'Internet'

Epidemia OTT

Con algo de publicidad online, presencia en redes sociales y sobre todo el imbatible boca a boca, los servicios audiovisuales OTT se han convertido en cosa habitual para los argentinos conectados, siendo utilizados por un 2 de cada 3 de los usuarios de Internet (aclaración: no confundir utilización con suscripción*). La penetración de estos servicios aumenta en la medida en que sube el NSE (nivel socioeconómico) y es más fuerte entre los millennials adultos (de entre 24 y 33 años), quienes combinan actitud generacional con autonomía económica. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

El uso de los OTT, donde Netflix es el rey indiscutido pero al cual se le han sumado diversas alternativas en los últimos tiempos, se encuentra bastante arraigado. Tal es así que la mitad (53%) de sus usuarios los consumen casi a diario, tendencia que crece mientras sube el NSE, así como mientras baja la edad. No obstante, por el momento la existencia de estos servicios no impide que la penetración de los mismos sea similar entre quienes contratan un servicio de TV paga (actuando como complemento) y quienes no (actuando como sustituto).

En cuanto a las pantallas para la reproducción de los contenidos OTT, domina la TV, ya sea como Smart TV o TV conectada (a una PC, un Chromecast, Apple TV u otros), utilizada por el 88%. Luego sigue la PC (64%) y el smartphone (38%). El uso de este último es claramente más alto en los niveles socioeconómicos más bajos, donde la disponibilidad de pantallas alternativas es más limitada, así como en los segmentos más jóvenes, donde a la limitante de las pantallas personales se suma también el sesgo generacional. Por otra parte, 2 de cada 3 usuarios de OTT acceden desde más de una pantalla.

En cuanto a los motivos para elegir consumir servicios OTT, siguen liderando las opciones de ver las temporadas completas de las series, así como consumir bajo demanda. No obstante, el hecho de ser económico y poder consumirse desde múltiples pantallas son motivos que subieron fuertemente. También hay diferencias generacionales: el factor económico es más relevante en la medida en que baja la edad del usuario, mientras que su percepción como complemento de la TV paga crece con la edad.

(*) Para evitar extrapolaciones erróneas, conviene aclarar que uso no es lo mismo que suscripción. Cada suscripción puede incluir una o múltiples cuentas, por lo que es habitual que éstas se compartan con gente que no convive en el mismo hogar pero que son familiares o amigos. Y éstos a su vez, consumen los servicios con otras personas. Así, el número de usuarios es varias veces superior al de suscriptores.

Fiesta de largo

Con la edición de hoy de Comentarios se cumplen 15 años desde aquella primera edición del 14 de junio de 2002. 15 años nos parecen poco cuando los cumplimos nosotros, pero ya adultos, cuando podemos hacer una retrospectiva de lo ocurrido en una década y media, es bastante.

Si bien en ese entonces Google ya existía, no era el caso de Facebook y tampoco de YouTube, Twitter, Instagram, Spotify y tantos otros éxitos de los últimos años que hoy son habituales en la PC o el celular. La banda ancha había arrancado en Argentina unos años atrás y recién comenzaba a tomar vuelo y los celulares eran teléfonos y punto. Nada de mensajitos ni mucho menos Internet.

Argentina venía del mazazo económico y social que significó la crisis de diciembre del 2001. El mercado local de telecomunicaciones pasó de la exuberancia del año 2000, cuando la apertura hizo que desembarcaran empresas y fondos de inversión a cablear el país, a una retracción violenta. De hecho, el primer relevamiento que se hizo desde Carrier y Asociados a mediados del 2002 era distinto a lo previo. Mientras que antes se intentaba determinar cuánto sería el crecimiento (sin importar el rubro), ese trabajo identificó dónde se producirían los recortes en el consumo tecnológico. El único negocio que se mantuvo en crecimiento fue justamente el del acceso de banda ancha. Los demás, tenían indicadores negativos. Hasta la telefonía celular perdió unos 100.000 abonados. Fue el período del boom de los ciber que permitieron que la gente se siga conectando a un menor costo. No era lo mismo, pero la tendencia hacia el uso de Internet era irrefrenable.

