'Medios'

TV Celestial

Cuando sólo faltan cuatro meses y medio para que comience (parcialmente) la convergencia en Argentina, el anuncio de la fusión entre Cablevisión y Telecom alteró el tablero y el balance de poder. De esta forma, reavivó la demanda de las telcos en relación con que se les permita ofrecer TV satelital.

Cuando se volvió a establecer el impedimento para que las empresas de telecomunicaciones ofrecieran servicios audiovisuales (léase TV) a través del DNU 267 del 2015, la lógica manifiesta detrás de la decisión era la de dar un período de tiempo para “nivelar la cancha” y permitir que los cableros a lo largo y ancho del país tuvieran tiempo de adaptarse a un mercado que se volvería mucho más competitivo. Este impedimento se extendería hasta enero de 2018 (fecha no especificada inicialmente).

Lo que no tendría fecha de vencimiento es la prohibición de que el servicio de TV fuera ofrecido con tecnología satelital por parte de las telcos. En este caso, la motivación era obligar a las telcos a invertir en infraestructura terrestre, más particularmente en fibra óptica. Se pensaba (y algunos todavía piensan) que se puede operar indefinidamente con una red ADSL que en el mejor de los casos ofrece 20 Mbps y que no está disponible para la totalidad de los clientes. Teniendo en cuenta los cambios de hábitos en el consumo audiovisual, con la relevancia creciente de los OTT y su forma de acceder a los contenidos, ningún operador de telecomunicaciones puede darse el lujo de no tener una red capaz de ofrecer esta experiencia. Esto es algo que la TV satelital, netamente de broadcasting, no puede igualar y es la razón por la cual DirecTV intenta desarrollar una red terrestre de banda ancha. Visto así, resulta evidente que arrancar con el satélite es claramente una estrategia de transición hasta tener desplegada una red cableada de mayor capacidad.

Por otra parte, tampoco es tan fácil salir ahora a dar servicios de TV paga, en un mercado con una penetración de aproximadamente el 80% de los hogares. Si se miran las cifras de Cablevisión, el principal operador con un 39% de participación de mercado, entre junio 2016 y junio de 2017 apenas si creció un 0,3% en abonados, sumando sólo 9.000 a una base de 3,5 millones. Esto habla a las claras de un estancamiento, si se es optimista, o del comienzo de un retroceso, si se es pesimista. Y mientras tanto, Fibertel, el ISP de Cablevisión, creció un 7,7%. Por lo tanto, se confirma que pensar que alcanza con una estrategia de sumar TV satelital sin invertir fuerte en la red fija terrestre es una invitación al suicidio.

Adicionalmente, hay que tener en cuenta que la TV satelital combinada con una oferta terrestre de banda ancha sirve como paquete comercial, pero no presenta los beneficios económicos que sí implica una oferta convergente sobre una única red. En el caso de los paquetes que combinan banda ancha con productos satelitales hay dos infraestructuras en paralelo, la satelital y la terrestre, con sus correspondientes costos.

Otro de los factores que genera mucha oposición a que las telcos ofrezcan servicios de TV satelitales es la gran cantidad de cooperativas y pequeños operadores de TV por cable que hay diseminados en todo el país. Si bien esta perspectiva pone en el centro de la escena a los operadores y no a los consumidores, no se trata de un reclamo que no se pueda atender. Alcanzaría con otorgar licencias satelitales acotadas geográficamente para evitar la concentración que algunos temen.

Por lo expuesto, queda en claro que el impedimento a cualquier empresa de telecomunicaciones de proveer TV satelital es infundado y sólo limita la competencia en este servicio. Sin embargo, aunque no hubiera oposición a esta medida, eliminar esta restricción no sería algo tan sencillo de implementar. Esto se debe a que el DNU 267 mantiene la prohibición de dar servicios de TV satelital. Y como un DNU tiene fuerza de ley, sólo puede ser modificado por otro DNU o una ley. Difícilmente el gobierno quiera gastar sus cartuchos en este tema. En el mejor de los casos podría incluirse algo al respecto en la futura ley convergente.

En cuanto a reflotar acuerdos comerciales que hicieron tiempo atrás tanto Telefónica como Telecom con DirecTV (y que, en la actualidad, podría cambiarse el nombre de Telecom por el de Claro), hay opiniones divididas respecto de si se puede o no. De todos modos, apenas si son un parche considerando la duplicación ya no sólo de infraestructuras, sino también de plataformas comerciales y administrativas. Puede ser algo interesante a nivel de promoción, pero que tiene debilidades de base.

Por supuesto, los operadores de TV paga (salvo Cablevisión en su proceso de fusión con Telecom) podrán reclamar, no sin justicia, que para que la convergencia sea total y recíproca, se les debe permitir poder dar servicios móviles. Mínimamente, como OMV. Y acá nuevamente la responsabilidad primaria es del regulador, quien debe terminar de una buena vez por limpiar el espectro otorgado y poner fin así a la oposición de los operadores móviles a habilitar esta posibilidad. Esto no invalida que el gobierno siga avanzando con su política ya iniciada de otorgamiento de espectro a nivel local o regional que permitiría que estos operadores se conviertan en OMR.

