'Regulación'

Desempolvando los 450

Esta semana, a través de la Resolución 506/2018, el Ministerio de Modernización reasignó la banda de 450 MHz para banda ancha fija inalámbrica y móvil, en un formato que permite incrementar el ancho de banda, aunque con ciertas limitaciones que circunscribirán el servicio a pequeños y medianos operadores de localidades pequeñas del Interior del país.

Hasta ahora, el uso primario de esta frecuencia era sólo para el acceso fijo inalámbrico, tanto para telefonía como datos e Internet (con muy poco ancho de banda, los que los hace casi inservibles). Por el momento, hay algunos despliegues en 450 MHz con tecnología CDMA, utilizados principalmente para dar servicios de voz inalámbricos (como es el caso de los “cotecalitos” en Calafate), servicios que se habilitaron en el 2005. Pero no prendieron demasiado debido a su baja capacidad para datos y los altos costos del equipamiento.

La resolución redefine el uso primario (agregando la posibilidad del móvil), aunque estableciendo ciertas limitaciones. Por un lado, el servicio deberá proveerse fuera del radio de los 180 Km de la Ciudad de Buenos Aires, en localidades de menos de 100 mil habitantes. Por el otro, excluye a los grandes operadores móviles (Claro, Movistar y Personal). De esta forma, resulta claro que los destinatarios de esta banda serán los pequeños y medianos operadores del Interior, especialmente aquellos operando en zonas con población diseminada, donde el buen alcance de esta banda (llega a 20 Km con LTE) es mejor que su ancho de banda máximo (de 36 Mbps). Por este motivo, las zonas serán asignadas a un único operador, de forma tal de asegurar que éste cuente con toda la capacidad espectral disponible (que es modesta). En las zonas en las que haya un único oferente, la banda se asignará gratuitamente. En caso de haber más de un interesado, habrá una compulsa de precios aunque sin precio base. De esta manera se busca que el espectro no sea una barrera de entrada para el desarrollo de nuevas redes.

Es de prever que, al menos inicialmente, esta banda (conocida como la 31) sea utilizada para dar acceso de banda ancha fija. Los 36 Mbps que puede ofrecer resultan suficientes en la actualidad pero no son tanto para las perspectivas de los próximos años. No obstante, es bastante mejor que lo disponible en muchas zonas del país. Para los servicios móviles, por ahora no parece ser el momento. Actualmente, según la GSA (Global Mobile Suppliers Association) hay 117 dispositivos que funcionan en 450 MHz, frente a los 3.113 en AWS o los 1.211 en ATP (ambas son las actuales bandas de LTE en uso en Argentina). Esta diferencia de escalas se refleja en el precio de los terminales, un factor no menor en la difusión del servicio. Y considerando además las limitaciones que implican no dar el servicio en el AMBA (donde vive 1/3 de la población del país) ni estar disponible para los 3 grandes operadores móviles, las escalas serán bajas.

No obstante, en el caso de operadores que cuenten con alguna otra frecuencia está la posibilidad de hacer Carrier Aggregation, combinando la banda de 450 MHz con otras para aumentar la capacidad total.

El timing no es bueno. La fuerte depreciación del peso de los últimos días encarece notablemente el dólar, al aumentar en una proporción similar la cantidad de pesos a invertir, algo que impacta fuertemente en los operadores nacionales. Y el dólar alto parece haber llegado para quedarse un tiempo, lo que sin dudas será un obstáculo para las inversiones planeadas.

Así, por el momento parece más un gesto de buena voluntad de parte del gobierno hacia los pequeños y medianos operadores del Interior que vienen reclamando la posibilidad de participar activamente del negocio móvil. Con esta movida, esta posibilidad se acrecienta, pero no estamos aún en las vísperas de que eso suceda. Es apenas un primer paso.

Devaluados

Cuando arrancó el 2018, las perspectivas para los fabricantes locales de celulares eran moderadamente optimistas. Esperaban un leve crecimiento por encima de los 10,8 M de unidades del año pasado que, lejos de ser un año récord, significó un crecimiento del 21% respecto de un muy flojo 2016. Pero uno propone y la economía dispone. En lo que va del año calendario, la devaluación del peso alcanzó el 52%, bastante por encima de la inflación estimada para todo el año, que se encuentra por sobre el 30% y que para el primer semestre se ubicó en el 16%. Esto implica un dólar más caro en términos reales, traduciéndose en un alza importante del principal costo en la fabricación local: los componentes importados.

No obstante esto, resulta curioso a primera vista que mientras se espera una caída de los electrónicos en general de entre un 20 a 30%, en unidades, para el segundo semestre, las proyecciones no son tan altas en el caso de los celulares. Las razones son varias.

