'Carrier y Asociados'

La nueva publicidad

Esta semana hubo una interesante noticia proveniente del mercado del video online en los EE.UU. según la cual, los ingresos publicitarios del streaming en la TV (vía dispositivos conectados, consolas y Smart TV) superaron a aquellos de los provenientes de videos reproducidos a través de los navegadores de PC.

Según un informe que analiza las audiencias y su interacción con publicidades entregadas vía servicios OTT, un 58% de los hogares estadounidenses los consumen directamente desde su TV. Entre los más populares no está la utilización de las apps de las Smart TV sino de dispositivos conectados, tales como Chromecast, Roku o Apple TV.

Si bien no hay registros públicos del consumo y/o facturación de la publicidad por streaming en Argentina, sí hay información respecto de los dispositivos utilizados para su consumo. Según el informe “Internet y consumo audiovisual -2017”, realizado por Carrier y Asociados, la TV conectada (ya sea directamente en el caso de los Smart TV o a través de algún dispositivo conectado) es la opción más elegida, utilizada por el 88% de los usuarios habituales de servicios de video OTT (donde domina Netflix).

La PC aparece en segundo lugar, utilizada por el 64% de los usuarios. Luego se ubica el smartphone (38%), que permite no sólo el consumo en movimiento sino también la privacidad del consumo individual, al igual que las tablets (25%).

En definitiva, más allá de la multiplicación de pantallas, la TV tradicional sigue siendo la reina, con mayor tamaño y más confort para la visualización.

La nueva TV

Todos aquellos que usan Internet, en mayor o menor medida alguna vez ingresaron a YouTube a ver un video. Desde un extracto de un programa de TV (un gol, una pelea entre mediáticos, la declaración de un político, un delito captado por cámaras de seguridad, etc. algo que se denomina catch up en la jerga) a videos caseros de situaciones insólitas. Esto se da generalmente cuando en una página web o en una red social existe un vínculo a ese contenido. Pero cuando se trata de ir a buscar videos proactivamente, las cosas cambian y la música aparece como el contenido más solicitado. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

Efectivamente, YouTube se ha convertido en la gran rockola del mundo, a punto tal de ser la principal fuente de música, por encima de plataformas específicas como Spotify [para más info, ver “El videoclip que no miramos”]. Tal es así que dos de cada tres usuarios de Internet se meten en YouTube para escuchar música. Este hábito se da con mayor intensidad entre millennials de todas las edades.

En segundo lugar se ubican los tutoriales, consumidos por el 60% de los usuarios de Internet en Argentina. Desde cómo preparar una tortilla de papas a cómo cambiar un cuerito de una canilla, prácticamente todo ese saber está en YouTube expuesto de manera visual. El consumo de tutoriales es más intenso entre los millennials adultos, cuando comienzan a vivir solos se encuentran con todo tipo de desafíos cotidianos. Y para eso, está YouTube.

Resulta interesante observar que YouTube también es un destino al que se acude para consumir películas (30%) y series (17%), una práctica más habitual entre los millennials. El consumo de Youtubers es un fenómeno mayormente de los millennials más jóvenes (de hasta 23 años inclusive), con un 60%, casi triplicando al 23% general.

A la hora de elegir la principal plataforma de entretenimiento audiovisual utilizada, la TV tradicional (35%) lidera por muy poco frente a YouTube (31%). La TV es más relevante en los segmentos socioeconómicos medios y bajos, mientras que YouTube lo es en los bajos, mientras que los altos se inclinan por los OTT (léase Netflix). Visto por generación, la división es clara: TV para adultos y seniors, YouTube para millennials de todas las edades. Así, se posiciona como la TV de la nueva generación.

La TV contraataca

A pesar del avance de Internet en la oferta de contenido audiovisual, la TV tradicional lineal sigue presente en los hogares conectados. Dentro de sus alternativas de distribución, la TV paga es claramente la más popular, con un 78% de penetración. Sin embargo, y previniendo los cambios en los hábitos de consumo, los operadores están en sus primeros pasos a una eventual migración hacia plataformas tipo OTT, tomando de Internet características que le suman valor al servicio. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

Detrás de la TV paga se ubica la TDA que logra una penetración del 13% impulsada fuertemente por la inclusión de su sintonizador en los televisores vendidos en los últimos años, especialmente en las Smart TV que fueron y son las estrellas del mercado de televisores. En un tercer lugar, con un 8%, aparece la TV analógica abierta. Un 6% de los usuarios de Internet declara no consumir TV lineal de ningún tipo.

