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5G es una fija

Dicen que no hay mal que por bien no venga, y esto suele cumplirse. Una de las ventajas de ser un país que no está a la vanguardia en el desarrollo tecnológico es tener la posibilidad de ver cómo su adopción se va dando en otras economías y poder así aprender de la experiencia ajena. Esto, que se dio en múltiples oportunidades y distintos ámbitos, se aplica ahora para lo que será el despliegue de 5G, el cual si bien parece distante requiere de una profunda planificación previa.

Uno de los factores que harán que el despliegue de 5G, si pretende alcanzar coberturas similares a las de las generaciones en vigencia, es que necesita una altísima densidad de antenas, sea en macro celdas (las tradicionales), pico celdas (al interior de espacios cerrados como shoppings, estaciones, etc) o hasta femtoceldas (en hogares y empresas clientes). Esto es así porque el uso de frecuencias más altas (que en el caso de 5G arrancan en 24 GHz para llegar hasta 71 GHz) tiene la contrapartida de una cobertura menor. Por otra parte, el primer estándar para 5G que se oficializará en junio próximo, está pensado para ofrecer soluciones inalámbricas fijas. Esto da lugar a que algunos actores vean a 5G como la tecnología que podría reemplazar o complementar los accesos de fibra óptica hasta el cliente (FTTH), la parte más costosa del despliegue de una red fija.

Así, al menos en una etapa inicial, la conectividad de banda ancha fija, pero inalámbrica, servirá para ofrecer servicios de calidad similar a los de fibra en términos de ancho de banda, latencia y confiabilidad (al menos, eso es lo que se promete). Esto ya lo vieron en EE.UU. T-Mobile y Sprint, quienes perciben a su pretendida fusión como la única forma de afrontar la inversión que requerirá el despliegue de 5G y de paso servirles de plataforma para dar servicios no ya en smartphones sino también en el hogar, no sólo banda ancha sino también servicios de video. Un camino similar está tomando Verizon, quien anunció servicios inalámbricos fijos con tecnología 5G en al menos tres ciudades antes de fin de año (está confirmada Sacramento y se especula con que sume a Los Ángeles, Boston y/o San Francisco).

Visto desde Argentina, se entiende mejor por qué el reclamo de los operadores medianos y chicos es por tener acceso a espectro. No sólo es la forma de tener un recurso indispensable para ofrecer servicios móviles, sino que puede ser una alternativa interesante al despliegue de accesos de gran ancho de banda sin la inversión requerida por un cableado hasta cada uno de los hogares.

Considerando además que Argentina tiene una importante extensión geográfica (la 8º en el mundo) que hace que sea muy oneroso el despliegue de una red con auténtica cobertura nacional con las exigencias de 5G, cobra sentido el hecho de pensar en asignaciones regionales de espectro, sin descartar también asignaciones nacionales.

Es claro que todo operador con chances de ser relevante en el futuro deberá ofrecer tanto servicios fijos como móviles. Esto lo entendió hace mucho tiempo Cablevisión y fue el principal incentivo de su fusión con Telecom el acceso a la infraestructura y clientes de Personal. Los operadores más chicos también son conscientes de esto y por eso reclaman que en caso de que se le asigne espectro a Arsat (tal como lo establece el artículo 3 del proyecto de Ley Corta), el mismo esté disponible para los cientos de pequeños operadores y cooperativas a lo largo y ancho del país. El manejo de este espectro podría ser un banco de pruebas para diseñar el modelo de asignación de frecuencias para 5G en el que trabaja el gobierno. Mejor planificar con tiempo.

El reinado de 4G

A 3 años del lanzamiento de 4G en Argentina, las líneas en uso con esta tecnología ya son mayoría. Hoy representan el 62% del total, con unas 23 M de unidades a fines de 2017 y creciendo desde el 43% existente a fines de 2016. Esto surge del informe “Mercado celular argentino 2018” publicado por Carrier y Asociados.

La preponderancia de 4G tiene que ver con que, ya en el primer año desde su lanzamiento, las ventas anuales de smartphones eran mayoritariamente basados en esta tecnología. Fueron 61% en 2015, 88% en 2016 y 99% en 2017. Conviene aclarar que en las ventas anuales se toman en consideración las correspondientes tanto al mercado formal como informal.

