'Análisis'

Cumpliendo 17

En el día de hoy, el 14 de junio, se cumplen 17 años desde la primera edición de Comentarios. Como todo aniversario, es un buen momento para mirar hacia atrás y también hacia adelante.

Los inicios de Comentarios fueron en tiempos difíciles. No sólo por la obviedad de lo que significaba la crisis del default en 2002, sino también porque el contraste era aún mayor para una industria tecnológica global que había crecido hasta hacer estallar la burbuja. El sector tecnológico local acusaba entonces un doble impacto causado por un factor interno y otro externo. Eran tiempos de necesidad de catarsis, tanto de quien escribía como de quienes leían. Y fue así como poco a poco Comentarios comenzó a ganarse un lugar, muy segmentado, dentro del universo de publicaciones locales que cubren la temática tecnológica.

 

Prólogo de la primera edición de Comentarios, el 14 de junio de 2002

 

Desde sus inicios, se apuntó a presentar información con un agregado de opinión. La idea era que la información pura es (o debería ser) similar de un medio a otro. La opinión, no. Y así, buscaba su diferenciación. Más allá del concepto que se tenga respecto de esa opinión, no hay dudas de que es un rasgo característico que se mantuvo a lo largo de estos años. Así como la información original de nuestros propios estudios.

 En términos tecnológicos, 17 años no es una vida. Son varias generaciones. Eran tiempos donde Internet era todavía predominantemente dial up y, por impacto de la crisis, favorecía la expansión de los proveedores “free”. La banda ancha recién comenzaba a ofrecerse y era sólo fija, pero un abono de 256 Kbps costaba US$ 120 de aquellos tiempos (US$ 170 dólares a valor actual considerando la inflación en esa moneda). Hoy se puede tener (según la ubicación), 200 Mbps vía fibra óptica a US$ 38 y servicio 4G por US$ 6,5 mensuales. Este abaratamiento que acompañó una mejora del servicio produjo una masificación en el acceso a la infraestructura que fue vital para determinar qué hacemos hoy en Internet y qué haremos en el futuro.

En materia de celulares, había apenas algo más de 6 millones de líneas, que equivalen a 1/10 de la cantidad actual. No había Internet móvil, ni smartphones, ni apps. Y mucho menos se hablaba de miles y miles de dispositivos conectados por km² como se hace hoy con el incipiente 5G. El servicio móvil pasó de ser uno bastante acotado y elitista a ser uno decididamente masivo. Quizás el más.

Google existía como buscador, pero todavía no era una empresa que cotizara en bolsa. YouTube no era siquiera un proyecto, por lo que no había videos de gatitos. No se pensaba que algún día dejaría cuantiosos datos personales en redes como Facebook, cuyo manejo fue en el mejor de los casos laxo. Todavía no habían estallado los SMS como para pensar en un Whatsapp. El celular era para hablar y punto. Instagram y Twitter hubieran sido muy difíciles de explicar en ese entonces. El paisaje de Internet era radicalmente distinto. Quedaba todavía una esperanza de un mundo interconectado mejor y no el temor por otro con odios y mentiras a gran escala de rápida difusión. Interactuar con las voz con algún dispositivo era digno de historias de ciencia ficción.

La PC estaba en el centro de la vida conectada, sin la sombra del smartphone. Eran tiempos en que se estaba produciendo la revolución de las portátiles, que llegarían años después (en el 2010) a ser el formato más vendido. Hoy a nivel global se vende casi el séxtuple de smartphones (1.400 M) que de PC (260 M) evidenciando claramente cuál es el dispositivo central en la conectividad de las personas.

Desde una perspectiva país, las distintas políticas a pesar de dejar que desear en varios casos, no alcanzaron para detener un crecimiento (en líneas móviles, conexiones de banda ancha, capacidad de las mismas, acceso a dispositivos) que quizás podría haber sido más acelerado, pero claramente era irrefrenable. Así y todo, la política siempre se ve tentada a mostrar estos avances como méritos propios y no de la dinámica del sector.

En todos estos años hubo decisiones (u omisiones) que claramente atentaron contra un mayor desarrollo. Se vio en los niveles de competencia, con servicios impedidos según el origen del actor o al no habilitar recursos técnicos (frecuencias, apertura de cielos, facilitación de despliegues) que hubieran impreso un mayor dinamismo al sector. Incluso cuando se quiso controlar o reducir la relevancia de distintos actores se optó por el camino normativo, de difícil aplicación y no el de la competencia (equilibrada) que hubiera sido más eficaz y no hubiera postergado una competencia más intensa por casi una década. Pero cómo será la dinámica del sector que hoy, en un país en recesión y luego de una fuerte devaluación, todavía se sigue avanzando, desplegando fibra, lanzando nuevos productos de TV, mejorando la capacidad y cobertura de las redes, tanto fijas como móviles. Si la economía hubiera sido normal (ni siquiera buena), el sector tendría actualmente un enorme dinamismo.

