'cloud computing'

Cúmulus limbus

Los insistentes rumores (de esos que sólo parecen anticipar un hecho que se dará indefectiblemente) sobre la compra de Sun por parte de IBM por US$ 6.500 millones en efectivo ponen al descubierto que la tendencia hacia la computación en la nube (o Cloud Computing) es más que un concepto marketinero.

La operación combina a Sun, quien da la impresión de nunca haberse recuperado totalmente del impacto de la crisis de las dotcom a principios de la década, con IBM, que logró transformarse cuando decidió que su negocio pasaría por los servicios y el software, alejándose del comoditizado hardware. Y si bien muchos piensan en Sun como proveedor de servidores (que lo es) también tiene tecnología de red y centro de datos, que es lo que más atraería a IBM. Es más, las especulaciones no descartan que, de concretarse la operación, eventualmente IBM se desprenda de algunos negocios de Sun que no son funcionales a su estrategia.

Detrás de esto está el concepto de virtualización, que no es otra cosa que hacer que distintos sistemas y equipamientos funcionen como uno sólo. Más allá de ser un tema técnico, esto es lo que permite la existencia de la computación en la nube, que logra que la informática se transforme en un servicio que se consume a demanda, como puede ser la electricidad (recordemos que en los albores de la generación de electricidad, las fábricas tenían sus propias usinas, como hoy las empresas tienen sus centros de datos).

En esta línea se anota también Cisco, quien este semana anunció su Unifed Computing System que aspira a unificar componentes de un data center en un equipo único. Así, lo suyo ya no es exclusivamente equipos y software para redes, sino que incursiona también en temas como servidores y almacenamiento. Esto hace que, por ejemplo, ahora compita con HP, IBM y Sun por los servers, con quienes mayormente se complementaba hasta el momento.

El tema de la virtualización y computación en la nube hace que los límites entre distintos equipos y sistemas sean cada vez más difusos y converjan. Y es bien sabido que cuando las cosas convergen, chocan. Con lo que puede esperarse una nueva ronda de consolidación en la industria de TI.

Guerra de fondo

Esta semana, y luego de haber mantenido su desarrollo en el más profundo de los silencios, Google sacudió a la prensa especializada con el lanzamiento de su navegador Chrome que se suma ahora a la competencia entre Explorer de Microsoft, FireFox, Opera, Safari y otros de menor relevancia. Ante este panorama, la pregunta que inmediatamente surge es: ¿para qué otro navegador más?

Inicialmente, se puede entender este lanzamiento como una forma de debilitar la posición dominante de Microsoft en relación al software para conectarse a la Web, y consecuentemente, a lo que puede y no puede hacerse en Internet. Si bien ya existen competidores, ninguno tiene el respaldo y la difusión que Google puede darle. Visto así, la primera víctima del ingreso de Google al mercado de navegadores no será Explorer sino las alternativas, donde FireFox ocupa el primer lugar. Pero si Chrome pudiera también comer de la torta de Explorer, esto haría que Microsoft perdiera el control del mercado de navegadores, aliviando así los temores de que use este dominio para fortalecer sus negocios de búsqueda y publicidad, donde el competidor natural es Google.888Pero este lanzamiento revela también que hay una pelea más de fondo, que tiene que ver con la visión de cómo evolucionará el uso de Internet y de las aplicaciones. Se puede decir que el negocio de Google ya no se limita a las búsquedas y la publicidad, sino que a esto hay que sumarle también aplicaciones. La más popular es Gmail, pero también está Docs, Calendar, Picassa, Blogger. Todas éstas tienen la particularidad de que son aplicaciones basadas en la Web, por lo que el usuario puede acceder a éstas y a sus datos desde cualquier dispositivo que tenga acceso a Internet y un navegador. Claramente, un modelo contrario a los intereses de Microsoft que nació, creció y se hizo fuerte vendiendo las aplicaciones que iban instaladas en el dispositivo (mayormente, una PC).

En este sentido, Google declaró que desarrolló su navegador desde cero explícitamente para potenciar el uso de esos servicios (en este modelo ya no son productos), con una velocidad de funcionamiento claramente superior y con algunas características internas que faciliten el desarrollo de nuevas aplicaciones que correrán desde el navegador. En la visión de Google, con datos y aplicaciones almacenados en servidores remotos accesibles desde cualquier dispositivo y lugar, la importancia de los sistemas operativos es menor. Y esto es un cañonazo a la línea de flotación de Microsoft, ya que minimiza el rol de Windows.

