En vivo y online

El consumo de contenido audiovisual vía Internet no es un fenómeno nuevo, como lo comprueban los éxitos de propuestas como las de Netflix o YouTube. Sin embargo, el grueso se concentra en contenidos como series, películas y documentales. Uno de los contenidos muy demandados, pero todavía incipientes en una oferta online legal, son los deportes en vivo. Tal es así que una de las quejas respecto a la reciente televisación paga del fútbol local es que todavía carece de una propuesta online.

Es evidente que la oferta viene algo rezagada. Esto no impide que los usuarios no quieran acceder a los deportes en vivo vía Internet. De hecho, un 46% de los usuarios argentinos lo hizo alguna vez durante el 2017. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual -2017”, realizado por Carrier y Asociados.

En el streaming de deportes en vivo se consideran tanto las opciones legales como ilegales (incluye OTT, canales online, sitios piratas, YouTube). Hay pocas de las primeras en Argentina, como lo fue el Fútbol para Todos hasta hace poco, más recientemente la transmisión de la Liga Nacional de Básquet por Twitter, o propuestas como Flow o Fox Play, entre otras. Pero hay una mayor oferta de opciones ilegales a las que se recurre para ver partidos de fútbol de la Champions League, ligas europeas o como fue el caso de la pelea Mayweather-McGregor. Esto se da no sólo como alternativa a la TV paga sino también con eventos que no son televisados en Argentina (como sucede con algunos partidos de tenis). Como siempre, la demanda termina encontrando su oferta.

Visto por edad, el canal online para ver deportes en vivo es parejo entre todas las edades, con excepción de los de más de 55 años. O sea, no es un recurso únicamente de los más jóvenes.

La tendencia al consumo de deportes en vivo vía Internet es interesante, ya que este contenido es uno de los últimos reductos diferenciadores de la TV paga. Hay que considerar que películas y series son territorio de ofertas como la de Netflix, Qubit, Cine.ar, HBO Go y otros, los documentales de Netflix y YouTube, y los contenidos de noticias y actualidad por las versiones web de los respectivos canales.

Para los operadores de TV paga, se trata de un indicador más de que su negocio se transformará eventualmente en uno de provisión de infraestructura de acceso (léase banda ancha). Así, el cobro por tráfico será la forma de monetizar el desplazamiento del pago por el contenido hacia el productor original. Para propietarios de contenidos, es una opción cada vez menos obviable

Probando las aguas

Esta semana, y como viene sucediendo desde hace 10 años, hubo una gran atención mediática alrededor de los anuncios de los nuevos smartphones de Apple. Más allá de los detalles técnicos (ampliamente cubiertos en diversos medios especializados y generalistas), resulta interesante observar cómo la estrategia de Apple ha ido mutando en los últimos tiempos.

Desde su nueva sede en Cupertino, Apple presentó su iPhone a diez años del lanzamiento de su primer modelo. Esta vez, además de la nueva generación (el 8 y 8 Plus) de sus smartphones actualmente más avanzados (el 7 y 7 Plus), la empresa presentó también su modelo aniversario, el X. En cierto sentido, con este último Apple inaugura su gama súper alta, con el cual testeará el mercado para equipos de precios superiores a la simbólica barrera de los US$ 1.000. En términos económicos, servirá para comprobar la elasticidad de la demanda de sus consumidores con iPhones que llegan hasta los US$ 1.149.

Con una saturación de la penetración de smartphones en mercados maduros, ciclos de renovación más extendidos, un mercado secundario creciente y una mayor competencia en el mercado chino, Apple ya no puede depender de mayores volúmenes de ventas en unidades para aumentar sus ingresos. Por lo tanto, la forma de lograrlo es subiendo el precio unitario de cada equipo. Y si algo tiene a su favor la empresa de la manzanita es no sólo la extremada lealtad de sus clientes, sino también su envidiable posicionamiento entre los segmentos de mayores ingresos, aquellos que no pestañean por gastar más de US$ 1.000 en un smartphone.