Así estamos hoy. En un escenario donde la conectividad a Internet se convirtió en un servicio esencial, tal como lo demuestra su adopción masiva. Y si bien el sector tiene una dinámica propia, lo que se haga o deje de hacer desde el Estado incidirá en la velocidad de los despliegues y en la accesibilidad de los productos y servicios tecnológicos. Todavía queda mucho terreno por avanzar. El desafío continúa y allí estará Comentarios haciendo su aporte.

Un país 4G

Luego de 4 años desde su lanzamiento, la tecnología 4G se ha vuelto dominante en el mercado local. Actualmente, 2 de cada 3 residentes en Argentina utiliza un smartphone 4G. Esto surge del informe “Mercado celular argentino 2019” elaborado por Carrier y Asociados.

Esta rápida penetración es consecuencia de un crecimiento exponencial de la oferta de equipos 4G que se produjo a partir del 2015, luego de la habilitación del espectro para esta tecnología sobre el cierre del 2014. En ese entonces, los equipos 4G pasaron en un año de ser el 9% al 61% del total de equipos vendidos en el país. Y ya para el 2017, más del 99% de los equipos fueron 4G.

 

 

En cuanto a los cálculos de penetración, si bien en la industria se tiende a tomar como base la cantidad total de líneas, no suele arrojar un indicador muy relevante. Esto se debe a que las cifras de líneas totales (que en Argentina son 59 M para una población de 44M) incluyen muchas en desuso aunque en servicio, resultando entonces un indicador que distorsiona el análisis. Por lo tanto, resulta mucho más relevante tomar como base la población total del país. Es justamente calculando la penetración sobre una población de 44 M de habitantes que las 29 M de líneas 4G equivalen a una penetración del 66%.

¿Caída o sinceramiento?

El mercado móvil en Argentina registró una caída del 2,5% en cantidad de líneas en servicio durante 2018, lo que se vino a sumar al retroceso del 2017, que fue del 2,7%. Así, en el bienio 2017-2018 salieron de servicio 4 M de líneas. Esto surge del informe “Mercado celular argentino 2019” elaborado por Carrier y Asociados.

El dato a tener en cuenta es que la tendencia fue similar tanto en un año bueno económicamente como el 2017 (con un PBI que creció un 2,8%) como en uno negativo como el 2018 (donde el PBI cayó un 2,5%). Así, explicar la caída por el lado de la situación macroeconómica no parece acertado y por lo tanto es conveniente mirar qué sucede dentro de la industria.

La baja de las líneas se encuentra por el lado de las líneas prepagas. Estas cayeron un 5% durante 2018, acumulando una caída del 10,7% en los últimos dos años, con 5 M de líneas menos entre 2016 y 2018. Pero mientras tanto, las líneas pospagas crecieron un 5,8% en este bienio (4,2% en 2018 y 1,5% en 2017) sumando prácticamente 1 M de líneas.

 

 

Los operadores todavía contabilizan como líneas en servicio a muchas que están en desuso. Los 59,6 M de líneas que surgen de los balances de los tres (Claro, Movistar y Personal) contrastan con los aproximadamente 48 M de líneas que están nominadas (asociadas a un nombre o razón social y DNI o CUIT respectivamente) y que por lo tanto pueden ser consideradas en uso. La diferencia arroja 15,6 M de líneas en servicio pero sin uso. Es de aquí que los operadores regularmente dan de bajas líneas que consideran caducadas.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que una línea prepaga se mantiene totalmente activa por un período mínimo de 6 meses desde la última recarga, variando los tiempos máximos según el operador. Así, quien por limitaciones económicas no pudiera seguir cargando saldo a su línea, tiene varios meses de uso, amén de que puede usar datos vía WiFi (incluyendo al omnipresente Whatsapp). Y que estos ciclos vuelven a 0 con la más mínima recarga. Visto así, no tiene mucho sentido “dejar de usar el celular” completamente por razones económicas, aunque sí su uso podrá restringirse.

Así las cosas, lo que aparentemente está sucediendo es un sinceramiento de cifras que, de tomárselas tal cual, sólo distorsionan los análisis. En un país con 44 M de habitantes, los 59,6 M de líneas móviles en servicio arrojan una penetración del 135%. Pero aun considerando los 48 M en uso, se obtiene una nada despreciable penetración del 109% sobre la población.

