'Netflix'

El pongui pongui

Gran revuelo ocasionó esta semana la resolución 593/14 de la Administración Gubernamental de Ingresos Públicos (AGIP), ente recaudador de la Ciudad de Buenos Aires. A través de la misma, a partir de noviembre se comenzará a aplicar la retención al impuesto a los ingresos brutos (IIBB) a “la contratación de servicios de suscripción online para acceder a películas, TV y otros tipos de entretenimiento audiovisual (“películas y series“) que se transmiten por Internet a televisores, computadoras y otros dispositivos conectados a Internet como así también por la suscripción para comprar y/o alquilar contenidos digitales relacionados con música, juegos, videos, o similares”. No queda en claro porqué rápidamente se asoció la aplicación de este impuesto a Netflix únicamente, a tal punto que rápidamente se la denominó el “Impuesto a Netflix”.

La reacción inicial de muchos fue de indignación al pensar que la alícuota del 3% de IIBB se vería reflejada automáticamente en sus gastos. Cabe aclarar no obstante, que el impuesto a los IIBB recae sobre el vendedor, no sobre el comprador. De esta forma, será una decisión del primero trasladar este costo al segundo, ya que no se trata de tarifas reguladas. Por lo pronto, algunas empresas que ofrecen estos servicios, como Spotify, Facebook y Google aclararon que no trasladarán este costo. Al menos inicialmente, Netflix no se había expedido al respecto, optando por el silencio de radio.

En cuanto a la forma de recaudar el tributo, se hará vía retención que aplicarán las tarjetas de crédito, débito y compra asociadas a cuentas registradas en sucursales bancarias de la ciudad de Buenos Aires. Esto implica que no alcanza a aquellas tarjetas registradas en otros distritos del país.

Al día siguiente de la publicación de la resolución la AGIP aclaró que las empresas alcanzadas podrán pedir la exención a este impuesto ya que cae dentro de la categoría de contenidos culturales (art 155 inc.2). No obstante, para poder hacerlo, deberán estar constituidas en el país, tener domicilio fiscal y CUIT (identificación tributaria) y solicitar la mencionada exención. Un dato curioso es que existe una Netflix Argentina S.R.L., con número de CUIT, pero que no registra impuestos activos. No se pudo confirmar si esta sociedad es propiedad de Netflix Inc., aunque su objeto social es similar pero claramente no es la que factura el servicio.

Claro que todavía quedan algunas dudas respecto a su implementación. Por ejemplo, cuál sería el criterio para diferenciar en el caso de empresas que quedan incluidas que venden tanto bienes como servicios. No está claro cómo hará la administradora de la tarjeta de crédito para distinguir en el caso de Amazon, donde se pueden comprar un video que se descarga por Internet o un libro en papel (por ejemplo). También hay margen para la inquietud: la interpretación que se le puede dar al término “similares” en la enumeración de los contenidos digitales relacionados, según describe la norma.

Más allá de este caso en particular, lo más interesante del asunto es que genera una discusión necesaria en relación al mundo online y su situación legal y tributaria. Algunas voces que reaccionaron contra la medida esgrimieron el argumento que Internet debería estar fuera del alcance de los organismos recaudadores. Algo así como una Internet Tax Free. Pero el impacto del comercio electrónico en la economía es real, no virtual. Si la economía de Internet es parte de la economía real (cada vez más), ¿por qué sus actividades no deberían tributar? ¿Cuál sería la diferencia entre online y offline desde el punto de vista tributario? ¿Existe una frontera entre bienes analógicos y digitales? Se trata sin dudas de un tema que debe ser debatido entre expertos en la materia, quienes deberán buscar un equilibrio entre el respeto de los principios de derecho tributario y el concepto de igualdad ante la ley, básico para que ésta sea justa, pero adaptado a los tiempos en los cuales los límites geográficos se han vuelto más difusos. No es tarea sencilla.

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De enemigo a amigo

Desde que Netflix ganó popularidad con su servicio de streaming de video, las quejas de los operadores se comenzaron a hacer escuchar cada vez con más frecuencia, ya que deben mejorar su infraestructura para hacer frente a las crecientes demandas por capacidad. Este aumento del tráfico vendrá de la mano no sólo de más usuarios consumiendo video a través de Internet, que en algunos casos ya está llevando a hogares a prescindir de servicios de TV paga (fenómeno que también comienza a darse en Argentina). También influirá la tendencia a que el video sea de mayor calidad, lo que eleva el tráfico. No sólo hoy comienza a dominar el video en HD, sino que Netflix también tiene contenidos en 4K, que cuadruplica la resolución y por lo tanto la cantidad de datos a transmitir. Todo muy lindo. El tema es quien paga la factura.

