'Telecomunicaciones'

Nueva Corea

A pesar de la buena cantidad de marcas de smartphone que incursionaron en el mercado argentino en los últimos años, hay una que tiene un gran dominio de la situación: Samsung. Tal es así que prácticamente la mitad de los smartphones en uso en Argentina son de la marca surcoreana. Esto surge del informe “Mercado celular argentino 2019” elaborado por Carrier y Asociados.

Luego de destronar al otrora “invencible” Nokia en 2011, Samsung acumula 8 años consecutivos al tope de ventas de smartphones en el país, con una brecha respecto del 2º que arrancó en apenas 3 puntos en 2011 para llegar a los 45 puntos en 2017. Tantos años al tope de la participación de mercado con un 2º que iba rotando según las épocas lo ubicaron como líder indiscutido del mercado local, donde tiene una presencia del 47% en términos de parque total de smartphones.

 

 

A lo largo de los últimos años, la pelea por el 2º lugar se fue dando entre Motorola y LG, con un Huawei que aparecía amenazante. Hoy, y luego de lo sucedido el último año, ese segundo lugar parece confirmarse para una pujante Motorola, cuyo volumen de ventas creció un 55% en 2018, un año en el cual todos sus principales rivales retrocedieron, especialmente LG y Huawei que cayeron un 63% cada uno. Y sus reorganizaciones internas, con tercerización de la comercialización de sus productos, no parecen ubicarlas en situación de tener un crecimiento fuerte en el corto plazo.

El dominio del mercado de Samsung se debió a diversas causas. Por un lado, una imagen de marca fuerte, con varios productos insignia en la gama alta a lo largo de los años, lo que incluso le permitió pelearle al iPhone a nivel global. Por el otro, productos competitivos en todas las gamas (y esto es importante ya que la gama alta representa valores de apenas un dígito en las ventas totales) y una muy aceitada distribución que coloca equipos Samsung en prácticamente cualquier canal (operadores, cadenas minoristas y comercios).

En cuanto al futuro, es claro que se viene un escenario distinto. A la recesión de los últimos tiempos se suma un mercado maduro en términos de penetración, que pasó a ser uno mayormente de renovación. Adicionalmente, y a nivel global, la falta de innovación de la industria en general está estirando los tiempos de renovación de los productos. En Argentina, no obstante, Samsung cuenta con la ventaja de que quienes son sus principales competidores a nivel global tienen una presencia en retracción (Huawei), casi nula (Xiaomi) o están descolocados ante el sistema fiscal y arancelario argentino (iPhone). Así, sólo Motorola asoma como un rival de cuidado. Aunque todavía tiene bastante camino por recorrer en términos de participación de mercado para poder hacerle sombra.

¿Caída o sinceramiento?

El mercado móvil en Argentina registró una caída del 2,5% en cantidad de líneas en servicio durante 2018, lo que se vino a sumar al retroceso del 2017, que fue del 2,7%. Así, en el bienio 2017-2018 salieron de servicio 4 M de líneas. Esto surge del informe “Mercado celular argentino 2019” elaborado por Carrier y Asociados.

El dato a tener en cuenta es que la tendencia fue similar tanto en un año bueno económicamente como el 2017 (con un PBI que creció un 2,8%) como en uno negativo como el 2018 (donde el PBI cayó un 2,5%). Así, explicar la caída por el lado de la situación macroeconómica no parece acertado y por lo tanto es conveniente mirar qué sucede dentro de la industria.

La baja de las líneas se encuentra por el lado de las líneas prepagas. Estas cayeron un 5% durante 2018, acumulando una caída del 10,7% en los últimos dos años, con 5 M de líneas menos entre 2016 y 2018. Pero mientras tanto, las líneas pospagas crecieron un 5,8% en este bienio (4,2% en 2018 y 1,5% en 2017) sumando prácticamente 1 M de líneas.

