'Regulación'

Sobre objetivos y medios

Esta semana arrancó en Buenos Aires la Conferencia Mundial del Desarrollo de las Comunicaciones 2017 (CMDT-17). La misma fue organizada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y el Ministerio de Modernización de la República Argentina. Se trata de un evento que convocó a más de 600 asistentes de todo el mundo para debatir sobre el futuro del sector de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información (TIC) y su contribución al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.

Ante la relevancia del encuentro, participaron las mayores autoridades del gobierno en materia de telecomunicaciones, que plantearon objetivos en materia de conectividad. También fue una excelente ocasión para que los periodistas que cubren estos temas los abordaran para indagar sobre otros temas de la agenda más inmediata.

En su discurso inaugural, el ministro de Modernización sostuvo: “Desde el Gobierno Nacional estamos comprometidos en generar las facilidades necesarias para el desarrollo de las TIC y conectividad en todos los rincones del país para que cada ciudadano tenga servicios de calidad”. Más allá de estos objetivos generales, después fue más preciso al indicar que “hoy en día existen 7 millones de hogares con acceso a internet. Queremos mejorar la velocidad de 3,5 millones de ellos y alcanzar 2 millones de nuevos accesos entre 2017 y 2020. Argentina tiene una velocidad promedio de 6,5 Mbps y buscamos alcanzar la media de 20 Mbps para estar a la altura de los países desarrollados de la Unión Europea”. Se trata de objetivos interesantes y ambiciosos, aunque no hubo precisiones con relación a cómo se los alcanzará.

Sin dudas será importante el desarrollo de la banda ancha propiciado no sólo por el despliegue de la REFEFO (Red Federal de Fibra Óptica) sino también por los subsidios (vía aportes no reembolsables) a los despliegues de fibra en las localidades más pequeñas para cooperativas y PyME, conectándose a la red de Arsat. Asimismo, será valioso el aporte que los operadores privados puedan hacer a través de la actualización de sus redes, cosa que está sucediendo ante un escenario de convergencia. Pero todo esto no alcanza.

Argentina tiene una enorme extensión (es el 8° país del mundo en superficie) con baja población, lo que hace que sea muy difícil económicamente cubrirla por completo con redes fijas. Es aquí donde entra en escena la tecnología satelital, la cual permite cubrir toda la geografía del país en mucho menos tiempo que lo que demandaría el cableado y a un costo menor. Es importante considerar que la tecnología satelital ha evolucionado, así como lo hicieron las tecnologías cableadas (al pasar del cobre a la fibra) o las móviles (al pasar del 2G al 4G). Hoy existen ofertas comerciales (basadas en tecnología HTS o High Throughput Satellite) que permiten conexiones de 25 Mbps a menos de US$ 100 mensuales. Obviamente no es mejor que la fibra o el cable, pero en muchos casos sería la única opción, así como también una mejor alternativa a conexiones inalámbricas de 3 Mbps a más de $ 1.000 mensuales, muy habituales en áreas rurales y también en algunas suburbanas.

Lógicamente, para lograr que el satélite sea un actor relevante y no solamente un recurso de nicho para los muy pocos que pueden pagar los costos actuales para capacidades dignas de principios de la década del 2000, hace falta impulsar su oferta. Esto se puede lograr de dos maneras no excluyentes: el desarrollo y puesta en órbita del Arsat 3 y una apertura de los cielos satelitales para que empresas extranjeras puedan ofrecer sus servicios en el país.

Sobre el Arsat 3, el Ministro de Modernización declaró ante la prensa que se están evaluando distintas alternativas, más allá de la carta de intención firmada con Hughes. Esto indicaría que el gobierno se encuentra recalculando en este tema. Y prometió que habrá definiciones el mes próximo. De todos modos, aun cuando hubiera una definición en noviembre, el proceso que culminará con la puesta en funcionamiento del satélite no estaría terminado antes del 2020. Muy tarde como para hacer su aporte al cumplimiento de los objetivos planteados por las autoridades. Es aquí donde entra entonces en el menú de opciones la apertura de los cielos satelitales, de forma tal de permitir la oferta de satélites ya en funcionamiento o que lo estarán antes de la fecha indicada por el Ministro.