Los motivos para este espectacular crecimiento son varios. Por un lado, la avidez de los usuarios por pasar a una red de mejor performance, expulsados de 3G por su congestión (sobre todo en el período inicial de despliegue de 4G). En la misma línea, innovaciones como 4G (antes fueron los smartphones, previamente las cámaras y más atrás la posibilidad de enviar y recibir SMS) actúan como un incentivo para renovar equipos, más allá del natural desgaste de éstos. Por otra parte, la política de beneficios para la producción en Tierra del Fuego los potencia cuando se trata de productos de alto valor. Esto hizo que la oferta se orientara claramente a este tipo de dispositivos en desmedro de aquellos con tecnología de generaciones anteriores.

Para determinar la penetración real de las líneas 4G se utilizó la cuantificación de líneas en uso y no en servicio (diferencia explicada en “Números pasados en limpio”). Si el cálculo se hiciera sobre el total de líneas en servicio (algo que suele ser muy habitual en la industria a nivel internacional) se obtendría una visión distorsionada, donde las líneas 4G serían apenas el 37% del total. Y no faltarían quienes quisieran imponer “recetas” para mejorar la penetración de 4G. No hace falta, la realidad se impone sola.

Convergencia de redes

Esta semana, nuevamente, T-Mobile y Sprint, los operadores móviles n° 3 y 4 de los EE.UU. respectivamente, anunciaron su fusión. Luego de intentos frustrados en el pasado, el escenario actual aparece distinto y debe ser la razón de este nuevo intento.

A primera vista, pasar de un mercado de 4 a 3 competidores nacionales con red no parece algo positivo. Pero la distancia que hay entre el 1°(Verizon) y 2° (AT&T) y el 3° y 4° es lo suficientemente importante como para presagiar dificultades futuras si se mantiene el status quo. Ambas pretendientes a la fusión no pueden competir con las dos primeras en términos de cobertura. Por lo tanto, su estrategia fue competir en precios, rebajándolos y ofreciendo planes de datos ilimitados. Esto fue efectivo, pero luego Verizon y AT&T los imitaron. En consecuencia, los precios de los servicios móviles bajaron un 13% en 2016.

La baja de precios es positiva para el consumidor, pero terminó desangrando financieramente a los challengers, que en conjunto acumulan una deuda de US$ 60 mil millones. Esto genera dudas respecto de si podrán mantener su agresividad en precios y simultáneamente expandir sus redes. Más aún ante la inminencia de 5G que requerirá de fuertes inversiones en una tecnología que exige una mucho mayor capilaridad de antenas.

Así, la pregunta que deberá responder el regulador que tenga a su cargo la decisión de aprobar o rechazar esta fusión es si es preferible 4 competidores en el negocio móvil con 2 con tendencia a debilitarse o 3 competidores de fortaleza similar. Pero la cosa no es tan simple ni termina acá.

Durante el anuncio de la fusión, los CEO de ambas empresas hicieron hincapié en dos aspectos caros al humor social de los EE.UU. de estos días: ser líderes globales en 5G (un “Make America Great Again” de la tecnología) y generar más empleo en el país.

El factor 5G es central dentro de la estrategia de la fusión. Ambas empresas pueden aportar espectro complementario. T-Mobile tiene mucho en bandas bajas, que tienen la particularidad de asegurar cobertura y penetración en edificios. Sprint, por su parte, acumula en bandas altas, que permiten mayores anchos de banda. Combinando ambos espectros tendrán todas sus ventajas.

Por otra parte, la de 5G no debe ser vista únicamente como una tecnología móvil sino más bien como una plataforma híbrida fijo-móvil. Tiene capacidades similares a las de la fibra óptica en términos de ancho de banda y latencia, aunque, por utilizar frecuencias más altas que la actualmente en uso en la industria, requiere de una gran cantidad de antenas que a su vez demandan una importante capilaridad de redes cableadas para conectarlas. Por lo tanto, la tecnología 5G es también propicia para su uso fijo, inclusive como alternativa a la FTTH, con similares características, pero con menos costos para llegar hasta el domicilio del cliente ya que lo hace en forma inalámbrica. Este costo de ya no última milla sino de últimos metros es lo que experimentó Google cuando pretendió enseñarles a las telcos que podía llevar fibra al hogar a menores costos y terminó replanteando su estrategia porque los mismos eran más altos de los estimados. Tal es así que Google está replanteando la estrategia tecnológica para llegar a hogares a través de tecnologías inalámbricas de corto alcance y gran capacidad.