A pesar de los temores por una creciente tendencia al cord cutting, las intenciones de dar de baja la TV se mantienen estables respecto del año anterior, con aproximadamente 1 de cada 4 evaluando abandonar el servicio. Esto se da más en los segmentos socioeconómicos medios, más sensibles al precio que los altos y más habituados al consumo vía Internet que los bajos. En cuanto a las razones para evaluar esa decisión, el costo del servicio sigue siendo la principal y luego se ubica la posibilidad de acceder desde múltiples dispositivos vía Internet. Ambos motivos son más mencionados aún por los usuarios que viven en hogares jóvenes (donde todos sus integrantes son millennials).

A la hora de identificar las características del servicio valoradas por los usuarios de la TV paga, las dos más mencionadas son aquellas que la industria tomó de los OTT. Por un lado, el acceso a los contenidos desde distintos dispositivos (caso CV Flow, DirecTV Play y otros) y por el otro, la posibilidad de acceder a contenidos ya emitidos (catch up).

En líneas generales, los millennials, y consecuentemente los hogares jóvenes, son los más atraídos por los servicios que se asemejan al consumo vía Internet. Se delinea un escenario con operadores de red ofreciendo conectividad y, por encima, canales OTT a la carta.

Epidemia OTT

Con algo de publicidad online, presencia en redes sociales y sobre todo el imbatible boca a boca, los servicios audiovisuales OTT se han convertido en cosa habitual para los argentinos conectados, siendo utilizados por un 2 de cada 3 de los usuarios de Internet (aclaración: no confundir utilización con suscripción*). La penetración de estos servicios aumenta en la medida en que sube el NSE (nivel socioeconómico) y es más fuerte entre los millennials adultos (de entre 24 y 33 años), quienes combinan actitud generacional con autonomía económica. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

El uso de los OTT, donde Netflix es el rey indiscutido pero al cual se le han sumado diversas alternativas en los últimos tiempos, se encuentra bastante arraigado. Tal es así que la mitad (53%) de sus usuarios los consumen casi a diario, tendencia que crece mientras sube el NSE, así como mientras baja la edad. No obstante, por el momento la existencia de estos servicios no impide que la penetración de los mismos sea similar entre quienes contratan un servicio de TV paga (actuando como complemento) y quienes no (actuando como sustituto).

En cuanto a las pantallas para la reproducción de los contenidos OTT, domina la TV, ya sea como Smart TV o TV conectada (a una PC, un Chromecast, Apple TV u otros), utilizada por el 88%. Luego sigue la PC (64%) y el smartphone (38%). El uso de este último es claramente más alto en los niveles socioeconómicos más bajos, donde la disponibilidad de pantallas alternativas es más limitada, así como en los segmentos más jóvenes, donde a la limitante de las pantallas personales se suma también el sesgo generacional. Por otra parte, 2 de cada 3 usuarios de OTT acceden desde más de una pantalla.

En cuanto a los motivos para elegir consumir servicios OTT, siguen liderando las opciones de ver las temporadas completas de las series, así como consumir bajo demanda. No obstante, el hecho de ser económico y poder consumirse desde múltiples pantallas son motivos que subieron fuertemente. También hay diferencias generacionales: el factor económico es más relevante en la medida en que baja la edad del usuario, mientras que su percepción como complemento de la TV paga crece con la edad.

(*) Para evitar extrapolaciones erróneas, conviene aclarar que uso no es lo mismo que suscripción. Cada suscripción puede incluir una o múltiples cuentas, por lo que es habitual que éstas se compartan con gente que no convive en el mismo hogar pero que son familiares o amigos. Y éstos a su vez, consumen los servicios con otras personas. Así, el número de usuarios es varias veces superior al de suscriptores.

Fiesta de largo

Con la edición de hoy de Comentarios se cumplen 15 años desde aquella primera edición del 14 de junio de 2002. 15 años nos parecen poco cuando los cumplimos nosotros, pero ya adultos, cuando podemos hacer una retrospectiva de lo ocurrido en una década y media, es bastante.

Si bien en ese entonces Google ya existía, no era el caso de Facebook y tampoco de YouTube, Twitter, Instagram, Spotify y tantos otros éxitos de los últimos años que hoy son habituales en la PC o el celular. La banda ancha había arrancado en Argentina unos años atrás y recién comenzaba a tomar vuelo y los celulares eran teléfonos y punto. Nada de mensajitos ni mucho menos Internet.

