En busca del modelo

Las últimas semanas fueron turbulentas para el video online ilegal. Con el arresto del CEO de Megaupload, a nivel internacional, y el inicio de una causa penal al fundador de Cuevana, a nivel local, el hábito de hacer streaming de video por Internet se vio notablemente afectado. No obstante, nadie cree que esta estrategia sea la indicada para terminar con una práctica que está cada vez más arraigada.

No se trata de caer en el discurso neo hippie de que los contenidos deben ser libres y gratuitos. Cualquier actividad que no esté remunerada dejará de ser viable. Y así como ninguno de nosotros quiere trabajar gratis (salvo que sea ad honorem por una causa altruista o por un interés en un desarrollo posterior), si no hay algún tipo de retribución económica, los productores, directores, técnicos y actores se dedicarán a otra cosa.

Tampoco se puede emparejar la situación del negocio del video (películas y series principalmente) con el de la música. Existe una diferencia sustancial entre la música y el video. Quienes hacen música (cantantes, músicos, técnicos) pueden regalar sus grabaciones como una herramienta promocional para luego hacer dinero con las interpretaciones en vivo, como es el caso de Roger Waters y sus 9 conciertos en River o artistas menos populares en ámbitos más reducidos. Sin embargo, hasta ahora no se ha encontrado la forma de que quienes hacen una película puedan recuperar lo invertido si no es a través de una entrada de cine, una venta o alquiler de un DVD o, más recientemente, la venta de un abono o un pago del estilo PPV (pay per view) o VOD (video on demand).

No obstante, la tecnología ha cambiado y con ésta también lo han hecho los hábitos de las personas. Ya nadie quiere esperar meses para poder ver en su casa una película recién estrenada. Ni tampoco nos conformamos con ver en la TV estrenos de un serie que ya tienen 6 meses. Tampoco nos resignamos a dejar de ver una película francesa simplemente porque localmente no hay quien la distribuya. Y claramente, queremos ver algo en video en el momento en que más nos place y conviene, no en el día y horario elegido por el programador en base a múltiples compromisos. Por esto mismo, pensar que la gente mira películas por Internet simplemente porque es gratis, es equivocar el diagnóstico. Por algo existe un fenomenal negocio de DVD piratas así como alternativas legales por las cuales se está dispuesto a pagar. La cosa no pasa tanto por el precio sino por la forma de consumir. Y aquí, la demanda avanzó mucho más rápido que la oferta. El riesgo para la oferta (la industria) es que le saquen tanta ventaja que no pueda alcanzarla. Y si eso llegara a ocurrir, perderemos todos.

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    2 Responses to “En busca del modelo”

    1. La ley 11723 en su artículo 2º es clara al respecto, “El derecho de propiedad de una obra científica, literaria o artística, comprende para su autor la facultad de disponer de ella, de publicarla, de ejecutarla, de representarla, y exponerla en público, de enajenarla, de traducirla, de adaptarla o de autorizar su traducción y de reproducirla en cualquier forma.” Por lo tanto, cualquiera que realiza alguna de las acciones allí descriptas (sin ser el titular de la obra) está violando dicha norma.
      El comercializar productos protegidos con derechos de autor bajo la forma tradicional ha llegado a su fin. Podemos discutir la modificación y adaptación de la norma, podemos aumentar las penas, podemos pensar mecanismos alternativos de cobro de derecho; pero la industria y las sociedades gestoras de derechos (de música, audiovisual o bibliográfica), deberían comprender que ha terminado el ciclo de vender sus productos como lo han efectuado hasta hoy.

    2. Raúl, coincido totalmente. Lo grave es que no aprenden de la experiencia ajena. Y me preocupa el accionar de la industria editorial, la cual hasta ahora no se ha visto mayormente afectada, aunque la creciente popularidad de los ebooks le traerá un importante dolor de cabeza si no se adaptan rápido.

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