Resulta claro entonces que, para lograr los objetivos planteados, es necesario que el gobierno deje de tomar decisiones tecnológicas del tipo “esta tecnología, sí, esta tecnología, no”. La libertad tecnológica es una condición necesaria para que los distintos operadores elijan cuál es la más indicada en función de los distintos segmentos del mercado. El objetivo es conectar a la población para darle igualdad de oportunidades de pertenecer al mundo en el que vive y no que lo hagan a través de una u otra tecnología, defendiendo intereses sectoriales particulares.

El gran olvidado

Durante las Jornadas de ATVC, que reunieron a la industria de la TV paga, hubo muchas charlas interesantes. Y como suele suceder ante la multiplicidad de paneles y oradores, a veces algunas cosas se escapan. Un dato interesante lo dio un ejecutivo de HBO para Latinoamérica, quien expresó que Argentina es uno de los principales mercados para HBO. Y fue más allá al decir que “con un 80% de penetración de TV paga, parecería que queda poco lugar para crecer, pero falta un desarrollo en cuanto a la digitalización. De los 9 millones de hogares que hay con TV paga en el país, es raro que sólo 4 millones estén digitalizados”.

El dato de que algo menos de la mitad de los abonados a TV paga tengan acceso a un servicio digital puede ser visto como un tema de costos del servicio. Pero ciertamente no es la única razón. Más importante aún es que en muchos casos, especialmente en las localidades más pequeñas, los operadores locales no han invertido lo suficiente en la red como para ofrecer esta funcionalidad. Esto puede deberse tanto a que los dueños de estas operaciones no sienten presión competitiva y por lo tanto no se ven motivados a invertir, aunque también es importante considerar que muchas veces son operaciones de escalas chicas, que no soportan los costos de modernizar las redes.

Es importante tener esto presente en momentos en que la regulación alrededor de la competencia en TV paga parece tener un límite simbólico (y arbitrario) en las localidades de menos de 80.000 habitantes. La decisión está destinada a proteger a las empresas que allí brindan servicio, no así a su población, que se ve forzada a consumir lo poco que le ofrecen.

Es claro que la regulación (léase, la política), las empresas del sector y hasta muchos medios de comunicación se preocupan más por el devenir de las empresas que por lo que suceda con los usuarios/consumidores. Pero esta atención al impacto en las empresas implica también condenar a las poblaciones atendidas por ellos, que no tienen a veces acceso a los mejores servicios de TV: digital, HD, VOD en el caso de TV. En consecuencia, tampoco tienen acceso a determinados contenidos.

La falta de digitalización también impacta en el acceso a Internet de banda ancha. Este servicio no puede ser provisto por las redes de cable no digitalizadas, por lo que muchas veces los pequeños operadores recurren a la tecnología inalámbrica terrestre, generalmente de baja capacidad e inestables.

La limitación económica de una escala pequeña no es algo que puedan resolver grandes operadores de TV por cable o las mismas telcos a través de las redes terrestres. Pero sí por el satélite, que puede cubrir grandes extensiones a un costo relativamente fijo (el variable tiene que ver con el equipamiento del cliente y la capilaridad comercial y técnica). Y es una opción que permitiría mejorar rápidamente la competencia a través de operadores de telecomunicaciones y de los propios operadores de TV paga (como acaba de implementarlo Uruguay). Esto no implica que desaparezcan los pequeños operadores, quienes podrían agruparse para ofrecer este servicio o simplemente revenderlo, pero manteniendo su principal diferencial que es la proximidad con el cliente. Además, conviene recordar que las nuevas tecnologías satelitales, además de TV, pueden dar acceso de banda ancha con velocidades consideradas de Ultra Banda Ancha.