 

 

Los operadores todavía contabilizan como líneas en servicio a muchas que están en desuso. Los 59,6 M de líneas que surgen de los balances de los tres (Claro, Movistar y Personal) contrastan con los aproximadamente 48 M de líneas que están nominadas (asociadas a un nombre o razón social y DNI o CUIT respectivamente) y que por lo tanto pueden ser consideradas en uso. La diferencia arroja 15,6 M de líneas en servicio pero sin uso. Es de aquí que los operadores regularmente dan de bajas líneas que consideran caducadas.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que una línea prepaga se mantiene totalmente activa por un período mínimo de 6 meses desde la última recarga, variando los tiempos máximos según el operador. Así, quien por limitaciones económicas no pudiera seguir cargando saldo a su línea, tiene varios meses de uso, amén de que puede usar datos vía WiFi (incluyendo al omnipresente Whatsapp). Y que estos ciclos vuelven a 0 con la más mínima recarga. Visto así, no tiene mucho sentido “dejar de usar el celular” completamente por razones económicas, aunque sí su uso podrá restringirse.

Así las cosas, lo que aparentemente está sucediendo es un sinceramiento de cifras que, de tomárselas tal cual, sólo distorsionan los análisis. En un país con 44 M de habitantes, los 59,6 M de líneas móviles en servicio arrojan una penetración del 135%. Pero aun considerando los 48 M en uso, se obtiene una nada despreciable penetración del 109% sobre la población.

Dimensionando el 4G

En las últimas semanas, desde el gobierno se esgrime un dato que consideran clave: para octubre de 2019 un 95% de la población estará alcanzada por las redes 4G. Sus estrategas consideran que este dato es fundamental ya que nunca como ahora hubo tantas posibilidades de acceder en forma instantánea a la información, lo que cambia de raíz la manera de hacer política respecto de lo ocurrido 4 años atrás, cuando el hoy oficialismo hacía la campaña que lo llevó al poder. Sin entrar en el análisis político, resulta conveniente aportar más números para dimensionar con mayor precisión el estado de 4G en el país.

Alcanzar el 95% de cobertura mencionado es algo posible y forma parte de las condiciones del pliego utilizado para la licitación del espectro necesario para 4G que tuviera lugar en el 2014 (a pesar de verse “estirados” los tiempos por incumplimientos por parte del Estado en cuanto a la disponibilidad de espectro limpio). Sin embargo, esto no es mérito del gobierno sino de los operadores, quienes realizan las inversiones y deben luchar con los municipios para instalar sus infraestructuras (principalmente, pero no únicamente, antenas). Es cierto que el gobierno se esforzó por simplificar este proceso, pero aún sigue siendo bastante dispar según el lugar de que se trate. Sí hay mérito del gobierno cuando se consideran los kilómetros de fibra óptica tendida por Arsat, ya que es fruto del trabajo y la inversión de esta empresa estatal. Pero considerar un logro de la gestión el avance de 4G es más bien parte de un discurso político.

Otro aspecto por considerar es que la cobertura de la red es condición necesaria pero no suficiente para este cambio en la forma de hacer política. Hacen falta también dispositivos aptos. Y aquí si bien la adopción de 4G ha sido veloz, todavía queda camino por recorrer.

En Argentina hay 29 M de líneas móviles utilizando dispositivos 4G, según se desprende del informe “Mercado celular argentino – 2019” realizado por Carrier y Asociados. Este valor puede dar distintos niveles de penetración según la base considerada.

Si se toma la cantidad de líneas móviles que el propio gobierno publica en la web del Enacom, que son 58,6 M, entonces estamos ante una penetración del 49,5% sobre el total de líneas. Pero también hay que tener en cuenta que esta cifra, que es similar a la que surge de los balances de los operadores, distorsiona el análisis. El año pasado, luego del proceso de nominación de las líneas móviles, sólo 48 M quedaron “en regla”. Y por más que el resto sigue siendo contabilizado, no están en uso. Así, tomando como base los 48 M de líneas nominadas (en uso), la penetración es más interesante, llegando al 60,4%. Por último, utilizando como base la población del país (un dato menos debatible), y que se estima en unos 44 M, la penetración de 4G es del 66% de la población.