A nivel de la industria, esto dio lugar a un período de consolidación en la medida en que los que habían venido del exterior se volvían a sus tierras, dejando pérdidas y vendiendo sus activos locales a precios de remate.

Vino entonces una década de fuerte crecimiento, donde se conjugó la tendencia natural de la industria (con el desarrollo de la banda ancha y la masificación de los celulares) con un contexto excepcional a nivel internacional que permitió una rápida recuperación económica (teniendo en cuenta la magnitud de la crisis). Fueron los años de crecimiento a tasas chinas y de aumento del consumo. Desde el punto de vista de la labor de Carrier y Asociados fueron años magníficos porque el argentino estaba descubriendo la tecnología y la adoptaba rápidamente, dando lugar a cambios en los hábitos y costumbres que hoy nos son totalmente cotidianos y naturales. Ver de cerca ese proceso fue un privilegio fascinante.

Pero esto se daba en un mercado cada vez más concentrado, que absorbía lo que iba quedando y que no incentivaba la llegada de nuevos inversores y operadores. Y hubo decisiones políticas que no ayudaron a mejorar esta situación. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no sólo ratificó el impedimento del ingreso de las empresas de telecomunicaciones a los servicios audiovisuales (léase, telcos dando TV) desincentivando inversiones en las redes. También limitaba la expansión de las redes de cable. En comunicaciones móviles, la no asignación de nuevo espectro y la inacción ante las trabas para la instalación de antenas atentó contra mayores inversiones en la red. El resultado fue que finalmente ésta se vio desbordada ante la llegada de los smartphones que se convirtieron rápidamente en Ferraris andando por calles empedradas. Recién sobre el final de la gestión anterior se comenzó a atender este problema, pero el daño estaba hecho y, aunque en menor medida, todavía lo sufrimos.

La nueva gestión intentó poner en marcha las cosas, pero rápidamente se dio cuenta de que no era tan sencillo deshacer lo hecho, en parte por el contexto, en parte por decisiones propias. El resultado fue que generó entre los operadores más malestares que alegrías, todavía al día de hoy. No es fácil regular una industria donde convergen otras dos y existen múltiples intereses diferentes. Los choques y las tensiones son inevitables.

Lo que sí cambió en esta nueva era es el interés por parte de empresas y fondos del exterior por lo que aquí pueda suceder. Aunque lo hacen con cautela, estudiando la situación, pero sin desesperarse por abrir la billetera, a la espera de más certezas.

En el ínterin, y más allá de los vaivenes del contexto, la tecnología y sus productos siguen avanzando. Los Netflix cambiaron la forma de ver determinados contenidos audiovisuales y presionan para que otros (como el fútbol) adopten modelos similares. La forma de relacionarse e informarse cambió radicalmente con la popularidad de las redes sociales. Y los cambios sigue llegando.

Así, 15 años después de aquél primer newsletter, el escenario es decididamente otro. Hay un moderado optimismo en la industria, que mira la macro, y esperanza en los consumidores que quieren globalizarse ya no en los usos y costumbres sino también en el acceso a bienes (todavía no ven claramente los frutos del arancel 0% en los productos informáticos o del regreso oficial del iPhone) y algunos servicios (como comprar en Amazon, eBay o Alibaba y recibir los productos localmente sin trabas o poder pedir un Uber para moverse).

De lo que no hay dudas es que, en materia de productos y servicios tecnológicos y, sobre todo, en su impacto en nuestras vidas, estos 15 años de vida de Comentarios parecen ser varias décadas. Es difícil saber si habrá otros 15 años más, pero mientras tanto, brindamos por un mundo cambiante que todavía nos sorprende con sus novedades y sus posibilidades. Aprovechamos la oportunidad para agradecerles por estar allí, del otro lado de la pantalla, por tantos años. ¡Brindemos!