Sin embargo, la tecnología satelital parece ser una mala palabra en Argentina. Quizás porque durante años sólo una empresa estuvo autorizada a dar este servicio en forma masiva. Pero sería bueno dejar de demonizar una tecnología y comenzar a pensar en el usuario y su derecho a acceder a mejores contenidos y servicios. Es hora de poner al usuario en el centro del debate.

El fantasma que no fue

Esta semana el diario Clarín publicó un interesante artículo sobre el impacto de la eliminación de aranceles a la importación de computadoras. A pesar de ciertas reacciones alarmistas cuando se anunció la decisión (en noviembre del año pasado) que se repitieron con más énfasis cuando entró en vigor (a fin de marzo de este año), el panorama se presenta positivo.

Según la nota, en base a datos de la consultora GFK, en la comparación interanual de julio 2016 al 2017, el crecimiento en las ventas de notebooks fue del 80% en unidades. Esto se dio con una baja promedio del 18% en los precios (sin aclarar si consideran la depreciación del peso por la inflación, aunque todo indicaría que no). La comparación de precios en un producto que, como las notebooks, no suele mantenerse exactamente con la misma configuración durante tanto tiempo es un tema complejo. Pero, aun así, ya en abril de este año se habían registrado bajas del orden del 29% (teniendo en cuenta el impacto de la inflación).

No obstante, este crecimiento de las ventas probablemente comenzará a desacelerarse hacia el cambio de año. Hay que tener en cuenta que el mercado tenía una importante demanda reprimida como consecuencia de lo limitada y cara de la oferta, a lo que se sumó el anuncio anticipado de la baja de aranceles. Esto motivó postergaciones de renovaciones (salvo urgencias) hasta la vigencia del arancel 0 y el consecuente ingreso de equipos importados con mejores configuraciones. Al margen de esto, lo lógico será que en algún momento el mercado de PC entre dentro de la dinámica global de estos productos, que vienen registrando bajas en sus volúmenes de ventas desde hace ya varios años. El impacto de dispositivos personales alternativos (smartphones, tablets) hace que el mercado de PC ya no vuelva a los niveles de antaño.

El crecimiento de las ventas por la baja de precios y una mayor diversificación y actualización de la oferta era algo previsible. Pero lo que muchos temían (y otros amenazaban con ello) era una fuerte caída en la cantidad de gente empleada en la industria. Algo que no sucedió, tal como lo describe el mencionado artículo. Ese fantasma, agitado por los ensambladores locales, no pasó de eso. Y es que un mercado más grande genera más empleos en ventas, administración, logística y soporte, que terminan compensando los puestos en las líneas de ensamblado. Adicionalmente, y como ocurrió siempre, sigue habiendo ensamblado local de equipos de escritorio. Un escenario que se anticipara desde este medio cuando en noviembre del 2016 se anunciara la medida.

En definitiva, luego de un proceso natural de reconversión, los resultados demuestran que, lejos de perjudicar a la industria esta medida renovó su vigor. Y que era mejor ponerse a trabajar rápidamente en adaptarse al nuevo escenario que buscar salir en los diarios anunciando escenarios catastróficos que finalmente no se concretaron.

Sin brote

El mercado de los celulares (que hoy son prácticamente todos smartphones) sigue sin recuperarse en Argentina. El 2016 fue un año muy malo, con una caída del 17% en unidades respecto del 2015. Este año la cosa no mejora, con un 12% menos de unidades ingresadas al mercado (sea desde Tierra del Fuego o directamente del exterior) durante la primera mitad.

