'Sociedad'

Un cacho de cultura…

En un interesante artículo, el diario inglés The Guardian hace una selección de las 10 mejores palabras que Internet dio al idioma inglés. “Cupertino” (nº 9) es un aporte destacable.

Generación 0.0

De un tiempo a esta parte, pareciera que hay más casos de incapacidad y/o corrupción vinculados al poder local. Pero es difícil comparar los tiempos actuales con lo que sucedía una o dos décadas atrás. ¿Por qué? Porque entonces no había tecnología tan accesible ni redes (sociales y físicas) que permitieran distribuir los notablemente mayores volúmenes de información generada.

Cuando llueve más de la cuenta, vemos sus resultados de inmediato y sin ningún filtro de las autoridades o de medios adictos o sesgados. Relatos, fotos y videos generados por los mismos perjudicados, de la mano de celulares accesibles y difundidos, nos cuentan y muestran aquellas cosas que los responsables quisieran ocultar. Pero las redes sociales, los blogs y los sitios de video se ocupan no sólo de hacer público sino también de viralizar. Las manos no alcanzan para tapar el sol.

Hoy también es fácil acceder a una cámara de video miniaturizada que permite documentar lo que antes de esta explosión tecnológica sólo eran trascendidos que perdían fuerza y credibilidad en la medida en que más lejos se estaba de las fuentes. Creer o no creer lo que se oía terminaba siendo una cuestión de fe. Ahora no sólo se documenta, sino que también se difunde con amplia facilidad y prácticamente sin costo. Y termina enterándose hasta el más alejado de la “rosca”.

Censurar se ha vuelto más difícil. Se puede interferir una señal de televisión que emite un contenido inconveniente, pero su resultado es menos eficaz cuando ese mismo contenido es transmitido por Internet, replicado y multiplicado en distintos sitios, ya no sólo en aquellos que son los generadores originales del material.

Muy distinta hubiera sido nuestra historia si 40 años atrás hubiéramos contado con la tecnología disponible en la actualidad. Hubiera sido imposible ocultar los crímenes cometidos y tampoco nos podrían haber engañado con hazañas bélicas que resultaron ser fracasos estrepitosos.

Se podrá decir que la solución es que los responsables de estas situaciones hagan lo que realmente tienen que hacer y desistan de hacer lo que no deben. Pero quizás es mucho pedir. Por lo pronto, pareciera que no terminan de entender cómo las ¿nuevas? tecnologías han dado un poder inusitado al individuo de a pie, quien no sólo puede generar, difundir y compartir, sino que también puede decidir qué consume y qué no. Se trata en definitiva, de una realidad que quizás por un sesgo generacional de quienes tienen el poder, sean políticos o empresarios, no terminan de entender. Y si lo hacen, esto no se refleja en su accionar. Habrá que esperar entonces hasta que se produzca un recambio generacional en el poder (público y privado) para ver si, conscientes de lo fácil que es hoy quedar expuesto, haya también un cambio profundo en el accionar.

Linkeando

Milisegundos que valen millones: Si bien muchas veces las empresas prestan más atención a la disponibilidad de sus conexiones de datos, en algunos casos la latencia es la diferencia entre ganar o perder. Tal el caso de los agentes de bolsa. [Blog CMT]

“Piratería” del streaming: Los servicios OTT de streaming de video enfrentan un problema inédito para esta actividad, el uso de múltiples cuentas. Por ahora, no los inquieta. Por ahora. [New York Times]

¿Cada uno a su casa?: Falta de sinergias, pérdidas. Algunas de las razones detrás de una rumoreada salida de Telefónica de Telecom Italia. En Argentina al menos, le solucionaría algunos problemas. [Bloomberg]

¿WiFi para todos?