En parte, la caída se ve atenuada por una reducción de los costos, principalmente la disminución de los impuestos internos y reducciones de márgenes tanto por el lado de los fabricantes como del canal. Esto último se dio porque no es viable trasladar todo el impacto de la devaluación al precio final. El celular es un producto “perecedero”, que pierde su valor en la medida en que pasa el tiempo. Por lo tanto, es mejor asumir una pérdida inicial que ir acrecentándola con el transcurrir de los meses. Esta amenaza cierta de obsolescencia llevó a una reducción de inventarios, con ofertas de precios que no reflejan el valor actual del dólar. En esto juega también que con las altas tasas de interés en pesos, es preferible convertir ese inventario en efectivo y eventualmente colocarlo financieramente que conservar un bien que se deprecia. Hay que mantener el capital.

Así, la caída prevista por la industria para el 2º semestre es de un 15%, con estimaciones que se ubican entre los 9,2 y 9,5 M de unidades para el presente año, aunque algunos son más pesimistas, especialmente luego de los movimientos de esta semana.

También influye para que la caída no sea del nivel de otros electrónicos un importante descenso del mercado informal, no por acciones de la justicia sino simplemente por la situación económica. Para quien compra individualmente un smartphone en el exterior, el traslado de la devaluación es inmediato. Ese equipo que costaba US$ 300 a principio de año, unos $ 5.600, hoy cuesta unos $ 8.700. Por su parte, los contrabandistas se encontraron con un dilema: si suben los precios en paralelo con el dólar, sus productos quedan descolocados. Si no lo hacen, pierden capital porque el costo de reposición es mayor. A esto se sumó que los lanzamientos oficiales se fueron adelantando. Mientras que hasta el año pasado eran de 6 meses o más respecto del lanzamiento global, hoy están en menos de 2 meses en ciertos casos. Esta era una ventana de tiempo que aprovechaban los contrabandistas y que hoy se les redujo fuertemente.

Así y en función de la desaceleración de las activaciones de los smartphones registradas por los fabricantes con operación local, se estima que la caída del mercado informal sería de entre 1 y 1,5 M de unidades en 2018, en fuerte contraste con los 2,5 M de unidades ingresadas durante 2017.

Por lo pronto, la presión sobre los distintos márgenes se mantendrá, por lo que también habrá esfuerzos por disminuir los costos financieros. Esto implicará inventarios más justos (lo que ya está impactando en el nivel de actividad en Tierra del Fuego) y significará un freno para algunas marcas del exterior que anunciaban desembarcos para este año con un mix de productos que incluía a varios modelos importados. Y posiblemente se vea una reducción en los volúmenes de productos de gama alta, los más apalancados en una financiación que se ha vuelto muy costosa. Será un año para “aguantar” hasta que el panorama se estabilice. No hay otra.

¿En tránsito?

Luego de meses de rumores y especulaciones al respecto, esta semana se anunció la venta de Supercanal, el hasta ahora operador de TV paga y banda ancha del Grupo Vila-Manzano. El comprador es CVI Austral LLP en asociación con Carlos Joost Newbery y el fondo White-Bridge (del cual Newbery también forma parte).

Newbery es un viejo conocido de la industria local, que además de participar en los albores de Movicom primero y de CTI después, siempre estuvo vinculado a grupos inversores con intereses en el negocio tecnológico. Participó de la operación local de Hutchison (con su servicio de telefonía fija inalámbrica Porthable) que luego fue comprada por Trixco (del propio Newbery) y que más tarde vendió el espectro a Cablevisión para retener para sí las torres de antenas que luego vendió a una torrera. También está en el negocio del M2M y el IoT a través de Yeap!. CVI Austral es un fondo que es subsidiaria de Cargill que se enfoca en activos en apuros o necesitados de financiación. CVI (CarVal Investors) tiene activos por más de US$ 10 mil millones bajo su administración.

Podría decirse que Supercanal entra dentro de los requisitos de CVI. Es un operador de TV paga e Internet con presencia en 14 provincias, siendo la más importante Mendoza, lugar de origen del grupo vendedor. Supercanal tiene una participación de mercado nacional del 4% en TV paga y del 1% en acceso a Internet. La relación entre abonados de Internet y de TV es del 27%, muy baja comparada con la de Cablevisión que, previo a la fusión con Telecom, era del 65%. Si bien en el sitio de Supercanal promocionan sus productos de banda ancha como de fibra óptica, lo cierto es que la mayoría son basados en cablemódem o en tecnología inalámbrica. En ambos casos, de baja capacidad comparada con la que ofrecen otros cableros como Cablevisión o Telecentro. Una situación que en un escenario de convergencia, dista de ser ideal, con DirecTV desplegando fibra óptica en Mendoza y, es de suponer, también lo hará Movistar allí y en otras geografías cubiertas actualmente por la red de Supercanal.