Sale Intel, entra Qualcomm

La semana pasada se produjo un enroque en los proveedores de módems para 5G de Apple que no sólo significó una inusual capitulación del gigante de los smartphones sino que también sirvió para evidenciar, una vez más, que ciertos negocios no son para cualquiera, ni siquiera para los que a priori parecen aptos.

Cuando Apple y Qualcomm estaban a punto de “irse a las manos” (esto es, enfrentarse en los estrados judiciales) por una disputa sobre patentes y regalías, ambas empresas fumaron la pipa de la paz. Apple terminó haciendo concesiones que hubieran sido impensadas semanas atrás.

En la resignación de Apple mucho pesaron sus problemas para disponer de módems 5G para su iPhone para el año próximo, en momentos en que sus principales competidores a nivel global, la surcoreana Samsung y la china Huawei ya disponen de equipos que trabajan con esta tecnología. Al no estar Intel en condiciones de proveer el módem en el volumen y velocidad requerida, proveedores alternativos como Samsung o TSMC no tenían la capacidad suficiente como para dar abasto con la demanda adicional que significaría proveer a Apple. Por otra parte, Qualcomm no era una opción mientras se mantuviera la disputa por patentes y regalías que signaron los últimos tiempos. Y su propio diseño no estaría sino hasta 2021. Apple no podía darse el lujo de quedar rezagado tanto tiempo, no tanto por una cuestión técnica (las redes 5G para móviles son apenas incipientes) como por una cuestión de imagen.

Este escenario le permitió a Qualcomm torcer el brazo de Apple y llegar a un acuerdo para dejar sus disputas legales de lado. Para llegar a esta reconciliación, Apple tuvo que dar de baja sus reclamos, efectuar un pago (no precisado) a Qualcomm y comprometerse a comprarle chips que lo convierten en un proveedor clave.

Luego del anuncio del acuerdo entre Apple y Qualcomm, Intel comunicó que se retira del desarrollo de 5G para smartphones para enfocarse en el 5G para PC, servidores (datacenters) y IoT. ¿Casualidad? Para nada. A pesar de contar con el aval de Apple, Intel nunca pudo afianzarse en las comunicaciones móviles, una situación muy diferente a la que tiene en otros ámbitos.

El mercado bursátil dio su veredicto. La acción de Qualcomm subió un 20%, mientras que la de Intel llegó a su máximo en 19 años (desde la burbuja dotcom). El primero porque no sólo despejó las dudas que la disputa con Apple podría generar, sino también porque recuperó una cuenta muy importante, especialmente cuando los mayores fabricantes de smartphones, Samsung y Huawei, utilizan sus propios módems. Con Apple como cliente, Qualcomm tiene ahora todo para convertirse en el principal proveedor de módems 5G de la industria. El segundo, porque abandonó un negocio que evidentemente no le cerraba totalmente para enfocarse en lo que mejor sabe hacer. Por su parte, la acción de Apple se mantuvo estable, evitando una situación que podría haber sido muy negativa.

En definitiva, Apple evita quedar descolocado ante la incipiente ola de 5G en el mundo y Qualcomm gana un cliente que está en la pelea entre los principales fabricantes de smartphones. Apple y Qualcomm estaban predestinados a un destino común, al menos mientras Apple no decida comenzar a diseñar sus propios módems, como hizo con los procesadores.

Dimensionando el 4G

En las últimas semanas, desde el gobierno se esgrime un dato que consideran clave: para octubre de 2019 un 95% de la población estará alcanzada por las redes 4G. Sus estrategas consideran que este dato es fundamental ya que nunca como ahora hubo tantas posibilidades de acceder en forma instantánea a la información, lo que cambia de raíz la manera de hacer política respecto de lo ocurrido 4 años atrás, cuando el hoy oficialismo hacía la campaña que lo llevó al poder. Sin entrar en el análisis político, resulta conveniente aportar más números para dimensionar con mayor precisión el estado de 4G en el país.

Alcanzar el 95% de cobertura mencionado es algo posible y forma parte de las condiciones del pliego utilizado para la licitación del espectro necesario para 4G que tuviera lugar en el 2014 (a pesar de verse “estirados” los tiempos por incumplimientos por parte del Estado en cuanto a la disponibilidad de espectro limpio). Sin embargo, esto no es mérito del gobierno sino de los operadores, quienes realizan las inversiones y deben luchar con los municipios para instalar sus infraestructuras (principalmente, pero no únicamente, antenas). Es cierto que el gobierno se esforzó por simplificar este proceso, pero aún sigue siendo bastante dispar según el lugar de que se trate. Sí hay mérito del gobierno cuando se consideran los kilómetros de fibra óptica tendida por Arsat, ya que es fruto del trabajo y la inversión de esta empresa estatal. Pero considerar un logro de la gestión el avance de 4G es más bien parte de un discurso político.

