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Balance en rojo

Termina el 2018, un año donde la macroeconomía se ocupó de agregar limitaciones a un escenario de por sí contenido. Termina así un año gris.

Arrancó con la presentación del proyecto de la conocida como Ley Corta que también fue corta en cuanto a la duración de las expectativas que despertó. Abordando, entre otros, dos temas relevantes para la industria convergente: la posibilidad de abrir el mercado de la TV satelital y definir el destino del espectro hoy en manos de Arsat. Y ambos harían que su tránsito por el Congreso no fuera un camino de rosas.

Resultaba claro que la apertura para el ingreso de nuevos operadores de TV satelital tendría la oposición inmediata de toda la industria de la TV por cable, de operadores de todos los tamaños, muchas veces vinculados al poder político y territorial en sus áreas de servicio. Su voz se haría sentir a través de los legisladores. Así, con retrasos que se combinan con indicadores concretos del retiro de la DTH, si algún día se diera esta apertura, probablemente falten interesados.

En cuanto al espectro en manos de Arsat, nada menos que 90 MHz aptos para servicios 2, 3 y 4G en todo el país, sobran los intereses e interesados. Los operadores actuales, porque podrían agregar y poner en uso ese espectro rápidamente al contar ya con redes trabajando en las mismas frecuencias. Los operadores convergentes (sin redes móviles), porque sería una forma, compleja y onerosa, de ingresar al negocio, pero también fácil y económica de impulsar el valor de sus activos. El Estado, porque ingresa fondos frescos en momentos de restricciones por un activo al que no puede poner en uso ni rentabilizar. Todos pueden potencialmente ganar. El tema es cuánto cada uno.

Hacia mitad de año se confirmó la fusión entre Telecom y Cablevisión al completarse la tercera y última instancia de aprobación por la CNDC (Comisión Nacional de Defensa de la Competencia), luego de haber resultado aprobada por la CNV (Comisión Nacional de Valores) y el ENACOM (Ente Nacional de las Comunicaciones). La sensación general fue de “gusto a poco” en cuanto a las medidas acordadas para acotar la posición dominante de la nueva empresa, particularmente en algunas áreas geográficas determinadas. Pero tampoco fue sorpresa.

Para ese entonces ya la macro se comenzaba a resentir, luego de un proceso devaluatorio que se inició en el 2º trimestre y se haría evidente hacia mediados de año. Y su impacto directo e indirecto signaría el resto del mismo (así como también probablemente el inicio del próximo). La disparada de precios en pesos y la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios combinadas con una fuerte restricción monetaria y la consecuente suba de la tasa de interés llevaron a una recesión que se sintió en todos los ámbitos. Los operadores de todo tamaño, con costos de tecnología en dólares y precios en pesos (al igual que los salarios) comenzaron a revisar sus proyectos de inversión y en varios casos los plazos comenzaron a estirarse.

Para los fabricantes de celulares el año será el peor en volumen desde el 2004, 14 años atrás y en los que la base de usuarios era significativamente menor. Serán un 8,5 M de despachos para este año, contra 7,4 en aquella ocasión. Claro que ahora hay unos 44 M de líneas en uso (luego de la limpieza de líneas no registradas) contra 13,5 M de aquél entonces. También el contrabando se vio alcanzado por la macro y se estima que caerá en 2018 casi un 50% respecto del año anterior, para ubicarse por debajo del 1,4 M de unidades. Las condiciones del mercado y las reacciones de cada uno de los actores determinaron que éste haya quedado concentrado en Samsung y Motorola, que entre ambos se quedaron con las tres cuartas partes del mercado. LG y Huawei entraron en procesos de reorganización interna luego de alcanzar valores de participación muy por debajo de lo que tuvieron (LG) o de lo esperado (Huawei).

El escenario macro impactó mucho en la producción local de Tierra del Fuego, que venía haciendo esfuerzos para bajar sus costos pero que se vieron diluidos por la brusca devaluación. Así, reflotaron las discusiones sobre qué hacer con el régimen promocional de la isla. Por lo pronto, funcionando gracias a las asimetrías fiscales, ni siquiera puede convertirse en una actividad que no dependa exclusivamente del mercado interno. No habrá soluciones definitivas para la isla mientras dependa del fisco y del mercado interno. Con una promoción que está prevista hasta 2023, en caso de querer extenderla es hora de pensar en un esquema que aproveche alguna ventaja natural de la isla y que no dependa del mercado interno. Lo que hoy hay nunca va a dar lugar a una industria saludable, emancipada del favor fiscal.

