'Movistar'

LTE muda

Hablar de LTE en Argentina suena a ciencia ficción, sobre todo en momentos en que ni siquiera hay fecha para una licitación que dé inicio al proceso que culmine con la asignación del espectro necesario y a partir de allí pensar en el despliegue de la red necesaria para dar el servicio. Sin embargo, es bueno plantear algunos temas para preparar un debate que deberá darse, al menos al interior de los organismos reguladores.

Uno de los atractivos de la tecnología LTE es que fue concebida para datos. De allí sus velocidades y efeciencias tan superiores a las que se obtienen con 3G. Pero esto encierra a su vez una limitación: no soporta la transmisión de voz, o al menos no en la forma tradicional. Es cierto que se habla de VoLTE (voz sobre LTE, algo así como VoIP) pero se trata de una tecnología inmadura, que está aún muy lejos de poder ser considerada lista para el mainstream.

Los problemas de la VoLTE no son triviales y abarcan aspectos tales como el consumo de energía, ineficiencias del propio estándar, problemas de interoperabilidad y desafíos para el roaming. Esta combinación de escollos llevará, según los especialistas, años en resolverse. Así las cosas, las redes LTE deberán convivir por un tiempo largo con las redes actuales para poder ofrecer servicios de voz eficientes e interoperables.

Pensando en lo que podrá suceder a futuro en Argentina, esto implica que cualquier operador que quiera dar servicio LTE en el país deberá responder a alguno de los siguientes modelos. Uno sería contar con una red GSM/3G (sólo aplicable a Claro, Movistar, Personal y, eventualmente, a Arsat cuanto tenga su red). El otro, tener acuerdos para usar las redes de los operadores actuales (bajo un modelo similar al de operador virtual) sobre la cual cursar su tráfico de voz. Finalmente, en caso de no disponer de una red GSM/3G propia o de terceros, deberá focalizarse únicamente en servicios de datos móviles (o fijos).

Estos escenarios deberán ser tenidos en cuenta a la hora de definir las condiciones para la próxima licitación. De éstas definiciones dependerá el grado de competencia real que se pueda generar, y por lo tanto, de cómo será la oferta y los sevicios en los años por venir. Cada tanto hay que mirar un poco más allá del corto plazo.

Haciendo pressing

A fines del año pasado, cuando el gobierno nacional anunció que otorgaría el espectro devuelto por Movistar a la estatal Arsat y que ésta a su vez lo usaría para permitir que PYME y cooperativas de telecomunicaciones pudieran ofrecer servicios móviles, muchos se entusiasmaron. De hecho, estas empresas comenzaron a trabajar rápidamente en desarrollar planes de negocio para incorporar el nuevo servicio a su cartera de productos. Sin embargo, a casi 6 meses desde aquél anuncio, no hubo avances con el tema.

Será por esto quizás que esta semana, CATIP (Cámara Argentina de Comunicaciones Convergentes), organización que integran prestadores PyME, Cooperativas y Cable Operadores, salió a presionar elegantemente, distribuyendo una carta dirigida al Ministerio de Planificación en la que manifiestan estar “preparadas para dar inicio a la comercialización de los Servicios Móviles, que ArSat provea en forma mayorista, y distribuirlos entre los más de 2 millones de abonados con los que contamos en la actualidad y ubicados a lo largo y ancho de todo el territorio nacional.”

Esta acción demuestra quizás cierto nerviosismo respecto de cómo eventualmente operará Arsat a través de su marca Libre.ar. Es que a fines del año pasado, algunos integrantes de esta cámara se imaginaban ofreciendo el servicio para esta altura del año, cosa que no sólo no sucedió sino que tampoco se avanzó en definiciones respecto del modelo a adoptar.

