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El retorno del bucle

Esta semana, la Secretaría de TIC abrió la consulta respecto del proyecto de Reglamento General de Interconexión y Acceso. Se trata de un factor muy importante en la relación entre operadores y que incide también en las condiciones de competencia.

Dentro de los aspectos a considerar, el manejo del bucle de abonado (conocido también como la última milla) es un tema que no por ineludible deja de ser controversial. La regulación actual (ley Argentina Digital) exige a los prestadores de servicios TIC poner a disposición el bucle para el arrendamiento parcial o total por parte de otros operadores sin acceso a los clientes. Pero será muy difícil que pueda tener lugar exitosamente.

Por un lado, el decreto 1340 estableció que todas las redes NGN fijas de última milla desplegadas en adelante tendrán un período de 15 años durante los cuales no estarán obligadas a “desagregarse”, esto es, estar a disposición de terceros. Una concesión que hiciera el regulador como compensación por el impedimento de que las telcos ingresaran al negocio de la TV hasta enero de 2018 (y parcialmente). Esto significa que cualquier operador que despliegue redes de alta capacidad, no deberá compartirlas. Así las cosas, la desagregación se aplicaría sobre el ADSL tradicional, el cual da muestras de su envejecimiento, perdiendo participación de mercado frente a las redes de cable. Sin dudas, una oferta poco atractiva para un operador que quisiera comenzar a ofrecer servicios.

Por el otro lado, siendo que también son licenciatarios TIC, los operadores de TV por cable que ofrezcan servicios de conectividad de banda ancha deberían igualmente abrir sus redes. Por cuestiones de topología de red, esta desagregación es más compleja y debe hacerse por software, lo que implicará un costo adicional considerable que no todo cablero podrá afrontar. Es de esperar que haya una fuerte resistencia a su implementación.

Idealmente, la desagregación tendría más sentido si se diese para las redes más modernas, con una esperanza de vida útil netamente superior a las que tienen las redes “legacy” de cobre. La misma debería ser implementada considerando entornos de competencia para que sirva como un incentivo para ésta y no como un disuasor a la inversión. Pero tal como están dadas las cosas, este ideal será de difícil concreción en el corto y mediano plazo.

En definitiva, es un tema que forma parte de la tensión entre competencia e inversión. Un mercado con mucha competencia tiende a deprimir los márgenes, lo que a mediano plazo atenta contra la inversión. Lograr un delicado equilibrio entre ambos objetivos es la tarea del regulador.

El dilema del fútbol

Esta semana se confirmó la venta de los derechos de televisación del fútbol argentino al tándem Fox-Turner. Más allá de los detalles económicos del acuerdo, se vienen ahora tiempo de definiciones en relación a cómo se comercializará este producto, considerando tanto las posibilidades tecnológicas como la mutación de hábitos de consumo que se produjeron durante los años en que accedimos al fútbol “gratis”. Si bien por el momento el plan de negocios no está totalmente cerrado, durante la semana se especuló con dos temas: el costo adicional que tendría sobre el abono básico de la TV paga y su costo en un modelo OTT.

Por el lado del abono adicional, se especula con un paquete de unos $ 300 pesos mensuales (algo menos de US$ 20). En este caso, serían todos los partidos (y no segmentado por equipo), lo cual, si bien da un costo por partido muy bajo, tiene un valor relativo. Son muy pocos aquellos para quienes ver un partido del estilo Defensa y Justicia vs. Aldosivi tiene algún interés. Así, por más bajo que sea el precio, su valor es aún menor. Y si el valor es inferior al precio, la transacción se hace más difícil.

A esto se suma que el mercado argentino de TV paga, del orden de los 8,8 millones de abonados (una penetración de aproximadamente el 75% de los hogares) se encuentra prácticamente estancado. Tal es así que Cablevisión, el actor más fuerte de este mercado con una participación del 39%, vio el año pasado caer un 0,3% su cantidad de abonados. Esto a pesar de incluir en forma gratuita los partidos del campeonato local. Al salir del básico y pasar a ser un adicional, no sólo le resta valor a la propuesta estándar de los operadores de TV paga. También implica un costo adicional en momentos en que, influidos por el consumo vía Internet, los televidentes acuden cada vez más a propuestas alternativas. Así las cosas, habría que ver cuál podría ser la caída en las suscripciones a TV paga ahora que el fútbol no estará incluido en el abono y en qué medida se verá compensada por la venta del paquete adicional de fútbol. No habría que descartar entonces que el fútbol se incluya en el básico, o que su precio como adicional se encuentre “subsidiado”, más como un factor de retención que como una línea de ingresos adicional.

Por otra parte, hay muchas expectativas con la transmisión vía Internet en un modelo OTT à la Netflix. Esta sería sin dudas la elección de muchos millennials que hoy no tienen contratados servicios de TV paga y que basan sus consumos audiovisuales en Internet, con la misma Netflix, YouTube y otras ofertas. Pero, necesitados de los ingresos que les proveen socios tradicionales, en Fox-Turner especulan con un abono sólo vía Internet de $600 (casi US$ 40), o el doble del mismo servicio vía operadores de TV paga. Desde el punto de vista económico, este pricing no tiene lógica, ya que se pagaría más por un servicio OTT, para el cual el cliente debe proveer (y pagar) la red de acceso (el ISP), que por un canal en TV paga, que ya incluye el costo de la red en su abono básico. Además, con la flexibilidad que ofrece el consumo vía Internet, no tiene sentido insistir con un abono que incluya todos los partidos. Sea vía Internet o no, la asimetría entre valor y precio se mantiene.