Migración tecnológica

Cuando se mide la cantidad de accesos a Internet, el número absoluto es sólo parte de la película. Por supuesto, es importante saber si crecen, se mantienen o decrecen. Pero al interior de esos números hay también datos más cualitativos, que tienen que ver con la evolución de la tecnología detrás de los accesos.

Tomando cifras publicadas por el ENACOM, el año pasado el crecimiento en la cantidad total de accesos a Internet fue del 5%. Una cifra que puede considerarse baja teniendo en cuenta que la penetración del acceso a Internet en hogares es de tan solo el 45%. En otras palabras, con todo lo que falta crecer, estar ya en tasas de un dígito no es un gran logro.

Cuando se analiza la evolución por tecnología, surgen datos interesantes. Uno es el crecimiento de la fibra óptica, que fue del 186% en el último año. Acá es necesario tener presente que este número tan importante es también consecuencia de partir de bases muy bajas, lo que propicia tasas de crecimiento elevadas. Así y todo, en un año se pasó de 50 mil a 150 mil accesos. No obstante, siguen siendo apenas el 2% del total.

También los accesos inalámbricos tuvieron un importante crecimiento, del 36%, llegando a uno 85 mil o 1,2% del total. Aunque oficialmente son menos que la fibra óptica, acá puede haber una sub declaración de accesos por parte de los ISP. En muchas localidades pequeñas del interior existen ISP que utilizando espectro no licenciado dan servicio allí donde las redes fijas no llegan. Una situación que, aunque se está regularizando, todavía tiene vigencia.

Lo interesante llega a la hora de analizar las dos grandes tecnologías de acceso: ADSL (telefónicas) y cablemódem (cableras). Entre ambas representan el 95% de los accesos, aunque con tendencias disímiles. Mientras que los accesos de cablemódem crecieron un 10% (valor equivalente al doble de la media nacional), los de ADSL sólo lo hicieron un 1%. Y si se analizan los números de los dos principales proveedores (Telecom y Telefónica), hay una caída del 3%. Esto indicaría que las telcos están perdiendo clientes principalmente a manos de las cableras, como Cablevisión, Telecentro y otras, que crecieron por encima de la media nacional. Así se entiende más la insistencia de las telcos para poder ofrecer servicios de TV y, de este modo, tener una oferta más atractiva que les permita hacer frente mejor a las cableras, sus grandes competidoras. Aunque además deberán mejorar la capacidad de sus redes, algo en lo que están trabajando con la mira puesta en el 2018. El que viene será sin dudas un año con mucha actividad.

Internet argentina en números


Con aproximadamente 29 millones de usuarios (tanto fijos como móviles), el uso de Internet en Argentina alcanza al 66% de la población, o dos tercios de la misma.

En cuanto a las conexiones fijas residenciales, presentes en unos 6,2 millones de hogares, logran una penetración del 45% en las viviendas particulares. El valor más alto se encuentra en Tierra del Fuego, donde llega a un notable 95%. El más bajo, en Santiago del Estero, de apenas un 20%.

El 53% de las conexiones son con tecnología ADSL, superando al 42% con cablemódem. Sin embargo, el ADSL creció apenas un 1% en el último año, mientras que el cablemódem lo hizo un 10%. Se trata de un claro indicador que las redes telefónicas necesitan una actualización urgente, independientemente de que comiencen a dar servicios de TV a partir de enero próximo o no. También creció mucho la fibra óptica, aunque desde valores tan bajos que aun así apenas alcanza al 2% de participación en el total de las conexiones.

Con un 76% de las conexiones fijas por debajo de velocidades (nominales) de 6 Mb, todavía resta mucho que hacer para mejorar la capacidad de la red.

A pesar de haber sido desde su nacimiento un mercado en competencia, el negocio del acceso fijo se concentra en tres grandes ISP: Cablevisión, Speedy y Arnet. Este trío representa el 80% del mercado.

En el caso del acceso móvil, con 26,5 millones de smartphones en uso, la penetración del Internet móvil es del 61% de la población. De éstos, un 58% utilizan tecnología 4G.