Los más grandes pudieron hacer valer su peso, exigiendo a Netflix que se haga cargo, aunque fuera parcialmente, de los mayores costos asociados. En EE.UU. Netflix ya tiene acuerdos con Comcast, Verizon y acaba de sumar esta semana a AT&T. Todos ellos tienen demasiados abonados como para que Netflix acepte perder clientes por deficiencias en la calidad de la transmisión. Distinto es el caso de los ISP más pequeños, con menos poder de negociación. Sin embargo, también hacen oír su voz, con críticas atendibles.

En este escenario, llama la atención al lector desprevenido el anuncio realizado esta semana por Antel, según el cual el operador de telecomunicaciones estatal uruguayo comenzará a ofrecer los servicios de Netflix a sus clientes, tanto de banda ancha fija como móvil. La noticia es más llamativa aun cuando se toma conciencia de que Antel tiene un amplio dominio del mercado fijo (98%) y del móvil (49%). ¿Por qué entonces querría Antel recargar sus redes con más tráfico? La respuesta es simple y tiene que ver con algo planteado desde aquí tiempo atrás [ver “Repensando la neutralidad”]: Antel cobra por tráfico y no por ancho de banda. De esta forma, cuanto más tráfico, más facturación. Y ésta entonces puede financiar las inversiones realizadas para mejorar la capacidad de las redes.

En un país como Argentina, donde cala hondo la idea de que el Estado debe tender a subsidiar los consumos para que éstos tengan precios “sociales”, puede ser llamativo que un monopolio estatal (es lo que es en banda ancha fija) aplique criterios microeconómicos a sus políticas tarifarias. Pero esta lógica económica tiene también lógica social: cada uno paga por lo que consume. No hay usuarios de bajo consumo subsidiando a los de alto consumo a través de una misma tarifa.

Seguramente, el modelo de pago por uso en la banda ancha fija comenzará a popularizarse, asemejándose a lo que actualmente sucede con la banda ancha móvil. No será sencillo aplicarlo a los abonos actuales, pero en un futuro no muy lejano, en la medida en que los ISP ofrezcan anchos de banda superiores a los actuales, no debería sorprender que esta mayor capacidad venga atada a cuotas de tráfico. Se pagará por uso, como se hace hoy con otros servicios básicos, como la luz y el gas. Entonces, ya ningún ISP se quejará por la existencia de servicios como el de Netflix. Es más, los incentivarán.

Si la montaña no va a Mahoma

Luego del fracaso del video en 3D, que prendió algo en el cine pero no así en la TV, la industria audiovisual (particularmente los fabricantes de equipos) apuestan sus fichas a la tecnología 4K o UHD, que básicamente implica imágenes con el cuádruple de píxeles que el full HD y por lo tanto de definición. Pero, como suele suceder, se da el famoso tema del huevo y la gallina. Los fabricantes impulsan sus equipos con la nueva tecnología, pero la falta de contenidos frena sus ventas. Los productores de contenidos no quieren desarrollar para la nueva tecnología si esta no está suficientemente difundida. Y las redes de distribución también son renuentes a invertir en modernizarse si no hay demanda.

En el caso de 4K, ya hay algunas experiencias, como lo hizo Netflix que grabó la segunda temporada de su serie “House of cards” con esta resolución. También Sony grabó algunos partidos del último mundial de fútbol en 4K. Pero por ahora es muy poco lo que hay como para incentivar a los consumidores a pagar por una tecnología aún cara y no estándar.

Con este escenario puede llamar la atención que los últimos chips de Qualcomm para smartphones y tablets incluyan la capacidad para reproducir video 4K. ¿Para qué poner esa capacidad en estos dispositivos si no hay contenidos? La respuesta es que también pueden grabar en 4K. Así, al menos inicialmente esta capacidad será utilizada más para el contenido generado por el propio usuario que para consumir material de origen profesional. Será un importante aporte al desarrollo del estándar.

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El nuevo Blockbuster

La creciente popularidad de los servicios OTT, aquellos que permiten ver legalmente películas y series a través de Internet, no está afectando el consumo de TV paga. Según el informe “Usuario online 2014”, realizado por Carrier y Asociados, no se observan diferencias de adopción de los servicios OTT entre hogares con y sin TV paga. De esta forma, estos servicios se posicionan más como un videoclub online que en un sustituto de la TV por cable o satelital.

Un 11% de los hogares con banda ancha consume servicios OTT, lo que equivale a unos 580 mil hogares. La cifra no refleja necesariamente la cantidad de abonados ya que estos servicios ofrecen en algunos casos múltiples accesos simultáneos, dando lugar a abonos compartidos.

Sin dudas Netflix sigue siendo el servicio más popular, presente en prácticamente 2 de cada 3 hogares que consumen servicios OTT. Tiene mayor penetración en segmentos ABC1 y en el AMBA, mientras que tanto On Video como Arnet Play tiene más llegada en segmentos medios y bajos así como en el interior. Esta diferencia en el perfil es resultante de las propuestas de las telcos, que ofrecen una mayor amplitud de contenidos locales frente a Netflix. Públicos distintos.

