'Medios'

TV social

Hasta no hace mucho tiempo atrás, ver TV era una experiencia solitaria o a lo sumo limitada al resto de quienes compartían el ambiente donde este dispositivo estaba ubicado. Pero con las herramientas de comunicación esto está cambiando. Ver TV se está convirtiendo en una experiencia social. Esto surge del informe “Usuario online – 2013” recientemente publicado por Carrier y Asociados.

Prácticamente 1 de cada 5 usuarios de Internet comenta contenidos de TV mientras los ve. Esta relación es más alta entre aquellos que se conectan principalmente por sus celulares, donde supera al 1 de cada 3. Sin dudas la conveniencia y disponibilidad de un dispositivo apto al alcance de la mano facilita mucho la interacción.

La “socialización televisiva” se da con más frecuencia vía Facebook (61% de los que comentan), bastante lejos de los mensajeros instantáneos (36%) y los mensajes de texto (26%). Los últimos son más utilizados en la medida en que desciende el NSE, a la inversa de lo que sucede con Twitter, que llega al 31% de los ABC1.

Resulta interesante observar que existen grandes diferencias en cuanto a la herramienta de comunicación en función del factor generacional. Mientras que Facebook y mensajeros instantáneos son las elegidas por los nativos, lo propio ocurre con los SMS y la voz en el caso de los inmigrantes senior (mayores de 50 años).

Visto por sexo, existe una tendencia marcadamente más clara en el caso de las mujeres a utilizar Facebook que en el caso de los hombres (67% a 51%), tendencia que se invierte cuando la herramienta elegida es el mensajero instantáneo (31% a 43%).

Este nivel de socialización marca la importancia que tiene para los distintos programas de TV el hecho de publicar direcciones de Facebook, usuarios de Twitter o hashtags para no sólo generar más audiencia sino también más involucramiento de ésta con el contenido.

Convivencia pacífica (por ahora)

Decir que en Argentina la penetración de TV paga (por cable o satélite) es altísima, no es ninguna novedad. Por eso no sorprende que el 88% de los usuarios de Internet cuenten con este servicio en sus hogares. De éstos, aproximadamente 1/3 contratan algún servicio adicional al básico (digital, HD, On demand), relación que crece en la medida en que lo hace el nivel socioeconómico (NSE). Pero está claro que Internet es cada vez más una variante a la hora de acceder a determinados contenidos (como películas y series) y la gran pregunta es si sustituye o complementa.

El streaming (ver el contenido mientras se va descargando, caso Cuevana) es la forma más popular de consumir video a través de Internet. Se trata de una alternativa atractiva porque es gratuita (aunque su legalidad sea cuestionada), si bien su calidad presenta irregularidades. No obstante, es una práctica realizada por el 30% de los usuarios, valor que se mantiene en niveles similares a los de un año atrás. Pero de éstos, 1 de cada 3 lo hace en forma cotidiana. Así, el streaming se está convirtiendo para muchos en un equivalente a ver TV. Los segmentos más activos son los niveles socioeconómicos bajos así como la generación de nativos. Esto surge del informe “Usuario online – 2013” recientemente publicado por Carrier y Asociados.

Por otra parte, alternativas tipo OTT, como Netflix, Arnet Play u On Video, están ganando terreno. Se basan en modelos pagos, y si bien el contenido es transportado por Internet, no suelen presentar mayores problemas de calidad en la medida en que se utilicen sobre una conexión que cumpla con los requerimientos básicos. Un 9% de los usuarios consume video bajo este formato, lo que equivale a unos 500 mil hogares. Sin dudas, Netflix es el servicio más popular, siendo utilizado por 2/3 de los que consumen servicios de video sobre Internet. Por ahora, no impacta en la contratación de TV paga, ya que la penetración de estos servicios es similar entre aquellos que cuentan con el servicio y aquellos que no.

Conviene aclarar que en el caso de Netflix, no necesariamente todos sus usuarios son abonados. Más allá del mes gratuito de prueba que ofrece el servicio, no son pocos los casos de usuarios compartidos. Esto sucede porque una misma cuenta puede acceder al servicio desde distintos dispositivos. Independientemente de esto, y considerando cómo están mutando los hábitos, especialmente en las generaciones más jóvenes que hoy ingresan en la vida adulta y toman sus propias decisiones de consumo, el escenario de la TV paga se presenta cambiante, con una clara tendencia a disociar contenidos de red de transporte. Algo que nuestra ley de medios trató como un todo. Su punto más criticable desde una perspectiva tecnológica.