Todavía no hay nada definido oficialmente, y aún queda tiempo antes del comienzo de las transmisiones con cargo que se iniciarán a partir de agosto próximo. Pero seguramente el modelo comercial con que se especula sufrirá modificaciones.

 

Jugando con fuego

Desde su asunción, 17 meses atrás, el actual gobierno ha dado muestras de querer avanzar con la dinamización del sector de las telecomunicaciones convergentes argentinas. Pero no siempre lo hizo de la mejor manera. Y en los últimos tiempos, quizás urgido por el estancamiento en que se encuentra el mercado, quiso acelerar el paso, tomando atajos y entrando en un terreno de desprolijidad potencialmente peligroso.

No hace falta ser muy sagaz para percibir que existen favoritismos a la hora de regular. Y si bien no faltará quien reclame por una mayor imparcialidad, también hay que ver a esto como parte de la dinámica propia política, que tiene intereses y también necesidades. Pero el apuro da malos consejos, y el gobierno se muestra muy apurado en resolver ciertos temas que no son de resolución inmediata, si es que se quiere hacer las cosas con prolijidad, especialmente cuando hay en juego activos que son del Estado.

La presión de Cablevisión-Nextel por ingresar en el negocio celular se tradujo en un apuro del regulador para que esto suceda. Pero esta urgencia lo llevó a evitar los caminos más seguros y abordar rutas secundarias, que pueden ser atajos no exentos de peligros.

Lo más razonable hubiera sido recuperar de una buena vez el espectro que originalmente fue reservado para un 4° operador y que Arlink tiene trabado desde 2014. O sea, más de 2 años. Ese espectro podría haber sido puesto en juego en condiciones más razonables que las originales (un beauty contest, por ejemplo) y probablemente no hubiera habido otro interesado que no fuera Cablevisión-Nextel. Ante la incapacidad de resolver este tema en la justicia, el gobierno optó por ceder a la presión y autorizar la reatribución de espectro a pedido del interesado. En este caso, lo prolijo hubiera sido recuperar ese espectro (que en definitiva es siempre propiedad del Estado), limpiarlo, ordenarlo y ponerlo sobre la mesa. En vez, se optó por reatribuirlo a pedido, en un esquema bastante sui generis que incluye devoluciones con cargo (cuando en realidad el propietario es el Estado), migraciones de servicios y dar conectividad en determinadas áreas del país sujetas a la disponibilidad de la red de fibra óptica de Arsat en cada una de ellas, dando lugar a una cobertura irregular, en zonas no contiguas y sin que se especifique el criterio de elección de las mismas.

Mientras estos temas se resuelven a gran velocidad, el gobierno no pudo poner todavía un punto final al conflicto alrededor de la banda de 700 MHz. La misma fue otorgada y cobrada 2 años atrás pero aún no está disponible en todos lados, especialmente en el AMBA, donde Telecentro sigue dando sus servicios de TV inalámbrica. Y en tanto esta sea la situación, los operadores móviles no quieren avanzar con el modelo de operador virtual, lo que tiene a varios operadores de telecomunicaciones medianos y chicos esperando. Todo trabado.

Esto sucede mientras se les postergó el derecho que las telcos tenían por ley (Argentina Digital) a dar servicios de TV recién en 2018 y parcialmente (sólo en AMBA, Córdoba y Rosario). Este tratamiento asimétrico en cuanto al entrante (según sea móviles o TV) es lo que tiene a las telcos de mal humor. Telefónica lo ha expresado claro y fuerte. Claro lo hace en la intimidad, aunque sin declaraciones oficiales y Telecom prefiere mantener el silencio.

Está claro que el tema de fondo, por el cual todos los actores se miran con recelo, es si se va a producir o no la tan anunciada fusión entre Cablevisión y Telecom. El apuro de Cablevisión en contar con espectro e infraestructura para servicios móviles puede ser visto como un plan alternativo si esta fusión finalmente no se da. Aunque se trate de una tarea no exenta de enormes desafíos. Pero también puede considerárselo como una forma de ir ganando “masa muscular” para, llegado el momento de una fusión, estar en mejores condiciones de negociarla.

Por lo pronto, este estado de situación hace que las telcos-celcos orienten sus inversiones a fortalecer sus redes móviles (incluyendo backbone y backhaul) y no tanto a mejorar las redes de banda ancha al hogar. En este sentido, el gobierno no parece poner el mismo énfasis en el desarrollo de infraestructuras fijas de gran capacidad que lleven la fibra óptica lo más cerca posible de los domicilios de los usuarios. Algo que es clave no sólo para las comunicaciones fijas, sino que también, y crecientemente, para las móviles. Ese es el verdadero desafío que tiene la actual gestión.

Con su asimetría en el trato, las autoridades juegan con fuego. Si para cuando lleguen las próximas elecciones presidenciales, el gobierno no puede mostrar avances significativos en materia de servicios y competencia real en materia de telecomunicaciones convergentes, agregará un ítem a la columna del debe de su balance de gestión. A este ritmo, es un escenario probable.

