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Aceleración de la escalada

Esta semana el enfrentamiento entre los EE.UU. y Huawei llegó a nuevos niveles que permiten presagiar ciertas turbulencias en la industria tecnológica en los próximos tiempos. Por la vía de un decreto presidencial, no sólo se impide la utilización de equipamiento de Huawei en las redes de telecomunicaciones, con la vista puesta fundamentalmente en los próximos despliegues de 5G. Tambien Huawei fue puesto en una lista negra de empresas a las que las estadounidenses no podrán proveer de tecnología, sea de hardware o software.

Muchos ven estas acciones como parte exclusiva de la guerra comercial entre ambos países y de la lucha por la supremacía tecnológica, pero en su origen al menos, la cosa pasa por cuestiones políticas y de seguridad nacional. Al mismo tiempo, creen que esto se originó bajo la administración Trump (que sin dudas escaló), pero en realidad el primer antecedente data de 2012, época en la que Obama era el presidente de los EE.UU., cuando el comité de Seguridad Nacional del Congreso de aquél país desaconsejó el uso de equipos de redes de origen chino.

Esto se debe a que la sociedad y economía se basan crecientemente en el uso de las redes de telecomunicaciones, no sólo ya para comunicar personas, sino para interconectar organismos estatales y empresas, administrar infraestructuras y controlar procesos y acciones remotamente. En una sociedad hiperconectada, cualquier acción o sabotaje en las redes puede producir más impacto que una bomba. Es por esto por lo que los EE.UU. no quieren que para esa infraestructura tan básica como estratégica, su rival por la supremacía mundial sea también su proveedor, con el riesgo que sea utilizada como un caballo de Troya para afectar su funcionamiento. Sería como si durante los años más álgidos de la guerra fría, EE.UU. hubiera dependido de tecnología rusa para manejar sus redes de energía. Impensable. Lo mismo ocurre hoy con China y las redes de telecomunicaciones. No hace falta llegar a probar que esto sucede o podría técnicamente suceder. Alcanza con que el riesgo exista, aunque sea hipotéticamente.

Es cierto que bajo la administración Trump la cosa fue escalando y desde el año pasado, el campo de batalla se trasladó fuera de las fronteras de los Estados Unidos. El gobierno estadounidense comenzó a presionar a países aliados (originalmente aquellos que tienen bases militares estadounidenses) contra el uso de equipos de marcas chinas en sus redes de telecomunicaciones. Así, el Reino Unido, Alemania, Australia, Nueva Zelanda, India y Japón comenzaron a evaluar y en algunos casos restringir de una forma u otra la incorporación de equipamiento chino en sus redes. Hoy, las presiones llegan a otros países, como pudo comprobarlo una delegación de funcionarios argentinos, quienes recibieron también el mensaje de sumarse al boicot al uso de equipamiento de Huawei en las futuras redes 5G.

 

 

En esta lógica, la prohibición de que empresas tecnológicas exporten sus tecnologías a Huawei (uno de los tres grandes proveedores mundiales de equipamiento para redes de telecomunicaciones, junto con Ericsson y Nokia) resultaba un paso natural. Claro que, con la misma medida, se impactó de lleno en el negocio masivo de Huawei: principalmente los smartphones pero también las tablets y PC. Es que todos estos dispositivos utilizan tecnología estadounidense, sea en la plataformas de software (Android y Windows) como en el hardware (Qualcomm, Intel, Broadcom y varios otros). Y, más aún, a veces esta tecnología está presente indirectamente, por lo que empresas que no son estadounidenses en su origen también comenzaron a revisar su accionar luego de esta medida. Así, empresas como ARM, que si bien no diseña ni fabrica chips, provee bajo licencia tecnología vital para su funcionamiento, dejarían de proveerle licencias a Huawei, lo que impactaría a sus procesadores Kirin.