Desde afuera, algunos creen ver una interna dentro del Ministerio mencionado. Se habla de dos modelos en pugna. Uno es el que se barajó inicialmente, con Arsat/Libre.ar utilizando su espectro para operar una red móvil bajo un modelo MNVE (Mobile Network Virtual Enabler), sobre la cual las demás empresas que hoy no ofrecen el servicio podrían comenzar a hacerlo bajo sus respectivas marcas, como un MNVO (Mobile Network Virtual Operator). El otro modelo, y que habría surgido después, es el de Libre.ar como una cuarta marca/operador, que ofrecería ella misma los servicios, y donde los pequeños operadores (como los miembros de CATIP) serían revendedores, casi como un agente comercial. Está claro que este modelo no es el que los seduce a estos últimos.

Se trata de rumores, pero la falta de avance en las definiciones y el estado público de esta carta parecen confirmarlos.

Compartida la vida es más bella

Uno de los problemas que enfrentan los operadores móviles tiene que ver con los altos costos de instalación y mantenimiento de la infraestructura. Desde sitios para instalar antenas, las propias antenas, el backhaul. Por eso desde hace un tiempo, en diversos países se comenzó a dar una tendencia a que empresas que compiten en el mercado logren acuerdos para compartir parte de sus infraestructuras.

La novedad es que esta modalidad está llegando a Sudamérica. Una de las empresas que está mostrándose activa en la materia es Telefónica. Sus más altos directivos a nivel internacional ya habían adelantado en una teleconferencia con inversores que la empresa pretende adoptar este modelo para sus operaciones latinoamericanas.

Esta semana dio un paso más anunciando un acuerdo nada menos que con Claro (su archirrival en la región) para compartir infraestructura tanto para 4G como 3G en Brasil. Es cierto que se trata de un caso apremiante. Los operadores de aquél país corren contrarreloj para comenzar a dar servicios 4G antes del Mundial de Fútbol del año próximo, y el hecho de utilizar frecuencias altas (2.5 Ghz) exige una mayor densidad de antenas. Quizás es por esto que también en Brasil las operadoras TIM y Oi hicieron un anuncio de similares características esta semana. Así, el caso brasilero podría transformarse en un modelo para el resto de la región.

Debido a los problemas que se registran en Argentina, esta tendencia a compartir infraestructuras podría ser parte de la solución. Pero no sería sencillo. Por ejemplo, haría mucho ruido una asociación de este tipo entre Movistar y Personal, sobre todo cuando sus operaciones locales están (en teoría al menos) bajo observación por compartir accionistas. Podría dar lugar a planteos antimonopólicos. Así, cualquier asociación debería ser con Claro, pero con tres actores en el mercado, si dos se asocian, el tercero en discordia puede (y seguramente lo hará) patalear. ¿Sería un acuerdo entre los tres una movida oligopólica?

No obstante, este modelo podría ser atractivo para Arsat, ya que esta aún no cuenta con red y necesita hacerlo en el corto plazo para poder comenzar a operar. Podría ser ésta la puerta para acelerar el despliegue de su red. Quizás, quién sabe, se aceleraría así la llegada de LTE. Aunque para esto todavía hay que dar varios pasos previos.

Lo concreto es que acuerdos de este tipo deberían ser considerados, tanto por operadores como por reguladores. Porque hasta tanto no se disponga de más espectro en el país, al menos que no sea la infraestructura el cuello de botella en ningún punto de la red.

Movilidad al mayoreo

La semana pasada el gobierno dio un paso más en su política en materia de telecomunicaciones móviles. Lo hizo al anunciar la creación de Libre.ar, un operador mayorista que atenderá a PyMEs y cooperativas para que éstas a su vez atiendan directamente a los usuarios, sean individuos u organizaciones. Se trata de una medida que en principio es relevante, aunque el éxito de la misma está vinculado a definiciones que aún no se dieron oficialmente.

Por sus características, las redes inalámbricas merecen un tratamiento distinto de las redes cableadas. En el caso de estas últimas, se trata de un recurso infinito, ya que se pueden desplegar tantas redes como sea económicamente viable o políticamente aconsejable. Por lo tanto, no hay necesidad de imponer restricciones legales, por más que la Ley de Medios vigente así lo considere (aunque esto es tema de otro análisis).