Otro aspecto por considerar es que la cobertura de la red es condición necesaria pero no suficiente para este cambio en la forma de hacer política. Hacen falta también dispositivos aptos. Y aquí si bien la adopción de 4G ha sido veloz, todavía queda camino por recorrer.

En Argentina hay 29 M de líneas móviles utilizando dispositivos 4G, según se desprende del informe “Mercado celular argentino – 2019” realizado por Carrier y Asociados. Este valor puede dar distintos niveles de penetración según la base considerada.

Si se toma la cantidad de líneas móviles que el propio gobierno publica en la web del Enacom, que son 58,6 M, entonces estamos ante una penetración del 49,5% sobre el total de líneas. Pero también hay que tener en cuenta que esta cifra, que es similar a la que surge de los balances de los operadores, distorsiona el análisis. El año pasado, luego del proceso de nominación de las líneas móviles, sólo 48 M quedaron “en regla”. Y por más que el resto sigue siendo contabilizado, no están en uso. Así, tomando como base los 48 M de líneas nominadas (en uso), la penetración es más interesante, llegando al 60,4%. Por último, utilizando como base la población del país (un dato menos debatible), y que se estima en unos 44 M, la penetración de 4G es del 66% de la población.

No son malas cifras para un país como Argentina, que además de ser la 8ª geografía del mundo en extensión (lo cual encarece la cobertura) fue el último de la región en ingresar al 4G y que en el ínterin estuvo más años en recesión que en crecimiento. Pero claramente todavía hay terreno para avanzar.

El jardín amurallado del paraíso

Esta semana Apple realizó anuncios relevantes. No se trató del clásico lanzamiento de un nuevo hardware, donde el iPhone es el que concentra la mayor atención. Esta vez fue el lanzamiento de una serie de servicios que incluyeron uno de video OTT (Apple TV+), otro de noticias (Apple News Plus), otro de juegos (Apple Arcade) y hasta una tarjeta de crédito (Apple Card). Un claro signo que cómo está cambiando el negocio y por lo tanto, cómo intentan adaptarse a esta nueva realidad.

Es sabido que las ventas globales de smartphones conocieron durante el 2018 el primer bajón de su historia y que probablemente este año la situación sea similar. Adicionalmente, en este escenario Apple perdió participación de mercado y fue superado por Huawei al tiempo que ya siente la amenaza de otros fabricantes chinos. Como ambas situaciones eran previsibles, Apple empezó a diseñar nuevas formas de ingresos que no sólo compensen (aunque sea parcialmente) la caída de las ventas del hardware sino que también se apalanquen en una base instalada que es de 900 millones sólo en usuarios de iPhone. La decisión fue entonces apostar más fuerte a los servicios, que no son novedad para la empresa ya que representaron el 15% de los ingresos de la empresa durante 2018.

Lo que más atención captó por parte de los medios fue Apple TV+, un servicio de video por suscripción que no sólo agregará contenidos de terceros sino que incluirá un catálogo propio. De esta forma, se meterá en un ring donde ya pelean pesos pesados como Netflix o HBO, entre otros. En una acertada decisión, el servicio no estará sólo disponible para usuarios de hardware Apple sino que será a través de una app en distintas plataformas. Sin embargo, particularmente en lo que hace al catálogo propio, el camino será empinado. Apple anunció que prevé invertir entre US$ 1 y 2 millardos (miles de millones), una cifra importante pero escuálida ante los US$ 15 millardos que Netflix planea invertir este año. Y como agregador de contenidos, competirá con otros, especialmente los actuales actores de la TV paga, que hacen exactamente eso. En concreto pasamos de años de rumores de una Smart TV con el logo de la manzana a un servicio que de innovador no tiene nada, más allá de la calidad que pueda exhibir cuando se lance hacia fin de año. Pero claro, tiene su marca y eso tiene su peso. Especialmente sobre su base de 900 millones de usuarios de iPhone alrededor del mundo.

Por el lado de Arcade, algo que muchos bautizaron como el “Netflix de los juegos” y que no es otra cosa que un anuncio más, como ya lo hicieron Google y Microsoft, de ofrecer una plataforma de videojuegos por suscripción. Como siempre prometen algo distinto. Difícilmente atraigan a los gamers hard core, pero puede ser una alternativa viable para los jugadores más ocasionales así como un semillero para los hijos o nietos de los actuales usuarios de iPhone y iPad.

