'Móviles'

Epidemia OTT

Con algo de publicidad online, presencia en redes sociales y sobre todo el imbatible boca a boca, los servicios audiovisuales OTT se han convertido en cosa habitual para los argentinos conectados, siendo utilizados por un 2 de cada 3 de los usuarios de Internet (aclaración: no confundir utilización con suscripción*). La penetración de estos servicios aumenta en la medida en que sube el NSE (nivel socioeconómico) y es más fuerte entre los millennials adultos (de entre 24 y 33 años), quienes combinan actitud generacional con autonomía económica. Esto surge del informe “Internet y consumo audiovisual – 2017”, realizado por Carrier y Asociados.

El uso de los OTT, donde Netflix es el rey indiscutido pero al cual se le han sumado diversas alternativas en los últimos tiempos, se encuentra bastante arraigado. Tal es así que la mitad (53%) de sus usuarios los consumen casi a diario, tendencia que crece mientras sube el NSE, así como mientras baja la edad. No obstante, por el momento la existencia de estos servicios no impide que la penetración de los mismos sea similar entre quienes contratan un servicio de TV paga (actuando como complemento) y quienes no (actuando como sustituto).

En cuanto a las pantallas para la reproducción de los contenidos OTT, domina la TV, ya sea como Smart TV o TV conectada (a una PC, un Chromecast, Apple TV u otros), utilizada por el 88%. Luego sigue la PC (64%) y el smartphone (38%). El uso de este último es claramente más alto en los niveles socioeconómicos más bajos, donde la disponibilidad de pantallas alternativas es más limitada, así como en los segmentos más jóvenes, donde a la limitante de las pantallas personales se suma también el sesgo generacional. Por otra parte, 2 de cada 3 usuarios de OTT acceden desde más de una pantalla.

En cuanto a los motivos para elegir consumir servicios OTT, siguen liderando las opciones de ver las temporadas completas de las series, así como consumir bajo demanda. No obstante, el hecho de ser económico y poder consumirse desde múltiples pantallas son motivos que subieron fuertemente. También hay diferencias generacionales: el factor económico es más relevante en la medida en que baja la edad del usuario, mientras que su percepción como complemento de la TV paga crece con la edad.

(*) Para evitar extrapolaciones erróneas, conviene aclarar que uso no es lo mismo que suscripción. Cada suscripción puede incluir una o múltiples cuentas, por lo que es habitual que éstas se compartan con gente que no convive en el mismo hogar pero que son familiares o amigos. Y éstos a su vez, consumen los servicios con otras personas. Así, el número de usuarios es varias veces superior al de suscriptores.

Compartir para ganar

Si hay algo indiscutible de la actual gestión en telecomunicaciones es su afán por abrir el juego en materia de servicios móviles. Sus formas de proceder podrán ser criticables (y de hecho, algunos de los operadores actuales se lo han hecho saber) y a veces sus resultados se hacen esperar (como con la devolución del espectro asignado pero nunca pagado por Arlink y la liberación de los dichosos 700 MHz). Pero el objetivo, compartido o no por el resto, siempre fue claro: abrir el juego para el ingreso de más operadores, de distinto tamaño y con distinto modelo de negocios (OMR, OMV o lo que haya en el medio).

Esta semana hubo una interesante novedad: la Red Intercable (organización integrada por 230 operadores de TV por cable) anunció una inversión de US$ 100 millones para dar servicios móviles 4G en distintas localidades del país, donde brinda servicios a un universo potencial de 600.000 hogares. Lo llamativo es que Red Intercable no tiene espectro ni tampoco es un OMV (por ahora). No obstante, los operadores nucleados en Red Intercable instalarán radiobases y redes de fibra óptica, utilizando el espectro radioeléctrico recientemente asignado a Cablevisión-Nextel. Lo harán a través de un convenio de “compartición de espectro e infraestructura” entre Red Intercable y Cablevisión-Nextel. Se trata de un acuerdo entre privados que fue comunicado desde el Ministerio de Comunicaciones, lo que habla a las claras del apoyo recibido por parte de las autoridades nacionales.

Este escenario era una posibilidad que se planteó desde aquí, bajo el título de “Nueva oportunidad” hace casi 2 años (todavía durante la gestión anterior), poco tiempo después del anuncio de la adquisición de Nextel por parte de Cablevisión.