Es cierto que Huawei podría hacer funcionar sus equipos con Android AOSP, la versión de fuente abierta del popular OS, tal como lo hace en aquellos que venden en China. Pero que fuera de sus fronteras sus equipos no incluyan apps de Google sería una carencia importante. Y mucho más difícil sería tener éxito con su propio sistema operativo para smartphones, algo que ya quedó demostrado con los casos de Windows Phone y de Blackberry. Pero ciertamente más duro sería el impacto por el lado del hardware, específicamente por los procesadores, si se mantiene la decisión de ARM. Esto obligaría a Huawei a diseñar sus procesadores desde cero, lo que no sería imposible pero sin dudas llevaría unos años, lo suficiente como para que el daño a la marca sea irremontable. Situación que tendría un fuerte impacto no sólo en sus mercados internacionales (como sería el caso de Google) sino también en el doméstico. Paralelamente, se asestaría un duro golpe contra el campeón nacional chino, cuya marca es la más conocida de ese país a nivel mundial. Todo un símbolo.

Así, aunque inicialmente el impacto en smartphones, tablets y PC pueda verse como un daño colateral, es seguramente una fuerte carta de negociación en las disputas comerciales entre China y EE.UU., ya que el gobierno de Trump podría establecer excepciones a su prohibición. Por lo pronto, la prórroga de 90 días en la aplicación de la prohibición, además de dar tiempo a que los sistemas de producción y suministro no sufran un corte tan abrupto, también es dar margen para negociar.

Si estas tensiones continúan y las medidas se mantienen, el impacto se sentirá en Argentina. Por el lado de las redes, y más allá de si se cede o no a las presiones políticas de EE.UU., la prohibición de disponer de tecnología estadounidense por parte de Huawei retrasaría la provisión de equipamiento y podría obligar a las telcos a reconsiderar proveedores. Adicionalmente, en materia de redes cambiar de proveedor no es tan fácil, porque muchas actualizaciones, incluyendo la primera etapa en 5G, se montan sobre el equipamiento existente del mismo proveedor. Esta es la razón por la cual en general los operadores no suelen estar de acuerdo con la prohibición de usar equipos Huawei, especialmente en países como los europeos donde el fabricante chino tiene una presencia relevante (cosa que no sucede en los EE.UU.). Por el lado de los usuarios finales, Huawei nunca pudo replicar en Argentina el éxito que tuvo a nivel mundial. Durante 2018 sus ventas representaron apenas el 3% del mercado de smartphones y su base instalada alcanza al 5%, datos que surgen del del informe “Mercado celular argentino 2019” elaborado por Carrier y Asociados. Queda en claro que el impacto local sería más relevante en materia de redes que de terminales.

Resta ver si el conflicto seguirá escalando, con un contraofensiva de los chinos hacia los productos estadounidenses cuyas consecuencias, si bien todavía inmensurables, serían significativas. O si habrá negociación y pipa de la paz. Pero más allá de si el tema sigue escalando o si, por el contrario, se retrotraen ciertas medidas, lo que este conflicto reafirma es la conformación de un nuevo mundo bipolar, donde frente a los EE.UU. ya no está la URSS sino China.

Avanza la fibra

Impulsados por los servicios convergentes así como por una mayor demanda de capacidad (especialmente donde las tecnologías alternativas son inalámbricas o de ADSL y que por lo tanto no están a la altura de las demandas actuales), los accesos de fibra óptica siguen creciendo en Argentina.

Al cierre del primer trimestre de este año, había alrededor de 700.000 accesos de fibra óptica hasta el hogar. Esto equivale al 8% del total de accesos a Internet, que se ubican en los 8,4 M (según el Enacom).

Las cifras oficiales, provistas por Enacom, no reflejan con exactitud esta situación. Para diciembre de 2018, declara 388 mil accesos de fibra óptica, mientras que únicamente Telefónica declara 392 mil accesos FTTH en sus balances. Y a esto hay que sumarle los de Claro, Iplan y muchas pymes y cooperativas de telecomunicaciones que vienen desplegando fibra hasta los domicilios de sus clientes al hogar desde hace unos años.

Con una economía aún en recesión y el mayor costo de la tecnología por impacto de la devaluación, probablemente este año se produzca una desaceleración en el crecimiento, que igualmente será importante dentro el contexto general, pasando de alrededor de 80% en 2018 a un 35% en el 2019.

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