Adicionalmente, la cantidad de usuarios de smartphones indica que son más quienes se conectan desde el celular que desde una computadora en su hogar, unos 25 millones. De allí surge entonces no sólo la relevancia del acceso móvil como factor de reducción de brecha digital sino además la importancia de que los servicios y contenidos digitales se encuentren accesibles también para plataformas móviles.

Ganas de llorar

El ciberataque de la semana pasada, basado en el malware Wannacry y utilizando la modalidad de ransomware, demuestra que estas cosas no pasan por un único error o punto débil, sino por una suma de circunstancias que se conjugan para dar lugar a un resultado penoso. Una historia que involucra a la NSA, Microsoft, varias empresas de todo tamaño y usuarios que, a pesar de todo el hardware y software de seguridad, siguen evidenciando que el factor humano juega siempre un rol clave en la materia.

La NSA (National Security Agency) fue quien aparentemente desarrolló la herramienta que utilizaba una vulnerabilidad en distintas versiones de Windows. Conocida como Eternal Blue, esta herramienta fue filtrada por un grupo de hackers a mediados de abril pasado, siendo utilizada como parte del ataque. Es natural que un organismo como la NSA desarrolle tanto herramientas para defender sistemas como para atacarlos y dejarlos fuera de servicio. Pero es preocupante que la Agencia Nacional de Seguridad tenga este tipo de filtraciones.

Microsoft tiene también su cuota de responsabilidad. No tanto por la vulnerabilidad per se (siempre las hay) sino por su política de actualizaciones de sus distintos sistemas operativos. Muchos de los equipos afectados corrían todavía Windows XP, un sistema operativo que Microsoft dejó de soportar gratuitamente. Sí mantienen actualizaciones para aquellas organizaciones que deciden no migrar hacia plataformas más modernas. Pero sus costos serían un disuasor, según este interesante artículo publicado por el Financial Times. Resultado: muchas organizaciones mantienen equipos con sistemas operativos viejos, pero sin actualizar. Obviamente, las empresas que siguen haciendo funcionar sus sistemas en forma conectada, pero sin actualizar se exponen a grandes riesgos, como quedó demostrado en la semana que pasó.

Finalmente, de poco sirven los sistemas más actualizados y el hardware y software de seguridad si el factor humano no acompaña. Nada se podrá hacer si, por ejemplo, la gente sigue clickeando adjuntos de dudosa proveniencia. Pero también hay que ser realistas y saber que esto seguirá ocurriendo, ya sea porque los usuarios no están suficientemente capacitados o porque cualquiera puede en algún momento bajar la guardia y entonces ya es tarde.

Más allá de su repercusión mediática, este ciberataque es uno más de entre tantos que vendrán en el futuro. Queda por saber qué actitud tomarán las autoridades monetarias de los distintos países en relación a los bitcoins. En momentos en que éstas luchan para que cada vez menos existan formas de pago no trackeables, que los bitcoins hayan logrado tanta prensa por ser el medio de pago elegido por los impulsores del ciberataque no les debe haber causado mucha gracia.

Cómo compran los millennials

Los millennials conforman una generación que empezó a hacer compras cuando ya existía el comercio electrónico, a diferencia de generaciones anteriores que tuvieron que hacer un proceso de aprendizaje de la compra offline a la online. Esta naturalidad en el abordaje se refleja en sus hábitos, según surge del informe “Los millennials y sus consumos tecnológicos – 2016” realizado por Carrier y Asociados.

El comercio electrónico es una actividad más habitual entre los mayores de este segmento, quienes por un tema de etapa vital están en sus primeros años de independencia tanto económica como habitacional. Así, consumen muchos productos que cubren necesidades cotidianas (artículos para el hogar, muebles, bazar, etc.). Adicionalmente, los productos que los millennials de todas las edades adquieren más habitualmente vía electrónica son: tickets (sobre todo para shows musicales), viajes y turismo (como pasajes y hospedajes que adquirieron online desde siempre), bastante indumentaria, así como electrónica y electrodomésticos.