En definitiva, este entuerto deja algunos puntos para tener en cuenta. El primero es que el Estado no debe tomar decisiones tecnológicas. No debe decir “podrás dar este servicio con esta tecnología”. Son decisiones que en definitiva debería ser competencia exclusiva de los operadores. El Estado debe, a lo sumo, habilitar o inhabilitar a quién dé el servicio. En segundo lugar, y ya más específicamente, la TV satelital no es una plataforma con proyección sino puramente de transición. Y si esta transición implica un beneficio para la población, no habría que descartarla. Finalmente, y vinculado al punto anterior, hay que considerar que en un mercado maduro como el de la TV paga, la incorporación de la TV satelital es más bien parte de una estrategia defensiva para retener clientes con un paquete de servicios que un arma ofensiva para llegar a nuevos consumidores.

La nueva publicidad

Esta semana hubo una interesante noticia proveniente del mercado del video online en los EE.UU. según la cual, los ingresos publicitarios del streaming en la TV (vía dispositivos conectados, consolas y Smart TV) superaron a aquellos de los provenientes de videos reproducidos a través de los navegadores de PC.

Según un informe que analiza las audiencias y su interacción con publicidades entregadas vía servicios OTT, un 58% de los hogares estadounidenses los consumen directamente desde su TV. Entre los más populares no está la utilización de las apps de las Smart TV sino de dispositivos conectados, tales como Chromecast, Roku o Apple TV.

Si bien no hay registros públicos del consumo y/o facturación de la publicidad por streaming en Argentina, sí hay información respecto de los dispositivos utilizados para su consumo. Según el informe “Internet y consumo audiovisual -2017”, realizado por Carrier y Asociados, la TV conectada (ya sea directamente en el caso de los Smart TV o a través de algún dispositivo conectado) es la opción más elegida, utilizada por el 88% de los usuarios habituales de servicios de video OTT (donde domina Netflix).

La PC aparece en segundo lugar, utilizada por el 64% de los usuarios. Luego se ubica el smartphone (38%), que permite no sólo el consumo en movimiento sino también la privacidad del consumo individual, al igual que las tablets (25%).

En definitiva, más allá de la multiplicación de pantallas, la TV tradicional sigue siendo la reina, con mayor tamaño y más confort para la visualización.

Carambola de Disney

En el marco del anuncio de la adquisición de la mayoría accionaria de BAMTech, empresa que dispone de una plataforma para proveer servicios de streaming directos al consumidor, Disney, como en el billar, hizo una carambola. Aprovechó para anunciar que lanzará un ESPN OTT y que se retirará (con todos sus contenidos) de Netflix.

En general, la parte de la noticia más elegida por los medios fue la salida de Disney de Netflix para comenzar a distribuir sus contenidos directamente al consumidor en plataforma propia. Será bajo la marca Disney y ocurrirá recién en 2019. La movida marca un hito al evitar recurrir a un intermediario como Netflix para llegar directamente a sus consumidores. Se trata de un desafío importante para Disney que servirá para determinar hasta qué punto los usuarios prefieren una oferta de contenido “monomarca” à la HBO o Fox, donde el cliente que quiere un menú más amplio debe suscribirse simultáneamente a diversos proveedores. O por el contario, una plataforma como Netflix que, aunque ha crecido mucho en contenido original (reduciendo su dependencia en terceros), concentra una oferta “multimarca” en un único punto de contacto comercial y de soporte.

Pero antes de que esto suceda, en 2018, Disney llevará adelante una movida aún más disruptiva: el lanzamiento de su plataforma de streaming de deportes bajo la marca ESPN. La misma transmitirá las ligas mayores en EE.UU. de Baseball, Hockey, Soccer y tenis de Grand Slam, entre otras competencias. No obstante, no tendrá a los dos tanques del deporte estadounidense, la NBA (básquet) y la NFL (fútbol americano). Habrá sí paquetes individuales focalizados en los principales deportes. Este es quizás el anuncio más relevante ya que los deportes en general y ESPN en particular, siempre fueron un “gancho” importante para los operadores de TV paga tanto en los EE.UU. como en el resto del mundo. Por lo tanto, la decisión de ofrecer un acceso al alternativo y desintermediado a ESPN como un servicio OTT por suscripción podría convertirse en un verdadero punto de inflexión en la evolución del consumo audiovisual.

Por su parte, Disney adquirió un año atrás el 33% de BAMTech por US$ 1,16 mil millones. En ese momento, estableció además una opción para adquirir una participación mayoritaria a lo largo de varios años. Sin embargo, no esperó tanto tiempo y en sólo un año pasó a tener el 75%, a través de la adquisición de un 42% de las acciones por US$ 1,58 mil millones anunciada esta semana. Estos US$ 2,75 mil millones invertidos por Disney en BAMTech demuestran la importancia de contar con una plataforma apta para el streaming, algo que gigantes de los contenidos como HBO o Fox y tantos otros han experimentado en carne propia, con propuestas de streaming que no están técnicamente a la altura del prestigio de sus marcas. BAMTech es actualmente propiedad de MLBAM, el brazo interactivo y compañía de Internet de la Liga Mayor de Baseball, lo que habla de su expertise en la transmisión de eventos en vivo.