El acuerdo puede ser visto desde tres perspectivas distintas. Desde el punto de vista del servicio móvil, permite que operadores de cable medianos y pequeños tengan la oportunidad de participar con un alto grado de control, proveyendo la infraestructura física necesaria. Algo que vienen reclamando desde hace rato. Por otro lado, para Cablevisión-Nextel es una forma de aumentar la cobertura de su servicio sin el esfuerzo inversor necesario, en áreas donde no participa con sus servicios de TV paga. Este esquema asociativo le da fortaleza política, ya que se alía con operadores de cable del interior, muchos de ellos con fuertes vínculos con el poder político. En alguna medida, esta versión extendida de Cablevisión-Nextel se erige como el operador móvil de los cables.

En una hipotética fusión entre Cablevisión y Telecom, Cablevisión tendría activos potenciados en su valor. Si bien ambas empresas tendrían espectro en las bandas de 900 MHz y 2,5 GHz, si la de Cablevisión ya está siendo utilizada por los miembros de Red Intercable, el espectro a devolver eventualmente sería el de Personal, restándole valor.

Finalmente, y ya en términos de política clásica, no hay que soslayar los insistentes rumores de la absorción del Ministerio de Comunicaciones por parte del Ministerio de Modernización (como parte de una reducción de la estructura del Estado). Si esto se confirmara, para el actual ministro sería una forma de despedirse mostrando logros (más competencia en móviles con la incorporación de pymes en este caso) y posicionándose mejor para un futuro destino.

Paradojas de la vida, el espíritu del acuerdo entre Red Intercable y Cablevisión-Nextel se basa en el viejo slogan de Movistar que decía “compartida, la vida es más”.

Fiesta de largo

Con la edición de hoy de Comentarios se cumplen 15 años desde aquella primera edición del 14 de junio de 2002. 15 años nos parecen poco cuando los cumplimos nosotros, pero ya adultos, cuando podemos hacer una retrospectiva de lo ocurrido en una década y media, es bastante.

Si bien en ese entonces Google ya existía, no era el caso de Facebook y tampoco de YouTube, Twitter, Instagram, Spotify y tantos otros éxitos de los últimos años que hoy son habituales en la PC o el celular. La banda ancha había arrancado en Argentina unos años atrás y recién comenzaba a tomar vuelo y los celulares eran teléfonos y punto. Nada de mensajitos ni mucho menos Internet.

Argentina venía del mazazo económico y social que significó la crisis de diciembre del 2001. El mercado local de telecomunicaciones pasó de la exuberancia del año 2000, cuando la apertura hizo que desembarcaran empresas y fondos de inversión a cablear el país, a una retracción violenta. De hecho, el primer relevamiento que se hizo desde Carrier y Asociados a mediados del 2002 era distinto a lo previo. Mientras que antes se intentaba determinar cuánto sería el crecimiento (sin importar el rubro), ese trabajo identificó dónde se producirían los recortes en el consumo tecnológico. El único negocio que se mantuvo en crecimiento fue justamente el del acceso de banda ancha. Los demás, tenían indicadores negativos. Hasta la telefonía celular perdió unos 100.000 abonados. Fue el período del boom de los ciber que permitieron que la gente se siga conectando a un menor costo. No era lo mismo, pero la tendencia hacia el uso de Internet era irrefrenable.

A nivel de la industria, esto dio lugar a un período de consolidación en la medida en que los que habían venido del exterior se volvían a sus tierras, dejando pérdidas y vendiendo sus activos locales a precios de remate.

Vino entonces una década de fuerte crecimiento, donde se conjugó la tendencia natural de la industria (con el desarrollo de la banda ancha y la masificación de los celulares) con un contexto excepcional a nivel internacional que permitió una rápida recuperación económica (teniendo en cuenta la magnitud de la crisis). Fueron los años de crecimiento a tasas chinas y de aumento del consumo. Desde el punto de vista de la labor de Carrier y Asociados fueron años magníficos porque el argentino estaba descubriendo la tecnología y la adoptaba rápidamente, dando lugar a cambios en los hábitos y costumbres que hoy nos son totalmente cotidianos y naturales. Ver de cerca ese proceso fue un privilegio fascinante.

Pero esto se daba en un mercado cada vez más concentrado, que absorbía lo que iba quedando y que no incentivaba la llegada de nuevos inversores y operadores. Y hubo decisiones políticas que no ayudaron a mejorar esta situación. La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no sólo ratificó el impedimento del ingreso de las empresas de telecomunicaciones a los servicios audiovisuales (léase, telcos dando TV) desincentivando inversiones en las redes. También limitaba la expansión de las redes de cable. En comunicaciones móviles, la no asignación de nuevo espectro y la inacción ante las trabas para la instalación de antenas atentó contra mayores inversiones en la red. El resultado fue que finalmente ésta se vio desbordada ante la llegada de los smartphones que se convirtieron rápidamente en Ferraris andando por calles empedradas. Recién sobre el final de la gestión anterior se comenzó a atender este problema, pero el daño estaba hecho y, aunque en menor medida, todavía lo sufrimos.