Desde hace muchos años ya que los gobiernos, en sus varios niveles (nacional, provincial y municipal), en distintas partes del mundo, coquetearon con la idea de proveer WiFi gratis a sus ciudadanos. En la práctica, sólo los hotspots que cubren áreas muy específicas sobrevivieron, fracasando intentos más ambiciosos de dar cobertura a nivel metropolitano. Por eso sorprende que la FCC (órgano regulador de las telecomunicaciones en los EE.UU.) esté dándole vueltas a la idea de dar WiFi gratis en ese país a nivel nacional.

Que sea gratis para el usuario no implica que lo sea para el Estado. Una red es costosa, no sólo por las antenas (que deberían ser muchísimas) sino también porque hace falta toda una infraestructura detrás para conectarlas y manejar el tráfico que se generaría. Esto implica equipamiento, despliegue de fibra y de vínculos de microondas. A estos gastos de capital hay que sumarle los operativos. A fin de cuentas no se trata sólo de construir la red y ya. En definitiva, sería algo bastante más caro y más complejo que lo que los interesados creen (o admiten). Si además se tiene en cuenta que el gobierno de los EE.UU. se encuentra en estos momentos notoriamente corto de fondos, la cosa suena bastante irreal.

En todo caso, si realmente quieren lograr que todos puedan conectarse, sería más eficiente y justo subsidiar a quien no pueda costearse una conexión. Y de paso, no atentan contra una industria que factura US$ 178 mil millones al año y que, consecuentemente, es una importante contribuyente.

Por otra parte, estas movidas dan lugar a la siguiente pregunta: ¿por qué si en la era industrial no se repartió energía gratuita para todos, en la era de la información algunos quieren que la conectividad lo sea? Se ve que la demagogia es una epidemia mundial…

AGREGADO POST PUBLICACIÓN INICIAL: Según Forbes, el plan de la FCC no existe. Menos mal. Son ideas contagiosas… (gracias a @pmarin por el dato)

Sobre burbujas y móviles

Con la compra de Instagram por parte de Facebook en US$ mil millones, volvieron a sobrevolar los temores por la creación de una nueva burbuja en lo que hace a la valuación de startups tecnológicos. Si bien en este caso ese valor quizás sólo podría tenerlo para Facebook (para más información, ver “M-bubble?”], no deja de ser cierto que hay un creciente interés de inversores por una nueva generación de emprendimientos vinculados al mundo mobile.

La llegada de la era de la movilidad es sólo parte del desarrollo del mundo tecnológico de los últimos 30 años. En los inicios de la era PC, la estrella era IBM (hardware). Poco tiempo después, siempre en la era PC, fue desplazado por Microsoft (software). Luego, el desarrollo de Internet catapultó a Cisco (hardware) a la cima de las valuaciones bursátiles, pero al tiempo el rol estelar lo tuvo Google (software y servicios). Más tarde, ese rol pasó a manos de Facebook (software y servicios), casi simultáneamente se iniciaba la era mobile, con Apple catapultada al estrellato en una combinación de hardware, software y servicios, aunque monetizada a través de la venta de equipos (iPhone y iPad). Hoy, los pesos pesados de la Internet fija, Google y Facebook, se encuentran en pleno proceso de adaptarse al mundo móvil con distinta suerte. Google tuvo éxito con su sistema operativo Android, pero tamaño logro no alcanza aún una monetización acorde. Y Facebook, a pesar de tener más de 400 millones de usuarios que acceden vía celular, aún no consigue que esta masividad se transforme en dinero. Es entonces la necesidad de tener una sólida estrategia en el mundo móvil lo que está haciendo que distinto tipo de inversores pongan fichas en diversos emprendimientos vinculados a la movilidad.