Sin dudas, el primer trimestre fue particularmente malo, con un retroceso del 23% en unidades en la comparación interanual. Más allá de una economía que todavía no daba señales claras de recuperación, en esto jugó también que, como consecuencia del flojo 2016, en el canal había mucho stock de equipos. En consecuencia, varios fabricantes decidieron frenar la producción para reducir inventarios. La cosa mejoró en el segundo trimestre, con niveles que fueron equivalentes a los del año pasado. Así, la caída del semestre responde básicamente a lo que ocurrió entre enero y marzo.

Por otra parte, y como consecuencia de este escenario, el mix de equipos, considerando su valor FOB, se desplazó hacia abajo. Mientras que en el primer semestre del 2016 un 43% fueron terminales de hasta US$ 150, este año es grupo representó el 63%. Inversamente, la gama más alta (de más de US$ 300) pasó de ser el 17% a sólo el 12%. En este último caso, también es lógico pensar que se trata de la categoría más impactada por el mercado gris, compuesto no sólo por los equipos que ingresan de contrabando sino también por aquellos que los argentinos compran en el exterior en sus viajes, ya sea en un fin de semana largo a Chile o cuando visitan los EE.UU. Esto es así porque quien viaja al exterior aprovecha para comprar equipos más sofisticados al precio de uno de gama media en el país. Brecha alimentada por el famoso “costo argentino” que por el momento no da señales de reducirse. Esta misma lógica se aplica al contrabando, donde los riesgos son similares, ya sea para ingresar un equipo de US$ 100 como otro de US$ 900, pero no así el volumen de ganancia.

Evaluando al iPhone

Siendo que el iPhone se comenzó a vender oficialmente en Argentina a partir del segundo trimestre del 2017 (luego de varios años de estar vedado en los hechos), el cierre del primer semestre ofrece una radiografía inicial de este tan esperado regreso oficial al mercado local.

El hecho de “tener los papeles en regla” (léase soportar la alta carga impositiva) no hacía presumir que se produjera una avalancha de estos equipos. Y efectivamente, así fue. En todo el primer semestre de 2017 apenas si ingresaron oficialmente algo más de 12.000 unidades. O un 0,3% del total del mercado.

La distribución por modelos muestra claramente un sesgo hacia la gama más alta, la línea 7, que representó más de la mitad de los equipos ingresados. Aquí los clientes son no sólo los segmentos socioeconómicos más altos sino también los ejecutivos a quienes la empresa le provee el equipamiento (a veces inclusive como parte de un estándar corporativo), que hasta ahora debían adquirir un iPhone en una situación un tanto irregular o elegir otra marca.

También se observa una importante proporción del modelo SE (el entry level) que, si bien fue lanzado a principios de 2016, es una evolución del 5S, de 2013. Esto hace que sea un equipo con un precio más en línea con la oferta de otras marcas y que apunta a quienes aspiran a tener un smartphone con el logo de la manzanita, pero no cuentan con los recursos necesarios para acceder a los modelos más avanzados. Pertenecer tiene su costo, y esto también es parte del atractivo.

Remezones de la fusión

A dos semanas de la mayor fusión que se produjo en las telecomunicaciones argentinas, no sorprende que se siga hablando sobre el tema, especialmente cuando todavía queda camino por recorrer hasta que la operación se concrete.

Por un lado, Fintech y Cablevisión llegaron a un acuerdo por el cual la segunda tendrá un importante control sobre la empresa fusionada, incluyendo la mayoría de los miembros del directorio, el comité ejecutivo, el de auditoría y la comisión fiscalizadora. Se comenta que el CEO ya tiene nombre y apellido y no es muy difícil de imaginar quién será, aunque por ahora no hay nada oficial. Por otra parte, también acordaron que Cablevisión tendrá una opción de compra por el 13,51% de Telecom, válida por un año. De ejercerla, CV tendrá la mayor participación accionaria de la nueva empresa. Está claro que independientemente del nombre que tenga la empresa resultante de la fusión, tendrá una fuerte impronta de Cablevisión.

