'Sociedad'

Nublado

Lejos quedaron los tiempos en que teníamos toda nuestra información en un único equipo. Hoy, con la multiplicación de dispositivos por persona y las facilidades para conectarse con banda ancha tanto en forma fija como móvil, la forma de utilizarla a cambiado. Tal es así que un 71% de los usuarios de Internet en Argentina almacena información en la nube. Esto surge del informe “Tecnología en el hogar – 2018” realizado por Carrier y Asociados.

El uso de la nube se da más entre millennials y tiende a la baja en la medida en que lo hace el nivel socioeconómico. El desconocimiento de este servicio se manifiesta en mayor medida en los extremos etarios.

En cuanto a la nube utilizada, la relevancia de Google (tanto por sus servicios vía web como por el mayoritario uso de Android) se manifiesta con Drive como el servicio más popular, ocupando el primer lugar con el 81%. En distante segundo lugar está OneDrive, de Microsoft, que hoy es parte integral de Windows 10, con un 44%. Luego viene el pionero, Dropbox (32%) y más lejos, iCloud, de Apple (13%), impulsado por el uso del iPhone, iPad y Mac.

El uso de Google Drive crece en la medida en que desciende la edad. Desde una perspectiva socioeconómica, Drive desciende con el NSE, a la inversa de lo que sucede con iCloud y Dropbox, mientras que OneDrive tiene un uso parejo.

Queda claro que no sólo el dólar anda por las nubes. También nuestros datos.

Atracción por las cosas

A pesar de ser una realidad apenas incipiente, entre los usuarios de Internet en Argentina se observa una buena predisposición para la adopción de objetos inteligentes conectables bajo el paraguas del Internet de las Cosas (IoT). De hecho, un 94% de éstos expresan su interés por el IoT en diversos usos. Esto surge del informe “Tecnología en el hogar – 2018” realizado por Carrier y Asociados.

Si bien las aplicaciones del IoT son casi infinitas, agrupadas por rubros los que lideran en el interés de los usuarios son seguridad en el hogar (80%), automóvil (72%) y salud (70%). Detrás, y no muy lejos, quedan otros que hacen a la comodidad, como control por voz, electrodomésticos inteligentes o soluciones para el confort en el hogar.

Es interesante observar que los dispositivos para el control médico (salud) resultan claramente más atrayentes en los niveles socioeconómicos bajos así como en las localidades chicas. Un atractivo que puede estar vinculado a un menor acceso físico a profesionales o centros de salud más complejos.

A pesar de su atracción, en la percepción general sobre el IoT emerge como principal contra que estas soluciones son consideradas como muy costosas por el 88% de los entrevistados.

En definitiva, si bien se trata de una tecnología incipiente, es notable la buena aceptación obtenida a priori aunque debe madurar para alcanzar valores más compatibles con productos masivos para lograr el despegue que se insinúa.

Facebook, una red adulta

Cuando se analizan estadísticas de usuarios de Facebook (en Argentina o en el mundo), no se confirma la sensación que muchos tienen en relación a la menor participación de sus usuarios que tiempo atrás. Sin embargo, cuando se observa la frecuencia de uso, las cosas quedan más claras.

De los usuarios argentinos de Facebook, tan sólo un 60% utiliza esta red social regularmente. Si bien aquí ya se puede “medir” la intensidad de uso, la cosa se pone más interesante cuando se analiza desde una perspectiva generacional.

Se confirma la escasa atracción de los más jóvenes hacia Facebook, donde apenas 1 de cada 4, o un 26%, de los centennials (menores de 25 años) la usa regularmente. Esto contrasta con las demás generaciones, que están en una relación que se ubica alrededor de 4 de cada 5, prácticamente la inversa de lo que sucede con los centennials.

¿Dónde están los centennials? Principalmente en Instagram, donde el 90% es usuario regular, y en los grupos de Whatsapp.

Visto así, queda en claro que la estrategia de Zuckerberg de comprar tanto Instagram como Whatsapp fue una forma de asegurarse mercado diversificándose.