No son malas cifras para un país como Argentina, que además de ser la 8ª geografía del mundo en extensión (lo cual encarece la cobertura) fue el último de la región en ingresar al 4G y que en el ínterin estuvo más años en recesión que en crecimiento. Pero claramente todavía hay terreno para avanzar.

Largaron la carrera por 5G

Sumándose al selecto grupo de países que hoy cuentan con una oferta comercial de 5G, esta semana Uruguay hizo el anuncio a través del operador estatal Antel que lo ubicó como el primer país latinoamericano en subirse a la 5ª generación de tecnología móvil.

Los cuatro países que lanzaron una oferta comercial de 5G son: Corea del Sur, Estados Unidos, Uruguay y Suiza (por orden de lanzamiento). Sin embargo, es aconsejable ser prudentes y tener en cuenta que hay mucho de “ser el primero” más que de servicios de amplia disponibilidad, situación que se repite en todos lados y que es natural en esta industria.

En el caso de Uruguay el servicio se lanzó utilizando la banda de 28 GHz. Las frecuencias altas tienen la característica de proveer grandes anchos de banda pero a cortas distancias y con limitaciones a la hora de penetrar edificaciones. Así, no son las elegidas para dar servicios móviles de la forma tradicional, ya que para ello requerirían de un denso despliegue de antenas para alcanzar buena cobertura. Es por esto por lo que se las utiliza para servicios FWA (Fixed Wireless Access o acceso inalámbrico fijo). Son un excelente complemento de las redes fijas para reemplazar la acometida hasta la casa del cliente, quizás el punto más caro del despliegue de redes fijas. En el caso de Antel, que cuenta con una gran cobertura de su red de fibra óptica, el 5G se convierte en una solución ideal para reducir costos y tiempos en la llegada hasta el cliente. Esto puede ser con dongles (pequeñas antenas USB similares a un pendrive) para conectar computadoras o directamente con modems celulares. Por ahora, y lógicamente por tratarse de una red nueva, la cobertura 5G uruguaya es muy acotada, estando presente en Barra de Maldonado (Montevideo) y Nueva Palmira (en el departamento de Colonia).

Lamentablemente, que el uso inicial será para FWA no es aclarado por Antel en su página web, buscando mostrarlo como un servicio móvil tradicional. Pero sí lo hizo Nokia a través de declaraciones a la prensa, donde además aclara que el 5G será utilizado como la bajada (downlink), mientras que la subida (uplink) se hace todavía por 4G.

Más allá de los detalles, detrás de este lanzamiento uruguayo hay un dato interesante y no menor: la desaparición de la brecha de tiempo entre el lanzamiento de una nueva generación móvil entre Latinoamérica y los países que suelen liderar en esta materia. Y se espera que en lo que en lo que queda del año se sumen algunos países más a la ola de 5G. No será el caso de Argentina, que todavía ni siquiera definió las frecuencias que atribuirá para 5G. Queda la ilusión de una rápida adopción cuando la tecnología esté más madura y los costos sean menores, como sucedió con 4G.

Ajustando el streaming

En esta edición de la Copa Libertadores la Conmebol introdujo una modificación importante: cedió los derechos para la transmisión de algunos partidos en exclusividad a Facebook. Esto fue motivo de celebración por parte de muchos porque implicó el reconocimiento del streaming como canal para la distribución de tan valioso contenido. Sin embargo, la decisión no está exenta de polémica.

Facebook adquirió los derechos de algunos partidos para transmitirlos a través de su servicio Watch en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Cualquier persona con una cuenta del Facebook en estos países puede entonces ver esos partidos gratuitamente.

Sin embargo, las primeras experiencias generaron muchas quejas en cuanto a la calidad técnica de la transmisión. Y también de aquellos que o por no tener Internet o no saber usar Facebook, quedaron afuera. Además, siendo que Facebook Watch está sólo disponible para Smart TV de Samsung, también se pierde la experiencia de ver un partido de fútbol en pantallas de tamaño más acorde al contenido. Es cierto que también se puede utilizar dispositivos tipo Chromecast, Roku, Apple TV, pero no son tan populares.