En una movida, Disney no sólo se quedó con una plataforma para la entrega directa de sus contenidos al consumidor. Al hacerlo dio el paso inicial para independizarse de las redes de distribución (con el OTT de ESPN) al tiempo que se independiza también de las plataformas de distribución (al prever su salida de Netflix). Y desde Disney apuestan por más, ya que en su comunicado a la prensa declaró que “apenas hemos raspado la superficie de lo que podemos lograr en el futuro cuando combinemos la propiedad intelectual de Disney y ESPN con su ecosistema propietario de acceso directo al consumidor”. Será sin dudas un hito de la era de los contenidos distribuidos por Internet.

Discusión de fondo

Esta semana el mundillo de las telecomunicaciones y el de la política en general se vieron sacudidos por una noticia que, tal como fue planteada, era falaz: la privatización de Arsat. Todo se originó por la filtración de un documento llamado “privatización-de-ARSAT.pdf”, denotando claramente las intenciones de quien lo filtró. Pero esto no debería llamar la atención, ya que estamos en período de campaña electoral y todo suma.

En realidad, no se trata de un intento de privatización como se dijo originalmente sino de la firma de una carta de intención para la eventual conformación de una asociación o joint venture entre el operador nacional estatal Arsat y la norteamericana Hughes para el lanzamiento de uno o más satélites geoestacionarios de telecomunicaciones. La nueva empresa que surja de esta asociación se denominaría Newco. El mismo documento refiere al primer satélite a lanzar como el Arsat-3. En otras palabras, no se trata de privatizar Arsat sino de que se asocie para llevar adelante el lanzamiento de éste y, eventualmente, otros satélites. Un típico caso de una asociación pública-privada.

El documento establece que Hughes tendrá como mínimo un 51% de Newco y que Arsat como máximo un 49%. Y es en función de esta relación accionaria que se repartirán costos e ingresos. En términos de costos, inicialmente los más relevantes son los de la construcción y puesta en órbita del satélite, que Arsat estima en US$ 230 M, y los de los gateways (equipamiento terrestre), estimados por Hughes en US$ 50 M. Esto no implica, como afirmaron diversos medios, que Arsat deba erogar US$ 230 M y Hughes US$ 50. Estos costos serán financiados por Newco, en la proporción que le toque a cada socio, aún en caso de que se acceda a financiamiento de terceros.

Por otra parte, el documento afirma que la provisión y manufactura del Arsat-3 quedará en manos del INVAP, lo que seguramente es una buena noticia no sólo para esa empresa sino también para todo su ecosistema de proveedores. La operación del satélite será provista por Arsat, aportando tanto sus instalaciones como su personal, así como su fibra óptica y su datacenter. Adicionalmente, Arsat se ocupará de obtener la posición orbital (que todavía se negocia con la UIT) y todas las autorizaciones necesarias para que el satélite opere en el país. Hughes por su parte proveerá el equipamiento de red terrestre. Los costos de estos aportes serán acordados entre las partes. Adicionalmente, el acuerdo prevé el desarrollo de un plan de negocios a 15 años (equivalente a la vida útil de un satélite) y contempla la posibilidad de desarrollar otros satélites más allá del Arsat-3.

Desde el punto de vista técnico, el Arsat-3 sería totalmente distinto del 1 y el 2, tanto en la tecnología de comunicaciones como en la banda a utilizar. La intención es que sea un satélite operando en banda Ka con tecnología HTS (High Throughput Satellite o satélite de alto rendimiento). Esto es relevante en términos de capacidades ya que implica un salto similar al que se dio en comunicaciones móviles al llegar a 4G o en las fijas al hacerlo a la fibra óptica, con el agregado de una reducción del costo por bit muy significativa.

Actualmente, una conexión satelital a Internet puede costar alrededor de US$ 1.000 mensuales por 2 Mpbs. Con la combinación banda-tecnología prevista para el Arsat-3 existen ya productos de 25 Mbps por menos de US$ 100 (según los precios publicados por la misma Hughes en EE.UU. o Quantis en España, así como DirecTV en su producto experimental en Argentina). Como resultado, se hacen viables segmentos de mercado que hasta ahora no lo eran, principalmente el residencial y PyMEs en áreas no atendidas por las redes terrestres, como las rurales, o subatendidas, como en diversas áreas suburbanas en todo el país.