Hay quienes piensan que la venta de Instagram significa el puntapié inicial para una sucesión de ventas de empresas que desarrollan apps a valuaciones astronómicas, de allí el temor de estar presenciando el inicio de una nueva burbuja tecnológica. En este sentido, hay diferencias sustanciales respecto de aquella que terminó estallando en el 2001. La primera y principal es que el mundo mobile no es hoy una promesa como sí lo era Internet en ese momento. En aquel entonces, Internet recién despegaba. Se estaba en plena migración de tecnologías dial up (útiles, pero muy limitadas) hacia opciones de banda ancha. Y los pocos usuarios que había (en términos relativos) todavía estaban descubriendo de qué se trataba todo eso. En otras palabras, el mercado estaba muy verde y las expectativas eran desproporcionadas. Distinto es el caso del mercado actual de celulares, que no sólo tiene una altísima penetración sino que se encuentra en un acelerado proceso de recambio hacia smartphones. Se trata, a diferencia de entonces, de un mercado técnicamente listo para adoptar innovaciones.

Por otra parte, también hay grandes diferencias por el lado de los costos en cuanto a los startups de Internet versus los de apps para smartphones. Mientras que aquellos tenían altísimos costos en desarrollo e infraestructura, los de apps son muchos más modestos. De hecho Instagram tiene sólo 13 empleados. Y también es habitual que apps de celulares sean desarrolladas por uno o dos jóvenes estudiantes en sus ratos libres. Al respecto, en una nota de la revista Inc, el capitalista de riesgo (VC) Mark Suster afirmó que hubo una caída de hasta el 90% en el costo de iniciar una compañía en la última década, gracias en parte a la adopción de programas de código abierto y a los servicios basados en la nube. Por supuesto, al ser más barato fondear un emprendimiento, también hay más de éstos que están recibiendo inversiones, lo cual sí puede traer aparejado un mayor descuido a la hora de evaluar dónde poner el dinero.

Volviendo entonces al punto inicial, la duda sobre si estamos en presencia de una nueva burbuja, la respuesta probablemente sea que sí. Aunque ésta tenga características diferentes. Pero ahora, como entonces, habrá varios que logren hacer grandes negocios (sino preguntar a los inversores de Instagram ahora o a los que fondearon Patagon años atrás, por sólo citar un ejemplo).

No estamos solos

Por la temática que abordamos, sabemos que muchos de nuestros lectores son geeks y orgullosos de serlo. Para ellos, este sitio de citas. Para terminar “dancing geek to geek”…

¿Al servicio del público?

La tragedia de la estación Once de esta semana traerá discusiones por muchos temas: las condiciones de la infraestructura, los destinos de los subsidios entregados por el Estado, el costo de tener tarifas artificialmente bajas, y otros tantos que no vale la pena enumerar aquí. Pero este lamentable suceso también puede servir para tomar decisiones correctas en otros ámbitos, tal el caso de las telecomunicaciones. ¿Por qué? Porque no faltó en los últimos tiempos quienes coquetearan con la idea de convertir sea al acceso a Internet o a la telefonía celular, en un servicio público, principalmente con la intención de fijar sus tarifas.

El caso de la estación Once, así como otros acontecimientos afortunadamente no trágicos, pone en evidencia que el hecho de ser un servicio público no convierte a éste en intachable, ni es garantía de buen funcionamiento. La cosa se enturbia aún más si además la tarifa es artificialmente baja y se compensa con subsidios que luego son cuestionados a la vista de los resultados.

El error conceptual es pensar que si hay un problema, necesariamente se arregla con más regulación. Al menos en el caso de las telecomunicaciones, no siempre hace falta más regulación, sino cumplir con la que existe. De nada sirve regular y reregular si después nadie se ocupa de que ésta se cumpla. Un ejemplo es el de la portabilidad numérica: se estableció en el decreto de apertura de las telecomunicaciones en el año 2000 y recién en un par de semanas entrará en vigor. O sea, más de 11 años para su puesta en marcha…

Nunca falta quien se tiente con fijar los precios de los servicios. Pero esta es un arma de doble filo. Es claro que es un recurso atractivo para los políticos, porque les permite tomar medidas simpáticas a ojos de la ciudadanía, pero cuando éstas no acompañan los costos terminan en servicios deficientes y/o subsidiados. Además, el mismo operador no se ve incentivado a mejorar su eficiencia: tarde o temprano el Estado pagará y mientras los usuarios soportarán un servicio precario.