Por supuesto, también hay quejas de parte de los operadores de TV paga, quienes no sólo dejan de tener posibilidad de ofrecer un contenido específico (Facebook no revende sus derechos). También deben afrontar una mayor demanda por capacidad. No es quizás un gran problema para los grandes ISP, pero para los pequeños del interior es todo un desafío, ya que sus accesos a nivel mayorista tienen precios en dólares, mientras manejan tarifas en pesos. Así, se hace difícil el traslado a precios de los costos por un mayor tráfico y ancho de banda consumidos.

Esta situación fue quizás la que dio lugar a un confuso episodio, donde algunos medios vinculados a este deporte publicaron que Facebook había perdido la exclusividad para la transmisión de partidos de la Copa Libertadores, cosa que fue desmentida tanto por Conmebol como por Facebook. Nunca se sabrá si fue una presión o un momento de dudas.

La Copa Libertadores por Facebook Watch tendrá su prueba de fuego en Argentina el jueves 11 de abril, cuando corresponda la transmisión del partido entre River Plate y Alianza Lima. Se trata de la primera televisación vía streaming de un equipo de gran convocatoria a nivel nacional. Seguramente muchos se desayunarán ese mismo día con que no pueden ver el partido por TV.

Es cierto que la posibilidad de ver partidos por streaming es una demanda latente del público, especialmente los segmentos más jóvenes que tienden a prescindir de la TV paga y concentrar sus consumos audiovisuales por Internet. Y más allá de los problemas técnicos que mostró Facebook Watch (y que seguramente se irán subsanando con el correr del tiempo), la solución para permitir que más público presencie los partidos de la Copa Libertadores por TV tiene que ver con la forma de ceder los derechos de televisación. Una alternativa sería exigirle a Facebook que tenga una propuesta de retransmisión para los operadores de TV, aunque es algo complicado cuando los contratos ya están firmados. La otra, más de largo plazo, sería dividir la cesión de derechos en dos: una para TV y otra para streaming, como ya se hace en otras ligas del mundo. Algo que dejaría contentos a todos.

Jubilando a Arnet

Esta semana, Telecom comunicó que inició el proceso de unificación de las marcas de su servicio de acceso a Internet.La marca Arnet dejará de existir y pasará a ser Fibertel Lite. En consecuencia, bajo la denominación Fibertel Lite se agruparán los productos de la ahora ex Arnet (de hasta 20 Mbps), mientras que Fibertel hará lo propio con los que estén por encima de esa capacidad (actualmente 25, 50 y 100 Mbps).

 

 

Arnet es una de las marcas más antiguas del mercado argentino de telecomunicaciones, habiendo llegado a mediados de los 90s a manos de Telecom, quien la utilizó para su servicio de acceso a Internet por más de 20 años, inicialmente como un servicio dial up para luego ser de banda ancha, con la llegada del ADSL hacia el cambio de siglo. En su momento de mayor esplendor (2015) llegó a los 1,8 millón de accesos, para luego comenzar a perder clientes a manos de la competencia. Esto ocurrió principalmente con Fibertel, con quien tenía una importante superposición geográfica en la cobertura de sus redes. En un mano a mano llevaba las de perder por la mayor capacidad de Fibertel sumada al atractivo del combo con el servicio de TV paga de Cablevisión.

Con una tecnología inferior al cablemódem (y claramente la fibra óptica), Arnet no sólo no pudo detener el avance de su competencia, sino que evidenció las limitaciones técnicas que tenía, comenzando a desprestigiarse como marca aceleradamente. Por esto mismo es que la movida de pasar a denominar bajo la marca Fibertel a los productos ADSL es una jugada no exenta de riesgos. Los accesos ADSL seguirán teniendo limitaciones en su capacidad, especialmente en momentos en que la demanda por ancho de banda sigue en aumento como consecuencia de un mayor consumo de video así como de la multiplicación de dispositivos conectados simultáneamente (PC, celulares, Smart TV, tablets, parlantes inteligentes, etc.). Un escenario en el que los 20 Mbps que como máximo ofrecen los productos de ADSL están camino a ser rápidamente el mínimo aceptable.