Linkeando

Milisegundos que valen millones: Si bien muchas veces las empresas prestan más atención a la disponibilidad de sus conexiones de datos, en algunos casos la latencia es la diferencia entre ganar o perder. Tal el caso de los agentes de bolsa. [Blog CMT]

“Piratería” del streaming: Los servicios OTT de streaming de video enfrentan un problema inédito para esta actividad, el uso de múltiples cuentas. Por ahora, no los inquieta. Por ahora. [New York Times]

¿Cada uno a su casa?: Falta de sinergias, pérdidas. Algunas de las razones detrás de una rumoreada salida de Telefónica de Telecom Italia. En Argentina al menos, le solucionaría algunos problemas. [Bloomberg]

La tercera ola de la TV

Si bien la transmisión de contenido televisivo por Internet no es nueva, en las últimas semanas diversas noticias permiten adelantar que, superados los primeros pasos, se está definiendo esta nueva etapa en un medio que no muere sino que se transforma. Podría hablarse de una tercera ola, donde la primera fue la original, donde la TV era abierta y gratuita (como sucede hoy con los canales de aire), la segunda, donde el contenido comenzó a viajar por redes cerradas y hubo que comenzar a pagar (caso cable o satélite) y la tercera que es una fusión, con el contenido viajando por redes abiertas (Internet) pero donde el contenido es pago (caso Netflix).

Cuando de la mano de YouTube el video online comenzó a crecer, se pensaba que se estaba frente a un nuevo concepto de la TV: contenido amateur y de corta duración. Pero finalmente no fue este el camino de la TV sino que podría decirse que es un género nuevo, que no desplaza a la TV tradicional. Así, mientras la industria tradicional de la TV se escudaba detrás de esta diferencia, comenzaron a surgir nuevos competidores, aggiornando su modelo pero respetando el formato tradicional. El más emblemático de todos resultó ser Netflix que ofrece contenidos tradicionales pero a través de metodologías de consumo propias de Internet: bajo demanda. Ciertamente no es el único, y de hecho localmente hay otras ofertas, como Arnet Play, On Video, etc. No obstante, el problema para la oferta, desde una perspectiva de competencia, es lograr diferenciarse: los contenidos son producidos por terceros y no abundan los contratos de exclusividad.

Con este escenario en mente, Netflix acaba de dar un paso más allá, lanzando “House of cards”, su primera serie de producción propia. No sólo intenta emular a HBO. También conscientes de que el consumo es distinto en Internet que en la TV tradicional, en el momento del lanzamiento de la serie no sólo estaba disponible el primer capítulo sino la temporada completa. Otra diferencia está en el marketing, el cual no está basado en grandes movidas de comunicación (como publicidad), sino en el uso de las bases de datos de sus usuarios, utilizando la información sobre qué tipo de contenido ven, con qué actores, de qué directores y otras variables para mejorar las chances de éxito de su producto.

Otro que apuesta a nuevos modelos es Microsoft, quien trabaja en producir programación de TV interactiva para su servicio Xbox Live. La interacción se llevará a cabo a través de su tecnología Kinect (la misma utilizada para sus videojuegos). El objetivo es lanzarlo durante el presente año.

Hay otros que apuestan por el hardware, como se viene esperando/rumoreando desde hace años ya con Apple o más recientemente Intel, que busca una forma de mantener el crecimiento que el mercado de PC ya no le da con una combinación de hardware y servicio. Todo esto sin dejar de lado la tendencia a que los contenidos puedan ser reproducidos fluidamente en dispositivos tanto fijos como móviles.

Pero en definitiva, la clave de la TV está en los contenidos. Y éstos, en su formato tradicional aunque con un delivery actualizado, siguen siendo quienes hacen la diferencia. La clave es y será cómo monetizarlos, sea por abonos, reventa o publicidad o alguna otra forma aún no establecida. Como tanto se repite en la industria, “content is king” (el contenido es rey), y no parece que este vaya a abdicar, por más novedades que el mundo del hardware pueda introducir.

Signados por el funambulismo

Una de las características del año que termina en materia de telecomunicaciones fue la relación de cierta tensión (bien disimulada y atenuada) entre el gobierno y operadores, particularmente en el caso de los móviles.

