Para Nostradamus

Pronosticar no suele ser tarea sencilla. A fin de cuentas se trata de adelantar el futuro, el cual siempre es incierto en alguna medida. Pero en el caso del mercado tecnológico local, y más particularmente el vinculado a la electrónica, pronosticar cómo será el 2014 se ha vuelto un desafío mayor. Los acontecimientos de los últimos dos meses (¿por qué las cosas se complican tanto hacia fin de año?) han introducido un factor incertidumbre mayor al habitual para el corto plazo, lo que implica que estimar con precisión qué ocurrirá este año se haya vuelto todo un desafío.

Desde el cambio de ministros, quedó en claro que el gobierno buscaba acelerar el ritmo de la devaluación del peso, por encima de la inflación (tanto real como oficial). Pero el salto brusco que se produjo en enero tuvo múltiples efectos. El más obvio fue el encarecimiento automático de todo producto importado o con una alta participación de componentes o insumos extranjeros, tal cual sucede con la producción de Tierra del Fuego que afecta a celulares, tablets, PC y televisores. Un encarecimiento en términos relativos naturalmente impactará negativamente en los volúmenes. Pero claro, un efecto colateral de la devaluación fue una disparada en la inflación. Si bien el coletazo inicial fue exagerado (fruto de la incertidumbre y de los temores por el costo de reposición) lo cierto es que el salto se produjo. Y si el remedio elegido sigue siendo el accionar de comerciantes y empresarios “inescrupulosos”, es difícil pensar que se llegará a una solución al problema en el corto plazo. La resultante es que los precios crecen más rápido que los salarios, con lo cual gran parte de la demanda tendrá menos recursos disponibles para comprar tecnología. La cosa se agrava cuando, ante la aceleración de la inflación, naturalmente comienza a retacearse la financiación. Ya esta semana varios comercios anunciaron el fin de los 12 pagos con tarjeta de crédito. En resumen, estas últimas semanas trajeron una suba de los precios relativos (por devaluación e inflación) y una restricción al crédito (tarjetas). El resultado natural será sin dudas un impacto negativo en las ventas.

En el caso particular de la producción de Tierra del Fuego, de donde provienen el 100% de los celulares y el grueso de los televisores (no tan así tablets y PC), el panorama será más sombrío si finalmente se cumple el pedido del Poder Ejecutivo de que los productores de la isla reduzcan en un 20% sus importaciones. Si esta reducción se llevara a cabo, no hay que pensar linealmente en una reducción del 20% en unidades. Los productores enfocarán sus importaciones en los productos de más alta gama que es donde más inciden los beneficios impositivos en el precio final. Así, la caída en unidades podría ser mayor al 20% mencionado. Es claro que el pedido de reducción de importaciones a Tierra del Fuego surge de la escasez de reservas, la cual seguramente también afecte a los importadores (caso tablets y PC) que verán sus pedidos “demorados”.

En definitiva, el 2014 se presenta con un combo de devaluación, inflación, restricciones al financiamiento y al acceso a divisas que reducirán la oferta y subirán sus precios relativos. Con este escenario, ya la pregunta no es si habrá caída en los volúmenes de ventas de electrónicos, sino cuál será su nivel. Llamen a Nostradamus.

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