Sin dudas para esta generación Mercado Libre es el sitio de referencia. Esto se debe no sólo a su historia y relevancia en la plaza local sino también a la amplia disponibilidad de productos, la financiación con tarjeta de crédito, los precios competitivos y la entrega a domicilio. Mercado Libre tiene una posición naturalmente dominante, lo que refuerza la idea de que distintas marcas tengan su tienda online dentro de esta plataforma.

En relación a los medios de pago utilizados para compras electrónicas, la tarjeta de crédito domina. No sólo hace que el proceso sea más cómodo e inmediato, sino que también suma la posibilidad de acceder a la financiación en cuotas. Esto, combinado con la popularidad de Mercado Libre, ubica a Mercado Pago como la plataforma de pagos preferida. Sus ventajas son un registro por única vez, lo que acelera las compras posteriores de productos de diversos rubros, así como la posibilidad de usarla también en otros sitios.

En cuanto a los dispositivos utilizados para el comercio electrónico, la PC sigue reinando. Su pantalla de mayor tamaño hace que sea más cómodo el proceso. A esto hay que sumar las múltiples pestañas posibles en el navegador que facilitan la comparación entre productos y vendedores (algo que también puede hacerse desde un móvil, pero que evidentemente no es tan habitual). Sin dudas, el celular es el futuro también para el comercio electrónico, pero en esta materia todavía le falta un poco.

Peligroso

Cuando se acaba de cumplir un año desde el inicio de operaciones de Uber en el país, la justicia de la ciudad de Buenos Aires (no la federal) tomó una decisión que, de llevarse adelante, sienta un peligroso precedente no ya para el caso de Uber en particular, sino para el acceso a Internet en general en Argentina.

El 10 de abril pasado, la Cámara de Apelaciones en lo Penal, Contravencional y de Faltas de la CABA (con jurisdicción en la ciudad y no en todo el país) ordenó el bloqueo del sitio web de Uber y de su aplicación móvil en todo el país. En otras palabras, la justicia contravencional de la ciudad tomó una decisión que tiene impacto no sólo en su área de influencia sino en todo el territorio de la República Argentina. Esto sólo puede ocurrir cuando las decisiones emanan de la justicia federal, no de la justicia de una ciudad. En este caso, la decisión de la justicia local tiene efectos sobre jurisdicciones ajenas.

Pero dejando de lado el caso específico de Uber, si la decisión de la Cámara de CABA se ejecutase (cosa que aún no sucedió, vale aclarar), se estaría sentando jurisprudencia peligrosa. El día de mañana otro juez con jurisdicción municipal o provincial podría tomar una decisión que impidiera el acceso a servicios o contenidos vía Internet a habitantes de otras jurisdicciones.

No se trata de defender a Uber, cuyo estilo desafiante le ha traído problemas en distintas ciudades del mundo en las que opera. Tampoco de atacar al gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que no ha hecho mucho para adaptar su normativa a los nuevos modelos de negocios que emanan del uso de Internet. Se trata de alertar sobre un disparate que hasta un alumno de 1° año de Derecho podría identificar. Resta ahora esperar cuál será la respuesta del ENACOM, quien debería instruir a los ISP y operadores móviles a que bloqueen el sitio y la app. Esperemos que sus abogados se percaten de esta atrocidad jurídica y rechacen el pedido. No sea cosa que terminemos siendo protagonistas del poema “Cuando los nazis vinieron…” de Martin Niemöller (erróneamente atribuido a Bertolt Brecht).

Avance mexicano

Finalmente, marzo fue el mes en que se produjo la salida del Grupo Werthein de Telecom, tal como se venía especulando desde hace un tiempo en el mercado. Esto ocurrió a través de la compra por parte de Fintech (del mexicano David Martínez) de su participación accionaria en Sofora, propietaria de Nortel Inversora que a su vez ostenta el 54,74% de las acciones del Grupo Telecom. Este cambio accionario viene acompañado de una reorganización societaria consistente en la fusión de Telecom Argentina como sociedad absorbente y Norte Inversora, Sofora Telecomunicaciones y Telecom Personal, como sociedades absorbidas.