El año arrancó con incertidumbre entre los operadores ante la existencia de borradores en el Congreso para declarar a las telecomunicaciones móviles como servicio público, lo que implicaría, entre otras cosas, que se pudieran fijar las tarifas. Hasta ahora, ninguno prosperó, pero es una amenaza que sigue dando vueltas.

Luego ocurrieron dos caídas del servicio, una de Movistar bastante importante y más tarde una de Claro más localizada en el área metropolitana de Buenos Aires. Ambas tuvieron como consecuencia duras sanciones por parte del Ministerio de Planificación. Sanciones muy severas considerando que ninguna de las caídas del servicio se debió a problemas de la red por falta de inversión sino a un sabotaje de un ex empleado (Movistar) y a un corte producto de una obra pública (Claro). El tenor de las sanciones se daba muestras de un endurecimiento en la relación Gobierno-Operadores.

Todo esto sucedía mientras se repetían las postergaciones de la licitación del espectro devuelto por Movistar como consecuencia de la fusión entre Movicom y Unifón. Cuando finalmente parecía que se iba a determinar quiénes serían los técnicamente habilitados para participar de la subasta, el Gobierno sorprendió a todos anunciando que se reservaría esta porción del espectro para sí, otorgándoselo al operador estatal Arsat.

Esto se dio en un año en que el gran crecimiento del consumo de datos por las redes móviles ejerció una notable presión sobre su capacidad técnica en su actual configuración. El resultado fue una degradación en la calidad del servicio que no pasó inadvertida. Situación que hizo reflotar, aunque con intermitencias, las voces que reclamaban una mayor regulación sobre el sector.

Tampoco los fabricantes permanecieron al margen del rigor gubernamental. Tal fue el caso de la exigencia de proveer terminales con capacidad para sintonizar la TDT, que se hizo extensiva a los operadores para incluirlos en su oferta. Si bien Samsung y Motorola fueron los primeros en satisfacer esta demanda, se trata claramente de una movida que difícilmente se hubiera realizado de no haber mediado el pedido. La TV en el celular fue una iniciativa que despertó mucho interés en la industria a nivel global varios años atrás, pero que después fue perdiendo ímpetu ante la evidencia que el formato de broadcasting no es el que mejor se adapta a las condiciones de movilidad, a lo que se sumaron limitaciones técnicas, como el alto consumo de batería que afecta no sólo al uso de TV sino también al del equipo para su función primordial que son las comunicaciones.

Dentro de las medidas que tomó el Gobierno en relación a las telecomunicaciones móviles, hay dos que pueden ser consideradas como pro competencia. Una fue la implementación de la portabilidad numérica y la otra la creación de Libre.ar como operador mayorista de servicios de telefonía móvil. En el caso de la portabilidad, los resultados por el momento no fueron muy significativos. No obstante, el valor de esta medida podrá ser más relevante una vez que Libre.ar habilite a nuevos operadores a dar servicios. Sin embargo, este escenario no está aún muy definido, tal como se analiza en el comentario “Movilidad al mayoreo”.

Por el lado de las redes fijas, no hubo mayores novedades con la excepción del affaire Clarín-Ley de Medios. Si bien por el momento no hubo impacto en las redes como consecuencia del laberinto judicial en que se encuentra la aplicación de la ley, no obstante no deja de ser una amenaza no ya para el Grupo Clarín sino para el futuro de la conectividad en el país. La regulación de los contenidos merece ser independiente de la de las redes de transporte y distribución, algo que venimos sosteniendo desde la aprobación de la ley pero que sólo recientemente, con la amenaza concreta de desinversión, muchos comenzaron a percibir: es imposible escindir el servicio de TV por cable de su red de distribución. Independientemente de la postura que se tenga respecto del grupo mediático o del gobierno, se hace evidente que la ley genera una asimetría artificial entre redes de cable y de telecomunicaciones que a los efectos prácticos y de los servicios que pueden ofrecer, son semejantes.

En resumen, el 2012 trajo un Estado mucho más activo en el mercado de las telecomunicaciones. En algunos casos como regulador, rol hasta ahora tradicional aunque no muy ejercido, y en otros, como actor. Con buenas y malas, pero sin duda con una presencia cada vez más notoria.

