Identifíquese

Aunque todavía vigentes y populares, los accesos mediante usuario y clave son claramente cosa del pasado. Tanto por falencias técnicas que permiten vulnerar bases de datos de usuarios/claves así como una mayor capacidad de cómputo disponible que posibilita a los hackers hacer grandes números de intentos. A lo que hay que sumar el factor humano (claves evidentes y fácilmente deducibles, claves anotadas en un papel o ¡peor! pegadas al monitor con un postit). Y la “solución” del cambio periódico y obligatorio, más allá de ser tedioso para el usuario (ya no alcanza con una palabra sino que debe incluir caracteres especiales, números, mayúsculas y no debe haberse usado previamente) es “vieja y obsoleta”, según la propia Microsoft.

Por todo esto, y más allá de técnicas como el doble factor que aumentan la seguridad de un simple usuario/clave, de la mano de los celulares se ha avanzado mucho con los sensores biométricos. Éstos se basan en la identificación de características físicas del usuario como huella digital, rostro o hasta el iris del ojo. Y si bien los sensores biométricos existen para distintos tipos de dispositivos, son los celulares quienes los están popularizando, sentando las bases para que sirvan como método de identificación que vaya más allá del propio dispositivo para poder ser también la puerta de acceso a distintos servicios.

Argentina no está al margen de este avance. Durante el 2018, un 45% de los smartphones ingresados al mercado argentino incluyeron algún tipo de sensor biométrico, según surge del informe “Mercado celular argentino 2019” elaborado por Carrier y Asociados.

La tecnología más difundida es sin dudas el lector de huellas digitales, el cual fue una característica presente en todos ellos. Pero además, algunos modelos contaron con un segundo sensor, como el 10% que sumaba el reconocimiento facial y un 1% scanner de iris.

 

 

La difusión de los sensores biométricos es interesante no sólo como medio de logueo para poder utilizar un dispositivo determinado sino también como forma de acceso a servicios, como ya lo hacen algunas apps del sector financiero, como bancos y billeteras electrónicas, independientemente de que sumen un segundo factor como el token. Y nuestra vida será (un poco) más fácil.

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