Este movimiento no puede dejar de ser visto desde la óptica de la tan comentada (pero aún no concretada) fusión entre Telecom y Cablevisión. Algunos ven esta compra de acciones como una forma de allanar el camino para el ingreso de Cablevisión. Otros, por el contrario, como una forma de fortalecer a Fintech en la negociación, exigiéndole a Cablevisión tratar exclusivamente con ellos y no, al menos en parte, con el Grupo Werthein. Ambas especulaciones tienen su lógica. Sin embargo, la reorganización y fusión de Telecom (fija) y Personal (móvil) en una misma sociedad va en contra de algunas versiones que especulaban con la posibilidad de que la fusión fuera entre Cablevisión y Personal. Sería la combinación ideal de red fija y red móvil para un operador convergente y no generaría cuestionamientos en términos de competencia. Sí lo haría la fusión entre dos grandes redes fijas (la de CV y la de Telecom), concentrando más del 50% del mercado de banda ancha y con una importante superposición geográfica de las redes fijas. Así, esta movida puede ser considerada como un obstáculo más en una fusión que, aunque no descartada todavía, parece cada vez más lejana en el tiempo, luego de que Cablevisión moviera cielo y tierra para quedarse con Nextel primero y el espectro para dar servicios móviles después. Como hasta ahora, habrá que seguir esperando el devenir de los acontecimientos.

Más allá de estas especulaciones, esta movida consolida la presencia mexicana en la industria de las telecomunicaciones locales, con David Martínez y Carlos Slim controlando los principales negocios del sector. Martínez no sólo maneja vía Telecom 19,5 M de líneas móviles, 3,9 M de líneas fijas y 1,7 M de abonados de Internet, con una facturación total de $ 53 mil millones. También participa en un 40% de Cablevisión, con 3,4 M de abonados de TV, 2,1 M de abonados de banda ancha y una facturación de $ 30,5 mil millones. Por su parte, Slim tiene 21,8 M de líneas móviles y una facturación de unos $ 36 mil millones. De esta forma, entre ambos magnates mexicanos controlan un 65% de las líneas móviles, aunque Martínez (con menos exposición que Slim) también es un jugador de peso en banda ancha, telefonía fija y TV paga. ¡Viva México!

El retorno del bucle

Esta semana, la Secretaría de TIC abrió la consulta respecto del proyecto de Reglamento General de Interconexión y Acceso. Se trata de un factor muy importante en la relación entre operadores y que incide también en las condiciones de competencia.

Dentro de los aspectos a considerar, el manejo del bucle de abonado (conocido también como la última milla) es un tema que no por ineludible deja de ser controversial. La regulación actual (ley Argentina Digital) exige a los prestadores de servicios TIC poner a disposición el bucle para el arrendamiento parcial o total por parte de otros operadores sin acceso a los clientes. Pero será muy difícil que pueda tener lugar exitosamente.

Por un lado, el decreto 1340 estableció que todas las redes NGN fijas de última milla desplegadas en adelante tendrán un período de 15 años durante los cuales no estarán obligadas a “desagregarse”, esto es, estar a disposición de terceros. Una concesión que hiciera el regulador como compensación por el impedimento de que las telcos ingresaran al negocio de la TV hasta enero de 2018 (y parcialmente). Esto significa que cualquier operador que despliegue redes de alta capacidad, no deberá compartirlas. Así las cosas, la desagregación se aplicaría sobre el ADSL tradicional, el cual da muestras de su envejecimiento, perdiendo participación de mercado frente a las redes de cable. Sin dudas, una oferta poco atractiva para un operador que quisiera comenzar a ofrecer servicios.

Por el otro lado, siendo que también son licenciatarios TIC, los operadores de TV por cable que ofrezcan servicios de conectividad de banda ancha deberían igualmente abrir sus redes. Por cuestiones de topología de red, esta desagregación es más compleja y debe hacerse por software, lo que implicará un costo adicional considerable que no todo cablero podrá afrontar. Es de esperar que haya una fuerte resistencia a su implementación.