Como se mencionó la semana pasada [ver “LA fusión”], uno de los puntos más álgidos de la operación tendrá que ver con la concentración que se producirá en banda ancha, donde la combinación de los suscriptores a este servicio de Fibertel y Arnet darán a la nueva empresa una participación de mercado del 55%. Resulta interesante ver cómo se llegó a estas participaciones en los últimos años, en los cuales Fibertel registró notables crecimientos (aún en plena pelea con el gobierno anterior), mientras que las dos principales telefónicas comenzaron a perder terreno, evidenciando el impacto de una red que comienza a dar signos de que necesita un upgrade.

Siempre hablando de la fusión, los primeros afectados con el simple anuncio fueron los proveedores que habían participado en las licitaciones para proveer de tecnología a la red de Nextel en su preparación para dar servicios 4G. La cosa quedó en el freezer y los que trabajaron horas y horas en armar las propuestas, desmoralizados. Gajes del oficio.

Para cerrar, una observación/especulación. Cuando se concrete la fusión (nadie duda de que se concretará, lo que no está claro es cuáles serán las condiciones para que esto suceda), los usuarios de Arnet podrán rápidamente tener un servicio de TV: Flow. Una demostración de que aquí no hubo ningún movimiento improvisado.

Cielo despejado

El mercado de comunicaciones satelitales en Argentina se encuentra en estado de ebullición. Es que a pesar de las regulaciones que exceptúan a la provisión de facilidades satelitales de esquemas de libre competencia, el gobierno nacional está decidido a avanzar en una política de apertura de cielos. Para ello, utiliza la excepción a esta restricción que es por la vía de acuerdos de reciprocidad con los países a los que pertenecen los satélites. Actualmente estos acuerdos son con seis países: Brasil, Canadá, EE.UU., España, México y Países Bajos. Esta estrategia le permitió aprobar once satélites que durante esta gestión pasaron a operar en el cielo argentino, compitiendo con Arsat.

En este marco, el anuncio de la autorización de operación del Amazonas 3 esta semana es relevante para el devenir del acceso a Internet en áreas de nula o mala cobertura de las redes terrestres tradicionales (sean cableadas o inalámbricas). Se trata de un satélite lanzado en 2013 que opera las bandas C, Ku y, la nueva niña bonita, la Ka. Esta última, combinada con las tecnologías satelitales más recientes (que logran una mejora en la capacidad y costo del servicio equivalente a lo que significó el paso de 2G a 4G o del cobre a la fibra) hace que se aumente la oferta de conectividad a Internet con productos de características similares (aunque no iguales) a la banda ancha fija terrestre. Así, habrá ahora dos satélites ofreciendo este tipo de servicio. El mencionado Amazonas 3 y el Spaceway 2, que a modo piloto utiliza DirecTV para dar banda ancha satelital.

La llegada del Amazonas 3 es importante, aunque su impacto en la demanda será limitado. Esto se debe a que, a diferencia de los satélites tradicionales, su cobertura no es una gran área sino múltiples spots, por lo que en este caso específico se limita a una porción de la provincia de Buenos Aires, tal cual se ve en la siguiente imagen.

Al día siguiente de publicada la autorización del Amazonas 3, la empresa Boldt anunció que adquirió toda la capacidad de este satélite en territorio argentino. El plan es convertirse en un proveedor mayorista de servicios de Internet de alta velocidad para zonas rurales y suburbanas, utilizando tecnología satelital HTS (High Throughput Satellite) de alta capacidad y bajo costo. De esta forma, se suma al piloto de DirecTV, aunque en este caso su satélite tiene una vida útil estimada hasta mediados de 2018. La del Amazonas 3 es hasta el 2028.

Algunos ven al ingreso de nuevos operadores satelitales internacionales como una competencia que atenta contra el negocio de Arsat. Pero evidentemente, la demanda supera a la oferta actual, como lo demuestra la venta total de la capacidad tanto del Arsat 1 como el 2. Por otra parte, Boldt estaría negociando la compra de más capacidad para ampliar los servicios de banda ancha satelital una vez que entre en funcionamiento el Arsat 3, que utilizará las mismas tecnologías.