A diferencia de otros servicios (como agua, gas, electricidad, trenes), donde las grandes inversiones requeridas no permiten la duplicación de infraestructuras, en el caso de las telecomunicaciones esto no sucede si existe una regulación adecuada que incentive la competencia. En Argentina, el usuario tiene al menos 3 opciones (Claro, Movistar y Personal), cuando no son 4 (en las zonas donde Nextel tiene cobertura). La cosa se pondrá más interesante este año con la implementación de la portabilidad numérica y la llegada de nuevos operadores virtuales. También se podría dar un fuerte impulso a la competencia con la asignación de espectro, tanto aquél devuelto por Movistar como por las frecuencias previstas para 4G. Se trata de verdaderas herramientas de política de telecomunicaciones.

En el caso del acceso a Internet la cosa es un poco más compleja, como quedó en evidencia cuando el gobierno quiso “hacer desaparecer” a Fibertel. Pero cumpliendo con la regulación vigente (por ejemplo, otorgando numeración telefónica a quienes ya tienen licencia) habría más empresas dispuestas a invertir para dar servicio. La prueba está en que en otros mercados la competencia en banda ancha fija es muy fuerte, lo que se traduce en mejores productos y a mejor precio.

Aquí, cuando se habla de servicio público, siempre está latente la intención de fijar el precio, no en función del costo sino de la conveniencia política. Lamentablemente, el efecto es el contrario al buscado y termina perjudicando al usuario, que viaja mal, le cortan la luz en verano y el gas en invierno, entre otras delicias de la vida cotidiana. Contrariamente, la competencia es la mejor forma de asegurar el control de precios sin caer en desinversiones (en la medida en que no haya cartelización, claro está).

En definitiva, no se trata de estar a favor o en contra de los servicios públicos. Pero sí sobran elementos como para comprobar que por el mero hecho de ser declarado servicio público las no cosas mejoran. La clave, como siempre, está en la ejecución. Que un servicio sea de excelencia pasa no por su carácter de público o no, sino por la gestión del mismo y por el accionar del Estado como regulador de la actividad, haciendo equilibrio entre los intereses de la población y la viabilidad de la empresa. Las soluciones mágicas, lamentablemente, no existen. Cada uno tiene que trabajar en lo suyo: los operadores pensando en sus clientes (y sus competidores), las autoridades regulando y velando por el cumplimiento de esa regulación.

Webopoly

El Monopoly es un juego que tuvo la virtud de ser temático. En algunos casos, a través de versiones autóctonas (como nuestro Estanciero), en otras simplemente cambiando el rubro de los bienes a adquirir. Esta versión, la “Web lovers edition” podría haber hecho furor en los First Tuesday que convocaban a tantos dotcommers allá por el cambio de milenio.

Mensajería a full

El uso de servicios de datos móviles mantuvo en el 2011 una penetración en empresas PYME argentinas similar a la del año anterior, ubicándose en aproximadamente 1 de cada 2. No obstante, se observa un crecimiento del 22% en términos de cantidad de líneas promedio por empresa con abono de datos. Esto surge del informe “Telecomunicaciones móviles en PyMEs: Voz y datos – 2011” realizado por Carrier y Asociados.

Sin dudas, las aplicaciones basadas en la mensajería son las que más interés despiertan. El mail lidera claramente, utilizado en el 94% de las empresas que contratan datos móviles. Luego se ubica la mensajería instantánea (MSN Messenger, BBM, WhatsApp), con el 52%.

Este foco en la mensajería colabora para que Blackberry sea la plataforma dominante dentro de las empresas usuarias de servicios de datos móviles, presente en el 73% de los casos, creciendo desde un 61% el año anterior, y evidenciando la fortaleza de la marca en el segmento. En segundo lugar se ubica Symbian, que muestra una mejora del 11 al 17%. Un importante avance registra Android, que creció de un 3 a un 12%.

