los límites de CABA), donde según la empresa se realizan el 70% de los viajes del AMBA. Son casos muy distintos al de la Ciudad de Buenos Aires, cuya Legislatura aprobó este mes lo que se denomina informalmente “Ley anti Uber”, norma que contempla sanciones más duras a los choferes.

La combinación de lo que sucedió en Mendoza, que otras localidades avancen en la misma dirección, el pronto lanzamiento de Uber Eats y ahora este acuerdo dejan expuesto al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cuya postura rígida no es la aconsejable ante los cambios de paradigmas. La ocasión debería servir para que el GCBA revisara su estrategia respecto de los nuevos modelos de la economía digital, un tema que va mucho más allá del caso Uber específicamente. ¿Cuál será la estrategia? ¿Resistir la ola parándosele de frente para ser arrastrado a los tumbos hacia la costa o intentar acompañarla, barrenarla, adaptando la regulación contemplando tanto a los entrantes como a los actores preexistentes? Eso se parece más a hacer política y gobernar, aunque el camino elegido haya sido el opuesto.

 

Hijos del rigor

La semana pasada, el gobierno anunció que el 18 de octubre (ayer) vencía el plazo para registrar las líneas prepagas que aún no  estuvieran nominadas o asociadas a una persona física. Llegada la fecha, el Enacom anunció que extendió el plazo hasta el 31 de octubre debido, según el ente, a la gran cantidad de registros que se produjeron en la última semana.

Según las cifras que surgen de los balances de los tres operadores móviles (Claro, Personal y Movistar), la cantidad total de líneas prepagas es de aproximadamente 44 M. De éstas, según el Enacom, unos 17 M no estaban registradas al momento del anuncio.

Por supuesto, una semana de tiempo es muy poco para registrar 17,4 M de líneas prepagas. De hecho, alrededor de 1,4 M (200 mil por día) de líneas se pusieron en regla en la última semana. A este ritmo, y teniendo en cuenta que la mayoría de las líneas prepagas consideradas seguirán en este estado, se puede estimar que para cuando termine este transición, se habrá llegado a aproximadamente el doble de esa cifra en nuevas líneas registradas.

De este modo, cuando se hayan registrado todas las líneas en condiciones de estarlo, el mercado argentino habrá pasado de unas 61 M de líneas totales a alrededor de 46 M. Una cifra mucho más razonable que la anterior.

Si la campaña para registrar los prepagos fue acertada o no en cuanto a su intensidad en los últimos dos años, se lo puede ver desde perspectivas diferentes. Lo ¿ideal? hubiera sido una campaña de difusión larga, continua y sostenida para no llegar a una fecha límite con muchas líneas sin registrar. Pero también hay que tener en cuenta la naturaleza humana (que en el caso de los argentinos es bastante natural) de dejar las cosas para último momento. Así, quizás sea más efectiva y barata una campaña corta pero intensa, con la “amenaza” de bloquear la línea en una semana, aun sabiendo desde el principio que la fecha inicial establecida no iba a ser la definitiva sino que habría que recurrir a al menos una postergación del plazo.

Con el 5G en las gateras

Cuando estamos ya a meses de los primeros lanzamientos comerciales de redes 5G en distintos países y luego de los resultados de las primeras experiencias en el terreno, el panorama de lo que puede implicar esta tecnología (con el acompañamiento de la regulación) está cada vez más claro, lo que no necesariamente implique que sea simple.

Sin dudas, la tecnología 5G implica no ya únicamente una mejora cuantitativa en las redes (más capacidad, más dispositivos conectados simultáneamente) sino también un profundo cambio cualitativo, expandiendo notablemente el alcance de las tecnologías inalámbricas, con una flexibilidad que la hace apta para nuevos usos no soportados por las tecnologías vigentes.

