'Netflix'

Multiple choice

Si bien cuando se habla de TV se suele mencionar que la misma está en crisis por la aparición de nuevas formas de distribución, lo concreto es que la multiplicación de caminos para llegar al televidente asegura audiencias para el productor del contenido aunque no necesariamente para el distribuidor. Esto surge del informe “Usuario online 2015” recientemente publicado por Carrier y Asociados.

Tomando como base a los hogares con Internet, la TV paga (entendiendo como tal tanto en su versión por cable como satelital) sigue dominando la escena, presente en el 85% de los casos. La misma presenta niveles de penetración muy similares independientemente del nivel socioeconómico, aunque con diferencias menores en función de la composición etaria del hogar.

Lejos, aunque no por ello poco relevante, el streaming gratuito aparece en prácticamente 1 de cada 3 hogares conectados. Aquí se incluyen tanto opciones ilegales como legales. En este caso el factor generacional sí es muy relevante, siendo una práctica que crece mucho en los segmentos más jóvenes, donde supera el 50%. También es más alta entre quienes no disponen de servicios de TV paga.

Las descargas tienen mayor incidencia en la medida en que sube el nivel socioecónomico del hogar, lo que indicaría que no hay tanto una motivación económica sino quizás de tipo de contenido. Como en toda alternativa basada en Internet, también pesa el factor generacional.

Los servicios OTT (dominados por Netflix) tienen una penetración claramente mayor en niveles socioeconómicos altos y medios, aunque con diferencias en función del proveedor. También crece significativamente en la medida en que más sofisticado es el consumo de TV paga (como servicios digitales, HD o DVR). Esto marca que se trata de segmentos que son ávidos consumidores de contenidos de TV (series y películas).

La TDA muestra un importante crecimiento impulsado por la inclusión de sintonizadores digitales en las TV más nuevas, cosa que no sucedió durante los primeros años de disponibilidad del servicio. Adicionalmente, la TDA muestra características particulares, ya que en la mitad de los casos convive con un servicio de TV paga, con tendencias claramente distintas si el hogar sólo tiene TDA o lo hace en convivencia con la TV paga.

Como se ve por los porcentajes, por el momento la tendencia es a que convivan distintas formas de acceder a los contenidos de TV, con un dominio de las formas tradicionales pero con una presencia significativa de las alternativas. La gran pregunta es cuánto durará este escenario de convivencia pacífica.

Tuits selectos

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Convivencia armoniosa

Con un fuerte impulso gracias a la popularidad de Netflix, los servicios OTT siguen avanzando en los hogares argentinos, habiéndose duplicado su penetración en el último año. De esta forma, ya más de un millón de hogares accede a contenidos de servicios comerciales de video por Internet. Esto surge del informe “Usuario online 2015” recientemente publicado por Carrier y Asociados.

Por OTT se consideran a los sistemas de videos a la carta pagos como Netflix, On Video, Arnet Play, HBO Go, Fox Play y tantos otros. Estos servicios pueden ser pagados específicamente (caso Netflix) o ser una versión online de abonos tradicionales de TV paga (caso HBO Go). Conviene aclarar, no obstante, que no necesariamente cada uno de los hogares contabilizados esté pagando por el servicio. La modalidad multiusuario de estos servicios hace que no haya una correlación 1 a 1 entre hogares usuarios y abonados.

En este negocio, Netflix prevalece claramente sobre las demás alternativas, estando presente en 4 de cada 5 hogares que consumen contenidos OTT.

En cuanto a la forma de reproducir los contenidos, la PC sigue prevaleciendo, especialmente en el formato portátil (62%) que permite acceder a los contenidos desde una mayor variedad de situaciones (de viaje, en la cama, en movimiento, etc.).

Sin embargo, el consumo a través de la TV conectada es importante, llegando al 56% de los casos, empatando con la PC de escritorio. Este consumo puede ser directo en el caso de Smart TV o indirecto, cuando la tele está conectada a una PC, consola o reproductor de medios, tipo Apple Play, Chromecast u otros. Luego se ubica el celular, con un interesante 26%, seguido por la tablet, que aunque menos masiva, llega al 20%.