La nueva gestión intentó poner en marcha las cosas, pero rápidamente se dio cuenta de que no era tan sencillo deshacer lo hecho, en parte por el contexto, en parte por decisiones propias. El resultado fue que generó entre los operadores más malestares que alegrías, todavía al día de hoy. No es fácil regular una industria donde convergen otras dos y existen múltiples intereses diferentes. Los choques y las tensiones son inevitables.

Lo que sí cambió en esta nueva era es el interés por parte de empresas y fondos del exterior por lo que aquí pueda suceder. Aunque lo hacen con cautela, estudiando la situación, pero sin desesperarse por abrir la billetera, a la espera de más certezas.

En el ínterin, y más allá de los vaivenes del contexto, la tecnología y sus productos siguen avanzando. Los Netflix cambiaron la forma de ver determinados contenidos audiovisuales y presionan para que otros (como el fútbol) adopten modelos similares. La forma de relacionarse e informarse cambió radicalmente con la popularidad de las redes sociales. Y los cambios sigue llegando.

Así, 15 años después de aquél primer newsletter, el escenario es decididamente otro. Hay un moderado optimismo en la industria, que mira la macro, y esperanza en los consumidores que quieren globalizarse ya no en los usos y costumbres sino también en el acceso a bienes (todavía no ven claramente los frutos del arancel 0% en los productos informáticos o del regreso oficial del iPhone) y algunos servicios (como comprar en Amazon, eBay o Alibaba y recibir los productos localmente sin trabas o poder pedir un Uber para moverse).

De lo que no hay dudas es que, en materia de productos y servicios tecnológicos y, sobre todo, en su impacto en nuestras vidas, estos 15 años de vida de Comentarios parecen ser varias décadas. Es difícil saber si habrá otros 15 años más, pero mientras tanto, brindamos por un mundo cambiante que todavía nos sorprende con sus novedades y sus posibilidades. Aprovechamos la oportunidad para agradecerles por estar allí, del otro lado de la pantalla, por tantos años. ¡Brindemos!

A conectar esas cosas

Esta semana, Personal presentó Bipy, un smartwatch que combina reloj, teléfono y GPS que apunta al mercado de niños que aún no tiene su propio smartphone (o, mejor dicho, sus padres). El producto (cuyos detalles se pueden ver aquí) es claramente una versión 1.0, pero no hay que verlo como tal sino como el inicio oficial de una nueva categoría de productos para operadores móviles: IoT. Lo hace a través de la integración de hardware (el “reloj”), app (para celular y vía web) y servicio, con un plan pensado exclusivamente para IoT y no para un smartphone, como sucede con el resto de los planes. Y lo hace sobre la red 3G, que ofrece la capacidad necesaria para transmitir volúmenes de información bajos en comparación con un smartphone, más indicado para redes 4G.

En el anuncio de Bipy también se mencionó que a lo largo de este año se lanzarían otros productos dentro de la familia IoT: un dispositivo para personas mayores, otro para mascotas y una banda de fitness. Se trata de productos dentro de la categoría de wearables, los cuales dependen de las redes móviles ya que son utilizados en movimiento, a diferencia de otros productos IoT que, al ser estáticos, pueden conectarse vía redes fijas.

La categoría de IoT es la versión ampliada de lo que se conoce como M2M, que en Argentina tiene unos 1,25 millones de líneas. Pero la lógica indica que el potencial del IoT es claramente superior. Por lo pronto, el concepto de “una línea, un usuario”, que ya es cuestionado, dejará de tener validez. Esto dará lugar a que, en algún momento, en vez de estar abonado a diversas líneas móviles que conecten distintos dispositivos, habrá un único abono del cual dependerán múltiples dispositivos disponibles. Paciencia. Estamos recién en los primeros pasos.

Sin vencedores ni vencidos (por ahora)

El reciente decreto 1340/2016 introdujo algunas definiciones conceptuales contundentes en relación a la política del gobierno en materia de comunicaciones convergentes. Sin embargo, muchos puntos espinosos no terminan de ser precisados, quedando las definiciones postergadas hasta tanto el regulador, a través del Ministerio de Comunicaciones y del ENACOM, así las defina.

En líneas generales, quedan en claro dos puntos. Uno es la prioridad que se le asigna a la inversión por sobre la competencia, al menos en el corto plazo. Es indiscutible que Argentina se encuentra atrasada en términos de infraestructura fija, con una razonable penetración, pero un bajo ancho de banda promedio y con grandes diferencias en el mismo a nivel geográfico. Por lo tanto, no se puede hablar seriamente de competencia sin un fuerte proceso inversor previo. El otro punto, y que armoniza con el anterior, es la política expresa de habilitar a las comunicaciones móviles cuanto espectro sea posible, priorizándolo por sobre otros servicios.