La inversión anunciada fue de US$ 400 millones (sin plazo especificado) pero incluye no sólo el despliegue de una nueva red de fibra óptica sino también la compra de la compañía. Si bien no se aclaró cuánto corresponde a la compra y cuánto a la nueva red, el hecho de que incluya la compra indicaría que lo destinado al despliegue de fibra no será tan importante como parece a priori. Claro que esta fibra no necesariamente sea hasta el hogar. De hecho, no tendría mucho sentido en el corto plazo considerando que la tecnología de cablemódem tiene un potencial importante debido a que es más capaz que la de ADSL. Tal es así que Telecom-Cablevisión no actualizará su red a fibra óptica al hogar allí donde hay cobertura del coaxil y tanto ésta como Telecentro ofrecen productos de alta capacidad con su tecnología tradicional.

Esto podría significar que el interés del comprador de Supercanal (y más aún considerando que se trata de un inversor financiero y no un operador) es revalorizar sus activos para luego tener un producto más atractivo para vender, pensando inicialmente en tres posibles interesados como serían Movistar, Claro y la propia Telecom (que no tiene presencia en muchos de los lugares que atiende Supercanal), aunque tampoco habría que descartar a DirecTV si es que profundiza su estrategia de tener redes cableadas.

Independientemente de que se trate de una inversión financiera o realmente con ánimos de convertirse en un operador más relevante, la operación es una buena noticia. Supercanal arrastraba limitaciones financieras como para encarar la necesaria modernización de su red. Esta operación le puede dar el impulso que necesita y que los consumidores demandan.

Más forma que fondo

Sobre el filo de la semana pasada, finalmente la CNDC (Comisión Nacional de Defensa de la Competencia) emitió su dictamen respecto de la fusión Telecom-Cablevisión. Esta era la última instancia que quedaba en la aprobación de la operación que ya había recibido el visto bueno de la CNV (Comisión Nacional de Valores) y el ENACOM (Ente Nacional de Comunicaciones). El dictamen agregó algunas exigencias a las que ya había establecido el ENACOM. Conviene aclarar que si bien recientemente el Congreso sancionó una nueva Ley de Defensa de la Competencia, este caso se rigió por la norma anterior ya que el trámite se había iniciado previo a la sanción de la ley actual.

El dictamen tiene cuatro grandes ejes, que son:

  • Aprueba la venta de activos de banda ancha fija en 28 localidades del interior del país donde la competencia se ve afectada por la falta de un tercer operador
  • Estipula plazos de entre 6 a 12 meses para que la fusionada pueda brindar servicios cuádruple play
  • Obliga a Telecom a proveer servicios mayoristas de Internet residencial a través de una oferta de referencia
  • Recomienda al ENACOM agilizar la devolución del espectro excedente así como prohibir su uso por parte de Telecom

La venta de los activos de banda ancha fija corresponde a 28 localidades en 5 provincias (Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe) que en total suman 143.464 clientes de Arnet, lo que equivale al 9% del total de sus clientes residenciales y que representan una facturación anual de $ 500 millones. El hecho de tomar localidades y no áreas de superposición de las redes sin que haya un tercer operador deja fuera a distintas zonas (como pasa en sectores del AMBA) donde no existe la alternativa de un 3º operador. Pero evidentemente la CNDC consideró que hacer un mapeo manzana por manzana no sólo hubiera demandado un tiempo mayor al razonable, sino que también sería una situación dinámica, con otros operadores, como por ejemplo Telecentro, ampliando la cobertura de sus redes constantemente.

La desinversión se hace a través de Universo Net. Se trata de una sociedad creada para esta operación, perteneciente el Grupo Valentini, que cuenta con control o participación accionaria en 4 operadores de telecomunicaciones, operando en diversos lugares de la provincia de Buenos Aires y del norte de la Patagonia. Se trata de lo que se denomina un comprador pre-identificado para los activos a desinvertir. Según el dictamen, de esta forma se evita la devaluación de los activos para el vendedor emplazado a desinvertir. Hubo observaciones por parte de uno de los vocales de la CNDC respecto del grupo comprador, ya que sus socios estuvieron vinculados societariamente a Cablevisión a través de su participación en CV Berazategui. Participación de la cual se desprendieron pocas semanas después de la creación de Universo Net.

De esta forma, Universo Net se quedará con los ahora ex clientes de Arnet, ingresando como nuevo operador en esos mercados. Por su parte, Telecom tendrá la obligación de arrendarle su infraestructura (que debería servirle para desplegar fibra), brindarle el servicio mayorista y permitirle el uso de su marca Arnet. La venta de los clientes de Arnet se fijó en US$ 35 por abonado (aproximadamente US$ 5 M en total), pero este precio puede subir a US$ 404 en caso de que Universo Net vendiera estos clientes dentro de los 3 primeros años. Por otra parte, Universo Net presentó ante la CNDC un plan de negocios a 8 años en el que se prevé prestar servicios inicialmente a través de redes compartidas sumándole tendidos propios mediante tecnología FTTC (fiber to the cabinet), lo que permitiría lograr velocidades de hasta 20 Mbps.