A esto se suma que durante el anuncio de la fusión se mencionó la intención de distribuir video por sus redes. Algo que no llama la atención luego de la adquisición de Layer3 TV por parte de T-Mobile a principios de este año, presentándolo como un servicio para cualquier tipo de conexión, fija o móvil.

Es quizás por esto que, durante el anuncio de fusión, se mencionó que la pretendida fusionada no participará de un mercado con 3 jugadores (el móvil) sino de uno con 7, 8 o más, en clara referencia que la idea es competir no sólo por los servicios móviles sino también por los fijos. Y esta es quizás la razón por la que prometen crear más empleos siendo que las fusiones generalmente los reducen por un tema de superposición de tareas. Resta ahora saber qué opinará el regulador. Difícil decisión en un mercado tan dinámico.

Evolución tecnológica

Esta semana Telecom mostró sus planes de evolución tecnológica como parte de la nueva organización que combina ahora distintas redes: la de Cablevisión, con HFC, la de Telecom, con ADSL, y la de Personal, con tecnologías móviles. Esto lo hizo dentro del marco de un seminario de telecomunicaciones interno que organizó para poner al tanto a sus empleados de las últimas tendencias tecnológicas de la industria. La ocasión sirvió para tomar contacto con la prensa y exponer algunas de las estrategias en materia tecnológica para la empresa fusionada.

Quizás por el peso de los cableros en la nueva empresa, quizás por una verdadera ventaja tecnológica, el plan de Telecom es aprovechar al máximo la red HFC, llevando la fibra óptica hasta los nodos (cada uno de los cuales abastece a 128 abonados). En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, con alta densidad poblacional, esto puede significar tener más de uno por manzana. La apuesta es seguir la evolución de la tecnología DOCSIS, que en su versión 3.0 permite accesos de hasta 1 Gbps y en la 3.1, 10 Gbps, con un horizonte de Full Duplex con 10 Gbps simétricos. Con estas capacidades, hablar de fibra hasta el hogar no tiene sentido, e implica un ahorro significativo en el despliegue. Esto no implica que se descarte la tecnología FTTH, pero quedará reservada para donde haya que reemplazar la red de cobre con ADSL, así como para cuando haya que dar servicio en áreas actualmente no cableadas (ni con coaxil ni con par de cobre).

Esta estrategia le dará sin dudas una ventaja en términos de rapidez y costos de despliegue de nuevas capacidades frente a sus competidores exigidos de montar redes nuevas hasta el hogar. Salvo en la hipótesis de que adquieran algún operador con red HFC, léase, cablera…

El tema de la convergencia fijo-móvil no estuvo ausente. Uno de los expositores es un miembro de CableLabs, una asociación de operadores de cable a nivel mundial. El mismo indicó que la mitad de sus miembros ya ofrece servicios móviles, sea con redes propia o bajo modelo de OMV. Sin dudas, una demostración más de que las redes tienden a ser únicas, básicamente fijas y con un último tramo inalámbrico que puede ser de algunos kilómetros o de unos pocos metros. En este sentido, se le presta mucha atención a la tecnología 5G. Ésta tiene la limitación de usar frecuencias muy altas y por lo tanto de baja cobertura y penetración de materiales. En consecuencia, pasará mucho tiempo para que las redes de 5G tengan una cobertura total. Pero sí habrá una etapa inicial donde se las utilice para dar servicios inalámbricos pero fijos, con capacidades del orden de los Gpbs. De esta forma, puede ser una alternativa para el despliegue veloz de redes de banda ancha fija.

Siempre en materia de 5G, Telecom aprovechó la convocatoria para hacer una demo en sus instalaciones utilizando equipamiento de Nokia. Evidentemente es una tecnología muy interesante y disruptiva, pero no hay que entusiasmarse mucho por el momento en Argentina. No hay fecha cierta de comienzo de despliegue. Antes deberá venir la estandarización, cuya primera implementación está prevista para junio de este año. Y después, la identificación y puesta en juego del espectro necesario, con el cronograma y condiciones de despliegue que establezca el regulador. Más allá del entusiasmo de los vendors, los operadores son más cautos. Quieren ver casos de negocios y la disponibilidad de equipos (de red y de usuario) a precios razonables. Por el momento, el foco en Argentina seguirá estando en 4G. De lo que no quedan dudas es de que una red fija de alta capacidad será clave para mañana, tanto para servicios fijos como móviles, cableados o inalámbricos. Hacia allí apuntan los cañones.