La convergencia total implica que cualquier operador pueda dar todo tipo de servicio. Y teniendo en cuenta el escenario actual, las miradas se centran en el ingreso de las empresas de telecomunicaciones al negocio de la TV, así como en la incorporación de servicios móviles por parte de empresas proveedoras actualmente de servicios fijos (banda ancha y TV).

Por el lado de la TV, el decreto establece que las empresas de telecomunicaciones que están impedidas de dar servicios de comunicación audiovisual (Claro, Telecom y Telefónica) podrán comenzar a hacerlo a partir del 1° de enero de 2018. Sin embargo, sólo podrán dar servicio inicialmente en las áreas metropolitanas de Buenos Aires, Rosario y Córdoba capital, todas áreas donde opera Cablevisión. Son las tres principales ciudades del país que en su conjunto concentran el 36% de la población del país. Esto implica que el restante 64% no accederá a los beneficios de una mayor competencia por un tiempo no determinado. El decreto exceptúa del ingreso de las telcos al servicio de TV en localidades de menos de 80.000 habitantes. Se trata de una medida “para la tribuna”, ya que no son mercados de interés para grandes operadores debido a su baja concentración de población. Pero no establece plazos para todo el resto de las localidades que se encuentran entre éstas y las tres más grandes especificadas. Por lo tanto, quedan fuera de este nuevo entorno competitivo ciudades como Mendoza, para alegría del grupo Vila-Manzano. Así, ésta es una medida que favorece a la industria del cable, a excepción principalmente de Cablevisión y de Telecentro.

Por otra parte, se mantiene el impedimento de que las telcos ofrezcan servicios de TV vía satélite. En términos técnicos, esto va en contra de la libertad tecnológica del operador para elegir cómo ofrecer sus servicios. No obstante, primó una visión más enfocada a la inversión, ya que las telcos deberán mejorar la capacidad de sus redes de cable para dar este servicio. La competencia en TV deberá esperar a este despliegue. No obstante, DirecTV se mantiene al margen de esta limitación, permitiéndosele retomar legalmente los servicios (y sus tecnologías) que tenían hasta la publicación del decreto 267. Además de TV satelital, DirecTV ofrece desde hace años acceso a Internet inalámbrico y estaba expandiendo este servicio hasta que el decreto mencionado congeló sus planes. Vuelve a su status anterior, invirtiendo en su red terrestre.

El ingreso de nuevos jugadores al terreno de los servicios móviles es más complejo y espinoso. El decreto anticipa normas y procedimientos para asegurar la reatribución de frecuencias ya asignadas para que sean aptas para servicios móviles. Menciona también que deberán definirse compensaciones económicas (por el mayor valor que tiene el espectro fijo respecto del móvil) así como las obligaciones de cobertura y metas específicas. Si bien muchos vieron a Cablevisión-Nextel como el más favorecido, lo concreto es que sin conocer los aspectos que quedan por definir, no se sabe a ciencia cierta cuán atractivo resultará este proceso. Como reza el dicho, el diablo está en los detalles.

Por otra parte, menciona que se podrá asignar espectro no sólo a los actores actuales sino también a prestadores locales o regionales de servicios TIC en sus áreas de operaciones. Esto permite deducir que el gobierno piensa no ya en un único 4° operador sino en múltiples 4° operadores, cada uno en áreas geográficas distintas. Esto se vería potenciado con la puesta en funcionamiento de la Red de Protección Pública y Operaciones de Socorro, Defensa y Seguridad, pensando en situaciones de emergencia. Según declaraciones radiales del Ministro Aguad en el programa TMT conducido por José Crettaz, la idea es llamar a licitación para la construcción de una red que, como tendrá capacidad ociosa la mayor parte del tiempo, sirva también para ofrecer servicios mayoristas, utilizando las bandas de 700 MHz y 2,5 GHz. Toda una novedad.

El surgimiento y desarrollo de nuevos operadores móviles no sólo tiene que ver con el espectro sino también con temas más áridos, pero no menos relevantes como condiciones de interconexión o de roaming. En el caso de la interconexión se establecerán tarifas asimétricas por el término de 3 años prorrogables por 18 meses más. Si bien señalan que inicialmente se tomarán como referencia promedios de tarifas para servicios similares en Latinoamérica, no se indican cuáles serían las condiciones que podrían dar lugar a la mencionada prórroga. El roaming, que permitirá que clientes de un operador regional usen su servicio más allá del área de cobertura original, será obligatorio por 3 años. Ambas son medidas para ayudar a entrantes mientras se desarrollan, donde lo que se debate es si ese plazo es adecuado o exiguo.

