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En el mundo de los negocios, las historias de grandes empresas/marcas que terminan desvaneciéndose no son rarezas. Pero en la era de Internet, el tiempo que pasa entre el cenit y el ocaso se acelera notablemente. Una nueva demostración de esto es lo ocurrido con MySpace, la primera red social de envergadura que fuera adquirida por News Corp por US$ 580 millones en el 2005 y que fuera vendida por US$ 35 millones durante esta semana.
En su momento la operación despertó mucho interés porque significó la toma del poder de la red social por uno de los grupos mediáticos más importantes del planeta (dueño del Wall Street Journal, Dow Jones, Fox y muchos otros, tal como puede verse aquí). En realidad, se trataba de todo un experimento, ya que fusionaba un concepto novedoso y típicamente de Internet con un gigante mediático global proveniente de los medios analógicos (diarios, revistas, películas, señales de TV, cableoperadores, etc.). Las expectativas eran altas, al punto que muchos creyeron ver en Rupert Murdoch, CEO de News Corp, al referente del negocio mediático del siglo XXI. Error.
Al principio todo parecía prometedor, logrando al poco tiempo de la adquisición de MySpace un acuerdo de tercerización de publicidad con Google que le aseguraba US$ 900 millones por 3 años. Pero el choque de culturas era evidente y al poco tiempo el fundador de MySpace se retiró y la operación de la red social quedó totalmente en manos del holding mediático. Paralelamente, Facebook crecía meteóricamente y en el 2008 desplazó a MySpace como la red social con más usuarios de los EE.UU. MySpace se estancaba mientras que Facebook crecía de a millones. Alea jacta est, hubieran dicho los romanos en ese momento.
Seguramente ahora surgirán diversas razones por las cuales se produjo semejante destrucción de valor en tan poco tiempo. Pero quizás la principal tiene que ver con el factor generacional-cultural de quienes manejaron la red.
Murdoch siempre encaró el negocio digital desde una perspectiva tradicional de una persona perteneciente a la era analógica. Estableció el acceso pago en sus principales medios (caso WSJ) para luego tener que flexibilizar su postura ante el escaso éxito. Lanzó “The Daily”, la primera publicación específica para iPad que a pesar de las expectativas generadas hoy vive sin pena ni gloria (lo que se insinuó desde el vamos, tal como publicáramos en “La paradoja del iPad”). Estas y otras movidas evidenciaron que nunca terminó de entender los cambios introducidos por Internet. Cambios que claramente eran un desafío para sus negocios que tan bien le habían rendido en el pasado. Pero para él, los contenidos en Internet eran más de lo mismo, nada más que en formato electrónico. Y está claro que no es así. Compró uno de los activos de Internet más hot y se le escurrió de las manos como arena en poco tiempo.
Así, MySpace termina como bien lo representa esta sátira. En definitiva, no es que la era de Internet sea más cruel con los negocios mal encarados. Es sólo más expeditiva.



Hay temas de los que se habla desde hace años, lo que no impide que recurrentemente tengan un pico de exposición mediática para luego perder terreno hasta el próximo round. Tal es el caso del riesgo cancerígeno del uso de los teléfonos celulares. El tema volvió con inusitada fuerza esta semana, ganando lugares destacados en diarios, programas de TV y de radio, así como en Internet. Surge entonces la pregunta: ¿qué hay de diferente esta vez? La simple respuesta a este interrogante sería, ninguna evidencia nueva y sí mayores atenuantes.
El anuncio de recortes de personal realizado esta semana por HP dejó lugar para cierta reflexión.
De manera muy interesante, esta semana Google comenzó a publicar sus
El caso de Facebook es el típico de los grandes éxitos de Internet. Un sitio que crece gracias a la viralidad (como lo fue en su momento Google) y a los efectos de red tan característicos de este negocio. Pero su impacto está trascendiendo del mero fin social, compartiendo mensajes, fotos y otras yerbas para convertirse en una importante fuente de referenciación de noticias.
La sanción de la ley de medios dejó indudablemente descolocados a los cableros (principalmente a los grandes) quienes durante mucho tiempo se habían dedicado a torpedear la posibilidad del ingreso de las empresas de telecomunicaciones al negocio de la TV. Pero la ley las dejó afuera, aceptando únicamente el ingreso de las cooperativas al negocio. Y atacar a las cooperativas no rinde, ya que éstas tienen esa imagen de “todos juntos trabajando por el bien común”, que hace que agredirlas no rinda demasiado.



