Saliendo de la Cueva
El crecimiento de la popularidad de Cuevana, el sitio que pone a disposición de sus usuarios contenidos en video a través de Internet (principalmente películas y videos), hizo que la industria de los contenidos haya posado sus ojos sobre él. Es que con cifras que hablan de unos 12 millones de usuarios únicos mensuales, este emprendimiento está dejando de ser una travesura de un joven inquieto para convertirse en el enemigo declarado de productores y proveedores de contenido en video.
Está claro que el contenido al que se puede acceder desde Cuevana no cuenta con el aval de quienes detentan sus derechos, no obstante lo cual parece ser discutible que sea legal. La discusión se base en que lo que Cuevana hace es vincular a distintos servidores de terceros en Internet (caso Megaupload) donde estos contenidos están alojados y que permiten las descargas de sus respectivos archivos. Cuevana hace dos cosas, y las hace muy bien: organiza estos contenidos y permite visualizarlos como un stream en lugar de exigir su descarga. Para ello se basa en un plug-in o software que se agrega al navegador. De esta forma, existe la discusión a nivel legal de si lo que hacen está dentro o fuera de la ley. Y aquí evidentemente hay opiniones encontradas.
Pero más allá de si se trata de una actividad legalmente permitida o no, hay ciertas cosas que son claras. Por un lado, el fundador y propietario de Cuevana sabe perfectamente que la mayoría de los contenidos que se consumen a través de su sitio no están ahí por la voluntad de sus propietarios. Y esto hará que más tarde o más temprano deba hacer algo al respecto. Por otra parte, el mayor perfil público de éste en los últimos tiempos, ofreciendo entrevistas en distintos medios, permite pensar que su estrategia pasa por una “legalización” de su popular oferta. Quizás buscando repetir la historia de Sean Parker con Napster, quién pasó por una situación similar y que terminó millonario e invirtiendo en diversos proyectos de Internet.
Independientemente del grado de legalidad de Cuevana y cómo ésta evolucione en el futuro, el éxito del sitio debería servir para que los productores y distribuidores de este tipo de contenidos tomen nota. No se trata únicamente de acceder gratuitamente a los contenidos. A fin de cuentas, si un hogar paga un promedio de $135 mensuales por servicios de TV paga, entre este valor y $ 0 hay mucho margen como para lograr un pricing adecuado. Pero más allá de esto, habría que revisar también la política de ventanas utilizada para ir liberando sus contenidos en función del medio (cines, DVD, PPV, VoD, TV paga y TV abierta). El no respeto de estas ventanas es uno de los grandes atractivos de Cuevana, ya que los contenidos están disponibles prácticamente al momento de su primer lanzamiento. No obstante, se trata del punto más difícil para resolver, ya que los productores y distribuidores de contenidos deben hacer equilibrio entre la configuración actual de los canales (que es la que hoy paga las cuentas) y un modelo que se adapte a los cambios tecnológicos y de hábitos. De no ser así, los Cuevanas o como se llamen en el futuro, no desaparecerán, sino que se multiplicarán.



El mercado de las tabletas está ingresando en una nueva etapa que podría ser el puntapié inicial de una masificación en serio. Hasta ahora, si bien existen diversas alternativas, resulta claro que se trata de un mercado donde juegan el iPad por un lado, y todos los demás por el otro. Los números son lapidarios, todo lo que no sea iPad tranquilamente podría agruparse bajo el nombre “otros”.
Si las cosas siguen a este ritmo, los servicios de video bajo demanda (VoD) se convertirán en una suerte de parripollo. Primero fue Telefónica con
Esta semana, y luego de semanas de especulación y anticipos, finalmente se presentó el Kindle Fire, la nueva tablet de Amazon, basada en Android (aunque no se note). Se trata de un anuncio interesante porque posiciona a las tablets no ya como un sustituto de una PC portátil (particularmente de las netbooks) sino como claramente un dispositivo complementario para el consumo de contenidos y el entretenimiento. Para más información, nada mejor que verla en el
Las PNT (publicidades no tradicionales) son una alternativa habitual en la televisión, sobre todo desde que el control remoto y el zapping permiten evitar las tandas publicitarias. Claro que la cosa cambia cuando el “chivo” no es de la producción del programa, sino de uno de sus actores. Tal es el caso de Ashton Kutcher, nuevo integrante del staff de la serie “Two and a half men”, donde interpreta el rol de un empresario puntocom. Pero Kutcher es, fuera de la ficción, un
Mucho antes de lo que originalmente había trascendido (se hablaba de unos 12 meses), esta semana Netflix hizo su lanzamiento oficial en Argentina así como en otros países de la región. Y si bien la expectativa era mucha, las primeras impresiones recogidas tienen más sabor a decepción que a entusiasmo. Da la sensación de que hubo cierto apuro en lanzar el servicio, ya que parece más una versión de prueba que un producto terminado.