La apuesta por News+ es quizás la más dudosa. Se trata de un servicio de suscripción que permite leer más de 300 revistas y periódicos (inicialmente de EE.UU. y Canadá) por un abono de US$ 9,99 mensuales que incluye la posibilidad de compartir con la familia. Una bicoca comparado con lo que costaría cada suscripción individualmente. Esto puede ser muy bueno para los usuarios pero habrá que ver qué piensan los proveedores de contenidos, quienes van a cobrar en función de participación que cada uno de éstos tengan en el consumo de sus usuarios. Así las cosas, sería un promedio de US$ 0,03 mensuales por lector para la editorial (sin descontar la proporción que se quede la propia Apple). No parece muy viable, especialmente para aquellos medios que no sean populares.

Lo más interesante fue el anuncio de su tarjeta de crédito, la Apple Card, que no es otra cosa que una Mastercard emitida por Morgan Stanley bajo la marca Apple. Con esta tarjeta, la empresa apunta a competir directamente con los bancos con una tarjeta sin gastos, que devolverá 2% en compras realizadas vía Apple Pay (el sistema de pagos de la empresa) y 3% en productos y servicios de Apple. Más allá de los beneficios ofrecidos (interesantes pero no clave, más parecidos a los de una tarjeta de fidelización) es notable cómo apuntan a reducir a los bancos al rol de proveedores de infraestructura, reeditando lo que sucede en las telecomunicaciones con operadores de red y servicios OTT. De hecho se asocian con Morgan Stanley que está comenzando a operar como banco minorista y que por lo tanto no tiene una “herencia” de sucursales y estructura detrás.

En momentos en que cada vez más el presente y futuro de los servicios y contenidos pertenece a quien controla la relación con el consumidor, Apple apuesta a esto a través de la popularidad de sus dispositivos en mercados de alto consumo. Y lo hace con la estrategia de siempre: ofrecer un paraíso amurallado donde sus clientes se encuentran a gusto y cuidados pero donde, idealmente, sólo accederán a lo que su cancerbero les permite. Son opciones, tanto para Apple como para sus leales usuarios. Dentro de esta estrategia válida y que viene dándole resultados, la gran incógnita es si no se está diversificando demasiado, abriendo múltiples frentes simultáneamente. El tiempo dirá.

Jubilando a Arnet

Esta semana, Telecom comunicó que inició el proceso de unificación de las marcas de su servicio de acceso a Internet.La marca Arnet dejará de existir y pasará a ser Fibertel Lite. En consecuencia, bajo la denominación Fibertel Lite se agruparán los productos de la ahora ex Arnet (de hasta 20 Mbps), mientras que Fibertel hará lo propio con los que estén por encima de esa capacidad (actualmente 25, 50 y 100 Mbps).

 

 

Arnet es una de las marcas más antiguas del mercado argentino de telecomunicaciones, habiendo llegado a mediados de los 90s a manos de Telecom, quien la utilizó para su servicio de acceso a Internet por más de 20 años, inicialmente como un servicio dial up para luego ser de banda ancha, con la llegada del ADSL hacia el cambio de siglo. En su momento de mayor esplendor (2015) llegó a los 1,8 millón de accesos, para luego comenzar a perder clientes a manos de la competencia. Esto ocurrió principalmente con Fibertel, con quien tenía una importante superposición geográfica en la cobertura de sus redes. En un mano a mano llevaba las de perder por la mayor capacidad de Fibertel sumada al atractivo del combo con el servicio de TV paga de Cablevisión.

Con una tecnología inferior al cablemódem (y claramente la fibra óptica), Arnet no sólo no pudo detener el avance de su competencia, sino que evidenció las limitaciones técnicas que tenía, comenzando a desprestigiarse como marca aceleradamente. Por esto mismo es que la movida de pasar a denominar bajo la marca Fibertel a los productos ADSL es una jugada no exenta de riesgos. Los accesos ADSL seguirán teniendo limitaciones en su capacidad, especialmente en momentos en que la demanda por ancho de banda sigue en aumento como consecuencia de un mayor consumo de video así como de la multiplicación de dispositivos conectados simultáneamente (PC, celulares, Smart TV, tablets, parlantes inteligentes, etc.). Un escenario en el que los 20 Mbps que como máximo ofrecen los productos de ADSL están camino a ser rápidamente el mínimo aceptable.

Esta movida se encuadra en una estrategia dual desde el punto de vista tecnológico de Telecom. En las zonas donde haya cobertura de la red HFC de Cablevisión, la idea será migrar a los clientes de Arnet a la red de coaxil. O de Fibertel Lite a Fibertel “tradicional”. En las zonas donde Cablevisión no tenga presencia, la idea es hacer un leap frog y comenzar a desplegar una red de fibra óptica al hogar, tal como lo está haciendo actualmente Movistar (Telefónica) en su zona de influencia, migrando desde el cobre.