Resulta destacable observar que los servicios OTT no compiten, por ahora, con el servicio de TV paga, ya que la penetración de los mismos es similar en hogares que contratan o no cable o satélite. Es más, la presencia de los servicios OTT es mayor en hogares con servicios de TV paga Premium, como los digitales o el HD. Así, los OTT son más complemento que sustituto de la TV paga. Al menos por ahora.

TV conectada

La tendencia al consumo de contenidos de TV (películas, series, documentales, eventos deportivos y artísticos) desde Internet, vía streaming o descargas, no es nueva y ya alcanza a casi la mitad de los usuarios de Internet en Argentina. Por lo tanto, resulta natural que muchos pretendan acceder a esos contenidos en el dispositivo más indicado para hacerlo, como es la TV. A tal punto que hoy un 36% de quienes consumen contenidos de TV desde Internet lo hacen a través de un televisor, que se suma con fuerza a los dispositivos conectados dentro del hogar. Esto surge del informe “Usuario online 2015” recientemente publicado por Carrier y Asociados.

Consumir contenidos de Internet desde la TV conectada a Internet es una práctica que subió 20 puntos en el último año. En esto mucho tiene que ver la creciente popularidad de las Smart TV. Un 41% de quienes consumen contenidos de TV provenientes de Internet las utilizan para tal fin. Luego se ubica la PC conectada a la TV (35%) y más lejos la consola (10%) y los reproductores multimedia (7%) tales como Apple TV, Roku, Chromecast u otros.

La popularización de diversas alternativas para acceder a contenidos de Internet desde la TV, tanto en forma nativa como con el agregado de otros dispositivos, potencia su consumo, convirtiéndose en un impulsor del crecimiento de usuarios de servicios OTT como Netflix y otros.

Matrimonio por conveniencia

En los últimos tiempos es habitual oír la preocupación de los operadores de redes de telecomunicaciones fijas respecto de las cuantiosas inversiones necesarias para abastecer a una creciente demanda por tráfico. Saben que más allá de las mejoras constantes necesarias para que el equipamiento de red pueda lidiar con un tráfico que no hace más que crecer, tarde o temprano terminarán teniendo que tender fibra óptica hasta el hogar.

Para llegar a esta situación colaboran los avances en los dispositivos de usuario cada vez más voraces por capacidad de la red. Pasamos de televisores convencionales a HD 720, HD 1080 y ahora 4K, que se conectan vía Internet a OTT como Netflix, Fox Play, HBO Go y otros. Por otra parte, se multiplican los dispositivos conectados al interior de los hogares. PC, tablets, celulares, SmarTV, Consolas, media players cohabitan bajo un mismo techo y se multiplican. Así, esta mayor demanda individual se potencia por la cantidad de integrantes del hogar.

La resultante es un consumo creciente que se lleva mal con la tarifa plana desde la perspectiva del operador. La pregunta entonces es: quién paga por las inversiones a realizar en la red. Por el momento, muchos operadores apuntan directamente a los proveedores de contenidos, con YouTube y Netflix a la cabeza, ya que son responsables de aproximadamente el 50% del tráfico en las redes fijas. Pero esta es una negociación difícil, sobre todo en aquellos países donde hay regulación a favor de la neutralidad de la red. No obstante, si la calidad de la red se degrada por falta de actualización de su capacidad, lo proveedores de contenidos se verán afectados (¿cuántas veces dejamos de ver un video porque éste no se cargaba?). Esta situación hace que proveedores de red y de contenidos se vean como adversarios.