Con la autorización para que a partir del 1º de enero de 2018 las telcos ofrezcan servicios de TV, muchos se imaginaron que de un día para el otro dispondrían de una mayor oferta de proveedores. La realidad fue distinta. Las nuevas ofertas se limitaron a la cobertura geográfica de redes aptas, que en el caso de las telcos implica tener fibra prácticamente hasta el hogar. Movistar se movió agresivamente en el despliegue, pero así y todo no lanzó su servicio de TV hasta entrada la segunda mitad del año. Claro avanzó más cautelosamente, haciendo su oferta de TV a un subgrupo de sus abonados de fibra. Y si hubo esperanzas del lanzamiento de versiones OTT de servicios de TV, éstas quedaron insatisfechas por cuestiones comerciales y de cesión de derechos. Pero como sí puede accederse a estos contenidos en los celulares de los abonados al servicio de TV tradicional, pudo verse el crecimiento de uso de apps para tal fin, como Flow, Direct TV Play, entre otras, así como las propias de algunas señales, donde Fox capitalizó muy bien los contenidos deportivos. Por supuesto, esto trae desafíos no sólo técnicos sino también regulatorios, poniendo sobre la mesa el debate que el regulador no quiere dar: definir los alcances de la neutralidad de la red.

En definitiva, se despide un año que prometió más de lo que finalmente entregó.

Pivoteo global

A nivel internacional, hubo diversos acontecimientos que permiten pensar que el 2018 pasará a la historia como un año en el que algunas cosas comenzaron a cambiar de rumbo.

El escándalo Facebook-Cambridge Analytica sirvió para confirmar lo que todos temíamos: el uso inescrupuloso del aluvión de datos que cada usuario genera. Esto dio origen a un seguimiento más cercano de lo que los monstruos de Internet hacen con los datos emergentes, por lo que los próximos tiempos verán muchos intentos de mayor regulación. Definitivamente se acabó la era inicial de Internet, con características del jipismo.

Siempre en la línea de una mayor regulación, en distintas latitudes crecieron las presiones para que estas operaciones globales comiencen a tributar localmente. Pasó en Argentina y pasa en Europa, donde varios países, cansados de las demoras a nivel comunitario para definir un marco fiscal, comenzaron a aplicar sus propios impuestos. Una actitud que seguramente crecerá hasta tanto no tengan una voluntad común. Así, la frase “think globally, act locally” será reemplazada por “think globally, pay locally”.

Otro punto alto fue la guerra fría entre EE.UU. y China, que tuvo su impacto en el mercado tecnológico a través de las sucesivas medidas que marcaron negativamente a la operación de Huawei, especialmente a nivel de infraestructura de telecomunicaciones. Algo que llega justo cuando se planean los despliegues de las redes 5G.

Y hablando de 5G, finalmente este fue el año de los primeros lanzamientos comerciales, aunque algunos de éstos con notorias restricciones. Lo que sí parece evidente son dos cosas. Por un lado, que todavía la industria (léase proveedores y operadores) no se ha puesto de acuerdo en cuanto a cuál será el modelo de negocios apropiado para justificar las inversiones previstas. Por el otro, pareciera que en el corto plazo la oportunidad más concreta está por el lado del acceso inalámbrico fijo, una alternativa (al menos en los papeles) a la fibra hasta el hogar. Pero todavía 5G está y estará en los próximos meses, en etapa de experimentación no ya en el laboratorio sino en el terreno. No obstante, sí puede afirmarse que el 2018 fue el año de la campana de largada para 5G.

Rezando al 2019

A nivel local, el que viene no se anuncia como un año sustancialmente mejor al que termina. Al menos no en los primeros meses. Si bien hay esperanzas de lograr que la inflación siga bajando, este proceso seguirá teniendo su correlato en una economía en recesión. Y seguramente la tentación de lograr un poco de atraso en el valor del dólar estará presente en un año electoral. De hecho, el presupuesto nacional prevé que la moneda se mueva en torno de los $40 en el promedio anual, un valor no muy superior al actual pero que la inflación prevista se ocuparía de limar. Esto quizás permitiría una modesta recuperación entrando el año electoral. Habrá que ver con qué margen se cuenta.