Por supuesto, al agregar funcionalidades y mejorar la velocidad del navegador, Google busca incentivar el desarrollo de más y más aplicaciones de terceros que se basen en este modelo llamado de Cloud Computing (computación de nube). Y esto también es una amenaza para el modelo de Microsoft. Se podrá decir que en este escenario Microsoft también podría desarrollar aplicaciones para la “nube”, pero siendo que su exitoso negocio está basado en el modelo previo, es muy complicado para la empresa ingresar en un proceso de destrucción creativa.

Otro punto a considerar es que probablemente Chrome estará presente en Android, el sistema operativo para celulares que está siendo desarrollado por Google. Esto es importante porque las previsiones posicionan a los móviles como el medio de acceso a Internet que más rápido crecimiento tendrá en los próximos años, esperándose que finalmente sean más quienes accedan desde un celular que desde una PC.

¿Será Chrome el verdugo de Microsoft? Es muy temprano para saberlo. Hay que tener presente que más allá de su poder de marketing y comunicación, y sin entrar a juzgar sus capacidades técnicas, tampoco Google es infalible, y registra algunos fracasos, como Google Video (finalmente optó por comprar YouTube) o Google Talk (que no pudo ni con MSN ni con Skype), entre otros. Éstos también generaron ruido al momento de su lanzamiento y lentamente fueron cayendo en el olvido.

De lo que no quedan dudas, es que la era de Internet recién está comenzando.

Un mundo datacéntrico

Esta semana Telecom dio la nota con la compra del data center de Cubecorp (con sus empleados y cartera de clientes), con lo cual incrementó de manera sustancial su capacidad para dar servicios vinculados a este tipo de facilidades. 

El negocio fue win-win, ya que para los vendedores implicó una interesante ganancia respecto de lo que habían pagado en su momento (recordar que los inversores originales vendieron en medio del crack de las tecnológicas) mientras que para Telecom significó un interesante time to market, mucho más atractivo que el que hubiera implicado construir esta capacidad desde cero.

 

La movida pone en evidencia el desarrollo que los servicios brindados por los data centers están teniendo y que, sin ninguna duda, tendrán. Actualmente, el principal mercado son las organizaciones (tanto empresas como gobierno), que cada vez más buscan especialistas que ofrezcan capacidad de conectividad, housing, hosting, soporte, administración y operación de aplicaciones de misión crítica. Pero la demanda para este tipo de instalaciones crecerá por dos vertientes. Por un lado, los mismos operadores, que necesitarán cada vez más capacidad para ofrecer servicios a sus clientes de acceso a Internet (con alojamiento de sitios Web, mails, almacenamiento, etc.) y, en un futuro indefinido, para albergar allí servidores que ofrezcan contenidos de video (pensando en servicios de IPTV). Por el otro, las pymes, profesionales y usuarios individuales, dentro de la tendencia hacia el cloud computing con cada vez más aplicaciones y datos en la red (como mail, calendarios, agendas y hasta aplicaciones de oficinas), bajo el modelo de ASP (Application Service Provider o proveedor de servicios de aplicación). Visto así, el negocio de los data centers recién está comenzando a despegar.

Marketing tecno

El marketing tecnológico es brillante. No sólo porque logra vender productos que aún no existen, sino porque también es muy creativo a la hora de rebautizar productos preexistentes para darles un toque de modernidad. En esta línea, los data centers se llaman ahora cloud computing centers. Los méritos en este caso son para IBM. A aprenderse el cambio para no quedar démodé.

MS entra en la nube

Sin ninguna alusión al humo que sanamente respiramos intermitentemente en los últimos días, esta semana Microsoft informó que están decididos a ingresar al universo del cloud computing (ver comentario Computación por las nubes, publicado un mes atrás).

 

La empresa de Bill Gates anunció esta semana un sistema de almacenamiento de datos y de software basado en la Web bajo el nombre de Live Mesh. La intención de Microsoft es hacer difusa la distinción entre software corriendo bajo Windows y una serie de servicios que serán entregados a través de un creciente número de dispositivos electrónicos (donde entran los celulares, las consolas de juegos, los reproductores de medios y otros). La visión detrás de esta movida es que no habrá, como ocurrió hasta ahora con la PC, un único dispositivo que domine el mundo de los electrónicos de consumo, cada vez más orientados hacia la conectividad a Internet.

 

El anuncio es significativo dentro de la estrategia de Microsoft, ya que implica el reconocimiento de que la PC está abandonando su lugar estelar, por lo que la empresa de Redmond está decidida a seguir el camino que ya comenzaron a recorrer competidores como Google o Salesforce, entre otros.

 

Estamos entonces en los albores de una nueva batalla. Una que todavía está lejos de estar definida.