Repercusiones de la ley corta

Luego de la presentación del “Proyecto de Ley de Fomento de Despliegue de Infraestructura y Competencia TICs”, AKA Ley Corta [ver “Cortita y al pie”], el mismo llegó a la Comisión de Sistemas, Medios de Comunicación y Libertad de Expresión del Senado, que invitó a representantes de diversas agrupaciones de la industria a expresar sus puntos de vista al respecto.

En líneas generales, tanto CICOMRA (Cámara de Informática y Comunicaciones de la República Argentina) como CABASE (Cámara Argentina de Internet) y CAPPI (Cámara Argentina de Pequeños Proveedores de Internet) se mostraron a favor del proyecto, celebrando la propuesta de compartir infraestructura. Algo que no sorprende ya que esta medida reduce significativamente las inversiones necesarias para desplegar redes.

Por su parte, desde Red Intercable (que agrupa a las PyME cableoperadoras) el mensaje no fue muy claro. Se habló de incentivar la inversión en infraestructura física para acortar la brecha digital, aunque no quedó en claro si la referencia era a la activa, la pasiva o ambas. Por lo pronto, el proyecto en análisis sí incentiva la inversión en ambas, porque facilita el despliegue allí donde existe una infraestructura pasiva y habilita al desarrollo de esta última donde no la hay ya que las empresas disponen de más recursos al no tener que invertirlos en duplicarlas donde ya hay. También cuestionó que los grandes jugadores no inviertan en mercados marginales, lo que sonó contradictorio ya que allí es donde ellos operan. Por lo tanto, si no lo hacen, tampoco les competirán fuertemente. Sin infraestructura sólo podrían ofrecer DTH si se aprueba el proyecto, por lo que, al no ser una oferta convergente, no sería tan atractiva.

En el caso de las cooperativas, representadas por Colsecor, pidieron tiempo para modernizarse antes de la llegada de la competencia plena. Teniendo en cuenta que el decreto 267 (puntapié inicial para la convergencia) ya tiene más de dos años, quizás además de tiempo necesiten dinero para esta modernización. De todos modos, reconocieron que la protección contemplada para localidades de menos de 80 mil habitantes era más generosa que la que habían pedido oportunamente, que era para las de menos de 100 mil habitantes. No hay que descartar que probablemente sea el propio mercado quien les dé tiempo, ya que el grueso de las inversiones iniciales en despliegues de redes por parte de los grandes jugadores comenzará mayormente en los principales centros urbanos, donde hay mayor concentración de demanda. Es más, hasta podrían ser socios de los grandes llegado el momento.

Respecto de la puesta en juego del espectro de Arsat, desde CABASE se mostraron interesados en la posibilidad de utilizarlo para dar sus servicios. Si bien no lo aclararon, la lógica indicaría que el interés está también por el lado de la posibilidad de que ese espectro se asigne regionalmente y no a nivel nacional, ya que ninguno de sus miembros está en condiciones económicas de afrontar un despliegue en todo el país, pero sí en su área de acción o quizás un poco más a través de algún tipo de asociación. Este interés fue ratificado por Iplan en algunas entrevistas concedidas en los últimos días.

También hubo menciones favorables respecto del establecimiento de condiciones para la comercialización de programas y señales audiovisuales, algo que interesa tanto a grandes operadores (entrantes) como a chicos.

En definitiva, y a pesar de ciertos matices lógicos en función de sus perfiles, las distintas agrupaciones de los actores del sector se mostraron favorables al proyecto de ley. Todavía falta, pero este inicio del tratamiento legislativo fue sin dudas positivo para los impulsores del proyecto. Quizás la mayor amenaza venga por parte de quienes quieren que esta ley corta sea una ley larga, que cubra ciertos temas previstos originalmente para la ley de Convergencia prometida y que quedan afuera de ésta. Aquí también el gobierno optó por el gradualismo.

Cortita y al pie

Sobre el fin de la semana pasada, luego de muchos meses donde se especuló que saldría en forma de DNU, el gobierno presentó en el Senado su “Proyecto de Ley de Fomento de Despliegue de Infraestructura y Competencia TICs” (queda en claro por qué es mucho más simple referirse a ésta como la Ley Corta”. No se trata de la tan anunciada Ley de Convergencia, que vendría a unificar definitivamente la industria de las telecomunicaciones y de los medios electrónicos, sino de un intento de acomodar cosas que fueron desacomodadas tanto por el gobierno anterior como por el actual.

El proyecto tiene 3 grandes ejes: compartición de infraestructura, habilitación de la TV satelital como un servicio TIC (y no como algo “especial” y de tratamiento distinto) y la puesta en juego del espectro asignado oportunamente a Arsat.