En el caso de las redes inalámbricas, la cosa es radicalmente distinta. Se trata del uso de un recurso finito como es el espectro, por lo que el número de actores que pueden participar es limitado. Esto es lo que se da en el caso de la telefonía celular, donde tal como fueron distribuidas las frecuencias, sólo hay lugar para cuatro operadores. Estos son actualmente Claro, Movistar, Personal y Arsat. Dejamos fuera de este listado a Nextel ya que por las características de su servicio, opera en una porción del espectro distinta a la de las mencionadas.

El hecho de que sólo unos pocos puedan acceder genera condiciones de competitividad claramente distintas a futuro. Aquellos que posean redes fijas y móviles tendrán una ventaja competitiva considerable respecto de aquellos que sólo tengan fijas. Y esto eventualmente podría significar la desaparición o al menos la marginación de todos aquellos que no dispongan de una pata móvil.

Más allá de las buenas intenciones detrás de Libre.ar, al anuncio le faltó una definición clave: quién pondrá la infraestructura. Si nos guiamos por lo que Arsat viene realizando últimamente, no hay dudas de que el objetivo final será el de contar con una red de comunicaciones móviles propias. Pero su construcción llevaría tiempo y dinero. En términos de tiempo, parece poco probable que una red pudiera estar en condiciones de competir con los operadores establecidos antes de 2 años. El dinero, si bien no es un tema menor, puede aparecer en función de reasignaciones presupuestarias. Sin dudas, aquí la clave es el tiempo.

Por esto es quizás que en la semana previa al anuncio corrieron rumores de que lo que haría Arsat sería aportar su espectro a los tres operadores actuales (Claro, Movistar y Personal) a cambio de utilizar sus redes para dar el servicio. Se aplicaría así el modelo de OMV (Operador Móvil Virtual). Así lo publicó el diario El Cronista y también era tema de conversación entre ejecutivos de la industria (tanto de actuales como de potenciales operadores), pero al no haber confirmación oficial, lo mejor es no dar las cosas por sentado.

La operación virtual sobre las redes de los operadores actuales tiene su lógica. En un mercado 2G/3G saturado, y ante la evolución natural en el horizonte hacia 4G, no tiene mucha racionalidad económica para Arsat desplegar su propia red con esta tecnología. Pero sí sería necesario que se apuren los tiempos para llevar adelante la licitación del espectro para 4G, donde muy probablemente Arsat se reserve de entrada una porción del espectro y subaste el resto. Quizás dentro de esa negociación de espectro a cambio de infraestructura que se rumorea, el Estado asegure a los operadores actuales que la subasta esté acotada a éstos.

El modelo de OMV ya está contemplado en el país y es lo que da lugar a Nuestro, el operador virtual que ofrece el servicio a algunas cooperativas sobre la red de Telecom Personal. Si bien esta es una alternativa válida, los operadores que cuentan con espectro y red no están obligados a ponerla a disposición de terceros. Por lo tanto, o bien habrá una negociación entre el gobierno y los operadores con red para que estos pongan a disposición sus redes o bien habrá modificaciones regulatorias para que éstos no puedan negarse a hacerlo. Además, no debería descartarse que el gobierno ensaye algún tipo de regulación de precios, algo que no será sencillo pero que anda dando vueltas por la cabeza de algunos funcionarios desde hace algún tiempo. Ciertamente, no es una posibilidad a descartar.

Desde el punto de vista técnico, quedan algunas dudas de índole más práctico y mundano. Sabido es que en la actualidad las redes móviles presentan deficiencias en el servicio por estar al límite de sus capacidades. Si efectivamente se les asigna el espectro de Arsat a los tres operadores actuales, estos contarán entonces con más capacidad para atender a sus clientes. Pero de persistir los problemas, se le dará la razón a quienes opinan que éstos no responden únicamente a un tema de espectro, sino que también se originan en deficiencias en la configuración de sus redes, especialmente desde la antena hacia dentro de las mismas. De ser así, deberán extremar las medidas para mejorar su rendimiento.