En cuanto a los plazos para que Telecom pueda comenzar a ofrecer lo que se denomina “oferta integrada” y que, aclaran, se refiere a la venta conjunta de TV paga y servicios móviles, la empresa ofreció limitarla a determinadas fechas, en función del área geográfica. Y fija dos fechas. La primera es el 1 de enero de 2019 o la habilitación de la DTH (lo que suceda primero) en todas aquellas áreas donde ya preste servicios de TV paga. Pero ofrece ampliar esta limitación hasta el 1 de julio de 2019 para la zonas fuera del AMBA, Rosario y Córdoba capital.

Estas fechas están en línea con la propuesta original de la llamada “Ley Corta”. Sin embargo, esta semana el Senado dio media sanción al proyecto con algunas modificaciones. Entre éstas están las fechas para el comienzo de la habilitación de la DTH para las telcos, llevándola inicialmente al 1/7/2020 para AMBA, Rosario y Córdoba capital. O sea, un año y medio después de la fecha establecida en el dictamen de la CNDC. En otras palabras, 18 meses en los cuales los nuevos entrantes al negocio de la TV paga sólo podrán hacerlo a través de sus redes terrestres. Para el resto de las localidades, será 1/1/2021 y 1/1/2022 (para las de menos de 100 mil habitantes). Así las cosas, habrá que ver si algún día se concreta el lanzamiento de servicios de DTH por parte de nuevos actores.

Por el lado de la oferta mayorista de acceso a Internet que realizará Telecom para cualquier ISP, la misma será únicamente sobre su red de cobre (mayormente ADSL). Pero además, sólo ofrecerán velocidades de hasta 6 Mbps, lo que hará que su atractivo sea relativo, especialmente considerando que en todas estas zonas habrá también una oferta de la red de Cablevisión, mucho más avanzada tecnológicamente y con el beneficio de poder empaquetarla con otros servicios como TV y móviles.

En cuanto a la devolución de espectro, ya establecida por el ENACOM, la sugerencia de agilizarla es una reafirmación, pero al no establecer plazos, no altera la situación.

En definitiva, se puede decir que el dictamen de la CNDC no altera significativamente la situación actual. Que Telecom se desprenda del 9% de sus clientes de ADSL, lo que equivale al 3,5% del total de abonados de banda ancha de la empresa ya fusionada, no parece ser una demanda exigente. Además, con la transferencia de sus clientes sobre una red inferior a la que posee en esas áreas y con las limitaciones de un operador con menos espaldas financieras e impedido de vender por unos años, no pone en peligro su dominio en esas zonas. Por otro lado, una oferta mayorista de 6 Mbps cuando el promedio del país (según datos de ENACOM) es de 13 Mbps, tampoco plantea una amenaza. Así, da la impresión de que la CNDC cumplió en la forma (logró desinversión, una oferta mayorista y una postergación en la oferta integrada) pero que en la práctica no alterará significativamente el escenario competitivo actual del mercado.

Habemus dictamen

Luego de la presentación del proyecto de ley y su tratamiento en la Comisión de Medios del Senado (que incluyó presentaciones de diversos actores del mercado) finalmente se acordó un dictamen que si bien introduce modificaciones al proyecto original están dentro de lo esperado.

Por el lado de los servicios de TV satelital (o DTH), se modificaron plazos así como los tamaños de las localidades más chicas. En el caso de los tres principales centros urbanos (AMBA, Córdoba y Rosario), la fecha para el inicio de la oferta de servicios de DTH se fijó para el 01/07/2020, postergándose un año y medio desde la fecha originalmente propuesta. Por otra parte, las localidades más pequeñas (y por las que mayores reclamos hubo por parte de los pequeños operadores) fueron llevadas hasta 100 mil habitantes y no 80 mil como fuera establecido originalmente. En estas localidades se pospone el inicio de competencia para el 01/01/2022, agregando 3 años a la fecha original. Para el resto de las localidades, la fecha será el 01/01/2021. De esta forma, recién en julio del 2020 comenzaría a haber más alternativas en proveedores de TV paga vía DTH que estarán disponibles para el 40% de la población del país que reside en los tres principales centros urbanos. Este corrimiento de fechas y de tamaño de localidades es una victoria para la actual industria de TV paga, no así para los consumidores, que verán postergada la llegada de competencia en sus localidades. Esto limitará oferta de paquetes de móviles a la cobertura de banda ancha fija de buena capacidad (como para soportar video). El escenario se presenta entonces propicio para el desarrollo de propuestas de servicios de TV en formato OTT que, ante el impedimento legal de llegar con DTH y la imposibilidad técnica de soportar las demandas mientras se desarrollan redes de fibra óptica, permitirán atender a los clientes a través de redes de terceros. Habrá que ver si operadores como Movistar o Claro optan por independizar sus plataformas de contenidos de sus redes para intentar ganar mercado allí donde sus cableados no lleguen o no sean técnicamente aptos.