El proyecto de ley obliga a los “prestadores de servicios” a la compartición de infraestructura pasiva. Se trata básicamente de la parte de ingeniería civil involucrada en el despliegue de redes, permitiendo el uso de postes, ductos, terrazas, suministro eléctrico, entre otros (*). La idea es reducir notablemente los tiempos y costos del despliegue de red, donde según el gobierno la obra civil representa aproximadamente el 70% del costo y cuya superposición es antieconómica. También se exige compartición de infraestructura a determinados servicios públicos (redes de agua, electricidad, caminos, ferrocarriles), a lo que se suma a la exigencia de que cada nueva obra incluya el tendido de ductos (caños) por donde se pueda pasar fibra óptica.

En este punto puede haber reparos de algunas provincias, que no sólo tienen servicios públicos propios sino también, como en el caso de San Luis y La Pampa, sus propios operadores de fibra óptica y que quizás no sean tan propensos a compartir infraestructura pasiva con el sector privado. Seguramente será uno de los puntos hot cuando la ley sea debatida.

Por supuesto, en ambos casos (privados y servicios públicos) esta cesión no sería a título gratuito y es justamente allí donde podría haber necesidad de intervención del ENACOM en casos en que los involucrados no se pongan de acuerdo. La cosa podría no ser tan automática y fluida, pero es una decisión correcta que dependerá de su implementación (léase, reglamentación). Conviene recordar, no obstante, que en función del art. 3° del decreto 1340/2016, todas las redes nuevas NGN tendrán una protección por 15 años, por lo que no se podrá obligar a su compartición.

En el caso de la TV Satelital (o DTH por Direct To Home), es una medida acertada de dejar de discriminar en función de la tecnología cuando lo importante es difundir el servicio y hacer más competitivo el mercado de la TV paga. La prohibición nace en la ley Argentina Digital (gestión anterior) y fue ratificada por el DNU 267/2015 (actual gestión). Si bien mucho énfasis se hizo en los medios sobre este punto, presentándolo como una concesión a demandas de Claro y Telefónica, conviene aclarar algunos puntos. Por un lado, que esta decisión habilita a todo operador TIC. De este modo, la propia Telecom podría optar por esta tecnología para dar TV allí donde no llega la red de Cablevisión y donde la banda ancha de Arnet no es apta técnicamente para ofrecer servicios de TV. Por otra parte, conviene recordar que Telecom compró un operador de TV satelital en Paraguay y que está en proceso de migrar a sus clientes de TV inalámbrica en Uruguay a tecnología satelital. Así, podría ofrecer TV satelital en todos los países donde tiene operaciones. Adicionalmente, la medida apunta a crear competencia en el segmento satelital específicamente, donde sólo opera DirecTV, ostentando un 28% del mercado total de TV paga (incluyendo al cable)

Como suele ocurrir cuando se debate el tema de la DTH, no faltó la mención a las pequeñas localidades (de menos de 80 mil habitantes) que gozarán de cierta protección, ya que los grandes operadores nacionales no podrán ofrecer inicialmente sus servicios allí, conforme a un cronograma que deberá presentar el Ministerio de Modernización. Es decir que se faculta al Poder Ejecutivo para establecer salvaguardas para localidades de menos de 80.000 habitantes donde el servicio sea operado “exclusivamente” por pymes o cooperativas. Esto significa que, si hubiera un “grande” operando previamente en esa localidad, la competencia será abierta.

En este punto conviene remarcar que tales “protecciones” a operadores PyME y cooperativas son pagadas por sus clientes, que están obligados a acceder a servicios de menor calidad y/o mayor precio. De no ser así, no habría necesidad de blindarlos frente a grandes operadores nacionales. No obstante, según el Ministerio, se trata de un mercado compuesto por 700 operadores entre cooperativas y PyME. Esto exige al gobierno lograr una transición hacia la convergencia total que sea ordenada y gradual.

Para mejorar sus posibilidades ante el ingreso eventual de los grandes operadores, éstos estarán obligados a presentar una oferta mayorista de su servicio de TV paga (algo inexistente hasta el momento), asegurar oferta de interconexión y acceso a su red y de acceso a red para operadores móviles virtuales. En definitiva, pequeños y grandes terminarían asociados de alguna manera (si es que los primeros no son eventualmente comprados).