Por otra parte, y para no dejar segmentos sin cubrir, en los últimos años Apple abandonó la idea de 2 modelos por temporada para seguir y profundizar una estrategia de diversificación de productos. Así, a partir de fin de año tendrá 5 modelos en oferta: X, 8, 7, 6s y SE. Con un rango de precios que va de los US$ 349 a los 1.149. Una propuesta para (casi) todos los bolsillos.

Estrategias comerciales al margen, Apple sigue jugando un rol importante para la industria en general. Hay quienes critican a la empresa diciendo que ya no innova, que muchas de sus nuevas características (como la carga inalámbrica, desbloqueo por reconocimiento facial, supresión del botón de inicio, manejo gestual) son nuevas para el iPhone, pero no en equipos de otras marcas. Hay bastante de cierto en esto, pero existe una diferencia fundamental: el iPhone es extremadamente popular y esto asegura el acompañamiento del ecosistema de desarrolladores y proveedores de accesorios, con lo cual tiene la fuerza para establecer estas no-novedades como estándares de funcionalidad. En ese sentido, es un poderoso motor de adopción de las mismas.

Tuits selectos

Derrotando la piratería

La piratería en materia de propiedad intelectual y derechos de autor no es algo que surgiera con la digitalización. Sin embargo, ésta no sólo simplificó mucho el proceso, sino que hizo que fuera el mismo usuario final quien accediera directamente a estos contenidos sin necesidad de la intermediación de organizaciones delictivas, como era el caso de los vendedores de DVD de películas en la calle (actividad en franca retirada).

Fueron muchos los factores que influyeron en este proceso. La digitalización permitió, entre otras cosas, copias iguales al original, una distribución directa e instantánea y un alcance global. Este fenómeno se vio favorecido por la masificación de la banda ancha. En tiempos del dial up, eran habituales las descargas ilegales de música (caso Napster), pero no tanto de video ya que, por su “peso”, era un proceso larguísimo y hasta antieconómico. Pero con la banda ancha la cosa se simplificó bastante. Así surgieron múltiples sitios que permitían el acceso directo a contenidos en video, siendo Cuevana el más emblemático en Argentina, aunque no el único.

Fue así como la industria del entretenimiento entendió (finalmente) que era más conveniente ofrecer una mejor experiencia a un precio accesible que insistir con la política de persecución que resultó ser totalmente ineficaz. Así surgieron los Netflix y los Spotify, que si bien no son los únicos son los más representativos en sus respectivas categorías. Y los cambios comienzan a ser evidentes. En el caso de los audiovisuales, el consumo de contenidos piratas bajó 16 puntos en sólo un año, según surge del informe “Internet y consumo audiovisual -2017”, realizado por Carrier y Asociados.

Por contenidos piratas se considera a quienes mencionan acceder a sitios de streaming gratuitos así también como a las descargas, en ambos casos ilegales.

Un dato destacable es que no se observan diferencias por las distintas variables de segmentación como edad, nivel socioeconómico, sexo o lugar de residencia. La tendencia es transversal.

Esta variación es un claro indicador de que aquellos que pensaban que mientras hubiera una alternativa gratuita la piratería sería inevitable estaban equivocados. Resultó no ser tan así, demostrando que, si hay una oferta con contenidos en abundancia, de calidad técnica, facilidad de acceso, multiplataforma y a un precio justo, el grueso de los usuarios está dispuestos a pagar. Obviamente, no todos los servicios legales de streaming cumplen con estos requisitos, pero el éxito de Netflix (y de Spotify en el caso de la música) demuestran que es posible.

Por supuesto, esta situación todavía tiene problemas por solucionar, como es el tema impositivo o de cantidad de contenidos locales. Pero es un tema que, lentamente, los distintos países van resolviendo. Hay que adaptarse a la digitalización globalizada más que combatirla.

Deme dos

Esta semana, la difusión de fotos del Ministro de Medio Ambiente ingresando al país con dos televisores adquiridos en Chile despertó revuelo e indignación en los medios y la población.