Esto no puede escindirse de la perspectiva comercial. Utilizando la misma infraestructura que los operadores actuales, no hay margen para una diferenciación por el lado técnico de la calidad del servicio. Por el mismo motivo, tampoco pareciera que hubiera mucho margen para lanzar productos con precios mucho más baratos. Así, el eje de la diferenciación pasará mayormente por la estrategia de marketing, el cual por un tema de costos deberá tener un foco quirúrgico. Si a esto le sumamos el escaso impacto que tuvo la portabilidad numérica hasta el momento, se configura un escenario donde los nuevos oferentes no tendrán un camino de rosas.

Con las escasas precisiones con que se cuenta hasta el momento, queda claro que por ahora se trata más de especulación que de certezas. Habrá que ver si Papá Noel nos trae más definiciones o si habrá que seguir esperándolas para después del año nuevo.

La solución, en casa

Cuando meses atrás el gobierno anunció que retendría para sí (a través de Arsat) el espectro devuelto por Movistar, dio una estocada final a las aspiraciones de Nextel de utilizarlo para poder comenzar a dar servicios celulares (técnicamente, lo que hoy ofrecen es SMR o Specialized Mobile Radio). ¿Significa esto que Nextel está condenada a desaparecer? En absoluto.

En realidad, la búsqueda de un plan B comenzó tiempo atrás, aún antes de que se conociera la medida del uso del espectro 2 y 3G por Arsat. Los 3 años de sucesivas postergaciones en la subasta del mismo fueron suficientes para liquidar los planes de desarrollar una red 3G que le costaría a Nextel unos US$ 1.000 millones que llegaría obsoleta al mercado que, para entonces, debería estar desplegando 4G.

Una alternativa que están evaluando seriamente es la de reutilizar el espectro con que cuentan (que funciona en la banda de los 800 MHz) para montar una red LTE. De hecho, en EE.UU. Sprint, empresa que oportunamente comprara la operación de Nextel en aquél país, está en pleno proceso de reutilizar esta frecuencia para dar servicios de 3 y 4G. De esta forma, Nextel tendría un horizonte de desarrollo y evolución tecnológica, y lo haría sobre una frecuencia baja, lo que permite una mayor cobertura por radiobase. Esto significa que requerirá de un menor despliegue de antenas, lo cual no es un tema despreciable tanto en términos económicos como también operativos. Uno de los puntos conflictivos en el despliegue de redes es tener que acordar municipio por municipio la instalación de las antenas.

Si en cada crisis hay una oportunidad, este bien podría ser un caso.

Armov

Luego de la sorpresa general causada en la industria cuando meses atrás el gobierno anunció la anulación de la licitación del espectro devuelto por Movistar y el otorgamiento del mismo a la estatal Arsat, mucho se especuló respecto de cuál sería el plan de acción de esta empresa. Esta semana, la espera terminó con el anuncio de que Arsat, a través de Libre.ar (no quedó claro si será una marca o una nueva empresa), se convertirá en un operador mayorista de telefonía móvil. Esto significa que no atenderá directamente al público sino que pondrá su infraestructura a disposición de otros operadores que por sus dimensiones y alcance de sus mercados nunca hubieran podido participar directamente del negocio móvil. Se trata de un modelo que en esencia es lo mismo que propusimos en mayo de 2011 (ver “Celulares para todos”).

El anuncio fue muy breve. Se crea Libre.ar, que utilizará el espectro que devolvió Movistar. Será un operador mayorista que trabajará con PyMEs y Cooperativas. No queda claro si la mención a PyMEs dejará fuera a empresas de mayor envergadura, especialmente operadores de TV por cable, como podría ser Telecentro o Supercanal. No parece viable políticamente agregar a Cablevisión esta lista.