Siguiendo en el tema contenidos, el proyecto de ley exige a los titulares de los mismos o dueños de derechos de transmisión, la oferta de éstos en condiciones transparentes, equitativas y no discriminatorias (algo que ya habíamos adelantado aquí). Nuevamente, la verdad se verá a la hora de la reglamentación.

Por último, el proyecto aborda el tema del espectro para servicios móviles. Por un lado, propone permitir al Estado disponer de las frecuencias (90 MHz para 2/3 y 4G) actualmente en manos de Arsat pero que, al no contar con infraestructura física, están sin uso (algo así como el perro del hortelano). La intención del gobierno es subastarlas o asignarlas. En este caso los beneficiarios no sólo serían los actuales operadores (Claro, Movistar y Personal) sino que se reflotaría la idea de la operación regional (en vez de nacional), dando lugar a diversos 4° operadores, que podrían ser cableras medianas (caso Telecentro o Supercanal – el cual, dicho sea de paso, estaría en proceso de venta) o asociaciones de cooperativas y/o PyME. El objetivo manifiesto es mejorar el servicio y favorecer la competencia.

En definitiva, este proyecto de ley puede ser visto como un remiendo a los desaguisados anteriores (como prohibición de DTH o asignación del espectro a Arsat) y suma la compartición de infraestructura, que no será sencilla de implementar. Más allá de algunas objeciones posibles, se trata de un avance en la dirección correcta. No obstante, asumiendo su aprobación (con o sin modificaciones sustanciales), la clave, como siempre, estará en las reglamentaciones de los ejes presentados. El diablo está en los detalles.

(*) Definición un poco más abarcativa de infraestructura pasiva: Elementos accesorios que proporcionan soporte a la infraestructura activa (todo lo que esté energizado), tales como bastidores, cableado subterráneo y aéreo, canalizaciones, construcciones, ductos, obras, postes, sistemas de suministro y respaldo de energía eléctrica, sistemas de climatización, sitios, torres y demás aditamentos, incluyendo derechos de vía, que sean necesarios para la instalación y operación de las redes, así como para la prestación de servicios de telecomunicaciones y radiodifusión.

¿Cuándo llega el 5G?

Con la repercusión mediática que tuvo el MWC 2018, donde 5G fue uno de los temas dominantes, en los últimos días en Argentina esta pregunta se realizó insistentemente. Se pueden aventurar fechas: 2020 dicen algunos, 2022 otros, no sabe/no contesta la mayoría. Es que la llegada de 5G implica no sólo un formidable esfuerzo en materia de infraestructura, sino que también significará un cambio profundo de modelos de uso, tanto para la oferta como para la demanda de estos servicios.

Desde el punto de vista de infraestructura, las demandas no son menores. Y menos en un país con la extensión de Argentina (la 8° a nivel mundial), donde todavía ni el 3G ni el 4G llegaron a todos los rincones. Partiendo de lo más básico que es el espectro, todavía no hay definiciones. No sólo a nivel local, sino también internacional. Se sabe que harán falta frecuencias altas, pero es algo que no está aún armonizado, por lo que los países que están avanzando rápidamente en el tema están definiéndolas por su cuenta. Por ejemplo, EE.UU. ya está trabajando en 3.5, 24 y 28 GHz. Acá el tema es estudiado, aunque aún no hay definiciones. Y hasta tanto esto no ocurra, no habrá asignaciones (sin importar la metodología a utilizar).

Las frecuencias altas son las que permitirán los grandes anchos de banda que la 5G promete, hablándose de 1Gbps o más. Pero de nada sirve tener 1 Gbps en la radio (en el aire) si al llegar a la antena se produce un cuello de botella al ingresar a la red cableada. Por eso es importante, sino fundamental, una fuerte penetración y capilaridad de la fibra óptica, que hoy araña el 5% del total. Queda en claro que hay mucho camino por recorrer todavía en esta materia.

Pero más allá de la infraestructura, condición sine qua non, hay algo igual de importante, aunque mucho menos mencionado, y es la disponibilidad de nuevos dispositivos (no ya smartphones) y, fundamental, el surgimiento de nuevos modelos de uso de éstos. Lo que hay que entender es que en 5G no se trata tanto de usar smartphones a mayor velocidad sino principalmente de poder conectar un número de dispositivos exponencialmente mayor al de los smartphones actuales, cada uno con requerimientos particulares (ancho de banda, latencia, consumo energético, etc.). Básicamente, es la plataforma para la Internet de las cosas (IoT). Esta propiciará la multiplicación de sensores, maquinaria, electrodomésticos, vehículos de todo tipo (terrestres y de los otros), postes de alumbrado, tachos de basura y todo lo que uno imagine que se pueda conectar. Esto requiere también de ejercicios de creatividad para dar con nuevos modelos de uso y de su adopción por individuos, empresas y Estados.