Caminos divergentes

Desde que era un proyecto, luego de su sanción, y más recientemente por la aproximación hacia la simbólica fecha del 7D, mucho es lo que se ha hablado y discutido respecto de la ley de medios. Pero el debate pasa más por la política de coyuntura, el espíritu de la misma y su cumplimiento, olvidándose que impacta sustancialmente en el desarrollo de las redes de telecomunicaciones, infraestructura básica del siglo XXI y que se acerca a ser tan relevante como la electricidad.

Desde esta perspectiva, hay una crítica fundamental a la ley y que es la no discriminación entre red y contenido, habida cuenta de que son cada vez más independientes de la red que los transporta, situación que sólo se acentuará con el tiempo. Hoy con una conexión de Internet podemos realizar llamadas, tanto desde una red de banda ancha fija como móvil, utilizando servicios que son ajenos al operador (como es el caso de Skype u otras aplicaciones). También se puede ver TV en vivo (bajo formato de streaming) o bajo demanda, de forma totalmente independiente del proveedor del servicio de Internet que transporta este contenido. Los servicios ya no son exclusivamente los propios de la red sino también aquellos conocidos como OTT (Over The Top).

Esto no fue siempre así. En el mundo analógico, red y contenido eran una misma cosa. En ese entonces, una red de TV cable sólo podía transportar video, mientras que una red telefónica, voz. Así, la regulación de una actividad determinada no necesitaba distinguir entre red y contenido. Pero esto cambió con la conversión de estas redes a digitales, que agregaron la capacidad de transportar datos eficientemente. Y datos es todo: es texto, es audio, es video. En consecuencia, cualquier red digital puede transportar cualquier tipo de contenido. No hay diferencia entre lo que la red de un operador de cable puede hacer respecto de la de una telefónica. No obstante sí la hay desde la ley de medios. Mientras a las redes de cable les impone límites de licencias (24) y participaciones de mercado (35%), las redes de telecomunicaciones operan con una licencia única y no tienen límites de cuota de mercado. Por su parte, las empresas de telecomunicaciones no pueden distribuir señales de TV, cosa que obviamente hacen las redes de TV cable. En resumen, regulando en forma diferenciada redes que son cada vez más difíciles de distinguir, surgen las asimetrías. Todo esto termina afectando a la sociedad en su conjunto, ya que en el mundo moderno las redes digitales son infraestructura básica para la sociedad y la economía. Cualquier política que busque acotarlas va a contramano de las necesidades del país.

Reducir la cobertura y/o participación de mercado de una red puede sonar como beneficioso para los usuarios, pero no necesariamente es así. Una empresa (de cable según la visión actual de la ley) que alcanza uno o ambos topes ya no invierte en la expansión de su red. Y así, la competencia (y sus beneficios) se centra en las áreas más rentables, mientras que las otras en el mejor de los casos son atendidas por operadores de una escala menor y por lo tanto con mayores costos por ser más ineficientes. O si no, se deja en manos del Estado.

A diferencia de otras infraestructuras de base, en el caso de las telecomunicaciones es posible (y aconsejable) fomentar la competencia entre diversas redes. Esto se debe a que se trata de una de las pocas infraestructuras que puede ser redundante por solapamiento geográfico (como sucede con el ADSL, cable, fibra óptica, inalámbrica, móvil), cosa que no sucede con electricidad, agua o gas, donde no hay opción ni alternativa viable (a menos que consideremos como tal a generadores, tanques o garrafas). Esta posibilidad única de superponer infraestructuras de comunicaciones da lugar, con la regulación adecuada, a una mayor competencia, manteniendo los precios a raya e incentivando nuevos desarrollos.

Lamentablemente, lo que tenemos hoy es una regulación que discrimina en función del origen de la red. Lo que una red pueda legalmente hacer depende entonces del ámbito en el cual se tramitó la primera habilitación, el COMFER (hoy AFSCA) para los operadores de cable o la Secretaría de Comunicaciones para empresas de telecomunicaciones. Visto así, es inconcebible que la Secretaría de Comunicaciones aún no se haya hecho oír en el asunto.

El mundo tecnológico está cambiando aceleradamente y esto sólo se acentuará en el futuro. Hay que regular red y contenidos con instrumentos específicos. Y considerar en similares condiciones a todas las redes, independientemente de su origen, aunque previendo transiciones programadas que amortigüen las diferencias de peso que sin dudas las hay.