Sin embargo, faltaron precisiones respecto de la infraestructura con que se dará el servicio. Un detalle clave. Por lo tanto, esperaremos a las novedades que se produzcan en estos días para hacer un análisis más profundo del anuncio.

Flotando en el éter

Cuando un par de meses atrás sorpresivamente el gobierno decidió no subastar el espectro devuelto por Movistar para asignárselo a la empresa de telecomunicaciones estatal Arsat, muchos se preguntaban cuál era el plan en materia de movilidad. Y, al menos por el momento, no lo hay. O no es público. Quizás porque ni siquiera Arsat dispone legalmente de ese espectro…

Tanto el Ministerio de Planificación como la CNC en sus respectivos sitios anunciaron la asignación del espectro a Arsat, referenciando la Resolución 71/2012. Sin embargo, ésta sólo deja sin efecto el Concurso Público para la adjudicación de la frecuencia (art. 1). En ningún artículo menciona que el espectro en cuestión sea asignado a Arsat. Es más, ni siquiera hay una mención al operador estatal en toda la norma. O sea, técnicamente es un espectro sin asignar.

Llama la atención que los dos organismos del Estado involucrados con este tema publiquen en sus sitios web información decididamente errónea. Pero también llama la atención que aún no se haya avanzado con la asignación del espectro a Arsat. Esta situación da pie a los rumores que circulan en el mercado y que hablan de una interna dentro del gobierno, entre quienes quieren un operador nacional y estatal y quienes prefieren influir sobre las decisiones de las empresas pero sin participar directamente del negocio. Estas diferencias de visiones serían las que estarían demorando las definiciones.

En definitiva, lo que tenemos por el momento no es como para festejar nada. Hay un poco más del 20% del espectro celular no asignado y por lo tanto restado del total. Una Arsat que no sólo no cuenta aún técnicamente con espectro sino que tampoco presentó un plan de acción respecto de cómo piensa usufructuar el mismo cuando el trámite legal esté completado. Y pensando en el futuro, aún no hay menciones a una subasta de espectro por 4G. Así, en materia de telecomunicaciones móviles, el Estado se está convirtiendo en el perro del hortelano, que no come ni deja comer.

Esperando a Godot

Luego de la inesperada decisión del gobierno nacional de retener para sí el espectro para telefonía móvil devuelto oportunamente por Movistar, los ojos (y las esperanzas) se depositan ahora en la próxima subasta de espectro. Se trata de aquella que permitirá que en Argentina se ofrezcan servicios LTE (conocida en la jerga como la banda AWS).

Con la decisión adoptada la semana pasada por el Ministerio de Planificación, ya no queda más espectro disponible para las tecnologías actualmente en uso. De esta forma, las limitaciones de espectro (que son una causa importante de los problemas con el servicio en los últimos tiempos) no serán resueltas hasta tanto no se ponga a disposición nuevas frecuencias. De ahí la importancia que cobra ahora el uso de la banda AWS, que aportaría más “espacio” para operar, particularmente en el tráfico que más creció en los últimos dos años que es el de los datos.

Originalmente estaba previsto que la subasta de la banda AWS se hiciera este año, una vez concluido el proceso de asignación del espectro devuelto por Movistar. Pero las sucesivas postergaciones de éste implicaron que la entrega de frecuencias para LTE también se demorara.

¿Cuál podría ser el escenario de esta nueva subasta? Sin dudas que el Estado se reservará una parte para sí. Luego de la entrega de espectro a Arsat, esta empresa no podría prescindir de las frecuencias necesarias para dar servicios LTE en el futuro. No hacerlo equivaldría a quedar en desventaja tecnológica ante sus competidores. Por supuesto, también habría interés por parte de Claro, Movistar y Personal, quienes ya han estado haciendo pruebas técnicas con esta tecnología. En el caso de Nextel, y luego de la desazón que significó no haber podido hacerse del espectro que devolvió Movistar, el acceso a espectro para LTE se convertirá en una cuestión clave para su futuro. A su vez, esta subasta podría significar el ingreso de un nuevo actor en el mercado.