Con su amplia extensión geográfica y una capacidad de su red fija por debajo del ideal, la llegada de más satélites con capacidad para dar servicios modernos (tanto en prestaciones como en costos) es positiva. Se llega a zonas mal o directamente no atendidas, genera un aumento de la oferta, incentiva a la mejora de los servicios y presiona a los precios a la baja. Y todavía queda mucho territorio y mucha población por cubrir. Sin dudas, no es un impedimento para que Arsat siga desarrollando y poniendo satélites en operaciones.

Compartir para ganar

Si hay algo indiscutible de la actual gestión en telecomunicaciones es su afán por abrir el juego en materia de servicios móviles. Sus formas de proceder podrán ser criticables (y de hecho, algunos de los operadores actuales se lo han hecho saber) y a veces sus resultados se hacen esperar (como con la devolución del espectro asignado pero nunca pagado por Arlink y la liberación de los dichosos 700 MHz). Pero el objetivo, compartido o no por el resto, siempre fue claro: abrir el juego para el ingreso de más operadores, de distinto tamaño y con distinto modelo de negocios (OMR, OMV o lo que haya en el medio).

Esta semana hubo una interesante novedad: la Red Intercable (organización integrada por 230 operadores de TV por cable) anunció una inversión de US$ 100 millones para dar servicios móviles 4G en distintas localidades del país, donde brinda servicios a un universo potencial de 600.000 hogares. Lo llamativo es que Red Intercable no tiene espectro ni tampoco es un OMV (por ahora). No obstante, los operadores nucleados en Red Intercable instalarán radiobases y redes de fibra óptica, utilizando el espectro radioeléctrico recientemente asignado a Cablevisión-Nextel. Lo harán a través de un convenio de “compartición de espectro e infraestructura” entre Red Intercable y Cablevisión-Nextel. Se trata de un acuerdo entre privados que fue comunicado desde el Ministerio de Comunicaciones, lo que habla a las claras del apoyo recibido por parte de las autoridades nacionales.

Este escenario era una posibilidad que se planteó desde aquí, bajo el título de “Nueva oportunidad” hace casi 2 años (todavía durante la gestión anterior), poco tiempo después del anuncio de la adquisición de Nextel por parte de Cablevisión.

El acuerdo puede ser visto desde tres perspectivas distintas. Desde el punto de vista del servicio móvil, permite que operadores de cable medianos y pequeños tengan la oportunidad de participar con un alto grado de control, proveyendo la infraestructura física necesaria. Algo que vienen reclamando desde hace rato. Por otro lado, para Cablevisión-Nextel es una forma de aumentar la cobertura de su servicio sin el esfuerzo inversor necesario, en áreas donde no participa con sus servicios de TV paga. Este esquema asociativo le da fortaleza política, ya que se alía con operadores de cable del interior, muchos de ellos con fuertes vínculos con el poder político. En alguna medida, esta versión extendida de Cablevisión-Nextel se erige como el operador móvil de los cables.

En una hipotética fusión entre Cablevisión y Telecom, Cablevisión tendría activos potenciados en su valor. Si bien ambas empresas tendrían espectro en las bandas de 900 MHz y 2,5 GHz, si la de Cablevisión ya está siendo utilizada por los miembros de Red Intercable, el espectro a devolver eventualmente sería el de Personal, restándole valor.

Finalmente, y ya en términos de política clásica, no hay que soslayar los insistentes rumores de la absorción del Ministerio de Comunicaciones por parte del Ministerio de Modernización (como parte de una reducción de la estructura del Estado). Si esto se confirmara, para el actual ministro sería una forma de despedirse mostrando logros (más competencia en móviles con la incorporación de pymes en este caso) y posicionándose mejor para un futuro destino.