En materia de movilidad, el reclamo de los operadores medianos y pequeños fue escuchado. El nuevo proyecto establece la asignación de espectro para servicios móviles para operaciones locales o regionales. Se trata de un mínimo del 30% del espectro que fuera otorgado en 2014 a Arlink para más tarde ser cancelado y devuelto al Estado por falta de pago. Las bandas correspondientes son las de 1900, para 2 y 3G, y las de 700 y AWS para 4G. Esto abre la puerta para que operadores tales como Telecentro, Iplan, Supercanal (en proceso de venta, lo que aumentaría su atractivo) y varios otros ingresen al servicio móvil no ya como OMV sino como OMR. En el caso de ARSAT, se le podrá asignar espectro en forma directa, sin referencia o limitación a banda alguna. De este modo, podría ser tanto para servicios móviles o como fijos (lo que podría ser útil para el despliegue de última milla inalámbrica, con infraestructura propia o ajena).

Por otra parte, hubo novedades con relación a la compartición de infraestructura. El nuevo proyecto no sólo contempla que la reglamentación de ésta la establezca el ENACOM (y no el Ministerio de Modernización). También establece que como primera instancia haya un acuerdo libre entre las partes. No obstante, de no alcanzarse un acuerdo y que no hubiera precios de mercado como referencia, se tomará como tal a un promedio de los precios regionales en América Latina para facilidades similares. Una forma de establecer un parámetro concreto. Pero habrá que ver cómo se resuelven los detalles. Allí está el diablo.

En definitiva, la nueva versión de la ley corta estira la vigencia de la protección al negocio de la TV paga actual, tal como era previsible que sucediera. Si bien habilita a un 40% del mercado, faltarían 18 meses para que ello ocurra, en momentos en que los hábitos de consumo audiovisual están cambiando. Además sería en zonas donde es más probable la existencia de alternativas cableadas que suelen proponer una oferta de banda ancha más interesante, incluyendo servicios móviles. La reserva de espectro para operadores locales o regionales es un paso interesante en términos de competencia, aunque será clave su implementación. La identificación de parámetros definidos para los costos de compartición es una respuesta provisoria a las críticas del proyecto inicial, pero incompleta. Así, esta nueva versión de la ley tiene restricciones que no favorecen al consumidor, pero hace algunos aportes que ratificarán su relevancia a la hora de los detalles.

Convergencia y nuevos escenarios

Con el anuncio esta semana de que los clientes de Personal (con abono fijo y factura) que también lo sean de Cablevisión podrán ver desde la app de Flow en el celular los partidos del Mundial sin el costo del tráfico de datos que se genere, se reavivó en ciertos ámbitos la discusión de qué es la neutralidad de la red, hasta dónde llega y cómo será el panorama que viene de la mano de la convergencia.

Existen diversos modelos de pago revertido, o donde no es el usuario quien paga por los datos que consume.

  • Zero-rating: El usuario accede gratuitamente a un servicio específico siendo el gasto de conexión absorbido por el operador móvil.
  • Datos sponsoreados: El usuario accede gratuitamente a un servicio específico, pero el sponsor no es el operador sino un tercero, una empresa o gobierno.
  • Internet sponsoreada: El usuario accede gratuitamente no ya a un servicio específico sino a Internet en general, siendo el sponsor una empresa o gobierno.

En el caso de Flow-Personal, se trataría en principio de un caso de zero-rating. Sin embargo, no es el primero que se da en el país. Lo mismo ya sucede con Whatsapp, algunos de cuyos consumos de datos son hoy gratuitos para diversos clientes de los 3 operadores móviles. Y también podría suceder con Movistar, que acaba de anunciar un acuerdo para ofrecer Netflix, que contempla que en diversos países no cobraría a sus usuarios por el tráfico que esta app generará en sus redes. Se trata de una tendencia que no sólo se da en Argentina. De hecho, en Latinoamérica un 90% de los operadores móviles ofrecen servicios zero-rating.

Cuando se habla de neutralidad de la red, muchos piensan en cuando el no respeto de ésta perjudica al usuario. Por ejemplo, que un ISP que también ofrezca servicios de video aplique un freno o degrade la calidad del servicio de un tercero. Algo que le criticaban a Comcast en EE.UU. cuando decían que degradaba intencionalmente la calidad de Netflix.

Pero los modelos de pago revertido no perjudican al usuario, sino que favorecen a algunos (en este caso, los clientes). Una situación que no es comparable a que un dueño de red ralentice a determinados contenidos. No es un tema de calidad de servicio, sino de costo que no sube, sino que baja para ciertos usuarios, beneficiando a sus clientes sin perjudicar a quienes no lo son.

Este tipo de situaciones plantean una discusión interesante: ¿Puede el dueño de una red favorecer a sus clientes? ¿Puede quien ofrece servicios, pero no invierte en red, reclamar los mismos beneficios? Seguramente habrá diversas opiniones al respecto.

En momentos en que las redes apuntan, por su evolución tecnológica, a permitir la existencia de diversas redes virtuales, con distintas características para distintos servicios, el concepto de neutralidad merece una revisión. Y si bien en Argentina la neutralidad de la red fue consagrada en la ley Argentina Digital, no se le destinó más que un par de artículos. Quizás sería conveniente un reglamento específico para que no haya zonas grises ni discusiones estériles.