Esta movida se encuadra en una estrategia dual desde el punto de vista tecnológico de Telecom. En las zonas donde haya cobertura de la red HFC de Cablevisión, la idea será migrar a los clientes de Arnet a la red de coaxil. O de Fibertel Lite a Fibertel “tradicional”. En las zonas donde Cablevisión no tenga presencia, la idea es hacer un leap frog y comenzar a desplegar una red de fibra óptica al hogar, tal como lo está haciendo actualmente Movistar (Telefónica) en su zona de influencia, migrando desde el cobre.

Más allá del cambio de nombre/marca, lo interesante de la movida es que ahora Cablevisión comenzará a ofrecer Flow a los clientes de ADSL de Arnet. Si bien no hay precisiones sobre si será bajo un formato OTT o IPTV, lo cierto es que la decisión de distribuir sus contenidos en video sobre los accesos de ADSL le sumará a Cablevisión un número no menor de potenciales clientes, siendo esto motivo de preocupación de DirecTV y otros operadores de TV paga que actualmente atienden a usuarios de la ex Arnet. Como se ve, la unificación de los servicios de acceso a Internet bajo el nombre Fibertel es también un paso en la oferta convergente de servicios.

 

El albor una nueva era

Algo que dejó la última edición del MWC fue la sensación de que la industria móvil está ingresando en un momento bisagra, en el que las redes (y el negocio) móvil se funden con las fijas para dar lugar a una única infraestructura compuesta por ambas tecnologías, donde la fija es la red clave, pero invisible, y la móvil es la que permite la flexibilidad de los últimos metros de la red. Es con 5G que la interrelación entre red fija y red móvil se hace más evidente que nunca. Las capacidades similares entre redes 5G y de fibra (en términos de ancho de banda y latencia) hace que estemos en presencia, ahora sí, del inicio de la verdadera convergencia de redes, donde las dos son fundamentales en una experiencia única/homogénea. De allí los enormes desafíos que la tecnología 5G encierra.

Una de las pruebas de que la industria móvil se encuentra en pleno proceso de cambio estuvo dado por las novedades en materia de terminales móviles. Se destacaron los equipos con pantallas plegables de Samsung y Huawei (que estuvieron en exhibición pero no se los pudo manipular). No obstante, más allá de la proeza técnica, destacable por cierto, son inevitables las dudas respecto de si será esta innovación la que logre dar un impulso a las estancadas ventas de smartphones que tanto preocupan a sus fabricantes. No parece aún que sea el caso.

Es que los smartphones, todavía en el centro del ecosistema, pierden atractivo, el ciclo de recambio se estira y se presta más atención a otros dispositivos conectables. Bienvenidos al mundo del IoT. Un nuevo ecosistema que podría tener como dispositivo central en el hogar no ya al smartphone sino a los parlantes inteligentes (tipo Amazon Echo). La idea no es sólo la inicial, controlar determinados dispositivos en el hogar, sino también interactuar con distintos servicios como bancos, servicios públicos, dando lugar a un nuevo canal. Estos equipos no están sólo disponibles por parte de empresas como Amazon, Apple o Google, sino que se comienzan a sumar operadores como Telefónica (que ya ofrece Movistar Home como interfaz con sus servicios de TV y telecomunicaciones) y otros.