No obstante, es importante destacar que por lo observado en el MWC 2018, la industria móvil ha comenzado a recorrer este camino, presentando prototipos de usos de la tecnología que permiten vislumbrar una verdadera revolución en los años por venir, tanto en el hogar como en la empresa y la ciudad. Algo que en ediciones anteriores no resultaba tan evidente. El ritmo entonces estará marcado por la capacidad de la demanda de aprehender el potencial de este nuevo escenario. Hasta que esto no ocurra, 5G será tema de conversación en la industria, quizás también en los medios, pero estará lejos de ser una realidad cotidiana.

Jugando de local

Es lógico que con el MWC desarrollándose en España (por más que a algunos catalanes de Barcelona esto no les cause mucha gracia), Telefónica tuviera muchas cosas para mostrar.

En el marco de este evento Telefónica anunció el lanzamiento de Aura, que ya está presente y operando en España, Alemania, Reino Unido, Brasil y Chile además de Argentina. En pocas palabras, Aura es una combinación de big data, inteligencia artificial, inteligencia cognitiva y reconocimiento de voz que apunta a simplificar la interacción del cliente con la compañía y sus servicios.

Aura tiene acceso a la red física, los sistemas informáticos y los servicios ofrecidos, pudiendo actuar sobre ellos y modificarlos a voluntad del cliente, quien puede hacerlo a través de interfaces de voz, tanto desde una app del celular como a través de dispositivos de uso específico (al estilo del Amazon Echo). Quien sea cliente de Movistar en Argentina puede usar Aura desde la app Mi Movistar. Actualmente, las funcionalidades son limitadas y varían según los países en función de los servicios disponibles en cada uno de ellos, pero la intención es que con el correr del tiempo todas las funcionalidades de Aura estén disponibles en todos los mercados.  Para una explicación más profunda y sesuda, se recomienda este artículo. Para tener una idea rápida y visual, con usos cotidianos, se sugiere este video que está centrado en servicios que ofrece hoy Movistar en España pero que, con el lanzamiento de su servicio de televisión en Argentina (previsto para después del Mundial de Fútbol), también se replicaría eventualmente  en nuestro país. Localmente, por el momento la interacción con Aura está circunscripta al servicio móvil.

Otro anuncio interesante por parte de Telefónica fue el de su iniciativa “Internet para Todos”. En asociación con Facebook, y como parte de su TIP (Telecom Infra Project), se trata de un proyecto colaborativo para conectar a los no conectados en Latinoamérica, estimados en unos 100 millones de personas viviendo en áreas de difícil despliegue de redes tradicionales. La idea es trabajar sobre modelos de conectividad que permitan un desarrollo de redes más rentable, basadas en tecnologías abiertas y recurriendo inclusive a la utilización de globos y zepelines alimentados a energía solar para llevar conectividad en zonas remotas y con población de menores recursos, compatibles con un ARPU de US$ 6. El modelo incluye además la asociación con pequeños operadores locales bajo el modelo de revenue sharing. En Perú ya han conectado a 20.000 personas con tecnologías no tradicionales.

Un dato que no hay que soslayar es el cambio de actitud de Telefónica hacia los gigantes de Internet como Google y Facebook. Mientras que la anterior gestión los combatía abiertamente (sin éxito, por cierto), la actual ha decidido claramente asociarse con ellos. Así, Telefónica colabora con Facebook en la iniciativa Internet para Todos y usa su Messenger como canal de interacción de Aura en Chile. Adicionalmente, Aura también se basa en la plataforma de reconocimiento de voz de Google Assistant. Como si todo esto fuera poco, se espera que en España comience a ofrecer los contenidos de Netflix a sus clientes de TV. De hecho, en el stand de Telefónica en el MWC se escuchó: “Para ir rápido, ir solo. Para llegar lejos, ir acompañado”. Los tiempos han cambiado…

El modelo 5G

La semana pasada tuvo lugar el 5G Americas Analysts Forum, un evento organizado por 5G Americas que convocó a 80 analistas del mercado de las telecomunicaciones de diversos países. El evento sirvió para tomar el pulso del desarrollo de esta nueva tecnología (aún no estandarizada) que tanto entusiasma a proveedores pero que aún genera ciertas dudas por el lado de los operadores.