Finalmente, se fijó en 15 años la no aplicación de la desagregación del bucle en redes NGN de última milla. Esto implica que, durante este término, los operadores que desplieguen en adelante redes de última milla NGN (fibra óptica o cable coaxil) no estarán obligados a permitir que otros operadores utilicen esa infraestructura para dar sus servicios. Garantizando la exclusividad del uso de sus propias redes de última generación, motiva a las telcos (Telecom y Telefónica por tener una tecnología vieja y Claro por prácticamente no contar con infraestructura cableada) a invertir en el desarrollo y capilaridad de las mismas, aunque esta protección también aplicaría para los nuevos tendidos de los actuales operadores de TV por cable. Aquí nuevamente se ve el foco en la inversión por sobre la competencia. No obstante, si el término de 15 años es el adecuado, es materia debatida.

Tácitamente, el gobierno afirma que en materia de convergencia hoy la prioridad es multiplicar la inversión. La competencia real y efectiva deberá esperar mientras se despliegan las redes (fijas y móviles) necesarias. Sin embargo, todavía quedan pendientes muchas definiciones, más técnicas, pero no menos políticas, que pueden inclinar la cancha para uno u otro lado. Lo que está asegurado es que la acción se mantendrá en los próximos meses.

Semanita

Mientras en la industria crece la expectativa respecto del decreto que, dicen, acomodaría los tantos luego de los desajustes causados por el DNU 267, también van sucediendo otras cosas que impactan en el panorama local.

Sin mucho bombo ni repercusión en los medios, la semana arrancó con el OK de la Secretaría de Comercio a la adquisición de la parte de Telecom Italia en Telecom Argentina por parte de Fintech. Si bien nadie esperaba que fuera rechazada, había motivos para ver cuál era la salida oficial. Es que si bien Fintech no es controlante de Cablevisión (competidora de Telecom en banda ancha y servicios móviles) tiene una participación no menor. No hay que olvidar que cuando se anunció la operación durante la gestión anterior, el mismo Martínez (cabeza de Fintech) había ofrecido “desinvertir” en Cablevisión si su participación en el principal operador de TV paga del país así como principal ISP eran un escollo para avanzar. No hizo falta. La Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) dio el visto bueno sin condicionamientos. La nota de color fue la excusación de su presidente, Esteban Greco, lo que despertó preguntas e hipótesis entre los que siguen de cerca al sector. Si bien no hubo mayores aclaraciones, hasta asumir su cargo en la CNDC Greco trabajó en la consultora GPR Economía, entre cuyos clientes figuran Telecom, para quien hizo presentaciones ante la CNDC en su momento, por lo que hizo lo que correspondía. Ahora todos los ojos están puestos en el 2017, especulando con la muy rumoreada pero nunca confirmada intención de fusión entre Telecom y Cablevisión.

Es sabido que el diario Página 12 está muy lejos de ser oficialista. Por lo tanto, es natural y sano que tenga una postura opositora al gobierno desde sus páginas. No obstante, esta semana dedicó una entrevista a un ambientalista que criticó la instalación de antenas para telefonía celular desde una postura sin fundamentos técnicos y con mucho de paranoia. Cuando desde el Estado se hacen esfuerzos para facilitar la instalación de más antenas (necesarias para una mejora estructural del servicio), las palabras del entrevistado solo agregan confusión y oscurantismo. Justamente lo último que se necesita para dar una discusión seria sobre el tema. Aspectos a mejorar seguro que hay.

En momentos en que tanto se discute la presión impositiva en el país, así como su impacto en la competitividad de la economía, la GSMA presentó un documento ante la Comisión Redactora de la futura Ley de Comunicaciones que está en debate. Entre los puntos presentados, hubo un dedicado al tema impositivo en el que se pide la eliminación de impuestos específicos que permita bajar las tarifas y universalizar los servicios de comunicación. Según la GSMA, “el impuesto a los dispositivos móviles de comunicación, como porcentaje del costo total, alcanza el 58%, el segundo más alto del mundo, después de Irán. Y más del doble del promedio global que llega al 23%”. El Estado, ese gran socio silencioso.

Haciendo la vertical

AT&T-Time WarnerJusto al día siguiente a que se abordara desde aquí la evolución de los contenidos como factor clave [ver “Content is King 2.0”], en EE.UU. se anunció una mega operación por la cual el operador convergente AT&T adquiere al generador de contenidos Time Warner por US$ 85 millardos (mil millones). Ya no alcanza con ser dueño de la red. También hay que poseer lo que fluye por la red (aunque sea una parte).