Si bien es claro que no se trata de una privatización sino de una asociación, algunos afirman que este pre acuerdo va en contra del art. 10 de la ley 27.208 (de Desarrollo de la Industria Satelital), aprobada en noviembre de 2015. El mismo dice: “Cualquier acto o acción que limite, altere, suprima o modifique el destino, disponibilidad, titularidad, dominio o naturaleza de los recursos esenciales y de los recursos asociados de las TIC… que pertenezcan o sean asignados a la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales Sociedad Anónima AR-SAT, requerirá autorización expresa del Honorable Congreso de la Nación”. No obstante, al no ser una venta sino una asociación, Arsat seguirá siendo dueño de los activos que aporte a la futura empresa, incluyendo a la posición orbital a obtener.

Quizás lo más relevante del revuelo que causó esta intención de asociación de Arsat es que da lugar a una discusión de fondo apasionante. Por un lado, están los que quieren privilegiar la soberanía tecnológica nacional, sin considerar la falta de recursos propios y de acceso a financiamiento y propiciando el cierre de los cielos al ingreso de operadores extranjeros para que no haya competencia. El foco puesto en la industria. Por el otro, los que prefieren que el acceso llegue a todos los más rápido posible, con sus beneficios económicos y sociales, sin importar si esto implica asociarse al capital privado o abrir los cielos bajo modelos de reciprocidad para que crezca la oferta y haya competencia. El foco puesto en los usuarios. Un debate de fondo que se enmarca dentro de la tendencia política global actual, donde la diferencia ideológica entre derecha e izquierda se hace cada vez más difusa al tiempo que aflora con más nitidez la división entre nacionalistas y globalizados. Esta es la discusión profunda que, lamentablemente, no se da.

La nueva TV

Todos aquellos que usan Internet, en mayor o menor medida alguna vez ingresaron a YouTube a ver un video. Desde un extracto de un programa de TV (un gol, una pelea entre mediáticos, la declaración de un político, un delito captado por cámaras de seguridad, etc. algo que se denomina catch up en la jerga) a videos caseros de situaciones insólitas. Esto se da generalmente cuando en una página web o en una red social existe un vínculo a ese contenido. Pero cuando se trata de ir a buscar videos proactivamente, las cosas cambian y la música aparece como el contenido más solicitado. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

Efectivamente, YouTube se ha convertido en la gran rockola del mundo, a punto tal de ser la principal fuente de música, por encima de plataformas específicas como Spotify [para más info, ver “El videoclip que no miramos”]. Tal es así que dos de cada tres usuarios de Internet se meten en YouTube para escuchar música. Este hábito se da con mayor intensidad entre millennials de todas las edades.

En segundo lugar se ubican los tutoriales, consumidos por el 60% de los usuarios de Internet en Argentina. Desde cómo preparar una tortilla de papas a cómo cambiar un cuerito de una canilla, prácticamente todo ese saber está en YouTube expuesto de manera visual. El consumo de tutoriales es más intenso entre los millennials adultos, cuando comienzan a vivir solos se encuentran con todo tipo de desafíos cotidianos. Y para eso, está YouTube.

Resulta interesante observar que YouTube también es un destino al que se acude para consumir películas (30%) y series (17%), una práctica más habitual entre los millennials. El consumo de Youtubers es un fenómeno mayormente de los millennials más jóvenes (de hasta 23 años inclusive), con un 60%, casi triplicando al 23% general.

A la hora de elegir la principal plataforma de entretenimiento audiovisual utilizada, la TV tradicional (35%) lidera por muy poco frente a YouTube (31%). La TV es más relevante en los segmentos socioeconómicos medios y bajos, mientras que YouTube lo es en los bajos, mientras que los altos se inclinan por los OTT (léase Netflix). Visto por generación, la división es clara: TV para adultos y seniors, YouTube para millennials de todas las edades. Así, se posiciona como la TV de la nueva generación.

Remezones de la fusión

A dos semanas de la mayor fusión que se produjo en las telecomunicaciones argentinas, no sorprende que se siga hablando sobre el tema, especialmente cuando todavía queda camino por recorrer hasta que la operación se concrete.

Por un lado, Fintech y Cablevisión llegaron a un acuerdo por el cual la segunda tendrá un importante control sobre la empresa fusionada, incluyendo la mayoría de los miembros del directorio, el comité ejecutivo, el de auditoría y la comisión fiscalizadora. Se comenta que el CEO ya tiene nombre y apellido y no es muy difícil de imaginar quién será, aunque por ahora no hay nada oficial. Por otra parte, también acordaron que Cablevisión tendrá una opción de compra por el 13,51% de Telecom, válida por un año. De ejercerla, CV tendrá la mayor participación accionaria de la nueva empresa. Está claro que independientemente del nombre que tenga la empresa resultante de la fusión, tendrá una fuerte impronta de Cablevisión.

Como se mencionó la semana pasada [ver “LA fusión”], uno de los puntos más álgidos de la operación tendrá que ver con la concentración que se producirá en banda ancha, donde la combinación de los suscriptores a este servicio de Fibertel y Arnet darán a la nueva empresa una participación de mercado del 55%. Resulta interesante ver cómo se llegó a estas participaciones en los últimos años, en los cuales Fibertel registró notables crecimientos (aún en plena pelea con el gobierno anterior), mientras que las dos principales telefónicas comenzaron a perder terreno, evidenciando el impacto de una red que comienza a dar signos de que necesita un upgrade.