Más allá del cambio de nombre/marca, lo interesante de la movida es que ahora Cablevisión comenzará a ofrecer Flow a los clientes de ADSL de Arnet. Si bien no hay precisiones sobre si será bajo un formato OTT o IPTV, lo cierto es que la decisión de distribuir sus contenidos en video sobre los accesos de ADSL le sumará a Cablevisión un número no menor de potenciales clientes, siendo esto motivo de preocupación de DirecTV y otros operadores de TV paga que actualmente atienden a usuarios de la ex Arnet. Como se ve, la unificación de los servicios de acceso a Internet bajo el nombre Fibertel es también un paso en la oferta convergente de servicios.

 

El año del perro

El 2018 no sólo será un año negro para la economía argentina. También, y quizás peor, para Huawei. Es que la empresa china, que quedó en medio del fuego cruzado por la puja política y económica entre China y los EE.UU., ha visto a lo largo de este año toda una serie de decisiones en su contra cuyas consecuencias todavía no se pueden vislumbrar con claridad, pero que seguramente serán relevantes.

Es fácil pensar que, por su abierto enfrentamiento con China desde que asumió la presidencia, las presiones contra Huawei nacen con la llegada al poder del presidente Trump. Sin embargo, fue durante el gobierno de Obama, en el 2012, que se encendió la luz de alarma. El comité de Seguridad Nacional del Congreso de los EE.UU. desaconsejó el uso de equipos de redes de origen chino. Dentro de un escenario geopolítico de un fuerte avance de China como superpotencia mundial, el temor de que una infraestructura tan básica pero estratégica como la de las comunicaciones (y que cada vez lo es más) pudiera ser manipulada por el enemigo en una hipótesis de conflicto cada vez más fuerte. Pero sí es cierto que durante este año las decisiones en contra de Huawei (y también de ZTE, aunque esta sea menos relevante en el negocio de la infraestructura) escalaron a punto tal de llevar a la empresa recurrentemente a los titulares de los medios de negocios y de tecnología.

A principios de año hubo una noticia que marcaba que el conflicto se extendía del terreno político al comercial. Fue cuando, a horas de que AT&T anunciara un acuerdo por el cual incluiría los celulares de Huawei a su oferta, tanto el anuncio como la operación fueran abortados. Y así, quedaba trunca una movida que le daría un fuerte impulso en un mercado gigantesco que le venía siendo esquivo. No obstante no participar del mercado estadounidense, Huawei siguió creciendo en el global, alcanzando el 2º puesto, arrebatado a Apple. Una pequeña venganza de Huawei pero que en este contexto es casi anecdótica.

Más tarde, el campo de batalla se trasladó fuera de las fronteras de los EE.UU. cuando el gobierno estadounidense comenzó a presionar a países aliados (se mencionó a aquellos que tienen bases militares estadounidenses) contra el uso de equipos de marcas chinas en sus redes de telecomunicaciones. A tal punto que hace algunas semanas noticias provenientes del Reino Unido y Alemania indicaban que en esos países estaba estudiando también la posibilidad de bloquear a los fabricantes chinos por razones de seguridad nacional. Inclusive el operador británico BT fue un paso más allá, ya que no sólo no comprará más equipamiento de Huawei sino que lo retiraría de su red core. Paralelamente, países como Australia, Nueva Zelanda, India y Japón comenzaron a restringir de una forma u otra la incorporación de equipamiento chino en sus redes.

La cosa escaló aún más cuando recientemente fuera detenida en Canadá, por pedido de las autoridades de EE.UU., la CFO de Huawei e hija de su fundador, acusada de liquidar transacciones vinculadas a Irán, violando las sanciones estadounidenses. La ejecutiva fue luego liberada bajo fianza, con una pulsera electrónica mientras espera que se decida si corresponde su extradición a los EE.UU.

Las últimas malas noticias para Huawei se dieron esta semana, cuando el HSBC y el Standard Chartered, decidieron no proveer a la empresa de ningún nuevo servicio bancario ni fondeo al evaluar que sería un riesgo muy alto habida cuenta de que es apuntada como un riesgo a la seguridad nacional por los EE.UU. y otros países. Una decisión que de multiplicarse reduciría el acceso al sistema financiero global, asestando un duro golpe para la empresa.

Bienvenidos a la Guerra fría del siglo XXI.

Sin vencedores ni vencidos (por ahora)

El reciente decreto 1340/2016 introdujo algunas definiciones conceptuales contundentes en relación a la política del gobierno en materia de comunicaciones convergentes. Sin embargo, muchos puntos espinosos no terminan de ser precisados, quedando las definiciones postergadas hasta tanto el regulador, a través del Ministerio de Comunicaciones y del ENACOM, así las defina.