En cuanto a la ley corta, si no salió en el 2018, será difícil que lo haga en 2019, un año que tiene un calendario electoral extenso. Será por eso que se especula (como sucede todos los veranos desde el inicio de la actual gestión) con que se intente aprobar alguna de las medidas a través de un DNU que tendría su foco no en el espinoso tema de la TV sino en el destino del espectro de Arsat. Por supuesto, no habrá Ley Convergente, cuyo borrador está listo hace meses. Pero también está cajoneado sin estar muy claro por qué. No obstante, si el escenario no es propicio para un ley corta, menos lo será para una mucho más abarcativa y que sumará nuevos intereses afectados.

A pesar del contexto, seguramente seguirá el despliegue de redes de fibra óptica así como la actualización de las de cable. No obstante, esto no ayudará en mucho al objetivo del gobierno de alcanzar los 10 M de accesos de banda ancha para el 2020. Los accesos que sumen las redes NGN irán a reemplazar tecnologías obsoletas más que a sumar nuevos conectados. Y si bien el gobierno, a través de Arsat con la conectividad mayorista y los fondos del Servicio Universal a nivel minorista, ayude en aumentar la penetración de la conectividad, el objetivo parece de difícil alcance.

Así las cosas, cuando sea la hora del balance del año que está por iniciarse, quizás haya muchas cosas en el debe para una administración que prometió mucho, generó expectativas, pero que terminará con un escenario mejorado respecto al inicial, aunque sin saber cuánto será por mérito propio y cuánto por la simple dinámica de la industria a pesar de los marcos adversos. Independientemente de esto, habrá que estar preparado para otro año gris.

Camino poceado

De la mano de Internet, que logró escindir el contenido (sea voz, audio, video) de su red de distribución, hace rato que se viene hablando de la “nueva TV”. Sin embargo, hasta hace poco, más que TV se trataba de video por Internet, primero con YouTube y luego con Netflix y otros servicios de video bajo demanda englobados bajo la categoría SVOD (subscription video on demand). Pero cada vez más es posible acceder a grillas completas de TV a través de Internet, sea en celulares, computadoras, tablets, Smart TV o reproductores conectados a televisores.

El primer caso en Argentina fue el de Flow, hace casi ya dos años, al que luego fueron sumándose otros operadores de TV paga como Telecentro, DirecTV y más. Por ahora se trata de servicios multipantalla, que pueden verse en distintos dispositivos pero que están atados a una suscripción al servicio de TV paga tradicional.

El caso de Flow no estuvo exento de polémicas a partir del momento en que lanzó promociones junto con Personal (ambas marcas de la misma empresa, Telecom) que permitieron visualizar los contenidos desde el celular pero sin descontar de los datos contratados. Las mismas correspondieron a eventos puntuales, como el Mundial de fútbol, los encuentros entre River y Boca por la final de la Copa Libertadores, o los partidos del Mundial de Clubes. Las críticas provienen de lo que se interpreta como una violación a la neutralidad de la red, contemplada en la ley Argentina Digital pero nunca convenientemente reglamentada. Críticas que se hacen extensivas al Enacom, que es quien debería definir si este tipo de promociones están o no permitidas, pero sobre las cuales no se ha expresado. Una oferta de estas características sólo podría ser igualada por quienes disponen de servicios móviles, actualmente Movistar y Claro. Aunque la oferta de TV de ambos es tan limitada por el momento que la combinación de clientes de TV y móvil es mucho menos habitual. De todos modos, el debate sobre la neutralidad seguiría en pie: se les da un tratamiento diferencial a los contenidos propios por sobre los de terceros. Sería deseable que el Enacom resuelva al respecto y ponga un punto final a las discusiones.

Debates al margen, algunas noticias relativas a los pasos que está siguiendo DirecTV (DTV) permiten presagiar nuevos hitos en materia de “nueva TV”. Por un lado, el CEO de AT&T (dueña de DTV) expresó que lanzaron el que quedará en la historia por ser el último de sus satélites, y que pasarán a invertir agresivamente en un modelo OTT que hasta incluiría set top box para usar tanto sobre redes propias de fibra como ajenas. DTV entendió que su negocio no es la tecnología de distribución (el satélite) sino la distribución de contenidos. Ya vienen dando sus primeros pasos con DirecTV Go, la versión de la grilla de DirecTV que no necesita de un abono al sistema de TV satelital (no confundir con DirecTV Play, que es la plataforma multipantalla para sus abonados de TV). Recientemente lanzada en Colombia y Chile. Extraoficialmente se dice se lanzará en Argentina, quizás tan pronto como el primer trimestre del 2019.