Como toda gran operación, la misma será revisada en detalle por el regulador. Sin embargo, ya se metió en la campaña electoral para presidente. Ambos candidatos se mostraron “revisionistas” como consecuencia de las preocupaciones respecto a una “sobreconsolidación” del mercado. Clinton se mostró inclinada a revisar a fondo (no podía decir otra cosa), mientras que Trump fue más preciso y dijo oponerse directamente, ya que acuerdos de este tipo “atentan contra la democracia”.

El de AT&T-Time Warner no es el típico caso de consolidación en una industria. O, como bien lo explicó el CEO de AT&T, se trata de una integración vertical y no horizontal. Lo que hace AT&T vendría a ser como adquirir un proveedor, no un competidor. Por lo tanto, se trata de una operación con características similares a la que llevó tiempo atrás Comcast (el principal operador de triple play de los EE.UU.) al adquirir NBC Universal en 2011 y que fuera aprobada. Además, parece menos conflictiva que la adquisición realizada tiempo atrás de DirecTV, lo que sí produjo una consolidación en el mercado de TV paga. Conviene aclarar que el acuerdo no incluye al operador triple play Time Warner Cable.

No obstante, existen temores que esta integración vertical termine resultando en un trato preferencial por parte de AT&T hacia los contenidos de Time Warner en relación a otros, como Netflix, por ejemplo. Esto no implica que AT&T decidida no ofrecer productos de Time Warner (como HBO) a otros operadores con el objetivo de lograr un contenido diferencial a su propuesta convergente y atraer así nuevos clientes a su plataforma. Estaría en todo su derecho, aunque habría que ver si económicamente tal decisión sería favorable.

Claro que hay una forma de privilegiar contenidos propios más sutil, y que tiene que ver con el video móvil. Se trata de un contenido cada vez más relevante, a tal punto que desde Facebook prevén que para el 2021, el 70% del tráfico de datos móviles será video, creciendo del 50% actual. Y en este sentido, AT&T acaba de sentar un precedente al anunciar que el tráfico del servicio DirecTV Now (la versión OTT de la programación) no se contabilizará dentro del paquete de datos incluido en el abono. De esta forma sí establece un trato preferencial a sus propios contenidos, reflotando entonces la discusión sobre la neutralidad de la red.

Si la operación finalmente se concreta, se estaría revirtiendo la historia. Quizás el mayor impacto de Internet en materia de contenidos fue independizar a los contenidos de la red. Algo que el hombre quiere volver a unir.

Madurando los pagos móviles

Pagos móvilesEn momentos en que el Banco Central apura la adopción de los pagos electrónicos, incluyendo el uso de celulares, los usuarios o público en general son permeables a su adopción. Un 30% de los usuarios de smartphones está dispuesto a usar el celular como medio de pago tan pronto como esté disponible, mientras que un 49% lo haría luego de esperar a que se masifique. Esto surge del informe “Usuario de smartphones 2016” publicado por Carrier y Asociados.

La intención de uso en general crece en la medida en que lo hace el nivel socioeconómico, al tiempo que la adopción inmediata sería más alta entre hombres que mujeres. En cuanto a los usos más atractivos para los pagos móviles, figuran en primer lugar comercios (77%), locales gastronómicos (72%) y transporte público (71%). Taxis y remises (60%) siguen en el cuarto lugar, un poco más lejos, pero considerando que se trata de servicios menos masivos que los anteriores, la adopción en estos casos sería más alta. Idéntica situación se da en el caso de estacionamientos y peajes (59%).

 

Usos atractivos para pagos móviles

 

Los usos mencionados indican que en la mente de los usuarios se abre la posibilidad no sólo de complementar sino también de sustituir medios de pago existentes. Mientras que en comercios y locales gastronómicos suele estar disponible la alternativa de tarjetas de débito y crédito, en los casos de transporte público en las grandes ciudades hay medios de pago específicos, como la tarjeta SUBE en el AMBA. Algo similar ocurre con los peajes, aunque su uso está menos difundido salvo entre los “viajeros frecuentes”. Distinto es el caso de estacionamientos, taxis y remises. En estos últimos no llama entonces la atención que, en el caso de Uber, uno de los beneficios esgrimidos por la empresa y por sus usuarios es el pago electrónico. Un llamado a la modernización que a veces, por hábito o por motivos económicos y fiscales, no se quiere oír.

Con este escenario, el 2017 se presenta como el año del despegue de los pagos móviles en Argentina, un país donde la disposición a su adopción se presenta mayor entre los usuarios que entre la oferta, todavía incipiente.