A pesar de que prácticamente nada se habla de esto, el rol de las redes es un debate clave que tenemos que encarar como país en pleno siglo XXI. Será necesario despojarse de fanatismos e irracionalidades para abordar el tema con la seriedad y relevancia que tiene para el desarrollo nacional en las próximas décadas. No sea cosa que se nos escape el tren.

Comercial bizarro

Algunas de las personalidades que emergen de la viralidad de Internet tienen sus oportunidades para acciones comerciales. Tal es el caso de la conocida “novia demasiado apegada” que fue utilizada por la división de almacenamiento de Samsung para promover sus productos. La chica es muy convincente. Nótese que casi no pestañea. Freaky.

TDT móvil

Esta semana el gobierno nacional convocó a operadores de telefonía móvil y fabricantes de dispositivos (no a las marcas) con el fin de instarlos a presentar planes para ofrecer celulares que sintonicen TDT. Si bien la tecnología adoptada por Argentina contempla en forma nativa su utilización desde equipos móviles, la incorporación de ésta en los celulares no está exenta de desafíos.

El pedido presenta obstáculos para la fabricación por diversos motivos. Desde el punto de vista estrictamente técnico, no es sencillo agregar la electrónica necesaria para sintonizar TDT (chips y antena) a un equipo que no fue diseñado para ofrecerla. No sólo por las dimensiones de los equipos actuales (donde no sobra el espacio físico) sino también porque los convocados son fabricantes, no diseñadores. Amén de esto, habría que ver si en sus contratos de fabricación están autorizados a alterar los diseños originales. Así, la opción lógica sería producir en el país modelos que ya hubieran sido diseñados originalmente para incorporar esta capacidad. Pero esto dejaría de lado no sólo a los modelos existentes sino también a la gran mayoría de las marcas que operan en el país. Es más, quizás exija la fabricación de modelos de marcas que no operan actualmente a nivel local.

Por otra parte, y desde una perspectiva más práctica, un celular reproduciendo TDT vería como su batería se evapora en poco tiempo, al necesitar energía para mantener el flujo constante de información así como para alimentar la pantalla del dispositivo, uno de los componentes más demandantes en términos de energía de un celular.

En cuanto a los hábitos, por más atractivo que resulta desde el punto de vista tecnológico poder ver TV en el celular, el modelo de broadcasting de la TDT va en contra de las tendencias en el consumo de video: amplia variedad de contenidos y consumo bajo demanda. Ninguna de estas posibilidades las puede ofrecer la TDT. Se trata de una forma de transmisión que no es la más indicada en situación de movilidad.

La prueba de lo difícil del matrimonio entre la TV y los móviles está en que así como unos años atrás la industria apostaba algunas fichas a la TV móvil, hoy, y luego de varias experiencias fallidas, es un concepto que junta polvo en el arcón de las causas perdidas.

Dicen que la política es el arte de lo posible. En este caso, se necesitará de muchísimo arte.

Socialización móvil

En los últimos tiempos, no hay dudas de que las redes sociales fueron una de las grandes vedettes en el consumo de tecnología a nivel global. Facebook con unos 900 millones de usuarios a nivel mundial, Twitter por los 500 millones. En Argentina, estas cifras se ubican en 19 y 3 millones de usuarios respectivamente [ver “Hipersociales” para más detalle]. Está claro que esta popularidad no se circunscribe al mundo PC. De hecho, Twitter fue concebido para ser utilizado desde celulares, mientras que Facebook cuenta con casi la mitad de sus usuarios accediendo desde el móvil.

Argentina no se mantiene al margen del fenómeno del uso de las redes sociales desde el celular. Un 37% de los usuarios de Facebook ingresan desde el móvil (unos 7 M de personas), mientras que el porcentaje es más alto en Twitter, alcanzando el 47% (aunque equivale a 1,4 M de personas). Esto surge del informe “Uso de redes sociales en Argentina” recientemente publicado por Carrier y Asociados.

