Peligroso

Cuando se acaba de cumplir un año desde el inicio de operaciones de Uber en el país, la justicia de la ciudad de Buenos Aires (no la federal) tomó una decisión que, de llevarse adelante, sienta un peligroso precedente no ya para el caso de Uber en particular, sino para el acceso a Internet en general en Argentina.

El 10 de abril pasado, la Cámara de Apelaciones en lo Penal, Contravencional y de Faltas de la CABA (con jurisdicción en la ciudad y no en todo el país) ordenó el bloqueo del sitio web de Uber y de su aplicación móvil en todo el país. En otras palabras, la justicia contravencional de la ciudad tomó una decisión que tiene impacto no sólo en su área de influencia sino en todo el territorio de la República Argentina. Esto sólo puede ocurrir cuando las decisiones emanan de la justicia federal, no de la justicia de una ciudad. En este caso, la decisión de la justicia local tiene efectos sobre jurisdicciones ajenas.

Pero dejando de lado el caso específico de Uber, si la decisión de la Cámara de CABA se ejecutase (cosa que aún no sucedió, vale aclarar), se estaría sentando jurisprudencia peligrosa. El día de mañana otro juez con jurisdicción municipal o provincial podría tomar una decisión que impidiera el acceso a servicios o contenidos vía Internet a habitantes de otras jurisdicciones.

No se trata de defender a Uber, cuyo estilo desafiante le ha traído problemas en distintas ciudades del mundo en las que opera. Tampoco de atacar al gobierno de la ciudad de Buenos Aires, que no ha hecho mucho para adaptar su normativa a los nuevos modelos de negocios que emanan del uso de Internet. Se trata de alertar sobre un disparate que hasta un alumno de 1° año de Derecho podría identificar. Resta ahora esperar cuál será la respuesta del ENACOM, quien debería instruir a los ISP y operadores móviles a que bloqueen el sitio y la app. Esperemos que sus abogados se percaten de esta atrocidad jurídica y rechacen el pedido. No sea cosa que terminemos siendo protagonistas del poema “Cuando los nazis vinieron…” de Martin Niemöller (erróneamente atribuido a Bertolt Brecht).

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