Paradojas de la vida, el espíritu del acuerdo entre Red Intercable y Cablevisión-Nextel se basa en el viejo slogan de Movistar que decía “compartida, la vida es más”.

Fiesta de largo

Con la edición de hoy de Comentarios se cumplen 15 años desde aquella primera edición del 14 de junio de 2002. 15 años nos parecen poco cuando los cumplimos nosotros, pero ya adultos, cuando podemos hacer una retrospectiva de lo ocurrido en una década y media, es bastante.

Si bien en ese entonces Google ya existía, no era el caso de Facebook y tampoco de YouTube, Twitter, Instagram, Spotify y tantos otros éxitos de los últimos años que hoy son habituales en la PC o el celular. La banda ancha había arrancado en Argentina unos años atrás y recién comenzaba a tomar vuelo y los celulares eran teléfonos y punto. Nada de mensajitos ni mucho menos Internet.

Argentina venía del mazazo económico y social que significó la crisis de diciembre del 2001. El mercado local de telecomunicaciones pasó de la exuberancia del año 2000, cuando la apertura hizo que desembarcaran empresas y fondos de inversión a cablear el país, a una retracción violenta. De hecho, el primer relevamiento que se hizo desde Carrier y Asociados a mediados del 2002 era distinto a lo previo. Mientras que antes se intentaba determinar cuánto sería el crecimiento (sin importar el rubro), ese trabajo identificó dónde se producirían los recortes en el consumo tecnológico. El único negocio que se mantuvo en crecimiento fue justamente el del acceso de banda ancha. Los demás, tenían indicadores negativos. Hasta la telefonía celular perdió unos 100.000 abonados. Fue el período del boom de los ciber que permitieron que la gente se siga conectando a un menor costo. No era lo mismo, pero la tendencia hacia el uso de Internet era irrefrenable.

A nivel de la industria, esto dio lugar a un período de consolidación en la medida en que los que habían venido del exterior se volvían a sus tierras, dejando pérdidas y vendiendo sus activos locales a precios de remate.

Vino entonces una década de fuerte crecimiento, donde se conjugó la tendencia natural de la industria (con el desarrollo de la banda ancha y la masificación de los celulares) con un contexto excepcional a nivel internacional que permitió una rápida recuperación económica (teniendo en cuenta la magnitud de la crisis). Fueron los años de crecimiento a tasas chinas y de aumento del consumo. Desde el punto de vista de la labor de Carrier y Asociados fueron años magníficos porque el argentino estaba descubriendo la tecnología y la adoptaba rápidamente, dando lugar a cambios en los hábitos y costumbres que hoy nos son totalmente cotidianos y naturales. Ver de cerca ese proceso fue un privilegio fascinante.

Pero esto se daba en un mercado cada vez más concentrado, que absorbía lo que iba quedando y que no incentivaba la llegada de nuevos inversores y operadores. Y hubo decisiones políticas que no ayudaron a mejorar esta situación. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no sólo ratificó el impedimento del ingreso de las empresas de telecomunicaciones a los servicios audiovisuales (léase, telcos dando TV) desincentivando inversiones en las redes. También limitaba la expansión de las redes de cable. En comunicaciones móviles, la no asignación de nuevo espectro y la inacción ante las trabas para la instalación de antenas atentó contra mayores inversiones en la red. El resultado fue que finalmente ésta se vio desbordada ante la llegada de los smartphones que se convirtieron rápidamente en Ferraris andando por calles empedradas. Recién sobre el final de la gestión anterior se comenzó a atender este problema, pero el daño estaba hecho y, aunque en menor medida, todavía lo sufrimos.

La nueva gestión intentó poner en marcha las cosas, pero rápidamente se dio cuenta de que no era tan sencillo deshacer lo hecho, en parte por el contexto, en parte por decisiones propias. El resultado fue que generó entre los operadores más malestares que alegrías, todavía al día de hoy. No es fácil regular una industria donde convergen otras dos y existen múltiples intereses diferentes. Los choques y las tensiones son inevitables.