Claro que el tema de las grillas de TV en formato OTT stand alone no es algo tan sencillo de lograr, no por aspectos técnicos (ya superados), sino legales. Actualmente, los derechos están disponibles para los operadores de TV paga para el formato multipantalla asociado a un abono de TV, pero la oferta de contenidos se reduce para el formato stand alone, como es el caso de DTV Go. Probablemente sea parte de la natural resiliencia de un factor que sería muy disruptivo para la actual industria de la TV paga. Pero la historia demuestra que los cambios terminan imponiéndose. Llegará el momento en que con o sin hardware específico mediante (set top box o app) empezará una nueva batalla. Y con ella, una nueva era.

El año del perro

El 2018 no sólo será un año negro para la economía argentina. También, y quizás peor, para Huawei. Es que la empresa china, que quedó en medio del fuego cruzado por la puja política y económica entre China y los EE.UU., ha visto a lo largo de este año toda una serie de decisiones en su contra cuyas consecuencias todavía no se pueden vislumbrar con claridad, pero que seguramente serán relevantes.

Es fácil pensar que, por su abierto enfrentamiento con China desde que asumió la presidencia, las presiones contra Huawei nacen con la llegada al poder del presidente Trump. Sin embargo, fue durante el gobierno de Obama, en el 2012, que se encendió la luz de alarma. El comité de Seguridad Nacional del Congreso de los EE.UU. desaconsejó el uso de equipos de redes de origen chino. Dentro de un escenario geopolítico de un fuerte avance de China como superpotencia mundial, el temor de que una infraestructura tan básica pero estratégica como la de las comunicaciones (y que cada vez lo es más) pudiera ser manipulada por el enemigo en una hipótesis de conflicto cada vez más fuerte. Pero sí es cierto que durante este año las decisiones en contra de Huawei (y también de ZTE, aunque esta sea menos relevante en el negocio de la infraestructura) escalaron a punto tal de llevar a la empresa recurrentemente a los titulares de los medios de negocios y de tecnología.

A principios de año hubo una noticia que marcaba que el conflicto se extendía del terreno político al comercial. Fue cuando, a horas de que AT&T anunciara un acuerdo por el cual incluiría los celulares de Huawei a su oferta, tanto el anuncio como la operación fueran abortados. Y así, quedaba trunca una movida que le daría un fuerte impulso en un mercado gigantesco que le venía siendo esquivo. No obstante no participar del mercado estadounidense, Huawei siguió creciendo en el global, alcanzando el 2º puesto, arrebatado a Apple. Una pequeña venganza de Huawei pero que en este contexto es casi anecdótica.

Más tarde, el campo de batalla se trasladó fuera de las fronteras de los EE.UU. cuando el gobierno estadounidense comenzó a presionar a países aliados (se mencionó a aquellos que tienen bases militares estadounidenses) contra el uso de equipos de marcas chinas en sus redes de telecomunicaciones. A tal punto que hace algunas semanas noticias provenientes del Reino Unido y Alemania indicaban que en esos países estaba estudiando también la posibilidad de bloquear a los fabricantes chinos por razones de seguridad nacional. Inclusive el operador británico BT fue un paso más allá, ya que no sólo no comprará más equipamiento de Huawei sino que lo retiraría de su red core. Paralelamente, países como Australia, Nueva Zelanda, India y Japón comenzaron a restringir de una forma u otra la incorporación de equipamiento chino en sus redes.

La cosa escaló aún más cuando recientemente fuera detenida en Canadá, por pedido de las autoridades de EE.UU., la CFO de Huawei e hija de su fundador, acusada de liquidar transacciones vinculadas a Irán, violando las sanciones estadounidenses. La ejecutiva fue luego liberada bajo fianza, con una pulsera electrónica mientras espera que se decida si corresponde su extradición a los EE.UU.