Argentina venía del mazazo económico y social que significó la crisis de diciembre del 2001. El mercado local de telecomunicaciones pasó de la exuberancia del año 2000, cuando la apertura hizo que desembarcaran empresas y fondos de inversión a cablear el país, a una retracción violenta. De hecho, el primer relevamiento que se hizo desde Carrier y Asociados a mediados del 2002 era distinto a lo previo. Mientras que antes se intentaba determinar cuánto sería el crecimiento (sin importar el rubro), ese trabajo identificó dónde se producirían los recortes en el consumo tecnológico. El único negocio que se mantuvo en crecimiento fue justamente el del acceso de banda ancha. Los demás, tenían indicadores negativos. Hasta la telefonía celular perdió unos 100.000 abonados. Fue el período del boom de los ciber que permitieron que la gente se siga conectando a un menor costo. No era lo mismo, pero la tendencia hacia el uso de Internet era irrefrenable.

A nivel de la industria, esto dio lugar a un período de consolidación en la medida en que los que habían venido del exterior se volvían a sus tierras, dejando pérdidas y vendiendo sus activos locales a precios de remate.

Vino entonces una década de fuerte crecimiento, donde se conjugó la tendencia natural de la industria (con el desarrollo de la banda ancha y la masificación de los celulares) con un contexto excepcional a nivel internacional que permitió una rápida recuperación económica (teniendo en cuenta la magnitud de la crisis). Fueron los años de crecimiento a tasas chinas y de aumento del consumo. Desde el punto de vista de la labor de Carrier y Asociados fueron años magníficos porque el argentino estaba descubriendo la tecnología y la adoptaba rápidamente, dando lugar a cambios en los hábitos y costumbres que hoy nos son totalmente cotidianos y naturales. Ver de cerca ese proceso fue un privilegio fascinante.

Pero esto se daba en un mercado cada vez más concentrado, que absorbía lo que iba quedando y que no incentivaba la llegada de nuevos inversores y operadores. Y hubo decisiones políticas que no ayudaron a mejorar esta situación. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no sólo ratificó el impedimento del ingreso de las empresas de telecomunicaciones a los servicios audiovisuales (léase, telcos dando TV) desincentivando inversiones en las redes. También limitaba la expansión de las redes de cable. En comunicaciones móviles, la no asignación de nuevo espectro y la inacción ante las trabas para la instalación de antenas atentó contra mayores inversiones en la red. El resultado fue que finalmente ésta se vio desbordada ante la llegada de los smartphones que se convirtieron rápidamente en Ferraris andando por calles empedradas. Recién sobre el final de la gestión anterior se comenzó a atender este problema, pero el daño estaba hecho y, aunque en menor medida, todavía lo sufrimos.

La nueva gestión intentó poner en marcha las cosas, pero rápidamente se dio cuenta de que no era tan sencillo deshacer lo hecho, en parte por el contexto, en parte por decisiones propias. El resultado fue que generó entre los operadores más malestares que alegrías, todavía al día de hoy. No es fácil regular una industria donde convergen otras dos y existen múltiples intereses diferentes. Los choques y las tensiones son inevitables.

Lo que sí cambió en esta nueva era es el interés por parte de empresas y fondos del exterior por lo que aquí pueda suceder. Aunque lo hacen con cautela, estudiando la situación, pero sin desesperarse por abrir la billetera, a la espera de más certezas.

En el ínterin, y más allá de los vaivenes del contexto, la tecnología y sus productos siguen avanzando. Los Netflix cambiaron la forma de ver determinados contenidos audiovisuales y presionan para que otros (como el fútbol) adopten modelos similares. La forma de relacionarse e informarse cambió radicalmente con la popularidad de las redes sociales. Y los cambios sigue llegando.

Así, 15 años después de aquél primer newsletter, el escenario es decididamente otro. Hay un moderado optimismo en la industria, que mira la macro, y esperanza en los consumidores que quieren globalizarse ya no en los usos y costumbres sino también en el acceso a bienes (todavía no ven claramente los frutos del arancel 0% en los productos informáticos o del regreso oficial del iPhone) y algunos servicios (como comprar en Amazon, eBay o Alibaba y recibir los productos localmente sin trabas o poder pedir un Uber para moverse).

