Buenos Aires, anfitriona

Sin dudas, los últimos días pusieron a la Ciudad de Buenos Aires en un rol de anfitriona internacional. Primero fue la reunión del G20, que resultó mucho más tranquila (en contenidos y manifestaciones) de lo que se temía inicialmente. Luego, fin de semana por medio, fue el turno de la industria móvil, convocada por el GSMA Mobile 360 Series Latin America, un evento regional llevado a cabo por los mismos organizadores del MWC que se realiza en Barcelona. Un evento que convocó a todo el sector involucrado con las comunicaciones móviles: operadores, reguladores, proveedores, desarrolladores, prensa, consultores y todo aquel que de alguna forma u otra está vinculado a esta industria. Si bien fueron varios los temas tratados en las diferentes sesiones, hubo dos que se repitieron: la regulación del sector y la llegada de 5G.

Desde el punto de vista de la regulación, hay temas que ya son un clásico: la disponibilidad de espectro y las facilidades para la instalación de antenas y el despliegue de redes en general. También se habló de la necesidad de una actualización de la regulación que todavía tiene rasgos atávicos, como el tratamiento diferencial de los servicios a ofrecer en función de la tecnología utilizada (caso TV satelital) o el fuerte énfasis regulatorio de la voz, cuando es un servicio totalmente devaluado a los ojos de los consumidores. Por otra parte, en momentos en que Argentina viene luchando por actualizar las leyes que impactan al sector, es rescatable la idea de que una ley debe ser lo suficientemente flexible para poder acompañar la evolución de la tecnología y no quedar atados a paradigmas del pasado que frenen el desarrollo. Para eso, se sugirió que cualquier futura ley que regule al sector debería ser lo más corta posible, marcando el norte y el espíritu de la regulación, pero dejando los detalles a la reglamentación. Algo que para nuestra cultura hiperregulatoria no sería tarea sencilla. En una visión más regional, el director de marketing de la GSMA expresó sus esperanzas que la sucesión de elecciones presidenciales que se ha visto en América Latina (catorce desde noviembre de 2017) es una “una oportunidad fantástica para conseguir algunos ajustes” de los marcos regulatorios.

El tema 5G no podía quedar al margen, aunque fue evidente la diferencia de perspectivas y hasta de entusiasmo según quien hablase. Los proveedores de equipamiento obviamente lo venden como una tecnología que debería aplicarse lo antes posible ya que traerá innumerables beneficios. Por su parte, los operadores se mostraron mucho más cautos, en una actitud de desensillar hasta que aclare. En este grupo en general hay coincidencia que todavía no está claro el modelo de negocio, habida cuenta de que se trata de una tecnología que habilita soluciones muy distintas a las que ya existen. Y esto exige no sólo disponer de la infraestructura sino también de un grado de innovación en procesos y productos/servicios que llevará un tiempo de maduración. Por el momento, el único modelo de negocios es el que ofrece el acceso inalámbrico fijo (FWA), más atractivo en la región por la falta de penetración de accesos de ultra banda ancha. Esto, a su vez, exigirá la disponibilidad de frecuencias medias y altas. También hay que tener presente que las frecuencias bajas son más complejas de liberar (como lo demuestra la historia reciente).

También se esgrime la falta de estándares definitivos y, más importante aún, la falta de economías de escala (y sus consecuentes mayores costos) por tratarse de una tecnología incipiente. Así, en general no se espera que 5G sea una realidad en la región antes del 2021, momento en el que las economías de escala empezarán a hacerse notar, habilitando el despliegue de 5G en economías menos poderosas que las que están haciendo punta de lanza en la materia. Así, para ese entonces, se puede esperar que comience a haber cobertura parcial en grandes ciudades.

El resumen sería: “Seguimos tirando con 4G en el que todavía hay mucho para hacer y que tiene mucho para dar”

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