La participación de las distintas plataformas registra superposición, lo que indica que en algunos casos conviven varias de éstas en una misma empresa. Esto podría estar indicando que hay libertad para que distintos áreas/usuarios elijan la plataforma a utilizar y/o que ésta es considerada irrelevante habida cuenta de que las principales aplicaciones utilizadas (mail y mensajería instantánea) son independientes del sistema operativo.

Asaltados por las dudas

No hace falta ser un genio ni estar muy informado para prever que el año próximo será complicado desde el punto de vista económico. Por el lado externo, un panorama oscuro compuesto por la crisis en varias de las principales economías del mundo, un Brasil (principal cliente de Argentina) que también muestra signos de retracción y nuestros productos estrella que sufren esta situación con precios con tendencia a la baja. Por el lado interno, una decidida política de recorte de subsidios a distintos servicios públicos, que más allá del impacto que tendrá en los bolsillos de los consumidores es una muestra más que evidente de que los recursos del Estado ya no alcanzan para seguir de fiesta. Con este escenario, en las últimas semanas pudimos recoger diversos comentarios de parte de directivos de diversas empresas y organizaciones de la industria tecnológica respecto de sus inquietudes para el 2012.

El primer temor (en orden cronológico, no necesariamente de importancia) vino por el lado del programa Conectar Igualdad (más vulgarmente conocido como el de las netbooks educativas). En este caso, los directivos manifestaban su inquietud respecto de que los recortes en los gastos afecten el despliegue previsto para el año próximo. Se trata de casi 2 millones de máquinas que deberán entregarse en 2012, teniendo en cuenta no sólo a las de este plan sino también a otros programas a nivel provincial. Considerando que éstas representarían casi el 40% del total del mercado, es lógico pensar que si las cosas no funcionaran como previsto, el sector de los fabricantes de PC se vería afectado. No obstante, por el momento estos temores no parecen muy fundados. Que el plan quede trunco o al menos demorado tendría un costo político mucho mayor que el económico. Claro que también hay que considerar otros aspectos de estos programas, como cuál será su continuidad en el tiempo. Hay que tener presente que a partir de 2013 habrá que abastecer de equipos a los nuevos estudiantes así como tener reposición para el natural desgaste de los ya entregados.

Días más tarde, y ya en el ámbito de las telecomunicaciones, llegaron a nuestros oídos temores respecto del plan Argentina Conectada, particularmente en lo que hace a la Red Federal de Fibra Óptica, que apunta a desarrollar la infraestructura de telecomunicaciones, lo que incluye el despliegue de un backbone que cubra todo el país para garantizar igualdad de condiciones en el acceso. Para este despliegue se contemplaron diversas licitaciones para ir cubriendo las diferentes etapas del mismo. No obstante, éstas estarían registrando ciertas demoras ante la no certeza de contar con los fondos necesarios para los adelantos previstos. Considerando que esta Red demandaría una inversión de alrededor de US$ 2 mil millones, este monto equivale a más del 12% de lo que el Estado Nacional gasta en subsidios, los cuales busca ahora reducir. Visto así, no hay dudas de que es un monto importante en el contexto actual. Difícilmente se desactive el desarrollo de esta red, pero tampoco habría que sorprenderse si, debido a restricciones presupuestarias, su despliegue se prolonga en el tiempo más de lo originalmente planeado.

Más allá de dudas y temores de directivos de la industria, lo cierto es que, al menos por el momento, no hay evidencias de que la sangre llegará al río. Simplemente temores de gente que está más informada pero que también tiene particulares intereses en que todo siga como estaba originalmente previsto. No obstante, quizás sí haya que estar preparados para tiempos que se estiren. Habrá que pasar el invierno…