Desde el punto de vista estratégico, sería importante que la subasta se pusiera en marcha rápidamente. Si bien Argentina es el país de la región donde los datos tienen más relevancia en el negocio de los operadores (según datos de 4G Americas), está muy retrasada en el cronograma de LTE. Brasil, Chile, Colombia, México y Uruguay ya comenzaron a asignar espectro para este servicio. Por otro lado, Paraguay, Perú y Venezuela deberían terminar el año con proceso de asignación concluido. Argentina aún no tiene fecha cierta.

Lamentablemente, el tema del espectro en Argentina en los últimos tiempos se parece a la obra teatral “Esperando a Godot”, donde todos los días un mensajero les hace llegar a los protagonistas el mensaje que Godot no vendrá hoy, “pero mañana seguro que sí”.

Entel Mobile – Pensando la red

Como en una novela de suspenso, y luego de sucesivas postergaciones, la licitación del espectro para comunicaciones móviles devuelto por Movistar tuvo un desenlace inesperado: finalmente será el Estado quien se quede con ese activo para su explotación. El anuncio no tuvo mayores precisiones en cuanto al modo en que se pondrá a ese espectro en operaciones. Esto de por sí ya es una señal de que se trata de un giro reciente en la política respecto del sector, por lo que no hubo tiempo para desarrollar un plan de negocios para Arsat.

Desde el punto de vista técnico, las posibilidades son varias. Una sería que el Estado busque una asociación con los operadores existentes, montándose sobre sus redes para operar sus frecuencias. El hecho de compartir infraestructura está muy de moda ahora, particularmente en Europa, donde se aplica esta metodología como una forma de reducir costos. En el caso de Arsat, no tendría sitios ni antenas para aportar, sino sólo espectro y su backbone de fibra óptica resultante del plan Argentina Conectadas (para llevar Internet a localidades no bien atendidas del Interior) y de la TDT. Siendo así, no tendría demasiado control sobre los costos de su operación, lo cual permite pensar que no será éste el camino a elegir.

Por otra parte, si la idea fuese desarrollar su propia infraestructura, podría hacerlo en forma independiente o en sociedad con otros operadores de menores dimensiones, como cooperativas, operadores de TV por cable o ISP. La segunda opción sería compleja, ya que muchos socios en la mesa dificultan la toma de decisiones y, sobre todo, requeriría que todos dispongan del capital necesario para llevar adelante las inversiones requeridas. No obstante, si el desarrollo de la red lo hiciera en forma independiente, Arsat podría ofrecer sus servicios en forma directa a los consumidores o hacerlo indirectamente, adoptando un modelo mayorista, donde cooperativas y otras PYME de telecomunicaciones podrían ofrecer servicios móviles bajo el formato de operador virtual (algo que habíamos propuesto desde aquí hace aproximadamente un año y medio, bajo el título de “Celulares para todos”). En este caso, Arsat pondría el espectro y la red, mientras que los operadores virtuales se ocuparían de la comercialización, facturación y atención al cliente apalancándose en los servicios y clientes que ya tienen. Con infraestructura propia, Arsat sí tendría control total sobre sus costos y tarifas, pudiendo utilizarlos como parámetros frente a las empresas que ya están operando en el mercado.

No obstante, el despliegue de una red propia no será inmediato. Cubrir toda la extensión del territorio nacional no se hace en poco tiempo. Además del backbone de Arsat hará falta realizar los tendidos para interconectar las antenas. Y es quizás en la instalación de estas últimas que se produzcan las mayores demoras. No sólo porque cada vez se hace más difícil encontrar los lugares adecuados para su ubicación (nadie quiere tenerlas cerca) sino también porque su habilitación corre por cuenta de los municipios. Esto exigirá una ardua negociación, municipio por municipio. Algo que ya conocen bien los actuales operadores.