De todos modos, y para cerrar, el tráfico de datos gratuito para servicios de video es un juego peligroso para los operadores. Sus redes deben tener capacidad suficiente para poder aguantar un tráfico muy superior al habitual y así no perjudicar a sus clientes. No sea cosa que el beneficio se convierta en un boomerang.

Fuera del área de cobertura

Esta semana la disputa entre Uber y la Ciudad de Buenos Aires presentó un nuevo round de una pelea que lleva ya dos años. El mismo fue motivado por el pedido de la justicia de la ciudad a los principales operadores de telecomunicaciones de bloquear el acceso a los servicios provistos por Uber como consecuencia de contravenciones relacionadas con regulación local de transporte. La medida generó polémica y probablemente tenga escasos resultados.

Quizás el aspecto más controversial (y peligroso) es el puramente jurídico. Más allá de si la decisión adoptada por la justicia de la Ciudad de Buenos Aires es correcta o no, ésta solo tiene competencia y jurisdicción municipal, es decir, dentro de la ciudad. Pero su pedido afectaría también a usuarios fuera de los límites físicos de la capital. Por ejemplo, a los usuarios en el Gran Buenos Aires que usan Uber para sus desplazamientos sin ingresar a la ciudad, o para aquellos que viajen al exterior y quieran usar Uber desde sus teléfonos locales usando roaming. De esta forma, una decisión de la justicia porteña afectaría a usuarios y ciudadanos fuera de la jurisdicción de ésta. Un delirio desde el punto de vista jurídico que sorprende no haya sido aún desactivado.

Para no entrar en esta grosería jurídica, hay que resolver un tema técnico. Siendo que es una decisión de la justicia de la ciudad, sus efectos sólo deberían afectar a los usuarios mientras están en la ciudad. Esto, según los expertos, es muy complejo tecnológicamente (algunos usan el término “imposible”), ya que en definitiva no se trata de bloquear a un servicio sino a los usuarios que quieran acceder a él en función de su ubicación geográfica.

Más allá de esta pretendida “solución” para un problema que no es propio de Internet sino del mundo físico, el tema de fondo es cómo el Estado (en este caso municipal) debe lidiar con nuevos modelos basados en Internet. No se trata únicamente del transporte sino también de prestaciones de servicios en general, donde Uber es sólo un ejemplo, pero también hay otros como AirBnB y tantos más. Se trata de cambios introducidos por la adopción de la tecnología que difícilmente se puedan prohibir. Esto exige una actualización de las distintas regulaciones contemplando los modelos existentes, pero también los nuevos que van surgiendo de la mano del desarrollo tecnológico. La política debería ser no la de resistir el cambio sino la de incorporarlo minimizando sus impactos negativos.

También es cierto en que en muchas ciudades en las que desembarcó Uber tuvo fricciones iniciales con las autoridades, en la mayoría de los casos se llegó a un funcionamiento dentro de las normas en algunos meses, aunque también hay casos notables donde fue el servicio prohibido. Aquí, ya han pasado más de dos años desde la llegada de Uber y la situación sigue como el primer día o peor, agravada por el comportamiento parapolicial de un grupo de taxistas que asume tareas de control que le corresponden al Estado, deteniendo a vehículos y conductores para entregarlos a las autoridades, sin que el Gobierno de la ciudad descalifique este accionar y tome las medidas que corresponderían. Se trata más bien de una privatización de facto del uso de la fuerza que sienta un peligrosísimo antecedente.

Lo más probable es que, como viene sucediendo, Uber siga funcionando en situación sino irregular al menos conflictiva y que las autoridades de la ciudad sigan delegando en terceros (como son los taxistas, las tarjetas de crédito y ahora, como pretenden, las empresas de telecomunicaciones) las soluciones que su propia capacidad no les puede dar. Y que en vez de buscar el camino para asimilar la modernidad con los menores conflictos posibles se opte por combatir al cambio, sin buenos resultados hasta el momento. Rara estrategia de quienes tienen la tarea de conducir (no los autos en este caso).

5G es una fija

Dicen que no hay mal que por bien no venga, y esto suele cumplirse. Una de las ventajas de ser un país que no está a la vanguardia en el desarrollo tecnológico es tener la posibilidad de ver cómo su adopción se va dando en otras economías y poder así aprender de la experiencia ajena. Esto, que se dio en múltiples oportunidades y distintos ámbitos, se aplica ahora para lo que será el despliegue de 5G, el cual si bien parece distante requiere de una profunda planificación previa.