Más allá de abrir la puerta a una infinidad de nuevos usos, la clave del 5G tiene que ver con una eficiencia espectral que, afirman, es 3,5 veces mayor que la de 4G. Esto permite bajar notablemente el costo por bit, generando ahorro de costos. No obstante, este ahorro sólo es posible de lograr luego de importantes inversiones, estando allí el meollo de la cuestión.

Siendo un poco más amplios, se puede afirmar que el 5G se basa en 3 pilares que son: una banda ancha potenciada (con capacidades del orden de los Gbps), una mayor confiabilidad con baja latencia y posibilitar las comunicaciones entre máquinas a escala masiva. Estas características permiten pensar ya seriamente en nuevas oportunidades en rubros como el transporte (para vehículos de conducción autónoma), energía (a través de redes inteligentes o Smart grids) y urbanismo (habilitando el desarrollo de ciudades inteligentes), entre otros.

Más allá de las bondades técnicas esperadas, la llegada de 5G abre un debate en la industria. Si bien la tecnología 5G da lugar a nuevos escenarios con nuevos usos, también requiere de una alta inversión en infraestructura. La misma está compuesta no sólo en la nueva electrónica a instalar en las redes sino también en la necesidad imperiosa de tener conectadas las antenas a redes fijas de alta capacidad para que éstas últimas no se transformen en un cuello de botella. Esto implica la necesidad para las telcos de amplios despliegues para aumentar la capilaridad de la fibra óptica. En este sentido, los operadores de redes de TV por cable tienen una ventaja, ya que pueden utilizar sus cables coaxiles (de gran capacidad) como backhaul tanto de microceldas como de picoceldas. Los altos niveles de inversión exigen entonces la existencia de casos de negocio que los justifiquen.

En el desarrollo de 5G, los reguladores juegan un rol fundamental. Es que las decisiones en relación con la forma de otorgar el espectro pueden complicar o facilitar la ecuación de los operadores. La industria en general aboga por dejar de ver al espectro con fines recaudatorios para verlo como un facilitador. En este sentido, los modelos del estilo “concurso de belleza” (donde obtiene el espectro quien propone mejores planes de cobertura y de tecnología) son preferidos, ya que todo el dinero invertido va directamente a la red (aunque algunos critican este mecanismo por ser más subjetivo). Por otra parte, el regulador debe proponer un claro roadmap del espectro, tanto en la determinación de las bandas a utilizar como en el tiempo en que se pondrán a disposición. Así facilitará la planificación de los operadores, no sólo en materia de despliegue físico de la red sino también para su financiación.

Yendo al caso específico de Latinoamérica, el desarrollo de 5G implica desafíos adicionales. No es lo mismo para un operador invertir en infraestructura cuando el ARPU (ingreso promedio por usuario) es de US$ 60 mensuales, como en el caso de EE.UU. que cuando el mismo oscila entre los US$ 5 a 15 mensuales, como es el caso de esta región. (Comentario al margen, durante la reunión el chiste era que el ARPU del IoT hace que el de Latinoamérica se vea atractivo…). Con estos números, el necesario despliegue de fibra óptica para soportar las capacidades de 5G dificulta el retorno sobre la inversión. A su favor, la región tiene la característica de concentrar altos porcentajes de su población en pocas ciudades, aunque esto termina generando que haya bolsones de cobertura antes que una cobertura total. Por lo tanto, se estima que en Latinoamérica habrá un mayor desarrollo basado en tecnologías LTE que permitirán llegar a lo que se denomina 4.9G, una red 4G con muchas características que se acercan a las de 5G, aunque sin sus requerimientos de inversión. En estas tierras habrá un mayor foco en bajar costos que en tener una capacidad apta para nuevos negocios que prometen nuevos ingresos. En otras palabras, la transición a 5G será más larga que en mercados de mayor valor.

Recapitulando, la industria está frente a un escenario que es muy distinto a los previos. Ya no se trata de conectar personas sino objetos, multiplicando exponencialmente entonces los dispositivos a conectar. La adopción de 5G llevará más tiempo que el requerido en su momento por 3G o 4G. La pregunta no es si sucederá sino cuándo o cuán rápido. Pero en la extensión de estos tiempos estará la esencia del contrapunto entre CTO y CFO de los operadores. El mercado no está para repetir el viejo axioma: “Build it and they will come”.

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