Verano con split

Esta semana el directorio del Grupo Clarín propuso a su asamblea de accionistas la escisión de sus negocios de telecomunicaciones de aquellos de contenidos. Se trata de una decisión importante, de carácter estratégico.

Como resultado de la propuesta, que debe ser aprobada por los socios a fines de septiembre (algo que se descuenta) quedarían dos grupos, uno dedicado a los contenidos y otro a la infraestructura. El negocio de los contenidos quedaría bajo el nombre de Grupo Clarín, quien mantendrá las operaciones de AGEA (diarios Clarín, Olé, La Voz, Los Andes, La Razón), Artear (Canal 13 y TN), Radio Mitre, IESA (TyC Sports) y CMD (brazo digital del grupo). Para el negocio de infraestructura de telecomunicaciones se creará Cablevisión Holdings que concentrará la actual participación del grupo en Cablevisión (TV paga), Fibertel (acceso a Internet) y Nextel (móviles). Se especula que esta movida pueda traer además un rebranding unificado de Cablevisión, quizás más alejado del cable y más cercano a las telecomunicaciones. Los accionistas actuales del grupo mantendrán, al menos inicialmente, la misma participación en ambas compañías.

Esta división responde a la necesidad de evitar problemas futuros con dos grandes líneas de negocios totalmente distintas en su funcionamiento, ingresos y necesidades de capital. Está claro que el negocio de las telecomunicaciones es capital intensivo, lo que implica importantes demandas de financiación. La combinación del negocio de telecomunicaciones y de contenidos puede traer problemas a futuro, especialmente cuando este último está en pleno proceso de transformación no exento de turbulencias. De no mediar los cambios propuestos, este escenario podría influir negativamente en la calificación crediticia del Grupo, encareciendo la financiación de la expansión y modernización de sus redes. En la misma línea, la separación propuesta haría más atractivas las inversiones en acciones de Cablevisión Holdings, sin el lastre de negocios que no tienen el esplendor de antaño.

Por supuesto, es inevitable pensar que detrás de esta movida haya también un objetivo de más largo plazo que tenga que ver con una eventual fusión del futuro Cablevisión Holdings con Telecom, empresas que comparten accionista. No obstante, este escenario plantea varias dudas: ¿sería una operación aprobable por el regulador habida cuenta de la concentración de abonados de banda ancha, la superposición de redes (eliminando competencia efectiva) y la acumulación de espectro que generaría? ¿Estaría Cablevisión en condiciones financieras de absorber un pez tan grande como Telecom? ¿De ser al revés, Telecom absorbiendo a Cablevisión, aceptarían los actuales socios ver diluido su poder dentro de un futuro grandísimo operador? ¿Si hay intenciones de fusión, por qué Cablevisión gastó lo que gastó en adquirir Nextel primero y una serie de pequeños ISP con espectro más tarde? ¿Es un plan B? Muchas preguntas que por ahora no tienen respuesta.

Como dato casi de color, muchos creyeron ver en esta propuesta una ironía a la fallida desinversión requerida en su momento por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (alias Ley de Medios). Hay ciertas similitudes, es cierto, pero hay una diferencia fundamental desde la perspectiva de las telecomunicaciones. Ahora no hay límite a la expansión geográfica de las redes, uno de los errores más groseros de la Ley de SCA.

Buscando el número mágico

Esta semana, un artículo publicado por el diario La Nación bajo el título de “Convergencia tabú: ¿Cuántos operadores aseguran inversión y competencia?” disparó un debate sordo que se viene dando entre reguladores y actores del mercado de telecomunicaciones. ¿Existe número ideal en relación a cuántos grandes operadores debe tener un mercado determinado?

La teoría nos indica que en la medida en que más oferta hay en un mercado, más chances hay de que los precios sean bajos por efecto de la mayor competencia registrada. Pero en el caso de las telecomunicaciones, como sucede en general en los negocios de infraestructura, también se requieren inversiones constantes que deben ser financiadas a través del precio del servicio. Así, el número mágico es aquel que garantice inversión en infraestructura al tiempo que asegure un nivel de competencia que resulte en precios lo más accesibles posible.

En la mayoría de los países se observa una tendencia natural a la concentración, luego de años de políticas orientadas a la competencia que multiplicaron los operadores que innovaron en servicios y mantuvieron los precios a raya. Esto se dio en entornos de franco crecimiento en términos de clientes, lo que daba lugar a que todos pudieran crecer sobre mercados vírgenes. El problema es que, con el correr del tiempo y con la consecuente maduración en términos de penetración, a quienes no lograron una participación de mercado significativa se les hace cada más cuesta arriba competir. Así, se les dificulta amortizar tanta inversión con una base de clientes prácticamente estancada.