A dos velocidades

Esta semana se llevó a cabo el Mobile World Congress (MWC), el evento anual que convoca no sólo a la industria móvil sino también a todas aquellas afectadas por estas tecnologías. No hubo grandes novedades sino más bien avances en tecnologías ya conocidas: 5G, inteligencia artificial, big data, reconocimiento de voz, Internet de las cosas (IoT), robots, entre otras cosas.

A nivel de la infraestructura, se notan dos velocidades. Por un lado, la de los proveedores de tecnología (Huawei, Nokia, Ericsson), empujando fuertemente 5G por más que aún falten unos años para su estandarización. Por el otro, los operadores avanzan con más cautela. Es natural. No sólo tiene con LTE y su evolución un camino por recorrer (como opciones para IoT que ofrecen bajo consumo energético y adaptable a menores demandas de ancho de banda). También son conscientes de que una red 5G exigirá una mayor densidad de antenas, la cual deberá estar conectada a una infraestructura de cable de fibra óptica para dar respuesta a los mayores anchos de banda que esta tecnología permite (hasta 10 Gbps). Y la gran pregunta es cuál será el modelo de negocio que permita el recupero de la enorme inversión por delante. Hoy, están más preocupados por los frenos a la consolidación, el peso económico de las decisiones gubernamentales (costo de espectro, impuestos, tasas) y las necesidades de compartir infraestructura. Estos puntos fueron mencionados por el chairman de la GSMA (organización que agrupa a todos los operadores del mundo) en su keynote inaugural, donde también lanzó una bomba: prometió que en su gestión acabará con el roaming internacional. Anuncio que arrancó aplausos entre el público pero que no causó tanta gracia entre los operadores.

Por el lado de los terminales, se hace evidente que los tiempos de grandes innovaciones quedaron atrás. La mayoría de las mejoras se vieron por el lado de las cámaras, algo que está bien pero no le quita el sueño a la mayoría de los usuarios. Tal es así que la atención mediática se la llevó la nostalgia: Nokia presentando una versión actualizada de un terminal de la época donde el SMS era el rey y BlackBerry con un equipo que agrega su clásico teclado físico. Por otra parte, esta falta de innovación es la que permitió que marcas chinas desconocidas fuera de aquél país mostraran equipos que poco tienen que envidiar a los de las marcas que lideran el mercado pero que son más baratos, cerrando la brecha existente. Se vienen tiempos de alta competencia.

Los avances en IoT se mantienen a la orden del día, con la aparición de más objetos con conectividad directa a la red, lo que representa un paso adelante respecto de la primera generación, marcada por productos que se conectaban vía Wifi o Bluetooth a un router fijo o un smartphone. Algo que resulta más atractivo para los operadores, aunque deberán plantear tarifas no ya en términos de dispositivos conectados sino quizás de clientes u otro criterio. Dentro de este rubro, se vieron los primeros prototipos de objetos que se conectan con la tecnología NB-IoT (narrow band IoT o IoT de banda angosta), la cual permite conectar objetos situados en lugares poco accesibles o transitados, con sensores que no precisan transmitir información constantemente, sino que le basta con enviar un simple impulso cada hora, día o semana (como medidores de agua, luz, gas). Para ello, hace hincapié en el bajo consumo energético, lo que permite que las baterías duren literalmente años. Se trata de casos donde lo relevante no es la movilidad sino la conexión inalámbrica, lo cual abre un amplio espectro de nuevos dispositivos a conectar para los operadores.

Como ya sucedió en ediciones anteriores, abundaron los autos conectados, aunque también se vieron algunos de conducción autónoma. Básicamente, robots sobre ruedas. Todavía es experimental, pero, así como entusiasmará a aquellos que sufren tener que majear, también debería ser un dato que preocupe a gremios como camioneros o taxistas. No se quedarán sin trabajo en lo inmediato, pero se trata de profesiones condenadas a desaparecer en un futuro lejano, pero no tanto.

De los operadores existentes en Argentina, sólo Telefónica estuvo presente con varios anuncios. Quizás el más destacable fue el que la empresa denomina la 4ª plataforma, siendo la 1ª la infraestructura física de red, la 2ª los sistemas de IT y la 3ª los productos y servicios que ofrece a sus clientes. Bajo el nombre Aura, esta plataforma no es otra cosa que la armonización de los datos de sus clientes (productos contratados, contenidos consumidos, lugares donde han estado, sitios que han visitado, etc.) para convertirlos en información relevante y operable por el usuario. Ésta podrá interactuar con la empresa vía una aplicación de reconocimiento de voz al estilo Siri, (habilitar o cancelar equipos de una red wifi, recibir recomendaciones de películas, hacer gestiones administrativas) al tiempo que podrá elegir qué hacer con sus datos (por ejemplo, compartirlos o no, borrarlos en caso de abandonar la compañía, etc.). Algo simple de decir, pero complejo de lograr, que permitirá grandes avances en la relación del cliente con la empresa y sus diferentes productos. Aura estaría llegando a Argentina durante el 2017.

