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I+D Inversión y desarrollo

Es sabido que el negocio de las comunicaciones móviles, con su masividad, necesidades de cobertura y actualización tecnológica frecuente, es muy exigente en materia de inversiones. Y éstas a su vez están condicionadas tanto por los ingresos actuales (que las financian directa o indirectamente) como por los futuros (que permitirán el repago). Es por esto que cuando se miran las cifras de la industria local, la regional y la global se entiende el porqué de la existencia de infraestructuras de distintas capacidades.

Durante 2016, lo operadores móviles en Argentina sumaron un CAPEX (gastos de capital) equivalente al 22% de la facturación por los servicios, según surge del informe “Mercado celular argentino 2017” realizado por Carrier y Asociados. Este porcentaje está en línea con la relación CAPEX/Ingresos del 20% a nivel regional (Latinoamérica), si bien es levemente mayor habida cuenta del ingreso tardío de Argentina al despliegue de 4G, obligando a un despliegue inicial acelerado. La relación va bajando en mercados más avanzados, siendo del 16% en Europa y del 14% en América del Norte.

Cuando se comparan las cifras de las tres grandes regiones, se observan mercados que son similares en cuanto a cantidad de abonados, con Europa y Latinoamérica casi idénticos, con 455 y 453 M de suscriptores respectivamente, y Norte América un poco más lejos con 292 M. Sin embargo, los CAPEX de Europa y Norte América son notoriamente más altos, lo que explica por qué se trata de mercados donde los servicios prestados son de mayor calidad, tanto en capacidad como en cobertura. La respuesta entonces para que éstos mejoren parece simple: que los operadores en Latinoamérica inviertan más. Es llegado a este punto que se observa dónde está el meollo del problema: el ARPU, o ingreso promedio por usuario (en este caso, por línea). En Norte América (más precisamente EE.UU. y Canadá) el ARPU es de US$ 46, lejos de Europa occidental, donde es US$ 19 promedio, descendiendo raudamente en Latinoamérica, donde es de US$ 7 (según estimados recopilados por 5G Americas), siendo de US$ 8 en el último año.

En otras palabras, a pesar de que Latinoamérica (Argentina incluida) tiene una relación entre CAPEX e ingresos superiores a la de países con redes más desarrolladas, su bajo ARPU hace que sea económicamente mucho más difícil llegar a infraestructura capaz y difundida para dar un servicio más parejo en todo el territorio.

Esta limitación económica debe estar presente a la hora de regular. Está visto que la presión política para una mayor inversión puede tener resultados coyunturales, pero no estructurales. Es necesario avanzar en un uso más racional de las inversiones, compartiendo infraestructura allí donde sea posible y evitando requisitos ridículos, como la obligación de que cada operador despliegue infraestructura propia en localidades de menos de 10.000 habitantes, tal como surge del pliego de 4G. En este sentido, la tendencia a la aparición de torreras (empresas que proveen espacios para instalación de antenas a múltiples operadores simultáneamente) es una buena noticia, aunque por el momento sea un negocio incipiente en el país.

Esto debe ser considerado dentro de un cuadro general de la industria que ve como su ARPU tiende a descender. En 2015, la caída del ARPU a nivel global fue de casi el 3% en un año y en 2016 en Argentina creció sólo un 26% en pesos, ubicándose por debajo de la inflación. La tendencia es más preocupante cuando se considera que al mismo tiempo la tecnología desarrolla nuevas capacidades cuya monetización no siempre es evidente. Así, resulta claro que una regulación que optimice la inversión es un requisito básico para lograr un desarrollo sustentable en el tiempo.

Redefiniendo la banca

Si bien la gran mayoría de los bancos (en Argentina y en el mundo) ofrecen sus servicios vía smartphones, son pocos aún los casos de aquellos que lanzaron un producto (o un banco) enfocado exclusivamente en los millennials. Éstos tienen una aproximación a los bancos totalmente distinta, consecuencia de haberse criado en un entorno digital. Esto surge del informe “Los millennials y sus consumos tecnológicos – 2016” realizado por Carrier y Asociados.

Los millennials representan en Argentina aproximadamente el 10% de la población total. Por una cuestión de etapa vital, una gran proporción trabaja, lo que le da autonomía en sus gastos, y varios viven en forma independiente de sus adultos. Esto hace que conformen un mercado atractivo pero incipiente, aunque exige aproximaciones distintas.

Si bien no todos los millennials tienen cuenta bancaria, entre quienes sí acceden a banca móvil, la utilizan para hacer de todo. Esto se debe a un uso que ven como más sencillo frente a la alternativa del Internet banking desde la PC, con la ventaja adicional de poder conectarse desde cualquier lugar. También valoran su inmediatez y velocidad para realizar consultas. A pesar de sus ventajas, el principal freno al uso de la banca móvil radica en el dispositivo en sí más que en la app de banca móvil, con su tamaño de pantalla reducido y, en algunos casos, limitaciones en la conectividad de datos. Algo que con la natural tendencia a la renovación de terminales no debería ser un problema insoluble.

Puestos ante la hipótesis de operar con un banco que no tenga sucursales sino sólo canales online, a la mayoría no le haría diferencia. Se trata de una generación que no pisa las sucursales, son reacios a solucionar problemas en forma presencial. No obstante, sí exigen que haya un canal de atención telefónica. La misma podría ser también vía Whatsapp, una herramienta usada por todos ellos, a la que ven como el medio natural para contactarse al tiempo que facilita el multitasking cuando deben comunicarse con el banco mientras hacen otras cosas. Por el contrario, Facebook no es un canal que inspire confianza. Es considerada como una red muy intrusiva, por lo que no ven seguro que además tenga acceso a información financiera de sus participantes.

Si bien abordan el uso de la banca móvil con el temor natural de los que comienzan a meterse en el mundo de los bancos, son receptivos ante la idea de un banco que opere únicamente online.

Tratándose de una generación netamente digital, no sorprende que sean permeables a manejar su dinero de esta forma. Se sienten cómodos realizando operaciones de comercio electrónico, algo que aprendieron hace ya unos años. De hecho, son más proclives a adoptar los pagos móviles que segmentos de mayor edad.

 

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