Idealmente, la desagregación tendría más sentido si se diese para las redes más modernas, con una esperanza de vida útil netamente superior a las que tienen las redes “legacy” de cobre. La misma debería ser implementada considerando entornos de competencia para que sirva como un incentivo para ésta y no como un disuasor a la inversión. Pero tal como están dadas las cosas, este ideal será de difícil concreción en el corto y mediano plazo.

En definitiva, es un tema que forma parte de la tensión entre competencia e inversión. Un mercado con mucha competencia tiende a deprimir los márgenes, lo que a mediano plazo atenta contra la inversión. Lograr un delicado equilibrio entre ambos objetivos es la tarea del regulador.

El dilema del fútbol

Esta semana se confirmó la venta de los derechos de televisación del fútbol argentino al tándem Fox-Turner. Más allá de los detalles económicos del acuerdo, se vienen ahora tiempo de definiciones en relación a cómo se comercializará este producto, considerando tanto las posibilidades tecnológicas como la mutación de hábitos de consumo que se produjeron durante los años en que accedimos al fútbol “gratis”. Si bien por el momento el plan de negocios no está totalmente cerrado, durante la semana se especuló con dos temas: el costo adicional que tendría sobre el abono básico de la TV paga y su costo en un modelo OTT.

Por el lado del abono adicional, se especula con un paquete de unos $ 300 pesos mensuales (algo menos de US$ 20). En este caso, serían todos los partidos (y no segmentado por equipo), lo cual, si bien da un costo por partido muy bajo, tiene un valor relativo. Son muy pocos aquellos para quienes ver un partido del estilo Defensa y Justicia vs. Aldosivi tiene algún interés. Así, por más bajo que sea el precio, su valor es aún menor. Y si el valor es inferior al precio, la transacción se hace más difícil.

A esto se suma que el mercado argentino de TV paga, del orden de los 8,8 millones de abonados (una penetración de aproximadamente el 75% de los hogares) se encuentra prácticamente estancado. Tal es así que Cablevisión, el actor más fuerte de este mercado con una participación del 39%, vio el año pasado caer un 0,3% su cantidad de abonados. Esto a pesar de incluir en forma gratuita los partidos del campeonato local. Al salir del básico y pasar a ser un adicional, no sólo le resta valor a la propuesta estándar de los operadores de TV paga. También implica un costo adicional en momentos en que, influidos por el consumo vía Internet, los televidentes acuden cada vez más a propuestas alternativas. Así las cosas, habría que ver cuál podría ser la caída en las suscripciones a TV paga ahora que el fútbol no estará incluido en el abono y en qué medida se verá compensada por la venta del paquete adicional de fútbol. No habría que descartar entonces que el fútbol se incluya en el básico, o que su precio como adicional se encuentre “subsidiado”, más como un factor de retención que como una línea de ingresos adicional.

Por otra parte, hay muchas expectativas con la transmisión vía Internet en un modelo OTT à la Netflix. Esta sería sin dudas la elección de muchos millennials que hoy no tienen contratados servicios de TV paga y que basan sus consumos audiovisuales en Internet, con la misma Netflix, YouTube y otras ofertas. Pero, necesitados de los ingresos que les proveen socios tradicionales, en Fox-Turner especulan con un abono sólo vía Internet de $600 (casi US$ 40), o el doble del mismo servicio vía operadores de TV paga. Desde el punto de vista económico, este pricing no tiene lógica, ya que se pagaría más por un servicio OTT, para el cual el cliente debe proveer (y pagar) la red de acceso (el ISP), que por un canal en TV paga, que ya incluye el costo de la red en su abono básico. Además, con la flexibilidad que ofrece el consumo vía Internet, no tiene sentido insistir con un abono que incluya todos los partidos. Sea vía Internet o no, la asimetría entre valor y precio se mantiene.

Todavía no hay nada definido oficialmente, y aún queda tiempo antes del comienzo de las transmisiones con cargo que se iniciarán a partir de agosto próximo. Pero seguramente el modelo comercial con que se especula sufrirá modificaciones.