La tecnología 5G se basa en 3 pilares que abren la puerta a estos nuevos usos. Uno es la capacidad de banda ancha, con promedios de 100 Mbps y picos por encima de los 10 Gpbs, soportando un tráfico diez mil veces mayor al actual. Otro pilar es su capacidad para ofrecer un IoT masivo, pudiendo atender entre 10 a 100 veces más dispositivos, de ultra bajo costo y duración de baterías de hasta 10 años. Finalmente, el tercer pilar es una latencia bajísima, por debajo del 1 ms, apta para aplicaciones de misión crítica de alta confiabilidad.

Cada uno de estos pilares, da lugar a nuevos usos. La capacidad de banda ancha permite no sólo aplicaciones de video móvil de altísima definición así como de realidad virtual y/o aumentada, sino también convertirse en una infraestructura para dar acceso de banda ancha fijo, aprovechando su capacidad, similar a la de la fibra óptica, especialmente para los últimos metros. Sus virtudes para el IoT masivo habilita nuevos usos para monitoreo, medición, seguimiento y administración a gran escala. Por último, su baja latencia es lo que da lugar a todo tipo de operación remota, coches conectados, salud, etc. que requieran de una respuesta más que inmediata.

Como se puede deducir, es muy amplia la gama de aplicaciones para esta nueva tecnología, lo que cual no significa que un operador que cuente con una red 5G pueda ofrecerlas todas. Para esto juega también el tipo de espectro disponible que será el que determine su uso.

Más allá de las innovaciones que hacen posible a 5G, hay un principio del cual no pueden escapar: cuanto más alta la frecuencia utilizada, mayor la capacidad y menor la cobertura. O visto al revés, cuando más baja la frecuencia, mayor cobertura pero menor capacidad. Es importante tener en cuenta esto ya que las bandas que se están asignado para 5G en todo el mundo pueden dividirse en tres categorías:

  • Bajas: por debajo del GHz
  • Medias: entre 1 y 6 GHz
  • Altas: por encima de los 6 GHz pero en la práctica por encima de los 24 GHz. Conocida como onda milimétrica o millimeter wave

(Aclaración: los intervalos son para tener una idea. No hay un consenso de donde empieza una y termina otra)

De esta forma, un operador que cuente con espectro en bandas bajas podrá ofrecer buena cobertura, ideal para un IoT masivo, pero no podrá pensar seriamente en usar su red para dar acceso de banda ancha fija que compita con la fibra. Por su parte, quien cuente con espectro en bandas muy altas, puede pensar en propuestas tipo hotspot, con servicios de altísima capacidad y confiabilidad, pero acotados en su cobertura. Con frecuencias intermedias, se pueden alcanzar servicios móviles potenciados con velocidad y capacidad en forma consistente, quizás lo más parecido a las redes actuales dentro de las posibilidades de 5G, pero claramente mejorado.

La fuerte asociación de la frecuencia utilizada con los servicios que ésta posibilita hace que la atribución primero y la asignación después sean claves para determinar qué se puede hacer y quién lo hará. No hay en materia de 5G un talle único para el modelo a seguir. En el caso de los EE.UU. resulta interesante ver cómo cada uno de los (todavía) 4 grandes operadores va definiendo su estrategia para 5G en función del tipo de espectro con que cuenta. T-Mobile con frecuencias de 600 MHz en 33 Estados apunta a proveer una cobertura nacional, mientras que AT&T arrancará con hotspots 5G, que permitirán servicios de alta capacidad en áreas muy precisas. Verizon ya confirmó que arrancará con servicios inalámbricos fijos y Sprint se inclina por un servicio de banda ancha móvil potenciado. Todos prometen lanzar (distintos) servicios 5G de aquí a fin de año (salvo Sprint que lo hará en el 1º semestre de 2019).