D’Artagnan, cada vez más cerca

Que la industria móvil tuviera sus ojos puestos en Barcelona no fue impedimento para que se hablara, y mucho, del ingreso de Cablevisión a este negocio. Y no tanto porque hubiera novedades luego del decreto 1340 (analizado aquí, en momentos en que ya no se publicaba Comentarios). Es más, el gobierno fue cumpliendo con lo prometido, como avanzar con la reatribución de espectro originalmente de servicios fijos a servicios móviles, y la autorización para que Cablevisión pueda comenzar a dar estos últimos. Solo falta ahora que se definan las condiciones económicas y exigencias de despliegue, algo que no debería tardar en definirse.

Por supuesto, toda esta situación tiene inquietos a los actuales operadores móviles, con Telefónica como cara visible, quienes sostienen que hay razones técnicas y jurídicas que les permiten cuestionar la forma en que Cablevisión accederá al espectro. A pesar de estos reclamos, el gobierno se muestra decidido a avanzar hacia el surgimiento de un 4º operador móvil de la forma en que lo viene haciendo. Sin embargo, durante su visita a España en la semana previa al MWC, el presidente de la Nación se reunió con el CEO de Telefónica y prometió diversas cosas como para bajar los decibeles de la discusión: liberar la banda de 700 MHz por la que los operadores móviles ya pagaron 2 años atrás y aún no recibieron (algo que tiempo atrás se afirmó ocurriría durante este mes de marzo), equiparar el límite de espectro para todos los operadores, permitir que las operadoras puedan compartir infraestructura en localidades de menos de 10.000 habitantes (una absurda limitación impuesta por el pliego de 4G) y arrancar efectivamente el 1° de enero de 2018 con la oferta de servicios de TV, lo que implicaría que ya estuviese vigente la reglamentación específica. Ahora esperan que estas promesas se transformen en hechos.

Por lo pronto, la alternativa de llevar sus reclamos al CIADI parecen ir perdiendo fuerza, dejando atrás también la posibilidad de frenar inversiones (medida con la cual hubieran sido los principales perjudicados). Por el contrario, Telefónica anunció durante el MWC que prevé invertir $ 38.500 millones (alrededor de US$ 2.400 millones) entre 2017 y 2019. Como parte de esta inversión apuntan a pasar con fibra óptica unos 600 mil hogares, muy probablemente en zonas donde la oferta actual de redes es deficiente más que en áreas de alto poder adquisitivo ya cableadas por operadores de TV por cable.

Lo interesante de toda la movida que está realizando Cablevisión para convertirse en el nuevo 4º operador es que parece alejar el fantasma de su fusión con Telecom. Las inversiones realizadas en adquirir Nextel primero y el espectro después, más las que tendrá que realizar por la reatribución de este último así como las que necesitará para desplegar la red (a lo que hay que sumar el costo político para el gobierno de esta movida) hacen pensar que es demasiada erogación si la idea es llegar a una fusión en el corto plazo. Por su parte, Telecom se encuentra en plena reorganización de sus sistemas para estar lista para la convergencia. Aparentemente, diferencias en cuanto a quién tendría el control de una eventual operación conjunta habrían llevado al operador de TV por cable y banda ancha a avanzar con una estrategia en soledad. Por todo esto, en la medida en que pase el tiempo y la fusión no se concrete, menos probabilidades tendría de ocurrir.

Es quizás el fantasma de esta fusión lo que más inquieta a sus competidores. Una operación conjunta de Cablevisión y Telecom crearía automáticamente un operador fuerte en TV paga, banda ancha, telefonía fija y telefonía móvil. O sea, se convertiría en el primer operador convergente, con más fortalezas que una Telefónica arrancando en el negocio de TV paga e iniciando un largo y oneroso despliegue de fibra, y por supuesto, mucho más fuerte que una Claro que mayormente tiene servicios móviles pero muy poco para dar servicios fijos a nivel residencial. Lo que suceda durante los próximos 18 meses será clave para delinear el escenario competitivo en un marco convergente.

Sin vencedores ni vencidos (por ahora)

El reciente decreto 1340/2016 introdujo algunas definiciones conceptuales contundentes en relación a la política del gobierno en materia de comunicaciones convergentes. Sin embargo, muchos puntos espinosos no terminan de ser precisados, quedando las definiciones postergadas hasta tanto el regulador, a través del Ministerio de Comunicaciones y del ENACOM, así las defina.

En líneas generales, quedan en claro dos puntos. Uno es la prioridad que se le asigna a la inversión por sobre la competencia, al menos en el corto plazo. Es indiscutible que Argentina se encuentra atrasada en términos de infraestructura fija, con una razonable penetración, pero un bajo ancho de banda promedio y con grandes diferencias en el mismo a nivel geográfico. Por lo tanto, no se puede hablar seriamente de competencia sin un fuerte proceso inversor previo. El otro punto, y que armoniza con el anterior, es la política expresa de habilitar a las comunicaciones móviles cuanto espectro sea posible, priorizándolo por sobre otros servicios.

La convergencia total implica que cualquier operador pueda dar todo tipo de servicio. Y teniendo en cuenta el escenario actual, las miradas se centran en el ingreso de las empresas de telecomunicaciones al negocio de la TV, así como en la incorporación de servicios móviles por parte de empresas proveedoras actualmente de servicios fijos (banda ancha y TV).