En realidad, y más allá de los justificativos esgrimidos desde el entorno del ministro, no hay nada ilegal en el accionar del mismo. Aparentemente pagó el 50% por el excedente del monto máximo a ingresar libre de impuestos y aranceles como lo haría cualquier residente en el país. Claro que la discusión no pasa por la legalidad sino por la legitimidad del accionar de un alto funcionario público de un gobierno que mantiene fuertes restricciones al ingreso al país de determinados productos. Termina siendo una situación similar a la que se producía en la gestión anterior cuando funcionarios eran sorprendidos adquiriendo iPhones en los Apple Store, un producto cuyo ingreso al país estaba vedado en los hechos.

Más allá de la discusión política, el hecho vuelve a poner en relieve un sistema arancelario/impositivo que es claramente regresivo. Quienes tienen los medios o la oportunidad para viajar al exterior pueden ingresar productos a un costo sensiblemente inferior que aquellos que no pueden hacerlo y por lo tanto deben pagar los mismos a valores locales que en ocasiones equivale a más del doble que en el exterior.

Mientras dure esta asimetría, imágenes como las del ministro, que se repiten a diario en las fronteras de nuestro país, serán habituales. Que nos indignemos será un síntoma, no el verdadero problema. La discusión de fondo es otra.

Tuits selectos

La evolución del OTT

El avance en el consumo de servicios OTT de video, que pasó en un año del 55% al 66% de los usuarios de Internet en Argentina, no sólo implica un avance cuantitativo, sino también esboza un cambio cualitativo en cuanto a las motivaciones para hacerlo. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual -2017”, realizado por Carrier y Asociados.

Dentro de los motivos para consumir servicios de video OTT, la posibilidad de ver temporadas completas de series (y, por qué no, hacer “maratones”) sigue encabezando la lista, con un leve avance respecto del año anterior.

Donde más crecimiento se observa es en la posibilidad de ver los contenidos en múltiples pantallas y en la percepción del servicio como económico. La tendencia a ver video en otras pantallas está alimentada por la masificación de los smartphones (cada vez con pantallas de mayor tamaño) y un avance de las tablets. Esto sin olvidar el sostenido crecimiento de las Smart TV que simplifican notablemente el consumo de OTT. En cuanto al tema precio, y más allá de la comparación con un servicio de TV paga (por cable o satelital), el hecho que en el caso de Netflix (por lejos el OTT más popular) el mismo esté en dólares y el valor de éste haya estado estancado por mucho tiempo, hizo que el costo relativo del abono fuera bajando. Quizás una de las razones por la cuales Netflix esté ajustando sus tarifas en pesos en estos días.

Otro dato interesante es el crecimiento de quienes consumen OTT por no tener TV paga. Esto no necesariamente implica un avance en similar magnitud del temido “cord cutting”, pero sí que los OTT pueden ser un sustituto o al menos un paliativo para aquellos que no están abonados a la TV paga.

Donde los OTT parecen haber perdido algo de terreno es en la selección de contenidos. Es que los OTT compiten en la profundidad de los contenidos (más series, más películas) pero no tanto en la diversidad (deportes, música, etc.). Esto da para pensar que hay lugar para otros OTT más segmentados o, en el otro extremo, agregadores de todo tipo de contenido (en una propuesta similar a la de Flow).

Los motivos mencionados permiten prever que la TV paga, en los casos en que se haya aggiornado, tendrá más elementos para pelear. Aquí hay que pensar no sólo en el caso de Flow sino también de las propuestas que harán, a partir de 2018, tanto Telefónica como Claro, donde la alternativa de un producto OTT antes que IPTV (por la inversión y tiempos de despliegue que demanda) no debería descartarse. En cualquier caso, una propuesta de TV moderna incluirá temporadas completas y multipantalla, tendrá una selección más variada de contenidos y podrá llegar a consumidores sin TV paga. El precio, será algo por definir.

El fantasma que no fue

Esta semana el diario Clarín publicó un interesante artículo sobre el impacto de la eliminación de aranceles a la importación de computadoras. A pesar de ciertas reacciones alarmistas cuando se anunció la decisión (en noviembre del año pasado) que se repitieron con más énfasis cuando entró en vigor (a fin de marzo de este año), el panorama se presenta positivo.