El tema de las frecuencias define el juego no sólo en un mercado nacional específico, sino que también define en términos “geopolíticos”, en momentos en que los principales países se encuentran en la carrera por liderar en 5G. Durante el Foro de Analistas organizado por 5G Americas fue evidente la preocupación de la industria (operadores y proveedores) de los EE.UU. por lo que sienten es un retraso en esta carrera global. La preocupación se basa en que aquél país carece de espectro suficiente en las banda medias, fundamental para la banda ancha móvil. Cosa que sí hicieron sus principales competidores (China, Japón, Corea y Europa).

Un párrafo final para las frecuencias altas. Si bien son las que recibieron mucha atención en los últimos tiempos ser “las nuevas”, son también aquellas donde más dudas hay desde el punto de vista del negocio. Requieren de una altísima densidad de antenas para cubrir una superficie dada en comparación con el resto. Para este caso, quizás haya que pensar en asignaciones locales y no ya nacionales. Porque más allá de los aspectos técnicos, todo operador deber superar el “desafío de la accesibilidad”.

Redes superpuestas

La existencia del omnipresente Facebook, la presencia de Whatsapp (y sus grupos) en todo smartphone en uso más otras redes sociales de distinto grado de popularidad (como Instagram, Twitter, etc.) hacen que el 86% de los usuarios de Internet en Argentina participe regularmente en más de una red social.

No se trata de un fenómeno que responda a la variable socioeconómica, ya que la participación en las redes es similar para todos los niveles. Sin embargo, sí las diferencias son marcadas cuando se lo analiza desde la variable etaria.

Como tendencia, cuanto más joven es el usuario, mayor es la tendencia a que sume redes sociales en las cuales participar. Lo normal es que centennials y millennials participen en entre tres y cuatro redes, mientras que los de la Generación X y Baby Boomers lo hacen en dos. A su vez, los centennials son el doble de propensos a participar en cinco o más redes.

Por otra parte, los hombres duplican a las mujeres entre quienes usan sólo una red, marcando, una vez más, la mayor propensión de éstas a la interacción social. Entre quienes sólo participan de una red, el 54% lo hace en grupos de Whatsapp, un 30% en Facebook y un 9% en Instagram.

Nublado

Lejos quedaron los tiempos en que teníamos toda nuestra información en un único equipo. Hoy, con la multiplicación de dispositivos por persona y las facilidades para conectarse con banda ancha tanto en forma fija como móvil, la forma de utilizarla a cambiado. Tal es así que un 71% de los usuarios de Internet en Argentina almacena información en la nube. Esto surge del informe “Tecnología en el hogar – 2018” realizado por Carrier y Asociados.

El uso de la nube se da más entre millennials y tiende a la baja en la medida en que lo hace el nivel socioeconómico. El desconocimiento de este servicio se manifiesta en mayor medida en los extremos etarios.

En cuanto a la nube utilizada, la relevancia de Google (tanto por sus servicios vía web como por el mayoritario uso de Android) se manifiesta con Drive como el servicio más popular, ocupando el primer lugar con el 81%. En distante segundo lugar está OneDrive, de Microsoft, que hoy es parte integral de Windows 10, con un 44%. Luego viene el pionero, Dropbox (32%) y más lejos, iCloud, de Apple (13%), impulsado por el uso del iPhone, iPad y Mac.

El uso de Google Drive crece en la medida en que desciende la edad. Desde una perspectiva socioeconómica, Drive desciende con el NSE, a la inversa de lo que sucede con iCloud y Dropbox, mientras que OneDrive tiene un uso parejo.

Queda claro que no sólo el dólar anda por las nubes. También nuestros datos.

Atracción por las cosas

A pesar de ser una realidad apenas incipiente, entre los usuarios de Internet en Argentina se observa una buena predisposición para la adopción de objetos inteligentes conectables bajo el paraguas del Internet de las Cosas (IoT). De hecho, un 94% de éstos expresan su interés por el IoT en diversos usos. Esto surge del informe “Tecnología en el hogar – 2018” realizado por Carrier y Asociados.