Por supuesto, hay muchísima expectativa puesta en el 5G, que estuvo presente en todos lados en el MWC (en la exposición y en las charlas), menos en la calle. Lo fabricantes, como no podía ser de otra forma ya que se trata de lo nuevo para vender, se mostraron como los más entusiastas. Los operadores exhibieron distintos casos de uso, buscando demostrar que están con las últimas tendencias, pero simultáneamente se mostraron cautelosos. Es que el despliegue de 5G requiere de un esfuerzo financiero y técnico importante (nuevo equipamiento, omnipresencia de la fibra, mayor densidad de antenas) pero el retorno no aparece aún como lo suficientemente atractivo. Y a esto se suma la falta de terminales aptos, como se argumentó con la postergación de lanzamientos de 5G en Corea del Sur, uno de los líderes en la materia. Por su parte, los países europeos no ven lanzamientos en serie sino hasta 2020. Una situación en la cual el “affaire” Huawei tampoco ayuda.

El caso Huawei pasó de ser un chicaneo en la competencia política y comercial entre EE.UU. y China para convertirse en una preocupación para la industria móvil debido a los retrasos que podría significar en el despliegue de 5G. La esencia del problema en la transición hacia 5G es que las redes se montan sobre la infraestructura 4G existente. Así, para quienes tienen hoy equipamiento de Huawei, verse forzados a tener que escoger un proveedor distinto para 5G como resultado del algún tipo de prohibición o traba es prácticamente inviable, ya que deberían también cambiar parte del equipamiento 4G actual. Como Huawei tiene una presencia muy importante en las redes europeas, son los operadores de estos países los más preocupados por la situación. Es por esto que tanto la GSMA como algunos gobiernos (caso Alemania) se manifiestan a favor de definir criterios objetivos de verificación de la seguridad de los equipos de redes. El mensaje es: “no me corras con sospechas, dame datos ciertos”. Como se ve, es mucho más que un tema de posible espionaje.

El tema de Huawei significó también un impulso a las redes abiertas, fomentadas desde Open RAN, que propicia la utilización de equipos interoperables que reduzcan la dependencia de un proveedor en particular. Se trata de un proceso similar al que atravesó la informática hace 25 años cuando abandonó los modelos propietarios para pasar a estándares abiertos. Con equipamiento abierto e interoperable, situaciones como el bloqueo a un proveedor en particular no sería el dolor de cabeza que significa hoy.

También hubo muchas aplicaciones de lo que se da por llamar Inteligencia Artificial (AI), que en realidad tiene mucho más de machine learning y de inteligencia cognitiva, pero que está presente en todo: desde software, dispositivos y hasta la misma red. Sin dudas, un tema que será cada vez más recurrente.

La industria móvil comienza a adentrarse en un terreno tan desconocido como fascinante. Pero el camino inicial no será sencillo.

Pivoteo global

A nivel internacional, hubo diversos acontecimientos que permiten pensar que el 2018 pasará a la historia como un año en el que algunas cosas comenzaron a cambiar de rumbo.

El escándalo Facebook-Cambridge Analytica sirvió para confirmar lo que todos temíamos: el uso inescrupuloso del aluvión de datos que cada usuario genera. Esto dio origen a un seguimiento más cercano de lo que los monstruos de Internet hacen con los datos emergentes, por lo que los próximos tiempos verán muchos intentos de mayor regulación. Definitivamente se acabó la era inicial de Internet, con características del jipismo.

Siempre en la línea de una mayor regulación, en distintas latitudes crecieron las presiones para que estas operaciones globales comiencen a tributar localmente. Pasó en Argentina y pasa en Europa, donde varios países, cansados de las demoras a nivel comunitario para definir un marco fiscal, comenzaron a aplicar sus propios impuestos. Una actitud que seguramente crecerá hasta tanto no tengan una voluntad común. Así, la frase “think globally, act locally” será reemplazada por “think globally, pay locally”.

Otro punto alto fue la guerra fría entre EE.UU. y China, que tuvo su impacto en el mercado tecnológico a través de las sucesivas medidas que marcaron negativamente a la operación de Huawei, especialmente a nivel de infraestructura de telecomunicaciones. Algo que llega justo cuando se planean los despliegues de las redes 5G.