Por el lado de la TV, el decreto establece que las empresas de telecomunicaciones que están impedidas de dar servicios de comunicación audiovisual (Claro, Telecom y Telefónica) podrán comenzar a hacerlo a partir del 1° de enero de 2018. Sin embargo, sólo podrán dar servicio inicialmente en las áreas metropolitanas de Buenos Aires, Rosario y Córdoba capital, todas áreas donde opera Cablevisión. Son las tres principales ciudades del país que en su conjunto concentran el 36% de la población del país. Esto implica que el restante 64% no accederá a los beneficios de una mayor competencia por un tiempo no determinado. El decreto exceptúa del ingreso de las telcos al servicio de TV en localidades de menos de 80.000 habitantes. Se trata de una medida “para la tribuna”, ya que no son mercados de interés para grandes operadores debido a su baja concentración de población. Pero no establece plazos para todo el resto de las localidades que se encuentran entre éstas y las tres más grandes especificadas. Por lo tanto, quedan fuera de este nuevo entorno competitivo ciudades como Mendoza, para alegría del grupo Vila-Manzano. Así, ésta es una medida que favorece a la industria del cable, a excepción principalmente de Cablevisión y de Telecentro.

Por otra parte, se mantiene el impedimento de que las telcos ofrezcan servicios de TV vía satélite. En términos técnicos, esto va en contra de la libertad tecnológica del operador para elegir cómo ofrecer sus servicios. No obstante, primó una visión más enfocada a la inversión, ya que las telcos deberán mejorar la capacidad de sus redes de cable para dar este servicio. La competencia en TV deberá esperar a este despliegue. No obstante, DirecTV se mantiene al margen de esta limitación, permitiéndosele retomar legalmente los servicios (y sus tecnologías) que tenían hasta la publicación del decreto 267. Además de TV satelital, DirecTV ofrece desde hace años acceso a Internet inalámbrico y estaba expandiendo este servicio hasta que el decreto mencionado congeló sus planes. Vuelve a su status anterior, invirtiendo en su red terrestre.

El ingreso de nuevos jugadores al terreno de los servicios móviles es más complejo y espinoso. El decreto anticipa normas y procedimientos para asegurar la reatribución de frecuencias ya asignadas para que sean aptas para servicios móviles. Menciona también que deberán definirse compensaciones económicas (por el mayor valor que tiene el espectro fijo respecto del móvil) así como las obligaciones de cobertura y metas específicas. Si bien muchos vieron a Cablevisión-Nextel como el más favorecido, lo concreto es que sin conocer los aspectos que quedan por definir, no se sabe a ciencia cierta cuán atractivo resultará este proceso. Como reza el dicho, el diablo está en los detalles.

Por otra parte, menciona que se podrá asignar espectro no sólo a los actores actuales sino también a prestadores locales o regionales de servicios TIC en sus áreas de operaciones. Esto permite deducir que el gobierno piensa no ya en un único 4° operador sino en múltiples 4° operadores, cada uno en áreas geográficas distintas. Esto se vería potenciado con la puesta en funcionamiento de la Red de Protección Pública y Operaciones de Socorro, Defensa y Seguridad, pensando en situaciones de emergencia. Según declaraciones radiales del Ministro Aguad en el programa TMT conducido por José Crettaz, la idea es llamar a licitación para la construcción de una red que, como tendrá capacidad ociosa la mayor parte del tiempo, sirva también para ofrecer servicios mayoristas, utilizando las bandas de 700 MHz y 2,5 GHz. Toda una novedad.

El surgimiento y desarrollo de nuevos operadores móviles no sólo tiene que ver con el espectro sino también con temas más áridos, pero no menos relevantes como condiciones de interconexión o de roaming. En el caso de la interconexión se establecerán tarifas asimétricas por el término de 3 años prorrogables por 18 meses más. Si bien señalan que inicialmente se tomarán como referencia promedios de tarifas para servicios similares en Latinoamérica, no se indican cuáles serían las condiciones que podrían dar lugar a la mencionada prórroga. El roaming, que permitirá que clientes de un operador regional usen su servicio más allá del área de cobertura original, será obligatorio por 3 años. Ambas son medidas para ayudar a entrantes mientras se desarrollan, donde lo que se debate es si ese plazo es adecuado o exiguo.

Finalmente, se fijó en 15 años la no aplicación de la desagregación del bucle en redes NGN de última milla. Esto implica que, durante este término, los operadores que desplieguen en adelante redes de última milla NGN (fibra óptica o cable coaxil) no estarán obligados a permitir que otros operadores utilicen esa infraestructura para dar sus servicios. Garantizando la exclusividad del uso de sus propias redes de última generación, motiva a las telcos (Telecom y Telefónica por tener una tecnología vieja y Claro por prácticamente no contar con infraestructura cableada) a invertir en el desarrollo y capilaridad de las mismas, aunque esta protección también aplicaría para los nuevos tendidos de los actuales operadores de TV por cable. Aquí nuevamente se ve el foco en la inversión por sobre la competencia. No obstante, si el término de 15 años es el adecuado, es materia debatida.

Tácitamente, el gobierno afirma que en materia de convergencia hoy la prioridad es multiplicar la inversión. La competencia real y efectiva deberá esperar mientras se despliegan las redes (fijas y móviles) necesarias. Sin embargo, todavía quedan pendientes muchas definiciones, más técnicas, pero no menos políticas, que pueden inclinar la cancha para uno u otro lado. Lo que está asegurado es que la acción se mantendrá en los próximos meses.