Para hablar del número ideal de operadores no hay que tener tanto en cuenta los servicios (telefonía, TV, banda ancha, móvil), sino las redes (fijas o móviles) ya que, gracias a la convergencia, la clave está en la infraestructura, que puede ser independiente de los servicios y contenidos que transporta. En Argentina hay tres grandes redes fijas: las de Cablevisión, Telecom y Telefónica; y tres grandes redes móviles: las de Claro, Personal (Telecom) y Movistar (Telefónica).

A priori, todo indicaría que es un mercado para tres operadores, contando cada uno con red fija y móvil. Esta idea se vería reforzada por la dificultad para el surgimiento de un 4° operador tanto en fija como móvil. En fija, podría lograrse una aproximación a un 4° operador no tanto por entrante que surja de la nada (con los bolsillos bien llenos y tiempo de sobra), sino porque se puede ir configurando un nuevo y gran actor a través de la fusión de operadores regionales y locales, que en Argentina vendrían a ser mayormente cableras. En materia móvil, el escenario es más complejo para un 4° operador. Más allá de que aquí debe haber una intervención directa del regulador asignando un recurso escaso como es el espectro, a la concentración del 98% de las líneas móviles en los tres grandes se suma una penetración del servicio por encima del 100% de la población. Con un mercado establecido como contexto, las probabilidades de un crecimiento importante para un 4° operador, son muy bajas.

El estatus actual del mercado de telecomunicaciones no es casual. La visión reguladora de los últimos 15 años, más orientada a los servicios que a las redes, tuvo como consecuencia que no se produjera una evolución natural hacia la convergencia. El impedimento de que empresas de telecomunicaciones ofrecieran servicios audiovisuales no sólo desincentivó el aumento de las capacidades de sus redes, sino que también impidió que hubiera adquisiciones de operaciones de cable o satélite por parte telcos. Impedimento que, vale recordarlo, fue reflotado por la actual gestión, en lo que fue quizás uno de sus mayores desaciertos hasta el momento. En la vereda de enfrente, el enfrentamiento del anterior gobierno y el Grupo Clarín (Cablevisión) se tradujo en las limitaciones a la expansión de las redes de cable en general, así como el establecimiento de obstáculos para que éste no se hiciera del espectro para el 4° operador, que finalmente fue asignado a Arlink (Supercanal), quien nunca estuvo en condiciones de pagarlo. El resultado: todavía ni siquiera hay espectro disponible para un 4° operador móvil, sino que está judicializado.

En este escenario, resultaría natural pensar que, por una cuestión de complementariedad, las cosas están dadas para que haya tres grandes operadores fijo-móviles con red propia: Telefónica, Telecom y la combinación de Claro (móvil) y Cablevisión (fijo). Pero la lógica técnica no es la lógica de los negocios y las corporaciones. Por un lado, la existencia de un socio en común entre Telecom y Cablevisión, más los orígenes de algunos de sus máximos ejecutivos, alimentan la hipótesis de una eventual fusión entre éstas dos. Esta operación (por ahora hipotética) tendría el efecto negativo de generar una gran concentración en clientes de redes fijas a lo que se sumaría que, por la superposición de las mismas, se reduciría en la práctica la competencia en las zonas donde esto ocurre. Será sin dudas una prueba de fuego para el regulador llegado el momento. Por otra parte, son recurrentes los rumores que indican que Claro está interesado en quedarse con las operaciones de Telecentro y también Supercanal para así tener una base de red fija ya operativa. Quizás lo único que falta es que se pongan de acuerdo en un precio. Un detalle no menor.

Mientras esto sucede, en los más altos niveles del gobierno nacional ya estaría tomada la decisión de avanzar hacia un mercado de tres grandes operadores. Este número es visto como el más indicado para asegurar lo que viene desvelando al gobierno desde su asunción: lograr un shock inversor. En telecomunicaciones esto se traduce en extender tanto las redes 4G como la fibra óptica. Pero la inversión no alcanzará todo su potencial hasta que se liberen las trabas a la misma, y esto tiene que ver con las trabas artificiales, establecidas a través de la regulación, que le quitan justificativo a inversiones en mayores capacidades de las redes.

La apuesta (por ahora tácita) a un mercado de tres grandes operadores no implica que no habrá lugar para otros. Para ello, ARSAT y los OMV son instrumentos para permitir competir en mejores condiciones a los operadores que por envergadura no puedan participar de la mesa de tres. Pero el regulador deberá reconsiderar lo más pronto posible los frenos que todavía subsisten para acelerar e incentivar la tan necesaria inversión.