Y hablando de 5G, finalmente este fue el año de los primeros lanzamientos comerciales, aunque algunos de éstos con notorias restricciones. Lo que sí parece evidente son dos cosas. Por un lado, que todavía la industria (léase proveedores y operadores) no se ha puesto de acuerdo en cuanto a cuál será el modelo de negocios apropiado para justificar las inversiones previstas. Por el otro, pareciera que en el corto plazo la oportunidad más concreta está por el lado del acceso inalámbrico fijo, una alternativa (al menos en los papeles) a la fibra hasta el hogar. Pero todavía 5G está y estará en los próximos meses, en etapa de experimentación no ya en el laboratorio sino en el terreno. No obstante, sí puede afirmarse que el 2018 fue el año de la campana de largada para 5G.

Camino poceado

De la mano de Internet, que logró escindir el contenido (sea voz, audio, video) de su red de distribución, hace rato que se viene hablando de la “nueva TV”. Sin embargo, hasta hace poco, más que TV se trataba de video por Internet, primero con YouTube y luego con Netflix y otros servicios de video bajo demanda englobados bajo la categoría SVOD (subscription video on demand). Pero cada vez más es posible acceder a grillas completas de TV a través de Internet, sea en celulares, computadoras, tablets, Smart TV o reproductores conectados a televisores.

El primer caso en Argentina fue el de Flow, hace casi ya dos años, al que luego fueron sumándose otros operadores de TV paga como Telecentro, DirecTV y más. Por ahora se trata de servicios multipantalla, que pueden verse en distintos dispositivos pero que están atados a una suscripción al servicio de TV paga tradicional.

El caso de Flow no estuvo exento de polémicas a partir del momento en que lanzó promociones junto con Personal (ambas marcas de la misma empresa, Telecom) que permitieron visualizar los contenidos desde el celular pero sin descontar de los datos contratados. Las mismas correspondieron a eventos puntuales, como el Mundial de fútbol, los encuentros entre River y Boca por la final de la Copa Libertadores, o los partidos del Mundial de Clubes. Las críticas provienen de lo que se interpreta como una violación a la neutralidad de la red, contemplada en la ley Argentina Digital pero nunca convenientemente reglamentada. Críticas que se hacen extensivas al Enacom, que es quien debería definir si este tipo de promociones están o no permitidas, pero sobre las cuales no se ha expresado. Una oferta de estas características sólo podría ser igualada por quienes disponen de servicios móviles, actualmente Movistar y Claro. Aunque la oferta de TV de ambos es tan limitada por el momento que la combinación de clientes de TV y móvil es mucho menos habitual. De todos modos, el debate sobre la neutralidad seguiría en pie: se les da un tratamiento diferencial a los contenidos propios por sobre los de terceros. Sería deseable que el Enacom resuelva al respecto y ponga un punto final a las discusiones.

Debates al margen, algunas noticias relativas a los pasos que está siguiendo DirecTV (DTV) permiten presagiar nuevos hitos en materia de “nueva TV”. Por un lado, el CEO de AT&T (dueña de DTV) expresó que lanzaron el que quedará en la historia por ser el último de sus satélites, y que pasarán a invertir agresivamente en un modelo OTT que hasta incluiría set top box para usar tanto sobre redes propias de fibra como ajenas. DTV entendió que su negocio no es la tecnología de distribución (el satélite) sino la distribución de contenidos. Ya vienen dando sus primeros pasos con DirecTV Go, la versión de la grilla de DirecTV que no necesita de un abono al sistema de TV satelital (no confundir con DirecTV Play, que es la plataforma multipantalla para sus abonados de TV). Recientemente lanzada en Colombia y Chile. Extraoficialmente se dice se lanzará en Argentina, quizás tan pronto como el primer trimestre del 2019.

Claro que el tema de las grillas de TV en formato OTT stand alone no es algo tan sencillo de lograr, no por aspectos técnicos (ya superados), sino legales. Actualmente, los derechos están disponibles para los operadores de TV paga para el formato multipantalla asociado a un abono de TV, pero la oferta de contenidos se reduce para el formato stand alone, como es el caso de DTV Go. Probablemente sea parte de la natural resiliencia de un factor que sería muy disruptivo para la actual industria de la TV paga. Pero la historia demuestra que los cambios terminan imponiéndose. Llegará el momento en que con o sin hardware específico mediante (set top box o app) empezará una nueva batalla. Y con ella, una nueva era.