Multiredes

Si bien es habitual que una misma persona participe de más de una red social, con un promedio de uso regular de 2,7 redes por usuario de Internet en Argentina, cada una de éstas tiene un perfil de usuario distinto, con claras diferencias cuando se considera el factor generacional.

Incluyendo a Whatsapp y su funcionalidad para grupos como una red social, esta plataforma demuestra ser la más popular y con un nivel de uso por edad más parejo que para todo el resto.

Claramente, quienes participan de la mayor cantidad de redes sociales son los más jóvenes, ya sean millennials (de 25 a 34 años) o centennials (menores de 25). Sin embargo, entre éstos se observan diferencias a la hora de identificar las redes que utilizan regularmente. Confirmando la tendencia que se viene registrando desde hace años que marca que los más jóvenes no se ven atraídos por Facebook, esta red es utilizada apenas por el 26% de los centennials, mientras que los millennials triplican este valor para llegar al 77%, similar a los de la Generación X (35 a 55 años).

Los centennials son mucho más asiduos usuarios de otras redes. El caso más claro es el de Instagram, utilizada por el 90%, y el de Snapchat, utilizada por el 25% frente a valores bajos de un dígito de los otros segmentos generacionales. Snapchat es claramente dominada por los centennials quizás por su costado lúdico.

Es de notar que, si bien Facebook como red social ha perdido definitivamente su peso entre los más jóvenes, esto no significa que no sea relevante como empresa para este y los demás grupo etarios. El uso regular de los grupos de Whatsapp (88%), Facebook (57%) e Instagram (56%) (todos propiedad de Facebook) supera ampliamente a la 4º red social, Twitter, con un 21% del total de usuarios de Internet en Argentina. Todo queda en casa y Mark duerme tranquilo (o se preocupa por otros temas).

Retirada silenciosa

A nadie sorprende el dato de que los SMS cayeron en volumen en los últimos tiempos como consecuencia de sus sustitución por los sistemas de mensajería OTT, más particularmente Whatsapp. No obstante, cuando se le ponen números a esta tendencia, se toma conciencia de la real magnitud del fenómeno. La cantidad de SMS enviados pasaron de 36,4 mil millones en el primer trimestre de 2013 a 4,8 mil millones en igual período del 2018. En otras palabras, el volumen enviado a principio de año equivale al 13% del total enviado 5 años atrás.

Por supuesto, si hay un gran responsable de esta caída ese es Whatsapp, que gracias a la popularidad de los smartphones, que hoy alcanzan a unos 29 millones de líneas, logró establecerse como el estándar de facto de mensajería en el celular.

Esta caída también tuvo su correlación en los ingresos, los cuales se vieron compensados por un mayor consumo de datos (aunque para esto hicieron y hacen falta inversiones adicionales).

Conviene tener presente que si bien el incentivo inicial de Whatsapp vino por el lado de los costos (los SMS se cobraban por mensaje, mientras que Whatsapp consume una cantidad tan ínfima de datos que llegó a ser gratuito el grueso del tráfico que genera), más tarde le fue agregando otras funcionalidades que lo hicieron más atractivo, como cantidad de caracteres casi ilimitada, grupos, envíos de fotos, videos y mensajes de audios y hasta llamadas de voz y video. Cosa que fue sucediendo aun cuando los operadores comenzaron a meter tantos SMS en los abonos que hoy son prácticamente gratuitos. Pero ya la suerte del SMS estaba echada.

Hoy, las telcos y Google quieren recuperar el terreno perdido de la mano de RCS (Rich Communication Services), una propuesta que llega tarde y que no es universal. Difícilmente logre revivir el dominio que los SMS supieron tener. En menos de un lustro desapareció el que fuera quizás el negocio legal más lucrativo de la historia. Algunos lo recordarán con nostalgia…

Facebook y la privacidad

Con el affaire Facebook-Cambridge Analytica, muchos creyeron que se derrumbaría la red social, con usuarios celosos de su privacidad, borrando sus cuentas fogoneados por la campaña “Delete Facebook” y las abundantes críticas que llegaron desde distintos medios de comunicación. Pero nada de eso sucedió, al menos no en Argentina. En todo caso, sí hubo un llamado de atención para que los usuarios se propongan ser más cuidadosos con sus seteos de privacidad.