En líneas generales, quedan en claro dos puntos. Uno es la prioridad que se le asigna a la inversión por sobre la competencia, al menos en el corto plazo. Es indiscutible que Argentina se encuentra atrasada en términos de infraestructura fija, con una razonable penetración, pero un bajo ancho de banda promedio y con grandes diferencias en el mismo a nivel geográfico. Por lo tanto, no se puede hablar seriamente de competencia sin un fuerte proceso inversor previo. El otro punto, y que armoniza con el anterior, es la política expresa de habilitar a las comunicaciones móviles cuanto espectro sea posible, priorizándolo por sobre otros servicios.

La convergencia total implica que cualquier operador pueda dar todo tipo de servicio. Y teniendo en cuenta el escenario actual, las miradas se centran en el ingreso de las empresas de telecomunicaciones al negocio de la TV, así como en la incorporación de servicios móviles por parte de empresas proveedoras actualmente de servicios fijos (banda ancha y TV).

Por el lado de la TV, el decreto establece que las empresas de telecomunicaciones que están impedidas de dar servicios de comunicación audiovisual (Claro, Telecom y Telefónica) podrán comenzar a hacerlo a partir del 1° de enero de 2018. Sin embargo, sólo podrán dar servicio inicialmente en las áreas metropolitanas de Buenos Aires, Rosario y Córdoba capital, todas áreas donde opera Cablevisión. Son las tres principales ciudades del país que en su conjunto concentran el 36% de la población del país. Esto implica que el restante 64% no accederá a los beneficios de una mayor competencia por un tiempo no determinado. El decreto exceptúa del ingreso de las telcos al servicio de TV en localidades de menos de 80.000 habitantes. Se trata de una medida “para la tribuna”, ya que no son mercados de interés para grandes operadores debido a su baja concentración de población. Pero no establece plazos para todo el resto de las localidades que se encuentran entre éstas y las tres más grandes especificadas. Por lo tanto, quedan fuera de este nuevo entorno competitivo ciudades como Mendoza, para alegría del grupo Vila-Manzano. Así, ésta es una medida que favorece a la industria del cable, a excepción principalmente de Cablevisión y de Telecentro.

Por otra parte, se mantiene el impedimento de que las telcos ofrezcan servicios de TV vía satélite. En términos técnicos, esto va en contra de la libertad tecnológica del operador para elegir cómo ofrecer sus servicios. No obstante, primó una visión más enfocada a la inversión, ya que las telcos deberán mejorar la capacidad de sus redes de cable para dar este servicio. La competencia en TV deberá esperar a este despliegue. No obstante, DirecTV se mantiene al margen de esta limitación, permitiéndosele retomar legalmente los servicios (y sus tecnologías) que tenían hasta la publicación del decreto 267. Además de TV satelital, DirecTV ofrece desde hace años acceso a Internet inalámbrico y estaba expandiendo este servicio hasta que el decreto mencionado congeló sus planes. Vuelve a su status anterior, invirtiendo en su red terrestre.

El ingreso de nuevos jugadores al terreno de los servicios móviles es más complejo y espinoso. El decreto anticipa normas y procedimientos para asegurar la reatribución de frecuencias ya asignadas para que sean aptas para servicios móviles. Menciona también que deberán definirse compensaciones económicas (por el mayor valor que tiene el espectro fijo respecto del móvil) así como las obligaciones de cobertura y metas específicas. Si bien muchos vieron a Cablevisión-Nextel como el más favorecido, lo concreto es que sin conocer los aspectos que quedan por definir, no se sabe a ciencia cierta cuán atractivo resultará este proceso. Como reza el dicho, el diablo está en los detalles.

Por otra parte, menciona que se podrá asignar espectro no sólo a los actores actuales sino también a prestadores locales o regionales de servicios TIC en sus áreas de operaciones. Esto permite deducir que el gobierno piensa no ya en un único 4° operador sino en múltiples 4° operadores, cada uno en áreas geográficas distintas. Esto se vería potenciado con la puesta en funcionamiento de la Red de Protección Pública y Operaciones de Socorro, Defensa y Seguridad, pensando en situaciones de emergencia. Según declaraciones radiales del Ministro Aguad en el programa TMT conducido por José Crettaz, la idea es llamar a licitación para la construcción de una red que, como tendrá capacidad ociosa la mayor parte del tiempo, sirva también para ofrecer servicios mayoristas, utilizando las bandas de 700 MHz y 2,5 GHz. Toda una novedad.