El año del perro

El 2018 no sólo será un año negro para la economía argentina. También, y quizás peor, para Huawei. Es que la empresa china, que quedó en medio del fuego cruzado por la puja política y económica entre China y los EE.UU., ha visto a lo largo de este año toda una serie de decisiones en su contra cuyas consecuencias todavía no se pueden vislumbrar con claridad, pero que seguramente serán relevantes.

Es fácil pensar que, por su abierto enfrentamiento con China desde que asumió la presidencia, las presiones contra Huawei nacen con la llegada al poder del presidente Trump. Sin embargo, fue durante el gobierno de Obama, en el 2012, que se encendió la luz de alarma. El comité de Seguridad Nacional del Congreso de los EE.UU. desaconsejó el uso de equipos de redes de origen chino. Dentro de un escenario geopolítico de un fuerte avance de China como superpotencia mundial, el temor de que una infraestructura tan básica pero estratégica como la de las comunicaciones (y que cada vez lo es más) pudiera ser manipulada por el enemigo en una hipótesis de conflicto cada vez más fuerte. Pero sí es cierto que durante este año las decisiones en contra de Huawei (y también de ZTE, aunque esta sea menos relevante en el negocio de la infraestructura) escalaron a punto tal de llevar a la empresa recurrentemente a los titulares de los medios de negocios y de tecnología.

A principios de año hubo una noticia que marcaba que el conflicto se extendía del terreno político al comercial. Fue cuando, a horas de que AT&T anunciara un acuerdo por el cual incluiría los celulares de Huawei a su oferta, tanto el anuncio como la operación fueran abortados. Y así, quedaba trunca una movida que le daría un fuerte impulso en un mercado gigantesco que le venía siendo esquivo. No obstante no participar del mercado estadounidense, Huawei siguió creciendo en el global, alcanzando el 2º puesto, arrebatado a Apple. Una pequeña venganza de Huawei pero que en este contexto es casi anecdótica.

Más tarde, el campo de batalla se trasladó fuera de las fronteras de los EE.UU. cuando el gobierno estadounidense comenzó a presionar a países aliados (se mencionó a aquellos que tienen bases militares estadounidenses) contra el uso de equipos de marcas chinas en sus redes de telecomunicaciones. A tal punto que hace algunas semanas noticias provenientes del Reino Unido y Alemania indicaban que en esos países estaba estudiando también la posibilidad de bloquear a los fabricantes chinos por razones de seguridad nacional. Inclusive el operador británico BT fue un paso más allá, ya que no sólo no comprará más equipamiento de Huawei sino que lo retiraría de su red core. Paralelamente, países como Australia, Nueva Zelanda, India y Japón comenzaron a restringir de una forma u otra la incorporación de equipamiento chino en sus redes.

La cosa escaló aún más cuando recientemente fuera detenida en Canadá, por pedido de las autoridades de EE.UU., la CFO de Huawei e hija de su fundador, acusada de liquidar transacciones vinculadas a Irán, violando las sanciones estadounidenses. La ejecutiva fue luego liberada bajo fianza, con una pulsera electrónica mientras espera que se decida si corresponde su extradición a los EE.UU.

Las últimas malas noticias para Huawei se dieron esta semana, cuando el HSBC y el Standard Chartered, decidieron no proveer a la empresa de ningún nuevo servicio bancario ni fondeo al evaluar que sería un riesgo muy alto habida cuenta de que es apuntada como un riesgo a la seguridad nacional por los EE.UU. y otros países. Una decisión que de multiplicarse reduciría el acceso al sistema financiero global, asestando un duro golpe para la empresa.

Bienvenidos a la Guerra fría del siglo XXI.