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Cord cutters autóctonos

En los EE.UU. se denominan cord cutters (corta cable) a aquellos que habiendo sido abonados de TV por cable (también satelital), cancelan este servicio para pasar a consumir contenidos en video provenientes de Internet. Pero más relevante que esto es saber cuántos hogares no contratan un servicio de TV paga pero sí tienen accesos de banda ancha, los cuales utilizan como fuente para este tipo de contenidos, hayan o no contratado previamente algún servicio de TV paga. Visto así, en Argentina ya hay unos 650 mil hogares que ven contenidos de TV por Internet sin contar con un abono de TV paga. Esto surge del informe “Usuario online 2014”, recientemente realizado por Carrier y Asociados.

Considerando las alternativas existentes a la TV paga y sumando los cambios en los hábitos en el consumo de contenidos en video introducidos por Internet, se trata de un fenómeno que no debería sorprender. Los “cord cutters” (por llamarlos de alguna manera) pueden complementar la TV abierta y gratuita (sea analógica o digital) con varias alternativas. Una es mirar a través de los sitios de los propios canales de TV en la web, como es el caso de los canales de aire así como de algunos de cable, especialmente los de noticias (caso TN). También está la posibilidad de hacer streaming, tanto de alternativas legales, como es el caso de YouTube o DeporTV) u otras más discutidas (estilo Cuevana). A esto se suman las descargas, sean directas o vía torrents. Y por supuesto, más recientemente se le agregaron alternativas OTT, tanto pagas, como son Netflix, Onvideo o Arnet Play, como gratuitas, caso Crackle.

Al tratarse de nuevos hábitos en la forma de consumir video, no sorprende que esta tendencia crezca en la medida en que más joven es el hogar.

La tendencia a prescindir del servicio es un claro llamado de atención a los proveedores de servicios de TV paga. Para los operadores de cable, significa el comienzo de un cambio en su negocio, donde gravitará más su red como infraestructura de banda ancha. Esto puede implicar una potencial pérdida de ingresos (no necesariamente) pero no de clientes. Distinto es el caso para DirecTV, que al no tener una red apta para dar servicios de banda ancha (salvo puntualmente en Mendoza donde tiene una red inalámbrica) sí corre el riesgo de perder clientes. “It´s a brave new world”.

Una lenta despedida

Agobiada por una participación de mercado que no deja de achicarse, BlackBerry se encuentra en pleno proceso de reorientación estratégica, poniendo el foco en el mercado corporativo y en el software y los servicios. Por eso no debería llamar la atención que anunciara que licenciará la tienda de aplicaciones de Amazon, la cual estará disponible en su plataforma BB10 hacia fines de año. Sin embargo, la misma tiene lecturas positivas y negativas.

Una de las características del sistema operativo BB10 es que puede correr un gran número de aplicaciones Android. Casi todas, excepto aquellas que usan los servicios de Google. Esta capacidad le permite aumentar notablemente la cantidad de apps disponibles para una plataforma caracterizada por tener pocas apps nativas. Sin embargo, todavía el proceso para instalar una app de Android no es tan sencillo como en el caso de las nativas, quedando circunscripto a aquellos usuarios con más conocimiento técnico. En este sentido, que en el futuro el Appstore de Amazon esté preinstalado debería eliminar esta limitación. La idea es que en un mismo dispositivo convivan la tienda propia de BlackBerry, donde se encontrarán las apps nativas para la plataforma BB10 y enfocadas en el segmento corporativo, y la de Amazon, que proveerá aquellas que interesan al consumidor (como Netflix, Groupon, Pinterest, etc.).

El CEO de BlackBerry admitió que no está interesado en gastar tiempo, dinero y energías desarrollando las apps que ya están en la tienda de Amazon. Lo cual suena muy razonable considerando el foco de la empresa. Pero al mismo tiempo da un mensaje claro al mercado, y particularmente a sus usuarios: el mercado consumidor no nos interesa. Esto se ve agravado por el hecho de que la tienda de Amazon tiene aplicaciones para el mercado de EE.UU., pero no se encuentran en ella aquellas que sean locales de otros países. Con lo cual, seguirán faltando apps claves para el segmento consumidor en los mercados internacionales.

El foco de BlackBerry en el mercado corporativo, y más particularmente en los altamente regulados, como Gobierno, Bancos y otros, es totalmente razonable, ya que allí es donde mejor aprovecha sus ventajas. Pero al mismo tiempo surge una duda: ¿cómo lograr las escalas adecuadas en la fabricación de hardware con un foco tan segmentado? Así, y más allá del acuerdo con Amazon, todo hace pensar que se trata de un paso más hacia una BlackBerry focalizada en cierto tipo de clientes corporativos y en servicios y aplicaciones para éstos. Todo lo demás, es accesorio y como tal, prescindible.