Según la nota, en base a datos de la consultora GFK, en la comparación interanual de julio 2016 al 2017, el crecimiento en las ventas de notebooks fue del 80% en unidades. Esto se dio con una baja promedio del 18% en los precios (sin aclarar si consideran la depreciación del peso por la inflación, aunque todo indicaría que no). La comparación de precios en un producto que, como las notebooks, no suele mantenerse exactamente con la misma configuración durante tanto tiempo es un tema complejo. Pero, aun así, ya en abril de este año se habían registrado bajas del orden del 29% (teniendo en cuenta el impacto de la inflación).

No obstante, este crecimiento de las ventas probablemente comenzará a desacelerarse hacia el cambio de año. Hay que tener en cuenta que el mercado tenía una importante demanda reprimida como consecuencia de lo limitada y cara de la oferta, a lo que se sumó el anuncio anticipado de la baja de aranceles. Esto motivó postergaciones de renovaciones (salvo urgencias) hasta la vigencia del arancel 0 y el consecuente ingreso de equipos importados con mejores configuraciones. Al margen de esto, lo lógico será que en algún momento el mercado de PC entre dentro de la dinámica global de estos productos, que vienen registrando bajas en sus volúmenes de ventas desde hace ya varios años. El impacto de dispositivos personales alternativos (smartphones, tablets) hace que el mercado de PC ya no vuelva a los niveles de antaño.

El crecimiento de las ventas por la baja de precios y una mayor diversificación y actualización de la oferta era algo previsible. Pero lo que muchos temían (y otros amenazaban con ello) era una fuerte caída en la cantidad de gente empleada en la industria. Algo que no sucedió, tal como lo describe el mencionado artículo. Ese fantasma, agitado por los ensambladores locales, no pasó de eso. Y es que un mercado más grande genera más empleos en ventas, administración, logística y soporte, que terminan compensando los puestos en las líneas de ensamblado. Adicionalmente, y como ocurrió siempre, sigue habiendo ensamblado local de equipos de escritorio. Un escenario que se anticipara desde este medio cuando en noviembre del 2016 se anunciara la medida.

En definitiva, luego de un proceso natural de reconversión, los resultados demuestran que, lejos de perjudicar a la industria esta medida renovó su vigor. Y que era mejor ponerse a trabajar rápidamente en adaptarse al nuevo escenario que buscar salir en los diarios anunciando escenarios catastróficos que finalmente no se concretaron.

Tuits selectos

Youtubers vs. Couch potatos

Como ya fuera mencionado en notas anteriores, el consumidor audiovisual en Argentina se abastece de múltiples fuentes, conviviendo, con distintos niveles de participación, la TV tradicional (ya sea paga o gratuita), los OTT y el propio YouTube. A nivel general, la TV tradicional (35%) y YouTube (31%) pelean por ser la plataforma principal de entretenimiento audiovisual entre los usuarios de Internet locales. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual -2017”, realizado por Carrier y Asociados.

Segmentando generacionalmente, las diferencias son mucho más marcadas y son una muestra acabada de los cambios que se vienen registrando en el consumo audiovisual. La elección de la TV tradicional como principal plataforma crece con la edad, siendo notoriamente más alta entre adultos (34 a 53 años) y seniors (54 o más) que entre los millennials (24 a 33 años) y los millennials jóvenes (hasta 23 años). La situación se invierte entre quienes eligen a YouTube, llegando a ser la principal plataforma para el 55% de los millennials jóvenes.

Un dato interesante es que no hay diferencias significativas a nivel generacional entre quienes eligen los servicios OTT (donde Netflix es sinónimo de la categoría). Considerando que, más allá de la suscripción, la forma de consumir contenido entre YouTube y los OTT es similar (bajo demanda, multidispositivo), estos datos estarían indicando que pesa, y mucho, el tipo de contenido que se encuentra en cada plataforma. Cambia no sólo la forma de distribución sino también el contenido en sí mismo.