Siempre hablando de la fusión, los primeros afectados con el simple anuncio fueron los proveedores que habían participado en las licitaciones para proveer de tecnología a la red de Nextel en su preparación para dar servicios 4G. La cosa quedó en el freezer y los que trabajaron horas y horas en armar las propuestas, desmoralizados. Gajes del oficio.

Para cerrar, una observación/especulación. Cuando se concrete la fusión (nadie duda de que se concretará, lo que no está claro es cuáles serán las condiciones para que esto suceda), los usuarios de Arnet podrán rápidamente tener un servicio de TV: Flow. Una demostración de que aquí no hubo ningún movimiento improvisado.

LA fusión

El viernes 30 de junio, exactamente a mitad de año y sobre el filo de la semana laboral, el mercado argentino se vio sacudido por el impacto del anuncio que los directorios de Cablevisión y Telecom habían acordado fusionar ambas compañías. La sorpresa no fue por el anuncio en sí ya que la operación se daba por descontada desde hace rato, sino por el timing, ya que se esperaba que fuera hacia fines de año, pasadas las elecciones de medio término en octubre próximo. Lo concreto es que, de esta forma, se da lugar al más fuerte actor del mercado convergente, con una sólida presencia en los cuatro servicios que conforman el cuádruple play (telefonía fija, TV paga, banda ancha fija y servicios móviles). Ahora la pelota está en el campo del gobierno, quien deberá analizar el impacto de este acuerdo y dirimir ciertos puntos conflictivos.

En la empresa fusionada, Fintech tendrá el 41,27% y Cablevisión Holding el 33%. El resto estará en acciones en manos del público, siendo el principal tenedor el Estado argentino a través de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), quien actualmente posee el 25% de Telecom y el 9% de Cablevisión. No obstante, todavía falta que la operación sea aprobada por los accionistas el 31 de agosto (cosa que se descuenta) y a partir de allí deberá recibir la aprobación de tres organismos del Estado: la Comisión Nacional de Valores, ya que ambas empresas cotizan en bolsa, el Ministerio de Comunicaciones, que vía ENACOM deberá resolver sobre temas técnicos como la acumulación de espectro, y la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, que deberá evaluar la concentración de servicios en un mismo operador, así como su impacto en términos de competencia.

Esta fusión implica la combinación de dos pesos pesados en los distintos negocios en los que participan. Telecom Argentina es el 2° operador de telefonía fija con el 39% de las líneas, el 3° operador de telefonía móvil con un 31% de las líneas y el 3° proveedor de accesos a Internet de banda ancha, con el 24% de los suscriptores. Por su parte, Cablevisión es el líder en TV paga, con un 39% de los clientes y también lo es en accesos a Internet de banda ancha, con el 31%. También es operador de telefonía móvil luego de la reciente adquisición de Nextel, aunque con un escaso 2% de participación en líneas. De esta forma, la nueva Telecom-Cablevisión sería un formidable competidor en el mercado convergente de cuádruple play, muy sólido en cada uno de sus cuatro negocios: n°1 en banda ancha, n°1 en TV paga, n° 2 en telefonía fija y n°3 (pero muy cerca del n°1) en telefonía móvil. Una posición envidiable.

Con estas cifras, resulta simple comprender donde estaría el punto crítico de esta fusión. Combinando la participación en el mercado de acceso a Internet de banda ancha, la nueva empresa alcanzaría el 55%. Pero hay algo que el market share no muestra y es que existe una importante superposición geográfica de las redes de ambos operadores. Esto implica entonces que en muchas de esas zonas se pasaría de dos a un proveedor, reduciendo la competencia, así como las opciones de los consumidores. Fue justamente esta competencia la que produjo que en todos estos años los productos mejoraran y los precios se contuvieran. Otro punto de posible conflicto tiene que ver con que ambos operan en el mercado móvil. Pero aquí no hay un tema de competencia. Los 19,5 M de líneas de Personal no se ven muy impactadas por el 1,5 M de Nextel. Lo que sí se produce es una alta concentración de espectro resultante de los 140 MHz que tiene Telecom y los 40 MHz en manos de Cablevisión-Nextel (a los que se suman los 60 MHz que tiene para dar servicios de trunking).