Esperando a Godot

Anunciado por el propio Ministro de Comunicaciones meses atrás, el gobierno se encuentra delineando un decreto que “acomode las fichas” en el sector de la convergencia mientras se espera por la próxima ley que organizará al sector. La falta de una descontada lluvia de inversiones (que mueve cifras muy superiores a las de otras actividades) así como la demanda por definiciones técnicas en materia de convergencia por el ingreso de operadores en negocios hasta ahora vedados pusieron en evidencia las falencias del decreto 267. Así se hizo necesario un nuevo instrumento legal que hiciera algunos ajustes. Primero se habló de mediados de noviembre. Luego se dijo que sería para principios de diciembre. Los días pasaron, los diversos borradores fueron circulando, pero sobre el filo del año el decreto sigue sin recibir la firma del presidente, quien partió de vacaciones. Así, se impone una nueva fecha, estimada para alrededor de mediados de enero mínimamente. Por ahora.

Sin un decreto oficializado, no tiene sentido analizar o debatir sobre medidas que no están firmes. Pero sí se puede jugar con cuáles medidas podrían ser adecuadas para desempantanar a la industria y permitirle que recobre un necesitado impulso que, haciéndola crecer, termine beneficiando al país y sus habitantes.

La de la convergencia en Argentina es una industria donde no hay entrantes puros, sino actores originalmente de las telecomunicaciones y de la televisión paga que necesitan sumar algún servicio (TV en el caso de los primeros y comunicaciones móviles para los segundos) que les permita completar su oferta convergente. Visto así, los entrantes no son jugadores nuevos en el país o la industria, sino actores actuales (algunos muy relevantes) buscando ampliar sus servicios. No obstante, se puede igualmente utilizar el concepto de entrante pensando en términos pre convergentes para identificar las medidas necesarias para que la totalidad de los actores puedan dar todos los servicios en un terreno nivelado.

La convergencia está compuesta por tres negocios: la banda ancha fija (donde se puede incluir a la telefonía), la TV paga (terrestre o satelital) y las comunicaciones móviles. Cualquier actor convergente debe estar en condiciones de dar estos servicios competitivamente.

Por ser una actividad que no tuvo restricciones desde sus inicios, hoy son muchos los proveedores de banda ancha fija, siendo los más importantes tres de los cuatro grandes operadores del mercado: Cablevisión (Fibertel), Telefónica (Speedy) y Telecom (Arnet). El cuarto es Claro, cuyo servicio de banda ancha es muy acotado. Si bien normalmente, cualquier actor puede dar servicios de banda ancha, la regulación vigente impide que convivan bajo un mismo operador servicios de banda ancha y de TV satelital. Se trata claramente de un impedimento regulatorio, pero no técnico. Por su amplia cobertura y con una infraestructura terrestre que sólo requiere de una antena en el domicilio del abonado, es de rápido despliegue, lo que preocupa a los operadores con red, particularmente los de TV. No tan así en el caso de los operadores de banda ancha, ya que el costo por Mb de las conexiones satelitales suele ser notoriamente más caro, quedando entonces circunscripto el servicio de banda ancha satelital a zonas sin cobertura de las redes fijas. Por lo tanto, siendo que esta restricción es sólo de orden regulatorio, lo natural sería eliminarla lo más pronto posible.

La TV paga también es un servicio que no tiene limitaciones técnicas sino puramente regulatorias. En principio, cualquier operador con una red de banda ancha está en condiciones técnicas de ofrecer TV. Este servicio además tiene la ventaja de incentivar al despliegue de redes de mayor capacidad, con lo que tiene un impacto secundario positivo sobre la disponibilidad de banda ancha. Por otra parte, el negocio de la TV paga suele tener actores dominantes en las regiones que cubre cada uno de éstos, por lo que eliminar las restricciones a los operadores de banda ancha sería muy positivo en términos de competencia, tanto en precios como en calidad del servicio.

El caso de los servicios móviles es más complejo ya que éstos se basan en el acceso a un recurso escaso como es el espectro radioeléctrico, lo que limita la cantidad de actores. Esta limitación se puede acotar poniendo a disposición todo el espectro atribuido a servicio móviles, reatribuyendo espectro originalmente de servicios fijos (banda ancha y TV) a servicios móviles y con reglas de juego claras y viables para el desarrollo de los operadores virtuales móviles (OMV).

Poner a disposición todo el espectro atribuido a servicios móviles implica no sólo terminar de limpiar la banda de los 700 MHz, otorgada en la licitación para servicios 4G, lo que está previsto que ocurra en marzo del 2017. También debe resolverse lo antes posible la judicialización del espectro otorgado en aquella licitación a Arlink y que hoy se encuentra sin uso. Como se ve, es mucho el espectro atribuido sin uso. Un desperdicio.

La reatribución de espectro es una facultad que tiene el regulador y que sin dudas debería ser ejercida. Claro que no se trata de un mecanismo simple. Para una misma porción de espectro, su valor si éste puede utilizarse para servicios móviles en vez de fijos se multiplica. También hay que determinar si con la reatribución este espectro puede seguir en manos de sus actuales tenedores o si debe recuperarse para volver a ponerlo a disposición de las empresas interesadas. En ambos casos este mayor valor puede traducirse en un pago por el mismo y/o en compromisos de inversión y despliegue, en un área geográfica y en un período determinado.