Distinta es la situación en el mundo de los móviles. Y no porque éstos no participen también de la carrera por el mayor consumo. Hace rato que los celulares dejaron de ser un dispositivo para hablar para convertirse en uno de comunicación multimedia. Intercambio de fotos, videos, streaming de música impulsan también un consumo creciente y que promete seguir haciéndolo. Los celulares de alta gama ya prevén no sólo reproducción en 4K sino también grabación en esta resolución. Grabaciones que luego se subirán desde el celular a YouTube, Facebook y otros servicios que permiten publicar directamente desde el equipo. Sin pensar en video, ya hoy el mismo Whatsapp permite realizar llamadas de voz al tiempo que Facebook Messenger lo hace con las videollamadas. Sin embargo, los operadores móviles no parecen muy preocupados por esta situación. Y cuando lo están, no es por la mayor demanda de capacidad sino por la canibalización de algunos de sus productos (como pasó con Whatsapp y los SMS).

La diferencia entre operadores fijos y móviles radica en la forma de cobrar por el servicio. Recientemente en Argentina, las empresas de telefonía móvil desterraron las tarifas planas de datos (el famoso Internet ilimitado). Entonces, si el consumo crece, también lo hace la facturación. Es más, los operadores están deseosos de que la capacidad agregada por la tecnología 4G sea consumida por contenidos. Y buscan ayudarla con la oferta de servicios de streaming, como es el caso de Spotify. Esas redes vacías deben ser llenadas para comenzar a pagarse.

Este modelo de pago por uso comienza a ser replicado en el acceso fijo, aunque no todavía en Argentina. Sin ir muy lejos, en Uruguay, Antel (el operador estatal y dominante del mercado) ya discontinuó todos sus accesos de banda ancha fija con tarifa plana para establecer tarifas por tráfico (de 30, 60 y 90 Gb mensuales). En Argentina, Fibertel planea lanzar en junio un producto de estas características llamado Flex. Al menos inicialmente, apuntará no a los usuarios de alta demanda sino al extremo opuesto, los de bajo consumo.

Lo curioso del caso de Antel es que se trata de un operador que ofrece el servicio de Netflix a sus abonados. La razón es simple. Mientras éstos más consuman, Antel se beneficiará con más facturación. Así, Netflix pasa de ser una amenaza a un aliado. Lo opuesto a lo que sucede entre operadores y OTT cuando la tarifa es plana y éstos no se ponen de acuerdo en compartir los mayores costos. De paso, el cobro por el acceso es más justo. Quienes más consumen, más pagan. Quienes tienen un consumo light, menos. Como debe ser.

¿Vientos cambiantes?

Luego de años de tensión creciente, el mercado de las telecomunicaciones está llegando a un punto que podría marcar el inicio de una relación distinta entre operadores de telecomunicaciones y empresas que ofrecen servicios OTT. Una relación que tiene dos puntos de conflicto. Uno tiene que ver con regulaciones distintas para servicios que son similares. La otra, quién paga la cuenta.

En materia de regulación, es interesante observar lo que está sucediendo en Europa. Desde hace ya varios años, las autoridades continentales vienen bregando por una agenda que lleve a un mercado digital europeo único que no deje al viejo continente fuera de la carrera por el presente y el futuro. Y lo hacen con autocrítica. La Comisión Europea elaboró un documento donde sostiene que sus intentos por un mercado único estuvieron demasiado focalizados en la neutralidad de la red y en el roaming intracontinental en lugar de plantearse metas más ambiciosas que impulsen la inversión y la innovación (vale aclarar que hubo recientemente un cambio en la máxima autoridad europea en la materia).

Las modificaciones, que se propondrían la semana próxima, apuntan a las demandas de los operadores europeos en relación a la asimetría en la regulación de servicios similares ofrecidos por actores diferentes que, sostiene, no están sometidos a las mismas reglas. Mientras los operadores deben responder por la calidad de sus servicios, productos OTT como Whatsapp o Skype pueden tener problemas de funcionamiento y sólo emitirán una disculpa. De más está decir que servicios como Whatsapp, que acaba de alcanzar 800 millones de usuarios activos, están detrás de la fuerte pérdida de ingresos por SMS. Y que ahora con la llegada de la posibilidad de comunicaciones de voz (algo similar a lo que hace Skype) amenazan también su negocio más tradicional. Lo que no está claro es si esta armonización de las regulaciones vendrá por el lado de un endurecimiento de aquellas que alcancen a los OTT, una relajación de las que afectan a los operadores o habrá un punto intermedio. Lo que sí resulta cada vez más evidente es que es necesario diseñar marcos regulatorios justos y lo suficientemente flexibles para adaptarse a los cambios que se seguirán produciendo en el futuro.