Uno de los factores que harán que el despliegue de 5G, si pretende alcanzar coberturas similares a las de las generaciones en vigencia, es que necesita una altísima densidad de antenas, sea en macro celdas (las tradicionales), pico celdas (al interior de espacios cerrados como shoppings, estaciones, etc) o hasta femtoceldas (en hogares y empresas clientes). Esto es así porque el uso de frecuencias más altas (que en el caso de 5G arrancan en 24 GHz para llegar hasta 71 GHz) tiene la contrapartida de una cobertura menor. Por otra parte, el primer estándar para 5G que se oficializará en junio próximo, está pensado para ofrecer soluciones inalámbricas fijas. Esto da lugar a que algunos actores vean a 5G como la tecnología que podría reemplazar o complementar los accesos de fibra óptica hasta el cliente (FTTH), la parte más costosa del despliegue de una red fija.

Así, al menos en una etapa inicial, la conectividad de banda ancha fija, pero inalámbrica, servirá para ofrecer servicios de calidad similar a los de fibra en términos de ancho de banda, latencia y confiabilidad (al menos, eso es lo que se promete). Esto ya lo vieron en EE.UU. T-Mobile y Sprint, quienes perciben a su pretendida fusión como la única forma de afrontar la inversión que requerirá el despliegue de 5G y de paso servirles de plataforma para dar servicios no ya en smartphones sino también en el hogar, no sólo banda ancha sino también servicios de video. Un camino similar está tomando Verizon, quien anunció servicios inalámbricos fijos con tecnología 5G en al menos tres ciudades antes de fin de año (está confirmada Sacramento y se especula con que sume a Los Ángeles, Boston y/o San Francisco).

Visto desde Argentina, se entiende mejor por qué el reclamo de los operadores medianos y chicos es por tener acceso a espectro. No sólo es la forma de tener un recurso indispensable para ofrecer servicios móviles, sino que puede ser una alternativa interesante al despliegue de accesos de gran ancho de banda sin la inversión requerida por un cableado hasta cada uno de los hogares.

Considerando además que Argentina tiene una importante extensión geográfica (la 8º en el mundo) que hace que sea muy oneroso el despliegue de una red con auténtica cobertura nacional con las exigencias de 5G, cobra sentido el hecho de pensar en asignaciones regionales de espectro, sin descartar también asignaciones nacionales.

Es claro que todo operador con chances de ser relevante en el futuro deberá ofrecer tanto servicios fijos como móviles. Esto lo entendió hace mucho tiempo Cablevisión y fue el principal incentivo de su fusión con Telecom el acceso a la infraestructura y clientes de Personal. Los operadores más chicos también son conscientes de esto y por eso reclaman que en caso de que se le asigne espectro a Arsat (tal como lo establece el artículo 3 del proyecto de Ley Corta), el mismo esté disponible para los cientos de pequeños operadores y cooperativas a lo largo y ancho del país. El manejo de este espectro podría ser un banco de pruebas para diseñar el modelo de asignación de frecuencias para 5G en el que trabaja el gobierno. Mejor planificar con tiempo.

Se alarga la ley corta

En las últimas semanas siguieron llevándose a cabo las reuniones de actores del mercado TIC con los senadores para aportar sus puntos de vista sobre el proyecto de Ley Corta. La sensación que queda de lo allí planteado por los convocados, así como por el feed back de los senadores es que el proyecto podría sufrir modificaciones de consideración o hasta empantanarse.

Las posturas de los diferentes actores se encuentran dentro de los límites de los previsible. Los grandes operadores se mostraron a favor del proyecto que les abarata costos de despliegue y les permite competir con todos los servicios a nivel nacional, bajándole barreras de entrada.

Luego están los operadores “PyME” de telecomunicaciones, que llevan años en competencia. Ellos están a favor del proyecto en líneas generales, aunque haciendo hincapié en la necesidad de garantizar esa competencia. A esto le suman su ya conocido interés por participar del negocio de los servicios móviles, pero no tanto como OMV sino como OMR. No obstante, solicitan hacerlo sólo a nivel regional, ya que está claro que ninguno tiene las espaldas financieras para poder incursionar en este rubro a nivel nacional. Este último punto también es reclamado por los cableoperadores medianos (y no tanto). Esta demanda es atendible. Viendo las tendencias en la tecnología, ningún operador del futuro será relevante si no tiene acceso a la posibilidad de ofrecer servicios móviles.

Finalmente, están las cooperativas y PyMEs de pequeñas localidades (de menos de 80 mil habitantes) que buscan mantener lo más posible sus posiciones dominantes allí donde operan. Para ello piden reconsiderar los plazos para el desembarco de los grandes operadores, queriendo estirarlos por al menos 5 años.

Ninguno de estos reclamos es sorprendente. Cada uno hace su juego y defiende sus intereses, como es natural. Sin embargo, en todas las reuniones el foco de los planteos (y de las preguntas de los legisladores) estuvo puesto en qué tipo de actores se ven beneficiados o perjudicados con el proyecto de ley en su estado original. Pero nadie planteó qué podría ser lo mejor para el consumidor/usuario. Es un debate que mira claramente hacia la industria. El consumidor/usuario está ausente de las discusiones.