Con las redes sociales está ocurriendo lo que de alguna forma ya sucedió con la telefonía. Así como hoy nadie concibe la idea de tener que llegar a su hogar, lugar de trabajo o cualquier otra ubicación fija para realizar una llamada telefónica, lo mismo sucede con Internet en general y con las redes sociales en particular. Hay una tendencia creciente a no querer “salir de la red” mientras se está en movimiento o lejos de una PC. A esto hay que sumarle que no son pocos los casos de empresas u otras organizaciones que restringen el acceso de sus empleados a Facebook en particular. Así, muchos encuentran en el celular la forma de no quedar excluidos de la red durante el horario laboral. Por otra parte, hay que considerar que la función chat de Facebook está desplazando al Messenger como plataforma de mensajería instantánea híbrida fijo/móvil, que permite estar en contacto también con quienes no acceden desde un celular, a diferencia de lo que sucede con Whatsapp o BBM. Esto ocurre particularmente en los segmentos más jóvenes.

De esta forma, el uso de Facebook (y de su chat), se convirtieron desde hace unos meses en fuertes impulsores de la demanda por smartphones y socialphones, siendo esta la aplicación de Internet más popular entre los usuarios de celulares.

Desde una perspectiva más general, estas cifras confirman la gran oportunidad que presenta la movilidad para Facebook si bien, hasta el momento, la empresa no ha logrado desarrollar una forma de monetizar a sus usuarios que crecientemente ingresan vía celular. Casi como estar sentado sobre un mar de petróleo pero no encontrar la forma de extraerlo…

Viabilidad técnica vs. viabilidad económica

Esta semana el gobierno nacional resolvió dejar sin efecto y reformular el concurso público para la adjudicación de señales de televisión digital abierta (TDT en la jerga). Si bien oficialmente reconocieron que las condiciones para la adquisición de pliegos así como de la operación misma eran demasiado exigentes para el sector no comercial (Estados provinciales, universidades públicas y organizaciones sin fines de lucro), no hubo ninguna mención a un problema de fondo: cómo se financiarán. Esto aplica también al sector comercial.

Una de las características de la TDT, más allá de la calidad de la transmisión digital, es que permite la multiplicación de la oferta de canales de aire por un factor de entre 4 y 5 según los expertos en materia técnica. Esta mayor capacidad si bien es atractiva en términos de la multiplicación de voces, tiene el inconveniente de una mayor dificultad de financiación.

Básicamente, existen tres formas en que estos nuevos canales podrían financiarse: la clásica publicidad, el subsidio por parte de sus propietarios o la venta de los contenidos generados (o cuyos derechos se detenten) a terceros. Empezando al revés, la venta de los contenidos es un negocio complejo, más aún si éstos tienen un alto componente local. Habría que producir una cadena de éxitos para financiar simultáneamente su producción y al canal de manera sostenida en el tiempo. El subsidio de los propietarios dependerá de que éstos cuenten con una caja abundante. No parece ser la situación hoy de la mayoría de las provincias, ni de las universidades públicas. En el caso de las organizaciones sin fines de lucro, esos fondos, dependiendo de los casos, podrían aplicarse de manera más eficiente al objetivo primario. Queda entonces la publicidad, alimento básico de los canales de TV (especialmente los privados).

El principal problema de la publicidad en la actualidad es que los comensales crecen a un ritmo muy superior al de la torta. Es que los presupuestos en publicidad no varían a la par de la oferta de medios donde anunciar, sino en función del negocio, y en líneas generales lo hacen al ritmo de la evolución de la economía. Visto así, queda claro que la masa publicitaria no puede multiplicarse por 4 ó 5 en cuestión de meses.

A esto hay que agregarle otro factor, que es la difusión de la TDT como plataforma. Sobre 11 millones de hogares en Argentina, 8,5 contratan un servicio de TV paga (cable o satélite), mientras que a marzo de este año el gobierno había entregado un millón de decodificadores de TDT (lo cual no asegura que estén todos en uso). Si a esto le agregamos la dispersión geográfica y de canales (la mayoría de éstos locales), resulta claro que el mercado de TDT es mucho menos relevante para el anunciante. La cosa no promete resolverse en el corto plazo, ya que todavía son más los televisores nuevos que no incorporan la capacidad para sintonizar la TDT que los que lo hacen. Así, por más que el gobierno invierta mucho en la infraestructura para transmitir las señales, si no hay receptores, de poco sirve.

En definitiva, se trata de una asimetría entre lo que se desea que sea y lo que la realidad del mercado marca. A cada uno el mercado puede gustarle más o menos. Lo que no se puede hacer, es ignorarlo.