De lo que no hay dudas es que, en materia de productos y servicios tecnológicos y, sobre todo, en su impacto en nuestras vidas, estos 15 años de vida de Comentarios parecen ser varias décadas. Es difícil saber si habrá otros 15 años más, pero mientras tanto, brindamos por un mundo cambiante que todavía nos sorprende con sus novedades y sus posibilidades. Aprovechamos la oportunidad para agradecerles por estar allí, del otro lado de la pantalla, por tantos años. ¡Brindemos!

El videoclip que no miramos

La industria de la música fue una de las primeras impactadas en sus cimientos por la aparición de Internet. El uso de la red tuvo como consecuencia el divorcio entre el contenido y el soporte físico (CD, cassette, vinilos) y con ello produjo un impacto en la línea de flotación de las discográficas. Y luego de 17 años desde el surgimiento de Napster, que fue la primera plataforma de distribución digital de música que inquietó a la industria, se estima que este año por primera vez las ventas digitales superarán a las de soportes físicos. El consumo online de música se da también en Argentina, donde un 91% de los usuarios de Internet utiliza esta red para escuchar música. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

Lo que puede sorprender al desprevenido es que a la hora identificar la plataforma más popular para escuchar música aparece YouTube, utilizada por el 65% de los usuarios de la red. El gigante del video en Internet es el líder claro y dominante. El uso de YouTube como rockola crece en la medida en que disminuye el nivel socioeconómico y es notablemente más habitual entre millennials que entre los más adultos.

Dentro de aquellas plataformas que son específicas de música, Spotify es claramente la más popular. Es utilizada por el 23% de los usuarios de Internet, combinando quienes usan la versión gratuita (13%) y la paga (10%). La versión paga equivale a 43% del total de usuarios de Spotify. Esto no implica que todos sean suscriptores ya que existen múltiples cuentas por abono. No obstante, la popularidad de la versión paga vuelve a ratificar (como ya sucede con Netflix en audiovisual) que un buen contenido a un precio justo es aceptado por los usuarios. De hecho, si bien el uso de la versión paga de Spotify sube con el NSE también lo hace mientras desciende la edad del usuario. O sea, los millennials pagan, abandonemos el mito de que no lo hacen ni harán.

Parejas perfectas

Hubo un tiempo en que la TV lineal (gratuita o paga) era LA plataforma para el consumo de contenido audiovisual. La multiplicación de alternativas surgidas de la mano de Internet y factores como formato, vigencia, público objetivo hizo que surgieran combinaciones de plataformas y contenidos que en algunos casos potencian el consumo de estos últimos. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

Considerando a los usuarios de Internet, el consumo de series se realiza predominantemente a través de OTT (tipo Netflix), liderando como plataforma con un 50% utilizándola para este tipo de contenido. La situación es más destacable aun teniendo en cuenta que los OTT tienen una base de usuarios menor que la TV tradicional. Evidentemente, el consumo bajo demanda es el modelo indicado para el formato de las series ya que no obliga al espectador a adaptarse a días, horarios y frecuencias, esencial para todo contenido por entregas. Desde una perspectiva generacional se nota claramente el cambio en los hábitos, con los millennials dominando el consumo de series vía OTT mientras que los más adultos lo hacen desde la TV. Los millennials utilizan para las series, además de los OTT, a YouTube (su plataforma más natural) y también streaming gratuito y descargas. Toman todas las opciones online disponibles con tal de acceder al contenido deseado.

A la hora del consumo de películas la relación entre TV tradicional (59%) y los OTT (57%) es empatada. Nuevamente se comprueba la relevancia de los OTT para este tipo de contenidos teniendo en cuenta que tienen una base de usuarios menor que la TV tradicional. El uso de la TV para ver películas sube con la edad y es utilizada más por mujeres que por hombres, siendo la única plataforma donde hay diferencias significativas por sexo. También es más popular en los niveles socioeconómicos medios y bajos, mientras que los OTT los son en los altos.

A pesar de no ser programación en vivo, el consumo de documentales a través de la TV lineal tradicional es la alternativa más utilizada (52%), elección que crece en la medida en que sube la edad. Luego sigue YouTube, que con su amplitud de contenidos es la plataforma más utilizada por los millennials jóvenes y los niveles socioeconómicos bajos.

En noticias y actualidad en vivo, la TV tradicional domina (67%). Es su territorio natural. Le sigue su extensión online, los sitios de los mismos canales en la web (26%). Esta combinación de TV tradicional y su espejo online se repite para el deporte en vivo (52 y 21%) y programas deportivos (45 y 15%).

