'Análisis'

Una industria en pleno proceso de reconversión

La llegada de las tecnologías 4G se produce en un momento en que el negocio de los operadores se encuentra en plena transformación: de ser operadores de telefonía a ser proveedores de Internet (móvil).

Efectivamente, los productos tradicionales de los operadores móviles están en franco retroceso en toda la región. Desde el 2012 el tráfico de voz se ha mantenido casi constante, subiendo apenas un 2%, mientras que el de SMS cayó al 30% interanual, muy impactado por servicios como Whatsapp. Según la GSMA, mientras que en 2008 la voz representó el 90% de los ingresos y los datos el 2%, para el 2014 la voz cayó al 65% mientras que los datos crecieron hasta el 22%.

El consumo de datos no da muestras de detenerse sino todo lo contrario, impulsado por la popularización de los smartphones, la relevancia del video en el tráfico, no sólo por YouTube o Netflix, sino también por el agregado del video en apps como Facebook, Whatsapp, Twitter, videollamadas o broadcasting de video (ej. Periscope). A esto se suma el streaming de audio (Spotify, radios online) y la popularización de la nube. Todo este crecimiento hace que aún no se sepa dónde está el límite del consumo de datos.

Esta es la razón detrás del fin de la Internet ilimitada, un modelo que está siendo descartado por los operadores a nivel internacional y reemplazado por abonos que incluyen una cantidad determinada de tráfico por encima de la cual se cobran excedentes. Se trata de un modelo de pago por uso que asimila al servicio móvil con otros como la electricidad, el gas, el agua, etc.

El 4G llegó en el momento justo para proveer una plataforma idónea ante los aumentos en la demanda por capacidad esperados, facilitando el paso de los operadores móviles hacia verdaderos proveedores de acceso a Internet. No obstante, las altas demandas de inversión a corto plazo del 4G se transforman en un desafío adicional en momentos en que la industria está en transición hacia un negocio muy distinto al tradicional, con servicios que eran los grandes generadores de ingresos que pierden fuerza (voz y SMS) y nuevos servicios de datos que exigen una profunda reconversión tecnológica y comercial. Una transición ineludible para prosperar en el nuevo escenario.

Columna de opinión publicada en el diario Clarín del 13/12/2105 – No se publicó en su versión online

La economía del 4G

Si bien cada generación de comunicaciones móviles hizo un gran aporte al desarrollo del servicio, la actual 4G es realmente disruptiva ya que por primera vez acerca las capacidades de las redes móviles con las de las redes fijas. Su gran popularidad y madurez tecnológica permite una mayor eficiencia técnica. No obstante, esto se da en momentos en que la industria se encuentra en pleno proceso de transformación, con un negocio que muta aceleradamente y obliga a los operadores a buscar nuevas fuentes de ingresos.

Este tema es abordado en este documento que puede ser leído online o descargado en formato PDF.

Generando las condiciones para el despliegue exitoso de LTE

Como toda infraestructura, las redes móviles requieren de visión de mediano y largo plazo para una evolución exitosa. En el caso de la 4G, la tecnología LTE tiene varios ases en la manga que la diferencian de las anteriores pero que a su vez exigen tener en cuenta nuevos factores que influyen en su mejor aprovechamiento. Para ello es clave considerar a los dos pilares de la capacidad y cobertura de una red móvil: espectro y antenas. En ambos aspectos, es necesaria una cuidadosa planificación del Estado, quien tiene a su cargo identificar y asignar el espectro a utilizar así como establecer la normativa necesaria para facilitar la instalación de antenas. También el sector privado (operadores y proveedores) debe prever e identificar sus necesidades para ayudar al Estado en sus definiciones cuyo efecto puede demorar en materializarse y tiene impacto por muchos años.

Planificar para un escenario futuro es imperativo ya que está fuera de discusión que en los próximos años la demanda por una mayor capacidad de las redes móviles es una certeza, no una hipótesis. Esta mayor demanda se basa en diversos factores:

  • En Latinoamérica todavía se registra un crecimiento genuino de la cantidad de usuarios de servicios móviles
  • La región está en pleno proceso de migración de teléfonos básicos a smartphones, con tasas de penetración que crecen por encima del 50% anual y con una proporción de los nuevos celulares vendidos que son entre un 80 a 90% smartphones
  • Se registra un aumento exponencial de la demanda de capacidad, tanto por la creciente existencia de smartphones como por la masificación de apps que hacen uso intensivo de los datos (como videos de alta definición), lo que impulsará la demanda por equipos y servicios 4G
  • Comienzan a surgir nuevas categorías de dispositivos conectados que van más allá de los teléfonos, tablets y módems para llegar a todo tipo de dispositivos que en unos años superarán ampliamente a los celulares en número
  • Se comienza a observar en Latinoamérica la sustitución del acceso fijo por el acceso móvil tanto por una evolución natural del uso así como por ser el móvil un factor fundamental para el cierre de la brecha digital

 

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De la réplica al flujo

Algunos negocios que dependen de la propiedad intelectual (principalmente la música, el video y más recientemente el software) han experimentado en los últimos años el impacto de la evolución tecnológica, tanto a nivel de dispositivos como de infraestructura. Esto los obligó a replantear sus estrategias, pero el escenario no parece ahora tan sombrío como sí lo era unos años atrás.