Un 47% de los usuarios argentinos de Facebook seguirán utilizando la red social de la misma forma, mientras que otro tanto, 48%, afirma que será más cuidadoso en relación con la privacidad. Apenas un 5% sostiene que dejará de usarla (aunque al momento del relevamiento, seguía haciéndolo…).

Un dato que marca que no todos los jóvenes son iguales es que mientras los millennials (25 a 34 años) son quienes más manifestaron que seguirán utilizando Facebook como siempre (61%), los centennials (hasta 24 años) son quienes más se inclinaron por ser más cuidadosos (54%), al tiempo que también se destacan por ser quienes más expresaron su intención de dejar de usar esta red (8%). En estas respuestas juega también que Facebook es una de las redes favoritas del 50% de los millennials contra sólo el 14% de los centennials, más atraídos por Instagram (que también es de Facebook, vale recordarlo).

La correlación contenidos-plataformas

Si bien todo tipo de contenido puede ser técnicamente consumido en cualquier plataforma (TV lineal, online, OTT, streaming), es claro que algunos se adaptan mejor a determinadas plataformas que otros y por lo tanto son consumidos preferentemente en unas y no en otras. Esto surge del informe “Internet y Consumo Audiovisual – 2018” realizado por Carrier y Asociados.

La TV tradicional (lineal, gratis o paga) es territorio de las noticias y la actualidad, siendo la elección del 61% de los usuarios de Internet. Se trata de un consumo que crece con la edad, indicando un hábito arraigado para los mayores. Las películas también son relevantes para la TV tradicional y siguen el mismo patrón etario. En el caso de los hombres, también juega fuerte el deporte en vivo (53%) en comparación con las mujeres (32%). Estas tendencias, aunque con otros valores, se repiten en el consumo de los sitios online de los canales de TV, lo que marca que más allá de la plataforma, sus contenidos atraen a perfiles de usuarios similares. La única diferencia se da en series y novelas argentinas, las cuales son más vistas proporcionalmente online que en la TV tradicional. Al no ser un contenido de actualidad, este formato decididamente se adapta más al modelo bajo demanda.

Por el lado de las OTT de video, el consumo de series (51% de los usuarios de Internet, consuman OTT o no) desplazó del primer lugar a las películas (47%). Se da una combinación de un formato más apto para el consumo bajo demanda con un gran momento artístico de las series, con importantes producciones, temáticas más novedosas y libretos más desarrollados. Entre sus consumidores, los millennials son quienes se muestran más activos. Claramente, se trata de un formato que gana con el modelo OTT con el consumo a demanda y los “atracones” o binge watching.

En cuanto al streaming gratuito (e ilegal), si bien perdió mucha popularidad ante la aceptación de ofertas OTT legales, se orienta mayormente a películas, aunque también se observa un importante crecimiento en el consumo de deportes en vivo. El avance de este último tipo de contenidos puede estar motivado en la oferta codificada del fútbol local así también como de la F1 que hasta el año anterior formaba parte de los canales de abonos básicos de la TV paga. Esto hace que algunos usuarios busquen formas alternativas de acceso a través de Internet (ej: Roja Directa). La sensibilidad al precio de quienes consumen streaming se manifiesta en que se trata de una práctica que tiene mayor penetración relativa entre quienes no contratan servicios de TV paga. Las descargas, una práctica también en retroceso, tiene entre sus principales cultores a los millennials y a quienes no tienen TV paga.

Por último, YouTube es la elección de los centennials (24 años o menos), quienes allí consumen películas, series y animaciones, más allá de los contenidos específicos de la plataforma.

TDA, ¿complemento o sustituto?

