Gargantúa fiscal

Esta semana, a través del decreto 332/2019, el Gobierno quintuplicó (subiendo de 0,5% a 2,5%) la tasa de estadística, un derecho sobre las importaciones de productos. La suba comenzó a regir desde el martes 7 de mayo y tendrá vigencia (en principio) hasta el 31 de diciembre. La medida impacta, entre otros sectores, a la industria tecnológica, muy dependiente del ingreso de hardware desde el exterior.

En teoría, la tasa de estadística se creó “con el fin de contribuir al financiamiento de las actividades aduaneras vinculadas con la registración, cómputo y sistematización de la información de importación y exportación y contar con las estadísticas de comercio exterior en forma ágil y rápida”. Está claro que 2,5% (o la quintuplicación de la tasa) sobre el valor del producto ingresado excede en mucho lo necesario para financiar actividades estadísticas llevadas adelante por la Aduana y otros organismos. Por lo tanto, es evidente que el objetivo de la medida no es otro que contribuir a cubrir el agujero en las cuentas fiscales, lo que lleva al gobierno a subir la presión impositiva a límites insospechados. Algo que, con sinceridad, reconocen en los considerandos del decreto donde se afirma que “el Gobierno Nacional se ha propuesto equilibrar las cuentas públicas y eliminar el déficit primario a partir del año 2019”, agregando luego que “en ese contexto, es necesario incrementar transitoriamente la alícuota de la tasa de estadística”.

 

 

Se trata de una medida que tendrá un impacto directo sobre el precio final de los productos ingresados al país, aunque no todos. La medida no impactará a los celulares y otros electrónicos ensamblados en Tierra del Fuego ya que la ley que creó el régimen exentó de la tasa de estadística a los fabricantes radicados en la isla. Por lo tanto, los kits que se importan no se ven alcanzados por el tributo. No obstante, sí lo hacen con los celulares importados, lo que encarecerá aún más al iPhone, entre otros. De este modo, aumenta la ventaja de costos entre los ensamblados localmente frente a los ingresados desde el exterior.

Habrá que ver si esta medida no será cuestionada por la OMC (Organización Mundial de Comercio), organismo que ya a fines de los 90 obligó a bajar la tasa de estadística del 10% al 3% y más tarde al 0,5% por una demanda presentada por los EE.UU. por considerarla un arancel encubierto. Este antecedente será quizás el principal argumento para que, llegado el 31/12, la tasa no se mantenga en el nuevo porcentaje. Argentina tiene un triste historial de tributos transitorios que luego se convirtieron en permanentes. Es de esperar que se ponga en adelante más énfasis en reducir el gasto público que en seguir presionando con el torniquete fiscal.

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