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Pantallazo

Cuando hacia principios de esta década comenzaron a aparecer celulares con pantallas de 5” o más, éstos recibieron muchas críticas por considerar que eran de un tamaño excesivo. Sin embargo, en el 2018 el 97% de los celulares vendidos en Argentina tuvieron, como mínimo, este tamaño de pantalla. Esto surge del informe “Mercado celular argentino 2019” elaborado por Carrier y Asociados.

Originalmente denominados “phablets”, estos equipos fueron pensados como un intermedio entre un smartphone y una tablet. Su por entonces gran tamaño hizo que inclusive algunos fabricantes incluyeran un stylus para operarlos. Con el paso del tiempo, las phablets terminaron siendo decisivas para frenar el crecimiento de las tablets. Las últimas no sólo comenzaron a crecer en tamaño sino que luego quedaron circunscriptas a las edades extremas de la pirámide etaria. Los mayores que no se sentían cómodos operando en una pantalla diminuta y los más chicos, que no teniendo edad para una línea celular podían ver videos o entretenerse con videojuegos en un equipo más económico que un smartphone.

En a Argentina, los equipos con pantallas de 5” o más comenzaron a dominar las ventas en el 2016, cuando representaron el 61% del total, creciendo al 75% en 2017 y alcanzando el 97% en 2018.

 

 

Estas ventas hicieron que hoy la mitad del parque de celulares en uso sean de pantallas de 5” o más. Lo que ahora está faltando son pantalones que permitan llevar estos equipos sin sobresalir por los bolsillos.

La atomización, una oportunidad

Históricamente, los proveedores de contenidos para servicios de TV paga (Sony, Warner, Fox, HBO, ESPN y tantos otros) tenían la particularidad de que su público y sus clientes eran personas distintas. Su público claramente era quien consumía sus productos. Su cliente era el operador de TV paga, con quien tenía la relación comercial e intermediaba con su público.

 

 

Esta situación comenzó a cambiar luego del éxito de Netflix, para quien desde su origen público y cliente fueron la misma persona. Este modelo comenzó lentamente a ser imitado por los proveedores de contenidos históricos. Algunos, como HBO y Fox, empezaron a hacerlo con un modelo híbrido. Para acceder al servicio directamente sin necesidad de contar con la red del operador de TV había que necesariamente ser cliente de este último. La idea era ofrecer una alternativa OTT que no sólo permitía consumir estos contenidos desde dispositivos conectados a Internet dentro o fuera del hogar, sino que lograba, por primera vez, tener una relación directa con su público que era un cliente indirecto.

Pero el continuo avance de Netflix primero y de Amazon después, que al ser modelos nativos OTT no tenían la herencia de la relación con los operadores, hicieron que los proveedores de contenidos históricos se animaran a salir a ofrecer sus productos en formato “stand alone”, es decir, sin necesidad de estar abonado a ningún servicio de TV paga tradicional. Así, Disney no sólo anunció el lanzamiento de su servicio Disney+ sino que se quedó con el control total de Hulu, a los que suma ESPN. Paramount también anticipó que lanzará su plataforma de video streaming OTT antes de fin de año. Y siguen las firmas. Pero esta movida viene acompañada del retiro, progresivo, de contenidos propios de las plataformas de terceros, como ya anunció Disney que lo haría con Netflix. Es que hoy la diferenciación se logra a través de la exclusividad de los mismos.

El escenario que asoma es el de una compartimentación de los contenidos por plataforma, obligando al público/cliente a suscribirse a múltiples servicios de streaming de video OTT. Pero además, esta fragmentación se da por marcas (Netflix, Disney, etc.) y no por tipo de contenidos (películas, series, documentales, deportes). Quizás es por lo que Disney piensa contar con múltiples plataformas que servirán para segmentar sus contenidos.

No obstante, este nuevo estado de situación representa una oportunidad para ISP convergentes que pueden concentrar la oferta bajo un modelo de “one stop shop” o almacén de contenidos. Un modelo que tiene dos patas. Por un lado, la facturación unificada, que incluye la posibilidad de ofrecer estos contenidos a clientes sin tarjeta de crédito. Pero además, agregando las múltiples ofertas bajo una interfaz unificada, que permita buscar o navegar por tipo de contenido y no por marca del proveedor de éstos. Es a lo que apuntan propuestas como las de Flow, Movistar+ y otras, que por el momento ofrecen esta interfaz unificada pero que, se supone, en breve incorporarán también la facturación.

Esta intermediación de los ISP puede ser beneficiosa para ambas partes (además del público que ve su vida simplificada). El ISP obtiene ingresos a partir de los contenidos de un tercero que le genera tráfico en su red al tiempo que permite potenciar su oferta convergente. El OTT obtiene un canal para llegar a nuevos clientes a través de la base de abonados y del marketing del ISP. Se llegaría así al deseo que surgió a partir del momento en que la TV paga comenzó a sumar decenas de canales: armar su propia grilla y pagar sólo por lo que se consume. O casi.

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