Considerando las tres instancias regulatorias que esta fusión deberá superar para concretarse, las mismas tendrán una complejidad creciente. Se estima que no habrá ningún inconveniente para obtener la aprobación de la Comisión Nacional de Valores, quien debe velar por los intereses de los accionistas y de las condiciones societarias. Por su parte, tanto desde el ENACOM como el Ministro de Comunicaciones adelantaron que no objetarán la operación, aunque deberán resolver qué hacer con el espectro acumulado por la combinación de ambas empresas. En declaraciones a la prensa el Ministro se mostró proclive a subir el tope máximo de espectro por operador, que pasaría de 140 MHz a 180 MHz. Habrá que ver si finalmente se concreta, ya que sería una medida que sin dudas generaría muchas controversias, y no parece ser el contexto adecuado para hacerlo. De hecho, unos días después, en una entrevista a LN+ mencionó que habrá devolución de espectro. Esta devolución del excedente no sería compleja. El espectro que obtuvo recientemente Nextel (empresa de Cablevisión) no está en uso, a diferencia de lo que sucedió cuando en el 2004 Telefónica adquirió las operaciones de BellSouth en Latinoamérica y hubo un período de refarming para luego devolver el excedente. Claro que debería además resolver qué ocurrirá con las obligaciones de cobertura asumidas por Nextel al momento de asignársele el espectro, si se extinguen o si se trasladan al nuevo operador. De todos modos, aun devolviendo el espectro, la nueva empresa se vería beneficiada con el aporte de unos 1.400 sitios para antenas de que Nextel dispone actualmente. Un activo muy valioso no sólo en términos monetarios sino también en los tiempos que exigiría montar esos sitios desde cero teniendo en cuenta la resistencia de la población y de los municipios a la instalación de nuevas antenas.

Por otra parte, el regulador de las telecomunicaciones debería emitir una opinión sobre la concentración que se produciría en banda ancha. Según consta en el sitio del ENACOM, una de sus misiones es generar “un mayor balance y competencia entre los distintos actores del mercado”. Si no lo hiciera, el mayor peso de la decisión del gobierno recaerá sobre la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia. Hay quienes dudan de que vaya a oponerse basándose en su fallo al momento de la aprobación de la compra de Telecom por parte de Fintech, quien a su vez era accionista del 40% de Cablevisión. No obstante, la situación aquí es distinta. Ya no se trata de compartir accionista entre dos competidores sino de que éstos conformen una misma empresa.

Otro tema que deberá resolver el gobierno es qué status tendrá la empresa fusionada: si es un telco o una cablera. Esto, que parece menor, no lo es en absoluto. A partir de enero próximo, las empresas de telecomunicaciones podrán comenzar a dar servicios audiovisuales (léase TV) no en todo el país sino en los centros urbanos del AMBA, Rosario y Córdoba. Si la fusionada es una telco, en las zonas donde actualmente opera Cablevisión situadas fuera de estas tres mencionadas debería dejar de dar servicios de televisión. Difícilmente dejen que esto suceda.

En materia de banda ancha una opción podría ser una desinversión en una de las dos redes allí donde hay superposición, que por sus características y capacidades sería la de Telecom, la cual es tecnológicamente menos capaz que la de Cablevisión. Si no se exigiera desinversión, la alternativa podría ser una obligación para que las redes del nuevo operador estén abiertas a sus competidores en las áreas de superposición, en un modelo similar al del operador virtual. Esto convertiría a la red fija de la empresa fusionada en una suerte de red minorista (para sí misma) y mayorista (para sus competidores) al mismo tiempo. Algo así como una regulación asimétrica para un operador dominante.

Si los reguladores hacen bien su trabajo, permitiendo que la fusión se concrete, pero actuando sobre los puntos conflictivos (banda ancha y espectro), la operación podría ser un importante dinamizador para la industria. Sus competidores se verían obligados a invertir fuertemente en el desarrollo de las redes fijas para aumentar su capacidad y poder ofrecer sobre éstas servicios convergentes. Esto podría además generar interés en la adquisición de otras operaciones de TV por cable combinadas con servicios de banda ancha. Quizás como un paliativo, en el mercado se rumorea (y el Ministro también lo menciona al pasar en la entrevista de LN+) que se habilitaría el uso de la DTH (televisión satelital) a actuales operadores de telecomunicaciones. No obstante, esto no sería tan sencillo, ya que el impedimento actual fue establecido por el DNU 267/2015 que tiene fuerza de ley. Con lo cual, haría falta otro DNU u otra ley para modificar esta condición, lo que implica en ambos casos pasar por el Congreso.

Por lo pronto, el gobierno nacional queda en una posición incómoda. Es que sus funcionarios modificaron la regulación del sector para permitir el desarrollo de un 4° operador móvil y postergaron por 2 años el ingreso de las telefónicas al negocio de la TV paga, haciendo hincapié en “nivelar la cancha” y en la mayor competencia que estas medidas generarían. La fusión les devuelve un escenario de 3 operadores móviles (la fusionada, Telefónica y Claro), 2 grandes operadores de red fija (la fusionada y Telefónica) y un único y gran operador convergente (la fusionada). También, paradojas del destino y las decisiones, se invierten los roles. Así como hasta ahora Cablevisión se amparaba en su rol de entrante en materia de comunicaciones móviles, exigiendo medidas asimétricas que le permitieran desarrollarse, ahora pasará a formar parte del actor dominante del mercado convergente, mientras que empresas como Telefónica y Claro podrían reclamar asimetría a su favor. El cambio como constante.