Las últimas malas noticias para Huawei se dieron esta semana, cuando el HSBC y el Standard Chartered, decidieron no proveer a la empresa de ningún nuevo servicio bancario ni fondeo al evaluar que sería un riesgo muy alto habida cuenta de que es apuntada como un riesgo a la seguridad nacional por los EE.UU. y otros países. Una decisión que de multiplicarse reduciría el acceso al sistema financiero global, asestando un duro golpe para la empresa.

Bienvenidos a la Guerra fría del siglo XXI.

Tuits selectos

Lento retorno

Cuando hacia fines del año pasado el gobierno tomó algunas medidas que favorecían a la importación de celulares (entre otros productos), se esperaba que la oferta de éstos comenzara a crecer. Más precisamente, la eliminación de las licencias no automáticas a su importación y la rebaja de los impuestos internos a los teléfonos celulares daría un impulso a la importación, con los cambios que traería aparejados para este negocio y también para los consumidores.

Con este escenario, efectivamente las importaciones de celulares comenzaron a crecer. De hecho, durante los tres primeros trimestres del 2018 alcanzaron el 6% del total de equipos ingresados al país (considerando también a aquellos provenientes de Tierra del Fuego), frente a un 2% del 2017 y prácticamente un 0% del 2016. De todos modos, la relación nacionales-importados es la inversa de la que había en 2009, año en que se aprobó la ley 253/09, conocida entonces como el “impuestazo tecnológico”.

Resulta interesante observar que esta mayor apertura a las importaciones impactó principalmente en los equipos de gama baja, aquellos con un valor FOB inferior a los US$ 100, que representan en lo que va del 2018 un 73% de los equipos importados. Esto es así porque el esquema impositivo que favorece a la producción en Tierra del Fuego no ofrece beneficios relevantes cuando se trata de equipos de bajo costo. Razón por la cual durante los últimos años sólo se producían localmente smartphones, en su mayoría 4G. En este nuevo escenario, las importaciones de celulares 2 y 3G representaron el 57% del total de equipos ingresados desde otros países.

El retorno de la gama más baja es una buena noticia. No sólo porque permite el acceso a equipos de menor costo, sino también y principalmente porque existe un segmento de mercado, compuesto en su mayoría por adultos mayores, que no se siente a gusto con un smartphone. Lo único que quiere es un equipo tradicional, un teléfono, que le permita realizar y recibir llamados y para quienes un smartphone trae aparejado una complejidad en su manejo que no se condice con las necesidades básicas de comunicación que tienen.

Como dato de color, dentro de los equipos importados de gama alta, prácticamente todos fueron iPhone, ya que Apple nunca aceptó acogerse al régimen de promoción de Tierra del Fuego.

SUBE Ltda

La actual gestión de gobierno ha tenido muchas iniciativas para simplificar la vida de la población de la mano de la tecnología. Una que ha tenido bastante repercusión en los medios esta semana fue el lanzamiento de la app “Carga SUBE”. Como su nombre lo indica, la misma permite cargar la tarjeta para viajar en transporte público desde el celular. Una buena iniciativa, aunque con limitaciones.

Para poder utilizar la app hacen falta una cuenta bancaria o tarjeta de crédito y un celular con tecnología NFC (Near Field Communications). La cuenta bancaria o la tarjeta de crédito es necesaria para acreditar el saldo que se quiere cargar en la tarjeta. La tecnología NFC es la que permite que este saldo se cargue en la tarjeta desde un celular. Conviene recordar que el saldo de la tarjeta SUBE se encuentra en la tarjeta misma y no en el sistema. Esto se debe a que de no ser así, sería necesario que todo lector, incluyendo los de los colectivos estuvieran conectados a la red para poder chequear el saldo y debitar el costo del pasaje cada vez que se hace una operación.

La gran limitación de esta app son sus requisitos técnicos. No sólo hace falta que el equipo disponga de NFC, también que cuente con las antenas indicadas y que, al menos por el momento, utilice Android 4.4 o superior (lo que deja automáticamente fuera a todos los iPhone). En Argentina, el parque de equipos con tecnología NFC a diciembre del año pasado era de unos 5,2 M. Sin embargo, y por las limitaciones mencionadas, naturalmente no todos estos serán aptos para este uso. A esto hay que agregarle un factor adicional: como la tecnología NFC se encuentra en equipos de gama media alta, es dable pensar que un grupo indeterminado no es usuario de transporte público.