En forma independiente o en sociedad, lo concreto es que tener una red operativa cubriendo todo el país requeriría de unos dos años mínimamente. O sea que no hay  que esperar en el corto plazo un impacto en el mercado de la medida anunciada.

Entel Mobile – Reacomodando el mercado

La decisión del gobierno de ingresar activamente como actor del negocio de las telecomunicaciones móviles provoca sin dudas un impacto en los demás operadores, tanto por la decisión en sí como por algunos comentarios deslizados casi al pasar al momento del anuncio.

El efecto más inmediato que produjo esta decisión es obviamente que no habrá más espectro para los actuales operadores. Éstos venían reclamándolo en forma creciente como consecuencia del perceptible deterioro de la calidad de las comunicaciones en los últimos tiempos. Cabe recordar que la última asignación de espectro para telefonía celular se realizó a fines de los 90, pero desde entonces la cantidad de líneas en servicio se multiplicó por 12, amén que éstas consumen hoy más capacidad como consecuencia del surgimiento de los mensajes de texto primero y de la conectividad a Internet después. Es más, al espectro asignado en aquél entonces hay que restarle el que ahora pasó a manos de Arsat, ya que este no está en uso desde que Movistar lo devolvió 4 años atrás y no lo estará hasta tanto Arsat comience a operar.

En cuanto a los impactados, sin dudas que el más decepcionado con el anuncio debe haber sido Nextel. La empresa se encuentra en un proceso de migración hacia tecnologías 3G en todos los países de Latinoamérica en los que opera, y sólo le faltaba Argentina. De allí las altas expectativas que tenían puestas en la licitación. Ahora deberán esperar a la subasta de espectro para servicios con tecnología LTE para aspirar a una evolución que, por ahora, no puede realizar en el país.

Luego sigue Claro, empresa que aspiraba a hacerse de espectro, en particular en el AMBA, donde corre en desventaja frente a Movistar y Personal por no contar con la banda de 850 MHz. Según las palabras del Ministro de Planificación, Claro era la única empresa que no había sido observada como participante por sus posibilidades patrimoniales y financieras. No obstante, no fue considerada ya que, siempre según la visión del ministro, se hubiera generado un proceso de concentración. En realidad no sería así, ya que Claro sólo podía aspirar a la cantidad de espectro que le falta para llegar al tope regulatorio de 50 MHz, tal como cuenta hoy Movistar. En otras palabras, no es que Claro se hubiera quedado con todo el espectro a subastar, sino únicamente con lo que le faltaba para completar el máximo permitido por la regulación. No obstante, si Claro hubiese sido la única empresa habilitada para participar de la subasta, las sospechas de favoritismo hubieran generado un ruido político que seguramente se buscó evitar.

Se podrá pensar que el anuncio de esta semana no impacta para nada a Movistar (que no participaba de la licitación por haber alcanzado el máximo de espectro fijado por la regulación) y no mucho a Personal (que seguirá como hasta ahora). No obstante, como justificativo para dejar a esta última fuera de carrera, el Ministro de Planificación hizo mención a la “integración monopólica de Telefónica y Telecom” agregando que en su ministerio están “en análisis administrativo para ver cómo se resuelve”. Llamó la atención esta afirmación, ya que se pensaba que era un tema que estaba resuelto. Al parecer no es tan así. Una luz amarilla se encendió en los tableros de Telefónica y Telecom.

En el caso de los restantes participantes, Superfone (del grupo Vila-Manzano) y Multitrunk (donde participaba el Grupo Roggio), no sorprendió que quedaran afuera ya que en el mercado se presuponía que no estaban en condiciones patrimoniales de encarar un proyecto de estas características.

En síntesis, el mensaje oficial fue que por distintas razones todos los aspirantes al espectro quedaron descalificados, salvo Claro. Pero por ser uno solo, se optó por que el espectro quede en manos del Estado para su operación. Esto explicaría por qué no pudo presentarse un plan de acción concreto para Arsat en materia de telecomunicaciones móviles.