Por debajo de estas grandes líneas entran a tallar aspectos más técnicos, como las condiciones de interconexión (en redes fijas como móviles), las de roaming (en móviles) así como las obligaciones y derechos de contenidos a transportar (en TV paga). Aquí el regulador puede apelar a condiciones asimétricas entre los actores en función de su relevancia de forma tal de estimular el desarrollo de nuevos actores convergentes por un plazo a determinar. Si las asimetrías se aplican en forma permanente terminan siendo distorsivas.

Para llevar adelante las modificaciones necesarias en el entorno regulatorio, conviene recordar que éste debe tener como objetivo la disponibilidad de más y mejores servicios, accesibles para una mayor proporción de la población. Si esto se logra tendremos paralelamente una industria sana y pujante.

Leading case

Las negociaciones y discusiones que se dieron en las últimas semanas en relación a la forma que tomará el decreto por firmarse son fascinantes. La base está en que se trata de una nueva industria, la convergente, conformada por la fusión de sectores otrora independientes que la tecnología se ocupó de reunir. Esto hace que al interior de la industria convergente existan diferencias entre sus actores no habituales en otros sectores donde la problemática de sus participantes suele ser similar. Aquí las necesidades de unos y otros son radicalmente distintas. Esto puede apreciarse claramente en la cantidad de cámaras empresarias existentes al interior del sector convergente. La situación dificulta el rol del regulador, quien debe definir un marco que contemple estos intereses y necesidades tan diversas.

Pero a la política sectorial se suma en este caso también la política económica y exterior del gobierno. Es que los bandos de cableras y telcos representan también en sus actores de mayor peso una división entre empresas de capital nacional y de capital extranjero. El capital nacional está representado por Cablevisión, Telecentro y Supercanal (más decenas y decenas de cableras pymes nacionales) y el extranjero son las grandes telcos (Telefónica, Claro y, por qué no, Telecom). Sólo DirecTV resulta distinto: una empresa de TV paga de capitales extranjeros. Como en aspectos más específicos del negocio, DirecTV es un caso aparte.

Este enfrentamiento entre empresas de capital nacional y la de capital extranjero es más que un dato de color en momentos en que el gobierno se esfuerza por exhibirse como abierto a la inversión extranjera. Los borradores del decreto mostraban una mayor inclinación a favor de las empresas de TV por cable que son nacionales. El paralelismo entre cableras/nacionales y telcos/extranjeras es utilizado en la negociación con el gobierno por parte de las telcos como un factor de presión relevante. Luego de haber organizado el Mini Davos en Buenos Aires y de realizar la gira por los EE.UU. para atraer inversiones, que empresas extranjeras operando en Argentina amenacen con llevar el caso al CIADI si se aprueba un decreto que consideran injusto hacia ellas sería un golpe para las aspiraciones del gobierno. Al mismo tiempo, las cableras/nacionales cuentan con medios de comunicación propios desde donde pueden hacer oír sus voces. Algo que implica un riesgo político en un año electoral.

Hay quienes ven detrás de este escenario potencial la razón por la cual el Presidente de la República inició sus vacaciones sin firmar ningún decreto. La intención sería que el mismo resuelva problemas existentes y no que cree nuevos. Algo que se verá cuando el decreto finalmente vea la luz.

Listos para los pagos móviles

Siendo los millennials una generación netamente digital (nacidos entre 1984 y 2000), sus integrantes son permeables a adoptar nuevos productos y servicios digitales. Hoy, quizás el “next big thing” en materia de servicios móviles sean los pagos desde el celular. La infraestructura técnica ya está, con cerca de un 80% de los celulares en uso que son smartphones y donde algo menos de la mitad de éstos son 4G, el Banco Central los impulsa y los usuarios, sobre todo los más jóvenes, los esperan. Esto surge del informe “Los millennials y sus consumos tecnológicos – 2016” realizado por Carrier y Asociados.

Con el celular como una extensión de su propio cuerpo, a su disponibilidad permanente se suman diversas ventajas respecto de medios de pago tradicionales, como las tarjetas bancarias, el efectivo y, más recientemente, las tarjetas de transporte.

En la comparación con el uso de la tarjeta de crédito o débito, los pagos desde el celular son percibidos como algo similar en cuanto a situaciones de uso, pero más sencillo y veloz, sin tickets ni firmas.

También los pagos desde el móvil son vistos como una buena alternativa frente al efectivo. No hay que olvidar que, en los últimos años, con la creciente inflación y la escasa actualización de la denominación de los billetes en circulación, los viajes al cajero automático a retirar efectivo se hicieron cosa habitual. También es visto favorablemente para realizar pagos de bajo monto, evitando tener que disponer de cambio. Como sustituto del efectivo se vuelven atractivos para aquellos usuarios no bancarizados.

Por otra parte, con la experiencia de algunos años con tarjetas para el transporte, como es el caso de la SUBE en AMBA y otras en distintos lugares del interior, la posibilidad de realizar pagos desde el celular también es vista como una gran alternativa a éstas. Así se evita tener que recargarlas y estar pendientes de la disponibilidad o no de saldo (cosa que no es posible a simple vista). Adicionalmente, el celular no se olvida nunca y al estar siempre a mano evita tener que extraer la billetera en ámbitos públicos para buscar la tarjeta.