Además de estas lógicas divergencias, algunos (consciente o inconscientemente) empujan el proyecto de ley a un empantanamiento. Pretenden que deje de ser una ley corta, enfocada principalmente en aspectos que hacen a la infraestructura, para convertirse en una Ley de Convergencia integral, desarrollando mucho más el tema contenidos. Se trata de un tema de por sí muy complejo y con múltiples aristas, que merece una mirada integral y no una serie de remiendos sobre una norma enfocada al desarrollo de la infraestructura. Habrá que ver si los legisladores perciben esta diferencia y avanzan dentro del espíritu actual o si por buscar hacer lo mejor, nos quedamos sin lo bueno. En este estado de situación el gobierno tiene su responsabilidad. Pidieron un borrador de Ley de Convergencia que fue entregado hace meses y que hoy duerme el sueño de los justos.

Convergencia de redes

Esta semana, nuevamente, T-Mobile y Sprint, los operadores móviles n° 3 y 4 de los EE.UU. respectivamente, anunciaron su fusión. Luego de intentos frustrados en el pasado, el escenario actual aparece distinto y debe ser la razón de este nuevo intento.

A primera vista, pasar de un mercado de 4 a 3 competidores nacionales con red no parece algo positivo. Pero la distancia que hay entre el 1°(Verizon) y 2° (AT&T) y el 3° y 4° es lo suficientemente importante como para presagiar dificultades futuras si se mantiene el status quo. Ambas pretendientes a la fusión no pueden competir con las dos primeras en términos de cobertura. Por lo tanto, su estrategia fue competir en precios, rebajándolos y ofreciendo planes de datos ilimitados. Esto fue efectivo, pero luego Verizon y AT&T los imitaron. En consecuencia, los precios de los servicios móviles bajaron un 13% en 2016.

La baja de precios es positiva para el consumidor, pero terminó desangrando financieramente a los challengers, que en conjunto acumulan una deuda de US$ 60 mil millones. Esto genera dudas respecto de si podrán mantener su agresividad en precios y simultáneamente expandir sus redes. Más aún ante la inminencia de 5G que requerirá de fuertes inversiones en una tecnología que exige una mucho mayor capilaridad de antenas.

Así, la pregunta que deberá responder el regulador que tenga a su cargo la decisión de aprobar o rechazar esta fusión es si es preferible 4 competidores en el negocio móvil con 2 con tendencia a debilitarse o 3 competidores de fortaleza similar. Pero la cosa no es tan simple ni termina acá.

Durante el anuncio de la fusión, los CEO de ambas empresas hicieron hincapié en dos aspectos caros al humor social de los EE.UU. de estos días: ser líderes globales en 5G (un “Make America Great Again” de la tecnología) y generar más empleo en el país.

El factor 5G es central dentro de la estrategia de la fusión. Ambas empresas pueden aportar espectro complementario. T-Mobile tiene mucho en bandas bajas, que tienen la particularidad de asegurar cobertura y penetración en edificios. Sprint, por su parte, acumula en bandas altas, que permiten mayores anchos de banda. Combinando ambos espectros tendrán todas sus ventajas.

Por otra parte, la de 5G no debe ser vista únicamente como una tecnología móvil sino más bien como una plataforma híbrida fijo-móvil. Tiene capacidades similares a las de la fibra óptica en términos de ancho de banda y latencia, aunque, por utilizar frecuencias más altas que la actualmente en uso en la industria, requiere de una gran cantidad de antenas que a su vez demandan una importante capilaridad de redes cableadas para conectarlas. Por lo tanto, la tecnología 5G es también propicia para su uso fijo, inclusive como alternativa a la FTTH, con similares características, pero con menos costos para llegar hasta el domicilio del cliente ya que lo hace en forma inalámbrica. Este costo de ya no última milla sino de últimos metros es lo que experimentó Google cuando pretendió enseñarles a las telcos que podía llevar fibra al hogar a menores costos y terminó replanteando su estrategia porque los mismos eran más altos de los estimados. Tal es así que Google está replanteando la estrategia tecnológica para llegar a hogares a través de tecnologías inalámbricas de corto alcance y gran capacidad.

A esto se suma que durante el anuncio de la fusión se mencionó la intención de distribuir video por sus redes. Algo que no llama la atención luego de la adquisición de Layer3 TV por parte de T-Mobile a principios de este año, presentándolo como un servicio para cualquier tipo de conexión, fija o móvil.

Es quizás por esto que, durante el anuncio de fusión, se mencionó que la pretendida fusionada no participará de un mercado con 3 jugadores (el móvil) sino de uno con 7, 8 o más, en clara referencia que la idea es competir no sólo por los servicios móviles sino también por los fijos. Y esta es quizás la razón por la que prometen crear más empleos siendo que las fusiones generalmente los reducen por un tema de superposición de tareas. Resta ahora saber qué opinará el regulador. Difícil decisión en un mercado tan dinámico.