Además de tener una penetración sobre el total de la población mayor que la banda ancha, la TV tradicional dispone de elementos para pelear en un mercado audiovisual donde las propuestas vía Internet ganan cada día más relevancia. La TV lineal, tanto en su versión gratuita como paga, sigue teniendo ventajas en lo que hace a contenidos en vivo, como noticieros, actualidad y deportes. Por su parte, las opciones basadas en Internet se destacan en el consumo bajo demanda (como series y documentales) combinadas con la amplitud y variedad de contenidos. Así se entiende el crecimiento de propuestas online por parte de los operadores de TV paga (ofreciendo servicios como Fox Play, HBO Go, Crackle o el más abarcativo Cablevisión Flow). Todo esto sin soslayar a quizás el principal exponente de los nuevos consumos audiovisuales, YouTube. Un reacomodamiento de plataformas y contenidos que todavía no ha concluido.

Migración de contenidos

Durante muchos años, todo contenido audiovisual pasaba por la TV. Películas, series, documentales, deportes, noticieros, actualidad, dibujos animados, tutoriales y otros, tenían su espacio en la TV. Hoy, las plataformas para consumir este tipo de contenidos se han multiplicado y diversificado. Las hay lineales y bajo demanda, gratuitas y pagas, legales e ilegales. Son justamente sus características las que hacen que un contenido sea consumido preferentemente en una plataforma que en otra. A pesar de esto, la TV tradicional es la plataforma audiovisual más utilizada por los usuarios de Internet argentinos (medido en usuarios, no en tiempo) de todas las disponibles, aunque los OTT se acercan claramente. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

Dentro de las distintas plataformas utilizadas para el consumo de contenidos de TV, la TV tradicional sigue siendo la más popular (82%), aunque los OTT (66%) se acercan claramente. También son relevantes tanto las versiones online de los canales de TV tradicional (46%) como YouTube (45%).  Cada una de éstas tiene su público, así como contenidos que les son más propicios.

Naturalmente, en la TV tradicional los contenidos más consumidos son aquellos donde pesa el vivo: las noticias, actualidad y deportes. Más atrás aparecen películas y documentales, donde ya se siente la presión de otras plataformas que permiten el consumo bajo demanda. La TV tradicional (sea paga o gratuita) es más popular entre mujeres (87%) que hombre (77%). Las mujeres consumen más noticias y actualidad y los hombres, deportes, tanto en vivo como programas periodísticos deportivos. Los millennials más jóvenes son quienes menos consumen noticias mientras que los mayores son los más ávidos consumidores de documentales usando esta plataforma.

En la versión online de la TV, y al igual que en su versión offline, lidera el vivo, con noticias, actualidad y deportes como los contenidos más consumidos. Se trata claramente de una opción cuando no hay una TV a mano. También son utilizados para hacer catch up, esto es, ver programas (o porciones de éstos) ya emitidos.

Tanto en lo que es OTT, streaming gratuito y descargas, dominan las películas y las series, mientras que YouTube es utilizado para películas y documentales.

A pesar de ser técnicamente iguales (video), cada contenido tiene plataformas que le son más propicias para su consumo que otras en función de factores como formato, disponibilidad, público objetivo. En alguna medida, hoy se está comenzando a producir ese reacomodamiento.

Agrandados

Hace unos años, cuando aparecieron los smartphones con pantallas de 5 pulgadas o más, a muchos les parecieron ridículos por su tamaño desmesurado para la época. Tal es así que dio lugar a una (efímera) subcategoría, las phablets, mezcla de “phone” por sus características técnicas y de tablet por sus dimensiones. Con el paso del tiempo y la popularización de las mismas, la subcategoría desapareció como tal, al igual que la sensación de ridiculez. Esto pasa también en Argentina, donde el año pasado los equipos de 5” o más representaron por primera vez más de la mitad del mercado. Esto surge del informe “Mercado celular argentino 2017”, realizado por Carrier y Asociados

Lo más llamativo de este cambio en la tendencia es la velocidad a la cual se produjo. Mientras que en 2014 apenas un 9% de los celulares vendidos tenían pantallas de 5” o más, esta participación creció al 61% en 2016. O sea, su participación en el total se multiplicó por 7 en sólo 2 años.