Particularmente en el caso de la música y el video, sus males arrancaron con la digitalización que cambió de raíz las características de su negocio. La misma introdujo el concepto de copia igual al original (sin degradación como ocurría en tiempos analógicos), que se vio potenciado con el costo 0 de la misma. Esto desde el producto en sí. Pero también afectó notablemente a la distribución. Se volvió directa e instantánea, impactando a las redes de comercialización, propiciando la desintermediación, como fue el caso de disquerías y videoclubes. Desaparece el concepto de almacenamiento físico y con ello la necesidad de contar con depósitos. Y, un dato no menor, desaparecen los límites físicos y de tiempo al movimiento de los productos, facilitando el alcance global e instantáneo. Ya no hay que esperar el tiempo necesario para copiar discos y distribuirlos, aunque persisten límites artificiales impuestos por los derechos.

Antes de Internet, el contenido estaba digitalizado pero sobre un soporte físico que guardaba muchas de las características de los productos analógicos. Tal fue el caso de los CD de música o los DVD de video. En esta etapa, salvo la propiedad de que una copia era exactamente igual al original (potenciando la piratería), el resto de las limitaciones se mantenía inalterable: hacía falta almacenar, distribuir y seguían imponiéndose los límites físicos y de tiempo.

La irrupción de Internet potenció notablemente los efectos de la digitalización, en un proceso que puede dividirse en dos eras.

La primera era arranca con el comienzo de la popularización de Internet, desde mediados de los 90 hasta casi la primera década del siglo XXI. Es lo que puede considerarse como la era de la réplica. El contenido (audio, video y también software) se distribuye al copiarse. Eran tiempos de banda angosta (tanto dial up como las primeras versiones de la banda ancha, con menos de 1 Mbps de velocidad), donde éstos básicamente se descargaban para reproducirse, almacenarse y utilizarse localmente. Y todo giraba alrededor de la PC, en tiempos en que Internet estaba asociada únicamente a este dispositivo. Esto generó un escenario propicio para la piratería, con su punto más emblemático en Napster y los torrents. La industria discográfica fue quizás la más afectada y de hecho, las primeras versiones legales utilizaban este modelo. Tal fue el caso de iTunes y del iPod, un modelo de descarga, con almacenamiento y reproducción local. También lo es en con los ereaders, como el Kindle. Este modelo tiene la contra que obliga al usuario a ser el administrador de los contenidos de los cuales dispone localmente y le exige conocer sobre formatos de archivos digitales (mp3, avi, mpeg, pdf, epub, etc.) para evitar los problemas de las incompatibilidades.

Si bien el modelo de la réplica todavía sigue vigente, hoy convive con la segunda era, que podría denominarse la era del flujo, o del stream. Ésta responde a diversos cambios, como la popularización de la banda ancha, la multiplicación de dispositivos digitales y la movilidad. Hoy los contenidos no se reproducen sólo en una PC sino también en smartphones, tablets, Smart TV o consolas. Y a las redes de banda ancha fija se suman ahora las móviles, tanto las celulares como las WiFi, que si bien no son totalmente móviles, facilitan la conectividad de los nuevos dispositivos. El contenido ya no se descarga, sino que “fluye” hacia los dispositivos, en cualquier momento y lugar. Esta era trae consigo un cambio fundamental desde el punto de vista del negocio: el producto se convierte en servicio y el precio, en abono. Hoy iTunes pierde relevancia y la ganan servicios como Spotify, así como Netflix y otros servicios bajo demanda le dieron el tiro de gracia a los videoclubes. En el software, ya no hace falta comprar un paquete de aplicaciones de oficina cuando está la alternativa de Google Docs u Office 365. Este modelo elimina las complejidades asociadas al manejo cuasi físico de los contenidos típicas de la era de la réplica, como el almacenamiento y la compatibilidad. La música, los videos, las aplicaciones y sus datos están en la nube. Y así, las alternativas piratas pierden parte de su atractivo, se exponen más y por lo tanto se hacen más fáciles de controlar (como fue el caso Cuevana).

La era del flujo todavía está en desarrollo, con un crecimiento notable tanto de los dispositivos como de las conexiones móviles, tal como puede apreciarse en los siguientes gráficos, ambos correspondientes al mercado argentino:

En resumen, la digitalización lleva ya varios años, pero claramente el escenario no es el mismo como consecuencia de los constantes avances en materia de conectividad de banda ancha y la explosión de los dispositivos móviles. Por lo tanto, los cambios siguen, con modelos de distribución y reproducción que continúan modificándose. Así, varias de las industrias vinculadas a la propiedad intelectual se encuentran en un proceso de “destrucción creativa” schumpeteriano, donde modelos obsoletos son desplazados, liberando recursos para nuevos y mejores productos y servicios. Por algo Apple compró Beats (que además de auriculares tiene un servicio de streaming que ayudaría a revitalizar a iTunes) y Microsoft apuesta a la nube y los dispositivos.

[Nota: Este comentario surge de la presentación realizada durante las jornadas que tuvieron lugar con motivo del Día mundial de la propiedad intelectual. Puede ser vista por completo desde aquí.]