La TV contraataca

A pesar del avance de Internet en la oferta de contenido audiovisual, la TV tradicional lineal sigue presente en los hogares conectados. Dentro de sus alternativas de distribución, la TV paga es claramente la más popular, con un 78% de penetración. Sin embargo, y previniendo los cambios en los hábitos de consumo, los operadores están en sus primeros pasos a una eventual migración hacia plataformas tipo OTT, tomando de Internet características que le suman valor al servicio. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

Detrás de la TV paga se ubica la TDA que logra una penetración del 13% impulsada fuertemente por la inclusión de su sintonizador en los televisores vendidos en los últimos años, especialmente en las Smart TV que fueron y son las estrellas del mercado de televisores. En un tercer lugar, con un 8%, aparece la TV analógica abierta. Un 6% de los usuarios de Internet declara no consumir TV lineal de ningún tipo.

A pesar de los temores por una creciente tendencia al cord cutting, las intenciones de dar de baja la TV se mantienen estables respecto del año anterior, con aproximadamente 1 de cada 4 evaluando abandonar el servicio. Esto se da más en los segmentos socioeconómicos medios, más sensibles al precio que los altos y más habituados al consumo vía Internet que los bajos. En cuanto a las razones para evaluar esa decisión, el costo del servicio sigue siendo la principal y luego se ubica la posibilidad de acceder desde múltiples dispositivos vía Internet. Ambos motivos son más mencionados aún por los usuarios que viven en hogares jóvenes (donde todos sus integrantes son millennials).

A la hora de identificar las características del servicio valoradas por los usuarios de la TV paga, las dos más mencionadas son aquellas que la industria tomó de los OTT. Por un lado, el acceso a los contenidos desde distintos dispositivos (caso CV Flow, DirecTV Play y otros) y por el otro, la posibilidad de acceder a contenidos ya emitidos (catch up).

En líneas generales, los millennials, y consecuentemente los hogares jóvenes, son los más atraídos por los servicios que se asemejan al consumo vía Internet. Se delinea un escenario con operadores de red ofreciendo conectividad y, por encima, canales OTT a la carta.

Epidemia OTT

Con algo de publicidad online, presencia en redes sociales y sobre todo el imbatible boca a boca, los servicios audiovisuales OTT se han convertido en cosa habitual para los argentinos conectados, siendo utilizados por un 2 de cada 3 de los usuarios de Internet (aclaración: no confundir utilización con suscripción*). La penetración de estos servicios aumenta en la medida en que sube el NSE (nivel socioeconómico) y es más fuerte entre los millennials adultos (de entre 24 y 33 años), quienes combinan actitud generacional con autonomía económica. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

El uso de los OTT, donde Netflix es el rey indiscutido pero al cual se le han sumado diversas alternativas en los últimos tiempos, se encuentra bastante arraigado. Tal es así que la mitad (53%) de sus usuarios los consumen casi a diario, tendencia que crece mientras sube el NSE, así como mientras baja la edad. No obstante, por el momento la existencia de estos servicios no impide que la penetración de los mismos sea similar entre quienes contratan un servicio de TV paga (actuando como complemento) y quienes no (actuando como sustituto).

En cuanto a las pantallas para la reproducción de los contenidos OTT, domina la TV, ya sea como Smart TV o TV conectada (a una PC, un Chromecast, Apple TV u otros), utilizada por el 88%. Luego sigue la PC (64%) y el smartphone (38%). El uso de este último es claramente más alto en los niveles socioeconómicos más bajos, donde la disponibilidad de pantallas alternativas es más limitada, así como en los segmentos más jóvenes, donde a la limitante de las pantallas personales se suma también el sesgo generacional. Por otra parte, 2 de cada 3 usuarios de OTT acceden desde más de una pantalla.

En cuanto a los motivos para elegir consumir servicios OTT, siguen liderando las opciones de ver las temporadas completas de las series, así como consumir bajo demanda. No obstante, el hecho de ser económico y poder consumirse desde múltiples pantallas son motivos que subieron fuertemente. También hay diferencias generacionales: el factor económico es más relevante en la medida en que baja la edad del usuario, mientras que su percepción como complemento de la TV paga crece con la edad.

(*) Para evitar extrapolaciones erróneas, conviene aclarar que uso no es lo mismo que suscripción. Cada suscripción puede incluir una o múltiples cuentas, por lo que es habitual que éstas se compartan con gente que no convive en el mismo hogar pero que son familiares o amigos. Y éstos a su vez, consumen los servicios con otras personas. Así, el número de usuarios es varias veces superior al de suscriptores.

Fiesta de largo

Con la edición de hoy de Comentarios se cumplen 15 años desde aquella primera edición del 14 de junio de 2002. 15 años nos parecen poco cuando los cumplimos nosotros, pero ya adultos, cuando podemos hacer una retrospectiva de lo ocurrido en una década y media, es bastante.

