A todo vapor

El caso argentino en materia de 4G es digno de estudio. Argentina pasó de ser el único país de Sudamérica sin esta tecnología en 2014 a ser el 2° en penetración de líneas 4G sobre la población, sólo detrás de Uruguay (el campeón sudamericano en desarrollo de infraestructura TIC). Con un total de 15,6 millones de líneas utilizando dispositivos 4G, esta tecnología ya tiene una penetración del 37% sobre el total de la población. Esto surge del informe “Mercado celular argentino 2017”, realizado por Carrier y Asociados. Para comparar, a nivel regional la penetración promedio es del 21% aproximadamente.

Detrás de este vertiginoso avance están las ventas de celulares 4G (tanto oficiales como en el mercado gris). Las mismas despegaron en 2014 y al año siguiente ya eran más de la mitad de todos los equipos vendidos. En 2016 representaron el 90% del total.

Fueron varios los factores que confluyeron y se combinaron para dar como resultado esta tan rápida adopción. Los operadores jugaron un rol importante, acuciados como estaban por redes 3G colapsadas a fines de 2014, momento en que se otorgó el espectro necesario para lanzar servicios 4G. Esto hizo que el despliegue de antenas 4G fuera incluso superior a lo exigido por el pliego licitatorio. El despliegue inicial pudo hacerse sin demasiados contratiempos porque la mayoría de las nuevas antenas se colocaron en los sitios existentes (ya habilitados). Por otra parte, en términos demográficos, la alta concentración de población urbana de Argentina (donde sólo en el área metropolitana de Buenos Aires se concentra 1/3 de la población del país) ayuda para que las redes tengan cobertura rápidamente en términos poblacionales.

Asimismo, hubo un fuerte impulso por el lado de los smartphones. Y acá no sólo hay que identificar a los operadores, quienes impulsaron varias promociones para actualizar los terminales a tecnologías 4G como parte de la inversión en la red. Adicionalmente, la política industrial que da lugar a la producción en Tierra del Fuego tiene un rol clave. Esto se debe a que las exenciones impositivas de las cuales goza la fabricación en la isla solo son relevantes económicamente cuando el producto tiene un precio de al menos unos US$ 80. Esto deja fuera del radar a todo equipo no smartphone, de allí la causa de la desaparición total de teléfonos convencionales (tan extrañados sobre todo por los usuarios mayores), mientras que en mercados más avanzados y ricos todavía se venden. Así mismo, la llegada tardía de Argentina al 4G tuvo la ventaja de que para cuando lo hizo, la producción de equipos 4G estaba lo suficientemente difundida como para haber logrado economías de escala que hicieron que éstos fueran accesibles.

Si bien la rápida adopción del 4G es motivo de celebración para industria y autoridades, la historia reciente nos indica que no hay que dormirse en los laureles. Esta adopción acelerada tiene su correlato en la demanda sobre la capacidad instalada. Por eso es fundamental resolver temas aún pendientes (como la liberación total de los 700 MHz y la devolución definitiva del espectro judicializado por Arlink) así como con una planificación clara de la disponibilidad futura de espectro. Por otro lado, los avances en materia de acuerdos con municipios para la estandarización de los permisos de instalación de antenas son positivos, aunque parece un trabajo de hormiga que será lento y trabajoso. Mientras tanto, cada vez más los operadores comienzan a explorar caminos de WiFi offloading, utilizando espectro no licenciado y redes fijas propias o, generalmente, de terceros. Todavía hay mucho que hacer.

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