Lo que sí cambió en esta nueva era es el interés por parte de empresas y fondos del exterior por lo que aquí pueda suceder. Aunque lo hacen con cautela, estudiando la situación, pero sin desesperarse por abrir la billetera, a la espera de más certezas.

En el ínterin, y más allá de los vaivenes del contexto, la tecnología y sus productos siguen avanzando. Los Netflix cambiaron la forma de ver determinados contenidos audiovisuales y presionan para que otros (como el fútbol) adopten modelos similares. La forma de relacionarse e informarse cambió radicalmente con la popularidad de las redes sociales. Y los cambios sigue llegando.

Así, 15 años después de aquél primer newsletter, el escenario es decididamente otro. Hay un moderado optimismo en la industria, que mira la macro, y esperanza en los consumidores que quieren globalizarse ya no en los usos y costumbres sino también en el acceso a bienes (todavía no ven claramente los frutos del arancel 0% en los productos informáticos o del regreso oficial del iPhone) y algunos servicios (como comprar en Amazon, eBay o Alibaba y recibir los productos localmente sin trabas o poder pedir un Uber para moverse).

De lo que no hay dudas es que, en materia de productos y servicios tecnológicos y, sobre todo, en su impacto en nuestras vidas, estos 15 años de vida de Comentarios parecen ser varias décadas. Es difícil saber si habrá otros 15 años más, pero mientras tanto, brindamos por un mundo cambiante que todavía nos sorprende con sus novedades y sus posibilidades. Aprovechamos la oportunidad para agradecerles por estar allí, del otro lado de la pantalla, por tantos años. ¡Brindemos!

Densificando

Quienes conocen la infraestructura para comunicaciones móviles en Argentina saben que uno de sus puntos débiles es la cantidad de antenas, o más precisamente, de sitios para su instalación (en un mismo sitio puede haber varias antenas de distintos proveedores). En este marco se encuadra el anuncio realizado esta semana por el presidente de Arsat, empresa que pondrá a disposición de los operadores móviles los 1.400 sitios operativos que tiene en todo el país para que instalen sus antenas, mejorando la cobertura y capacidad de sus redes. En una primera etapa se licitará un porcentaje no especificado del total.

Que se sumen a la oferta 1.400 sitios no es un dato menor en un mercado que en su conjunto llega a alrededor de los 15.000 sitios, ya que equivaldría a un 9% más. Esto considerando que más del 80% de las antenas 4G se instalaron en sitios ya existentes, lo que dio una mejora en términos tecnológicos, pero no tanto en cobertura. Obviamente, el agregado de nuevos sitios serviría no sólo para mejorar la cobertura y capacidad de la red de 4G sino también de 2 y 3G, en momentos en que muchas de las nuevas instalaciones se hacen con equipamiento que puede utilizar las 3 generaciones de tecnología móvil simultáneamente.

Además de ofrecer nuevas localizaciones, los sitios que pone a disposición Arsat tiene la ventaja de contar con suministro eléctrico y acceso a fibra óptica, lo que simplifica el proceso de instalación de antenas.

Con esta nueva línea de negocio, Arsat se suma al mercado de las “torreras”, empresas que se ocupan de proveer a operadores del espacio para la instalación de antenas, incluyendo muchas veces el suministro eléctrico y la conectividad. Se trata de un negocio que se encuentra en franca expansión en los últimos meses, tanto por el surgimiento de emprendimientos locales como por la llegada de empresas internacionales dedicadas a un negocio que tiene más de inmobiliario y financiero que de tecnológico. Adicionalmente, los tres grandes operadores móviles son hoy mucho más permeables a este modelo que transforma inversión en gasto y permite acelerar los tiempos de despliegue. Todo parece indicar que habrá bastante movimiento en el corto y mediano plazo en materia de nuevos sitios para antenas. Una buena noticia.