Como suele suceder, esta mayor adopción vino de la mano de una baja de precios. Así como las pantallas de 5” o más arrancaron en los equipos de gama alta, hoy también son habituales en smartphones de gama media, lo que le da mucho volumen. Por otra parte, y desde el punto de vista de la demanda, el aumento del consumo de fotos y videos desde el celular incentiva el uso de pantallas de mayor tamaño y mejor calidad.

¿Podrán crecer más las pantallas? Técnicamente sí, pero ya están en un límite donde empieza a jugar la ergonomía, como la capacidad de sostener el equipo fácilmente con una mano o su portabilidad. De hecho, en el caso del Moto Z (con pantallade 5,5”), prometen mantener el tamaño a futuro de los equipos para que los accesorios intercambiables que se le adosan puedan seguir siendo utilizados con los próximos modelos. Una forma de decir, “hasta acá llegamos”.

I+D Inversión y desarrollo

Es sabido que el negocio de las comunicaciones móviles, con su masividad, necesidades de cobertura y actualización tecnológica frecuente, es muy exigente en materia de inversiones. Y éstas a su vez están condicionadas tanto por los ingresos actuales (que las financian directa o indirectamente) como por los futuros (que permitirán el repago). Es por esto que cuando se miran las cifras de la industria local, la regional y la global se entiende el porqué de la existencia de infraestructuras de distintas capacidades.

Durante 2016, lo operadores móviles en Argentina sumaron un CAPEX (gastos de capital) equivalente al 22% de la facturación por los servicios, según surge del informe “Mercado celular argentino 2017” realizado por Carrier y Asociados. Este porcentaje está en línea con la relación CAPEX/Ingresos del 20% a nivel regional (Latinoamérica), si bien es levemente mayor habida cuenta del ingreso tardío de Argentina al despliegue de 4G, obligando a un despliegue inicial acelerado. La relación va bajando en mercados más avanzados, siendo del 16% en Europa y del 14% en América del Norte.

Cuando se comparan las cifras de las tres grandes regiones, se observan mercados que son similares en cuanto a cantidad de abonados, con Europa y Latinoamérica casi idénticos, con 455 y 453 M de suscriptores respectivamente, y Norte América un poco más lejos con 292 M. Sin embargo, los CAPEX de Europa y Norte América son notoriamente más altos, lo que explica por qué se trata de mercados donde los servicios prestados son de mayor calidad, tanto en capacidad como en cobertura. La respuesta entonces para que éstos mejoren parece simple: que los operadores en Latinoamérica inviertan más. Es llegado a este punto que se observa dónde está el meollo del problema: el ARPU, o ingreso promedio por usuario (en este caso, por línea). En Norte América (más precisamente EE.UU. y Canadá) el ARPU es de US$ 46, lejos de Europa occidental, donde es US$ 19 promedio, descendiendo raudamente en Latinoamérica, donde es de US$ 7 (según estimados recopilados por 5G Americas), siendo de US$ 8 en el último año.

En otras palabras, a pesar de que Latinoamérica (Argentina incluida) tiene una relación entre CAPEX e ingresos superiores a la de países con redes más desarrolladas, su bajo ARPU hace que sea económicamente mucho más difícil llegar a infraestructura capaz y difundida para dar un servicio más parejo en todo el territorio.

Esta limitación económica debe estar presente a la hora de regular. Está visto que la presión política para una mayor inversión puede tener resultados coyunturales, pero no estructurales. Es necesario avanzar en un uso más racional de las inversiones, compartiendo infraestructura allí donde sea posible y evitando requisitos ridículos, como la obligación de que cada operador despliegue infraestructura propia en localidades de menos de 10.000 habitantes, tal como surge del pliego de 4G. En este sentido, la tendencia a la aparición de torreras (empresas que proveen espacios para instalación de antenas a múltiples operadores simultáneamente) es una buena noticia, aunque por el momento sea un negocio incipiente en el país.

Esto debe ser considerado dentro de un cuadro general de la industria que ve como su ARPU tiende a descender. En 2015, la caída del ARPU a nivel global fue de casi el 3% en un año y en 2016 en Argentina creció sólo un 26% en pesos, ubicándose por debajo de la inflación. La tendencia es más preocupante cuando se considera que al mismo tiempo la tecnología desarrolla nuevas capacidades cuya monetización no siempre es evidente. Así, resulta claro que una regulación que optimice la inversión es un requisito básico para lograr un desarrollo sustentable en el tiempo.