Si bien las aplicaciones del IoT son casi infinitas, agrupadas por rubros los que lideran en el interés de los usuarios son seguridad en el hogar (80%), automóvil (72%) y salud (70%). Detrás, y no muy lejos, quedan otros que hacen a la comodidad, como control por voz, electrodomésticos inteligentes o soluciones para el confort en el hogar.

Es interesante observar que los dispositivos para el control médico (salud) resultan claramente más atrayentes en los niveles socioeconómicos bajos así como en las localidades chicas. Un atractivo que puede estar vinculado a un menor acceso físico a profesionales o centros de salud más complejos.

A pesar de su atracción, en la percepción general sobre el IoT emerge como principal contra que estas soluciones son consideradas como muy costosas por el 88% de los entrevistados.

En definitiva, si bien se trata de una tecnología incipiente, es notable la buena aceptación obtenida a priori aunque debe madurar para alcanzar valores más compatibles con productos masivos para lograr el despegue que se insinúa.

Facebook, una red adulta

Cuando se analizan estadísticas de usuarios de Facebook (en Argentina o en el mundo), no se confirma la sensación que muchos tienen en relación a la menor participación de sus usuarios que tiempo atrás. Sin embargo, cuando se observa la frecuencia de uso, las cosas quedan más claras.

De los usuarios argentinos de Facebook, tan sólo un 60% utiliza esta red social regularmente. Si bien aquí ya se puede “medir” la intensidad de uso, la cosa se pone más interesante cuando se analiza desde una perspectiva generacional.

Se confirma la escasa atracción de los más jóvenes hacia Facebook, donde apenas 1 de cada 4, o un 26%, de los centennials (menores de 25 años) la usa regularmente. Esto contrasta con las demás generaciones, que están en una relación que se ubica alrededor de 4 de cada 5, prácticamente la inversa de lo que sucede con los centennials.

¿Dónde están los centennials? Principalmente en Instagram, donde el 90% es usuario regular, y en los grupos de Whatsapp.

Visto así, queda en claro que la estrategia de Zuckerberg de comprar tanto Instagram como Whatsapp fue una forma de asegurarse mercado diversificándose.

Multiredes

Si bien es habitual que una misma persona participe de más de una red social, con un promedio de uso regular de 2,7 redes por usuario de Internet en Argentina, cada una de éstas tiene un perfil de usuario distinto, con claras diferencias cuando se considera el factor generacional.

Incluyendo a Whatsapp y su funcionalidad para grupos como una red social, esta plataforma demuestra ser la más popular y con un nivel de uso por edad más parejo que para todo el resto.

Claramente, quienes participan de la mayor cantidad de redes sociales son los más jóvenes, ya sean millennials (de 25 a 34 años) o centennials (menores de 25). Sin embargo, entre éstos se observan diferencias a la hora de identificar las redes que utilizan regularmente. Confirmando la tendencia que se viene registrando desde hace años que marca que los más jóvenes no se ven atraídos por Facebook, esta red es utilizada apenas por el 26% de los centennials, mientras que los millennials triplican este valor para llegar al 77%, similar a los de la Generación X (35 a 55 años).

Los centennials son mucho más asiduos usuarios de otras redes. El caso más claro es el de Instagram, utilizada por el 90%, y el de Snapchat, utilizada por el 25% frente a valores bajos de un dígito de los otros segmentos generacionales. Snapchat es claramente dominada por los centennials quizás por su costado lúdico.

Es de notar que, si bien Facebook como red social ha perdido definitivamente su peso entre los más jóvenes, esto no significa que no sea relevante como empresa para este y los demás grupo etarios. El uso regular de los grupos de Whatsapp (88%), Facebook (57%) e Instagram (56%) (todos propiedad de Facebook) supera ampliamente a la 4º red social, Twitter, con un 21% del total de usuarios de Internet en Argentina. Todo queda en casa y Mark duerme tranquilo (o se preocupa por otros temas).