El surgimiento y desarrollo de nuevos operadores móviles no sólo tiene que ver con el espectro sino también con temas más áridos, pero no menos relevantes como condiciones de interconexión o de roaming. En el caso de la interconexión se establecerán tarifas asimétricas por el término de 3 años prorrogables por 18 meses más. Si bien señalan que inicialmente se tomarán como referencia promedios de tarifas para servicios similares en Latinoamérica, no se indican cuáles serían las condiciones que podrían dar lugar a la mencionada prórroga. El roaming, que permitirá que clientes de un operador regional usen su servicio más allá del área de cobertura original, será obligatorio por 3 años. Ambas son medidas para ayudar a entrantes mientras se desarrollan, donde lo que se debate es si ese plazo es adecuado o exiguo.

Finalmente, se fijó en 15 años la no aplicación de la desagregación del bucle en redes NGN de última milla. Esto implica que, durante este término, los operadores que desplieguen en adelante redes de última milla NGN (fibra óptica o cable coaxil) no estarán obligados a permitir que otros operadores utilicen esa infraestructura para dar sus servicios. Garantizando la exclusividad del uso de sus propias redes de última generación, motiva a las telcos (Telecom y Telefónica por tener una tecnología vieja y Claro por prácticamente no contar con infraestructura cableada) a invertir en el desarrollo y capilaridad de las mismas, aunque esta protección también aplicaría para los nuevos tendidos de los actuales operadores de TV por cable. Aquí nuevamente se ve el foco en la inversión por sobre la competencia. No obstante, si el término de 15 años es el adecuado, es materia debatida.

Tácitamente, el gobierno afirma que en materia de convergencia hoy la prioridad es multiplicar la inversión. La competencia real y efectiva deberá esperar mientras se despliegan las redes (fijas y móviles) necesarias. Sin embargo, todavía quedan pendientes muchas definiciones, más técnicas, pero no menos políticas, que pueden inclinar la cancha para uno u otro lado. Lo que está asegurado es que la acción se mantendrá en los próximos meses.

Haciendo la vertical

AT&T-Time WarnerJusto al día siguiente a que se abordara desde aquí la evolución de los contenidos como factor clave [ver “Content is King 2.0”], en EE.UU. se anunció una mega operación por la cual el operador convergente AT&T adquiere al generador de contenidos Time Warner por US$ 85 millardos (mil millones). Ya no alcanza con ser dueño de la red. También hay que poseer lo que fluye por la red (aunque sea una parte).

Como toda gran operación, la misma será revisada en detalle por el regulador. Sin embargo, ya se metió en la campaña electoral para presidente. Ambos candidatos se mostraron “revisionistas” como consecuencia de las preocupaciones respecto a una “sobreconsolidación” del mercado. Clinton se mostró inclinada a revisar a fondo (no podía decir otra cosa), mientras que Trump fue más preciso y dijo oponerse directamente, ya que acuerdos de este tipo “atentan contra la democracia”.

El de AT&T-Time Warner no es el típico caso de consolidación en una industria. O, como bien lo explicó el CEO de AT&T, se trata de una integración vertical y no horizontal. Lo que hace AT&T vendría a ser como adquirir un proveedor, no un competidor. Por lo tanto, se trata de una operación con características similares a la que llevó tiempo atrás Comcast (el principal operador de triple play de los EE.UU.) al adquirir NBC Universal en 2011 y que fuera aprobada. Además, parece menos conflictiva que la adquisición realizada tiempo atrás de DirecTV, lo que sí produjo una consolidación en el mercado de TV paga. Conviene aclarar que el acuerdo no incluye al operador triple play Time Warner Cable.

No obstante, existen temores que esta integración vertical termine resultando en un trato preferencial por parte de AT&T hacia los contenidos de Time Warner en relación a otros, como Netflix, por ejemplo. Esto no implica que AT&T decidida no ofrecer productos de Time Warner (como HBO) a otros operadores con el objetivo de lograr un contenido diferencial a su propuesta convergente y atraer así nuevos clientes a su plataforma. Estaría en todo su derecho, aunque habría que ver si económicamente tal decisión sería favorable.

Claro que hay una forma de privilegiar contenidos propios más sutil, y que tiene que ver con el video móvil. Se trata de un contenido cada vez más relevante, a tal punto que desde Facebook prevén que para el 2021, el 70% del tráfico de datos móviles será video, creciendo del 50% actual. Y en este sentido, AT&T acaba de sentar un precedente al anunciar que el tráfico del servicio DirecTV Now (la versión OTT de la programación) no se contabilizará dentro del paquete de datos incluido en el abono. De esta forma sí establece un trato preferencial a sus propios contenidos, reflotando entonces la discusión sobre la neutralidad de la red.

Si la operación finalmente se concreta, se estaría revirtiendo la historia. Quizás el mayor impacto de Internet en materia de contenidos fue independizar a los contenidos de la red. Algo que el hombre quiere volver a unir.