Si bien en ese entonces Google ya existía, no era el caso de Facebook y tampoco de YouTube, Twitter, Instagram, Spotify y tantos otros éxitos de los últimos años que hoy son habituales en la PC o el celular. La banda ancha había arrancado en Argentina unos años atrás y recién comenzaba a tomar vuelo y los celulares eran teléfonos y punto. Nada de mensajitos ni mucho menos Internet.

Argentina venía del mazazo económico y social que significó la crisis de diciembre del 2001. El mercado local de telecomunicaciones pasó de la exuberancia del año 2000, cuando la apertura hizo que desembarcaran empresas y fondos de inversión a cablear el país, a una retracción violenta. De hecho, el primer relevamiento que se hizo desde Carrier y Asociados a mediados del 2002 era distinto a lo previo. Mientras que antes se intentaba determinar cuánto sería el crecimiento (sin importar el rubro), ese trabajo identificó dónde se producirían los recortes en el consumo tecnológico. El único negocio que se mantuvo en crecimiento fue justamente el del acceso de banda ancha. Los demás, tenían indicadores negativos. Hasta la telefonía celular perdió unos 100.000 abonados. Fue el período del boom de los ciber que permitieron que la gente se siga conectando a un menor costo. No era lo mismo, pero la tendencia hacia el uso de Internet era irrefrenable.

A nivel de la industria, esto dio lugar a un período de consolidación en la medida en que los que habían venido del exterior se volvían a sus tierras, dejando pérdidas y vendiendo sus activos locales a precios de remate.

Vino entonces una década de fuerte crecimiento, donde se conjugó la tendencia natural de la industria (con el desarrollo de la banda ancha y la masificación de los celulares) con un contexto excepcional a nivel internacional que permitió una rápida recuperación económica (teniendo en cuenta la magnitud de la crisis). Fueron los años de crecimiento a tasas chinas y de aumento del consumo. Desde el punto de vista de la labor de Carrier y Asociados fueron años magníficos porque el argentino estaba descubriendo la tecnología y la adoptaba rápidamente, dando lugar a cambios en los hábitos y costumbres que hoy nos son totalmente cotidianos y naturales. Ver de cerca ese proceso fue un privilegio fascinante.

Pero esto se daba en un mercado cada vez más concentrado, que absorbía lo que iba quedando y que no incentivaba la llegada de nuevos inversores y operadores. Y hubo decisiones políticas que no ayudaron a mejorar esta situación. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no sólo ratificó el impedimento del ingreso de las empresas de telecomunicaciones a los servicios audiovisuales (léase, telcos dando TV) desincentivando inversiones en las redes. También limitaba la expansión de las redes de cable. En comunicaciones móviles, la no asignación de nuevo espectro y la inacción ante las trabas para la instalación de antenas atentó contra mayores inversiones en la red. El resultado fue que finalmente ésta se vio desbordada ante la llegada de los smartphones que se convirtieron rápidamente en Ferraris andando por calles empedradas. Recién sobre el final de la gestión anterior se comenzó a atender este problema, pero el daño estaba hecho y, aunque en menor medida, todavía lo sufrimos.

La nueva gestión intentó poner en marcha las cosas, pero rápidamente se dio cuenta de que no era tan sencillo deshacer lo hecho, en parte por el contexto, en parte por decisiones propias. El resultado fue que generó entre los operadores más malestares que alegrías, todavía al día de hoy. No es fácil regular una industria donde convergen otras dos y existen múltiples intereses diferentes. Los choques y las tensiones son inevitables.

Lo que sí cambió en esta nueva era es el interés por parte de empresas y fondos del exterior por lo que aquí pueda suceder. Aunque lo hacen con cautela, estudiando la situación, pero sin desesperarse por abrir la billetera, a la espera de más certezas.

En el ínterin, y más allá de los vaivenes del contexto, la tecnología y sus productos siguen avanzando. Los Netflix cambiaron la forma de ver determinados contenidos audiovisuales y presionan para que otros (como el fútbol) adopten modelos similares. La forma de relacionarse e informarse cambió radicalmente con la popularidad de las redes sociales. Y los cambios sigue llegando.

Así, 15 años después de aquél primer newsletter, el escenario es decididamente otro. Hay un moderado optimismo en la industria, que mira la macro, y esperanza en los consumidores que quieren globalizarse ya no en los usos y costumbres sino también en el acceso a bienes (todavía no ven claramente los frutos del arancel 0% en los productos informáticos o del regreso oficial del iPhone) y algunos servicios (como comprar en Amazon, eBay o Alibaba y recibir los productos localmente sin trabas o poder pedir un Uber para moverse).

De lo que no hay dudas es que, en materia de productos y servicios tecnológicos y, sobre todo, en su impacto en nuestras vidas, estos 15 años de vida de Comentarios parecen ser varias décadas. Es difícil saber si habrá otros 15 años más, pero mientras tanto, brindamos por un mundo cambiante que todavía nos sorprende con sus novedades y sus posibilidades. Aprovechamos la oportunidad para agradecerles por estar allí, del otro lado de la pantalla, por tantos años. ¡Brindemos!