El gran problema, y esto no es responsabilidad de los desarrolladores, es que la tecnología NFC nunca terminó de despegar como algo masivo. Existe desde hace muchos años, pero no llegó a popularizarse en equipos de gama media y sobre todo, baja. En algún momento, años atrás, se pensó que podía ser clave para los pagos desde el móvil, pero esta misma limitación hizo que surgieran y se desarrollaran alternativas, como códigos QR u otras que son por software y no hardware. Así, la recarga “casera” de la SUBE será muy útil, pero quizás no masiva.

Tuits selectos

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Buenos Aires, anfitriona

Sin dudas, los últimos días pusieron a la Ciudad de Buenos Aires en un rol de anfitriona internacional. Primero fue la reunión del G20, que resultó mucho más tranquila (en contenidos y manifestaciones) de lo que se temía inicialmente. Luego, fin de semana por medio, fue el turno de la industria móvil, convocada por el GSMA Mobile 360 Series Latin America, un evento regional llevado a cabo por los mismos organizadores del MWC que se realiza en Barcelona. Un evento que convocó a todo el sector involucrado con las comunicaciones móviles: operadores, reguladores, proveedores, desarrolladores, prensa, consultores y todo aquel que de alguna forma u otra está vinculado a esta industria. Si bien fueron varios los temas tratados en las diferentes sesiones, hubo dos que se repitieron: la regulación del sector y la llegada de 5G.

Desde el punto de vista de la regulación, hay temas que ya son un clásico: la disponibilidad de espectro y las facilidades para la instalación de antenas y el despliegue de redes en general. También se habló de la necesidad de una actualización de la regulación que todavía tiene rasgos atávicos, como el tratamiento diferencial de los servicios a ofrecer en función de la tecnología utilizada (caso TV satelital) o el fuerte énfasis regulatorio de la voz, cuando es un servicio totalmente devaluado a los ojos de los consumidores. Por otra parte, en momentos en que Argentina viene luchando por actualizar las leyes que impactan al sector, es rescatable la idea de que una ley debe ser lo suficientemente flexible para poder acompañar la evolución de la tecnología y no quedar atados a paradigmas del pasado que frenen el desarrollo. Para eso, se sugirió que cualquier futura ley que regule al sector debería ser lo más corta posible, marcando el norte y el espíritu de la regulación, pero dejando los detalles a la reglamentación. Algo que para nuestra cultura hiperregulatoria no sería tarea sencilla. En una visión más regional, el director de marketing de la GSMA expresó sus esperanzas que la sucesión de elecciones presidenciales que se ha visto en América Latina (catorce desde noviembre de 2017) es una “una oportunidad fantástica para conseguir algunos ajustes” de los marcos regulatorios.

El tema 5G no podía quedar al margen, aunque fue evidente la diferencia de perspectivas y hasta de entusiasmo según quien hablase. Los proveedores de equipamiento obviamente lo venden como una tecnología que debería aplicarse lo antes posible ya que traerá innumerables beneficios. Por su parte, los operadores se mostraron mucho más cautos, en una actitud de desensillar hasta que aclare. En este grupo en general hay coincidencia que todavía no está claro el modelo de negocio, habida cuenta de que se trata de una tecnología que habilita soluciones muy distintas a las que ya existen. Y esto exige no sólo disponer de la infraestructura sino también de un grado de innovación en procesos y productos/servicios que llevará un tiempo de maduración. Por el momento, el único modelo de negocios es el que ofrece el acceso inalámbrico fijo (FWA), más atractivo en la región por la falta de penetración de accesos de ultra banda ancha. Esto, a su vez, exigirá la disponibilidad de frecuencias medias y altas. También hay que tener presente que las frecuencias bajas son más complejas de liberar (como lo demuestra la historia reciente).

También se esgrime la falta de estándares definitivos y, más importante aún, la falta de economías de escala (y sus consecuentes mayores costos) por tratarse de una tecnología incipiente. Así, en general no se espera que 5G sea una realidad en la región antes del 2021, momento en el que las economías de escala empezarán a hacerse notar, habilitando el despliegue de 5G en economías menos poderosas que las que están haciendo punta de lanza en la materia. Así, para ese entonces, se puede esperar que comience a haber cobertura parcial en grandes ciudades.

El resumen sería: “Seguimos tirando con 4G en el que todavía hay mucho para hacer y que tiene mucho para dar”