Cuando se lanzó la TDA, muchos veían en esta tecnología una alternativa a la TV paga, con varias señales y calidad HD (algo que en ese entonces no era tan habitual como lo es hoy). Sin embargo, la TDA es consumida en muchas situaciones sin necesariamente haberse convertido en ese sustituto que varios vislumbraban. Esto surge del informe “Internet y Consumo Audiovisual – 2018” realizado por Carrier y Asociados.

Un 10% de los usuarios de Internet consume TV a través de la TDA, la plataforma de TV digital abierta. No obstante, el uso de esta entre quienes son clientes de algún servicio de TV paga se reparte en partes iguales. ¿Por qué alguien que accede a TV paga consumiría también la TDA? Las respuestas son varias. Por un lado, la TDA transmite en HD, una tecnología que está disponible por parte de los proveedores de TV paga como un producto adicional al básico. Se trata de una característica muy valorada hoy, cuando acaba de arrancar el Mundial de Fútbol, donde muchos de sus partidos (y todos los de Argentina) serán transmitidos por la TV Pública. Por otro lado, y particularmente en los abonados a DTH, la TDA permite acceder a canales locales no disponibles en la grilla satelital. Adicionalmente, un hogar con TV paga puede tener más televisores que bocas de acceso a la TV paga, con lo cual la TDA puede ser una alternativa en el caso de los equipos no conectados.

Desde una perspectiva generacional, el mayor consumo de TDA se observa en los hogares jóvenes (donde todos sus integrantes son únicamente millennials y/o centennials), con un 19% frente al 10% del total de la muestra. Se trata de hogares donde se encuentra menos penetración de TV paga, con 69% vs. 85% del total y donde también se da el mayor porcentaje de hogares que no consume TV tradicional, con un 12% y triplicando al total de hogares.

Viéndolo por nivel socioeconómico, hay un consumo de TDA mayor en los segmentos medios y altos que los bajos. En esto juega que sólo los televisores más nuevos incorporan el sintonizador en forma nativa. Así, en los niveles bajos hay un mayor consumo de la TV abierta analógica.

Probablemente la TDA nunca se convierta en la alternativa gratuita a la TV paga, pero sin dudas está encontrando algunas oportunidades.

Avance OTT

Definitivamente, los servicios de video OTT (para ser más precisos, SVOD o Subscription Video On Demand) son cada vez más populares en Argentina, consumidos actualmente por 3 de cada 4 usuarios de Internet. Esto surge del informe “Internet y Consumo Audiovisual – 2018” realizado por Carrier y Asociados. Conviene aclarar que no hay que confundir utilización con suscripción. No sólo porque una suscripción puede tener múltiples usuarios, sino también porque se dan situaciones donde una misma cuenta es compartida entre dos o más usuarios.

De esta forma, los OTT de video siguen su camino ascendente, siendo consumidos por el 73% de los usuarios frente a un 66% del año pasado y un 55% del año anterior. Esto se da con más fuerza en los segmentos jóvenes (centennials y millennials) y en el AMBA.

Por otra parte, y en contra de quienes lo ven hoy como un competidor de la TV paga, los OTT de video tienen mayor penetración entre quienes son abonados a este servicio. Sigue siendo más un complemento que un sustituto, al menos por el momento. Entre quienes consumen video OTT, 4 de cada 5 lo hace habitualmente.

Los factores clave detrás del éxito de los OTT de video mencionadas por sus usuarios habituales son la posibilidad de consumir bajo demanda (73%) y de ver temporadas completas (71%). Esto último marca el peso que las series adquirieron en el menú audiovisual como consecuencia de poder ser consumidas al ritmo del espectador y no al criterio del programador.

En cuanto a los servicios de video OTT, Netflix se mantiene como el claro dominador, seguido de lejos por Fox Play, HBO GO y Cablevisión Flow. Con tanta oferta existente, en varios casos se da el uso de múltiples servicios.

