Bajando unos cambios

La reciente devaluación del peso impacta e impactará sin dudas fuertemente en la economía argentina, para algunos positivamente, para otros negativamente. Entre estos últimos, está el sector tecnológico, tan dependiente del acceso a bienes internacionales con precios en dólares. Con un dólar que arrancó el año a $ 18,76 y que esta semana se movió alrededor de los $ 39, el revalúo de la moneda estadounidense fue del 108%. Una variación muy marcada como para no tener un impacto significativo. Esto permite prever no sólo el obvio encarecimiento de muchos productos sino también una ralentización del ritmo de despliegue de infraestructura.

Para esta última, la devaluación es claramente inoportuna (no porque en algún momento no lo sea), ya que la mayoría de los operadores se encuentran en procesos de inversión para enfrentar un escenario convergente y de competencia que tiende a intensificarse. Esto se traduce en planes de actualización de redes tanto migrando del cobre a la fibra óptica como desplegando la fibra en redes nuevas.

Para entender el impacto de la devaluación, hasta principios de este año el costo de despliegue de redes era de aproximadamente 60% en dólares y 40% en pesos para las fijas y un 80%/20% para las móviles. Ahora en el mix los dólares incidirán aún más. Y como en general estas inversiones se financian ya sea tanto con deuda como con el flujo del negocio (en pesos y para peor en una economía recesiva) el efecto será pesado. Se prevé una menor inversión en dólares y por lo tanto en unidades (km pasados, antenas instaladas, etc.).

Conviene recordar que Telecom planeaba emitir bonos de deuda por US$ 1 mil millones, pero las condiciones de volatilidad del mercado hicieron que lo pospusiera varias veces. Ahora el panorama no es mejor, con lo cual esos bonos probablemente seguirán esperando. No obstante, por ahora se mantiene el plan trienal de inversiones (US$ 5 mil millones), aunque quizás algunas de las previstas para este año se posterguen. En el caso de Telefónica, suele financiarse con el flujo de la operación local, salvo situaciones excepcionales. Pero viendo la situación de la empresa madre y su insatisfacción con el entorno regulatorio local, no parece que estén dispuestos a mandar euros desde España. Por su parte, y al menos por el momento, Claro mantiene sus planes de inversión (en dólares) a través de fondos del exterior, lo que de confirmarse podría darle un plus competitivo en los próximos tiempos.

Para los operadores PyME y cooperativas del Interior, muchos de los cuales están embarcados en despliegues de fibra y sin acceso a financiación del exterior, el panorama no es menos complejo. A esto se suma que los aportes del Fondo del Servicio Universal son en pesos, por lo que tienen ahora menos capacidad de compra de tecnología en dólares.

Con este panorama, es de esperar una ralentización en los despliegues. Aunque también sea quizás un incentivo para avanzar con más decisión en planes de compartición de infraestructura, concepto que pasa ahora a tener otro valor. Habrá que ser creativos mientras se moderan las ambiciones.

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