En una discusión más global y no puramente europea, otro punto en esta relación odio-necesidad pasa por la pregunta del millón: ¿quién paga los costos? Los operadores sostienen que son los OTT quienes deberían compartir la carga económica que implica la constante actualización de las redes para soportar crecientes demandas por tráfico de datos. Pero esta aproximación entraña una limitación, ya que impondría un freno a nuevos servicios que verían dificultado su crecimiento, limitando entonces la innovación. Una alternativa sería fijar un nivel de tráfico generado a partir del cual el OTT tuviera que participar en los costos que su servicio ocasiona a quienes proveen las redes. Pero esto puede llegar a ser un poco arbitrario. Por eso, aunque por el momento no es una variante que se mencione demasiado abiertamente, una solución más justa sería que fuera el usuario que pague por estos mayores costos dependiendo del uso que hace de los distintos servicios, medido en función de los datos que consumen. Así, quien quiera ver una película Netflix en 4K pagará más a su ISP u operador celular que aquél que sólo usa Whatsapp. Un servicio que se pague por uso, como ya sucede con la luz, el gas y otros. Los operadores han adoptado este modelo en el caso de los servicios móviles. En el caso de los fijos, la cosa no está muy difundida, pero no debería llamar la atención que comiencen a hacerlo. De hecho, hay casos como el de Antel (el operador de telecomunicaciones estatal uruguayo) que ya vende sus productos de banda ancha fija con determinadas cantidades de tráfico de datos, en un modelo parecido al de los móviles. Esto le permitió hacer un acuerdo con Netflix para revender su servicio. Es lógico, quien quiera ver videos en 4K todo el día, contratará abonos de mayor precio (y eventualmente pagará por excedentes) que aquél que sólo se mete en Facebook. Está claro que así Antel convirtió a Netflix de enemigo a socio.

Sean éstas u otras las medidas que comiencen a darse alrededor del mundo en materia de telecomunicaciones, lo cierto es que en un escenario donde los contenidos/servicios son independientes de la red, todo indica que más tarde o más temprano la relación entre ambos deberá adaptarse a esta realidad. Creer que esto no vaya a suceder sería ingenuo.

Tuits selectos

Cuba Libre (AKA mentirita)

Esta semana, Netflix anunció la llegada de su servicio a Cuba. El mismo surge como consecuencia del acercamiento del gobierno de los EE.UU. a la isla. Sin embargo, y luego de analizar los datos disponibles, pareciera haber una jugada de largo plazo por parte del gigante de la TV OTT.

A priori, el desembarco de Netflix en Cuba sería más simbólico que real. Hay tres elementos que permiten sostener esta postura. Primero: Con poco más de 5.000 conexiones de banda ancha fija (según la UIT) su penetración es del 1,25% de los hogares (menos aún si se considera que muchas de esas conexiones no están en hogares). Segundo: El salario promedio en Cuba equivale a alrededor de US$ 20 mensuales (según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba). Así, los US$ 7,99 que cuesta el abono mensual a Netflix equivale al 40% de un salario medio. Tercero: Los pagos a Netflix se hacen mediante débito automático sobre una tarjeta de crédito internacional, una rareza para la población cubana. Entonces, parafraseando a aquél viejo comercial de Wendy’s, “where’s the beef?

Está claro que para Netflix no hay un negocio en el corto plazo. Quizás lo que busca es posicionarse en la isla al inicio de esta apertura apostando a que habrá un leap frog tecnológico por el cual no se desarrolle nunca una industria de TV por cable sino directamente una de banda ancha. Y en este escenario, Netflix podría ser un amplio dominador del mercado de la nueva TV. En definitiva, sería no un mercado de cord cutters sino uno de cord nevers.

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