Por su parte, los servicios OTT de los operadores de TV paga (Flow, DirecTV Play, Telecentro Play, etc.) se ubican debajo de los tres grandes (Netflix, Fox Play y HBO Go), pero por encima del resto de los OTT, incluyendo aquellos de los operadores de telecomunicaciones (como Claro Video, Arnet Play u On Video), demostrando que hace falta más que ofrecer una plataforma de video OTT para que esta sea exitosa.

Fuera del área de cobertura

Esta semana la disputa entre Uber y la Ciudad de Buenos Aires presentó un nuevo round de una pelea que lleva ya dos años. El mismo fue motivado por el pedido de la justicia de la ciudad a los principales operadores de telecomunicaciones de bloquear el acceso a los servicios provistos por Uber como consecuencia de contravenciones relacionadas con regulación local de transporte. La medida generó polémica y probablemente tenga escasos resultados.

Quizás el aspecto más controversial (y peligroso) es el puramente jurídico. Más allá de si la decisión adoptada por la justicia de la Ciudad de Buenos Aires es correcta o no, ésta solo tiene competencia y jurisdicción municipal, es decir, dentro de la ciudad. Pero su pedido afectaría también a usuarios fuera de los límites físicos de la capital. Por ejemplo, a los usuarios en el Gran Buenos Aires que usan Uber para sus desplazamientos sin ingresar a la ciudad, o para aquellos que viajen al exterior y quieran usar Uber desde sus teléfonos locales usando roaming. De esta forma, una decisión de la justicia porteña afectaría a usuarios y ciudadanos fuera de la jurisdicción de ésta. Un delirio desde el punto de vista jurídico que sorprende no haya sido aún desactivado.

Para no entrar en esta grosería jurídica, hay que resolver un tema técnico. Siendo que es una decisión de la justicia de la ciudad, sus efectos sólo deberían afectar a los usuarios mientras están en la ciudad. Esto, según los expertos, es muy complejo tecnológicamente (algunos usan el término “imposible”), ya que en definitiva no se trata de bloquear a un servicio sino a los usuarios que quieran acceder a él en función de su ubicación geográfica.

Más allá de esta pretendida “solución” para un problema que no es propio de Internet sino del mundo físico, el tema de fondo es cómo el Estado (en este caso municipal) debe lidiar con nuevos modelos basados en Internet. No se trata únicamente del transporte sino también de prestaciones de servicios en general, donde Uber es sólo un ejemplo, pero también hay otros como AirBnB y tantos más. Se trata de cambios introducidos por la adopción de la tecnología que difícilmente se puedan prohibir. Esto exige una actualización de las distintas regulaciones contemplando los modelos existentes, pero también los nuevos que van surgiendo de la mano del desarrollo tecnológico. La política debería ser no la de resistir el cambio sino la de incorporarlo minimizando sus impactos negativos.

También es cierto en que en muchas ciudades en las que desembarcó Uber tuvo fricciones iniciales con las autoridades, en la mayoría de los casos se llegó a un funcionamiento dentro de las normas en algunos meses, aunque también hay casos notables donde fue el servicio prohibido. Aquí, ya han pasado más de dos años desde la llegada de Uber y la situación sigue como el primer día o peor, agravada por el comportamiento parapolicial de un grupo de taxistas que asume tareas de control que le corresponden al Estado, deteniendo a vehículos y conductores para entregarlos a las autoridades, sin que el Gobierno de la ciudad descalifique este accionar y tome las medidas que corresponderían. Se trata más bien de una privatización de facto del uso de la fuerza que sienta un peligrosísimo antecedente.

Lo más probable es que, como viene sucediendo, Uber siga funcionando en situación sino irregular al menos conflictiva y que las autoridades de la ciudad sigan delegando en terceros (como son los taxistas, las tarjetas de crédito y ahora, como pretenden, las empresas de telecomunicaciones) las soluciones que su propia capacidad no les puede dar. Y que en vez de buscar el camino para asimilar la modernidad con los menores conflictos posibles se opte por combatir al cambio, sin buenos resultados hasta el momento. Rara estrategia de quienes tienen la tarea de conducir (no los autos en este caso).