En cuanto a los posibles intervinientes en la gestión de los pagos móviles, bancos y tarjetas de crédito surgen como los candidatos naturales, siendo los que inspiran mayor confianza. Ambos estarían ofreciendo los mismos servicios que en la actualidad, aunque con distinta tecnología. Pesa su know how en la materia. Entre los millennials más jóvenes, con una menor tendencia a estar bancarizados por una cuestión de etapa vital, plataformas de pago como Mercado Pago asoman como una alternativa natural y de peso, siendo una opción que usan habitualmente en sus operaciones de comercio electrónico. Por el contrario, los operadores móviles generan resistencia. Consideran que no es su negocio y agregan malas experiencias pasadas con cargos que percibieron como mal realizados y deficiencias en la atención al cliente.

Aún con este escenario favorable, los pagos móviles tendrán un proceso de aceptación similar al del ecommerce, con varios esperando experiencias ajenas antes de embarcarse de lleno. No obstante, juegan a su favor dos cosas. Por un lado, la experiencia con las tarjetas de transporte (caso SUBE), que se convierte en un paso previo al pago desde el celular, combinando pago electrónico con movilidad. Por el otro, víctimas de la inflación de los últimos años sin que hubiera simultáneamente emisión de billetes de más alta denominación, el manejo de efectivo se hizo tedioso. Así, toda propuesta que no implique manejo de efectivo les resulta atractiva a los millennials argentinos.

Redefinición audiovisual

La llegada de los millennials (personas que hoy tienen entre 20 y 32 años) a la vida adulta e independiente está teniendo un impacto cada vez más notable en el consumo de contenido audiovisual y por lo tanto en el negocio que gira a su alrededor. La TV lineal cede terreno a las alternativas bajo demanda, donde los OTT evidencian que un mundo sin piratería masiva es posible. Esto surge del informe “Los millennials y sus consumos tecnológicos – 2016” realizado por Carrier y Asociados.

Para el segmento de millennials (que hoy representan más de 9 millones de personas en Argentina) la TV abierta de aire perdió total atractivo para ver series y películas. Sólo mantiene el interés de las transmisiones en directo, básicamente deportes y noticias/actualidad. Para varios de los millennials más jóvenes, la TV abierta directamente ya no figura en su radar.

En el caso de la TV paga, si bien responde mayormente al modelo lineal que tiende a ser descartado por esta generación, conserva algunos elementos a su favor. Uno de ellos es estar incorporado a los hábitos de consumo audiovisual, por lo que muchos siguen contratando el servicio un poco por inercia. Por otra parte, en el caso de los proveedores de TV paga por cable, el peso de los combos hace que la diferencia de precio en un producto Internet+TV no sea significativamente superior a contratar únicamente Internet. De esta forma, los combos se convierten un antídoto contra el cord cutting. No obstante, esto no impide que se dé una tendencia a abandonar el servicio entre los millennials mayores, mientras que los más jóvenes directamente no consideran contratarlo cuando se van a vivir solos (cord nevers). Claramente, la TV lineal, sea gratuita o paga, no forma parte de las prioridades de los millennials más jóvenes.

Los servicios OTT, donde Netflix es la referencia obligada, son los favoritos para ver series y películas, sustituyendo tanto a la TV tradicional como al streaming gratuito (generalmente ilegal) y las descargas. Las páginas gratuitas e ilegales suelen presentar problemas que contrastan con la calidad técnica de los OTT, particularmente en el caso de Netflix. Facilidad y calidad a un precio juzgado como adecuado por sus usuarios hicieron que los OTT actuaran de freno contra la piratería. No obstante, ésta no desapareció por completo. Tanto el streaming ilegal como la descarga ilegal fueron quedando como un complemento cuando el material deseado no es ofrecido por los OTT. Adicionalmente, las descargas mantienen su atractivo cuando las conexiones no son lo suficientemente buenas como para hacer streaming (sea legal o ilegal).

Por otra parte, gracias a los OTT, las series se convirtieron en un elemento esencial de la dieta audiovisual, incentivando el binge viewing (o atracones de episodios). Tal es así que las series se han convertido en tema de conversación, lo que incentiva su consumo.

Dentro de las opciones de streaming gratuito y legal, sin dudas que YouTube es el rey. Si bien se consumen contenidos tradicionales como películas, series y documentales, se destaca por contenidos propios de Internet: video virales, de música, trailers (todo estos potenciados por la recirculación en redes sociales) así como contenidos específicos de Youtubers (sobre todo los más jóvenes) y tutoriales. Estos últimos son muy populares, particularmente entre los millennials mayores, que los utilizan para resolver desafíos domésticos cotidianos.

Resumiendo, los millennials establecieron el consumo bajo demanda como LA forma de acceder al contenido audiovisual. Y ofertas como las de Netflix (así como Spotify en el caso de la música) inculcaron el hábito de pagar por contenidos a una generación que se creyó que no sería propensa a hacerlo. Y de paso demostraron que la piratería no es un mal ineludible sino una respuesta a una oferta poco satisfactoria.